{"id":33185,"date":"2015-08-31T10:39:37","date_gmt":"2015-08-31T08:39:37","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/conquista-hambre-y-antropofagia\/"},"modified":"2015-08-31T10:39:37","modified_gmt":"2015-08-31T08:39:37","slug":"conquista-hambre-y-antropofagia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/conquista-hambre-y-antropofagia\/","title":{"rendered":"Conquista, hambre y antropofagia"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Don Pedro de Mendoza, amigo de Carlos V, primer adelantado del R\u00edo de la Plata, que pasar\u00e1 a la posteridad como el protagonista de la Primera Fundaci\u00f3n de Buenos Aires, se encuentra enfermo, recluido en su tienda, alejado de sus soldados, solo e inexplicable. \u00bfPor qu\u00e9 este hombre, que gozaba de gran fortuna en la metr\u00f3poli espa\u00f1ola, rico hijo de ricos, que a su vez lo eran de otros ricos, ya que era un linaje destellante, opulento, el de esa familia, se ha lanzado hacia las Indias como tantos desesperados que atiborran, que hartan los barcos que salen de Espa\u00f1a en busca, menos que de aventuras, de riquezas, de sue\u00f1os de abundancia, alimentados por leyendas que, como todas ellas, nadie ha comprobado? Las leyendas, cuando sus promesas palpitantes son el oro o las piedras preciosas, colman el esp\u00edritu de la codicia que empuja a los m\u00e1s afiebrados avatares, a los viajes desmedidos, inciertos, a la demencia de jugar la propia vida o apoderarse de la de los otros. Pero Don Pedro de Mendoza nada ten\u00eda que ver con este tipo de hombres, a quienes, adem\u00e1s de necesitar, desde\u00f1ar\u00eda sin duda posible. Su viaje a las Indias, posibilitado por Carlos V, a quien m\u00e1s que probablemente se lo habr\u00eda solicitado, obedec\u00eda a otros motivos. Ten\u00eda s\u00edfilis. Se dice que la contrajo en N\u00e1poles. Se dice que luego ley\u00f3 un libro que le dibuj\u00f3 su destino: Syphilos. Se dice que el autor era un galeno de nombre Hy\u00e9ronimus Frasc\u00e1tor. Este hombre (mintiendo) gustaba informar que el mal proven\u00eda de las Indias, que ah\u00ed estaba su remoto origen y que, tambi\u00e9n ah\u00ed, su curaci\u00f3n. Hab\u00eda en la regi\u00f3n de Chaco un \u00e1rbol con el nombre de guayac\u00e1n, de cuya corteza se extra\u00eda el l\u00edquido rojizo que curaba a los que padec\u00edan ese mal infamante, ese mal que apestaba a sexo vil, a casas de mala fama, a mujeres de mala vida. O a conquistas salvajes, a exterminio de pueblos enteros, a hombres degollados y a mujeres violadas primero y ahorcadas despu\u00e9s. En una de esas org\u00edas de sangre y fuego, de festejos b\u00e1quicos y sexo infamante e incontenible habr\u00eda sido Don Pedro aprisionado por el mal para cuya sanaci\u00f3n viaj\u00f3 a las Indias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora Pedro de Mendoza agoniza en una fortaleza escu\u00e1lida, rodeado por hombres muertos de hambre que ya han empezado a comerse entre ellos. Ulrico Schmidl, un viajero alem\u00e1n, soldado y cronista, es el que narra, en su libro Viaje a Espa\u00f1a y las Indias, la tragedia de la expedici\u00f3n de Mendoza: \u201cLa gente no ten\u00eda qu\u00e9 comer y se mor\u00eda de hambre y padec\u00eda gran escasez, al extremo de que los caballos no daban servicio. Fue tal la pena y el desastre del hambre, que no bastaron ratones, ni ratas ni v\u00edboras ni otras sabandijas; tambi\u00e9n los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido\u201d (Ulrico Schmidl, Viaje a Espa\u00f1a y las Indias, Longseller, Buenos Aires, 2007, p. 38). Schmidl, luego, narra en pocas l\u00edneas una historia antropof\u00e1gica que habr\u00e1 de ser retomada por Manuel Mujica Lainez en el primer cuento de su libro Misteriosa Buenos Aires: \u201cEl hambre\u201d. Se lee en Schmidl: \u201cSucedi\u00f3 que tres espa\u00f1oles hab\u00edan hurtado un caballo y se lo comieron a escondidas; y esto se supo; as\u00ed se los prendi\u00f3 y se les dio tormento para que confesaran el hecho. Entonces fue pronunciada la sentencia que a los tres susodichos espa\u00f1oles se los condenara y ajusticiara y se los colgara en una horca. As\u00ed se cumpli\u00f3 esto y se los colg\u00f3 en una horca. No bien se los hab\u00eda ajusticiado, y cada cual se fue a su casa y se hizo noche, aconteci\u00f3 en la misma noche por medio de otros espa\u00f1oles que ellos cortaron los muslos y otros pedazos de los cuerpos, los llevaron a su alojamiento y all\u00ed los comieron. Tambi\u00e9n ha ocurrido entonces que un espa\u00f1ol se comi\u00f3 a su hermano que estaba muerto. Esto sucedi\u00f3 en el a\u00f1o de 1535 en nuestro d\u00eda de Corpus Christi en la antedicha ciudad de Buenos Aires\u201d (Schmidl, Ib\u00edd., p. 38\/39).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Don Pedro no fund\u00f3 una ciudad, s\u00f3lo instal\u00f3 una fortaleza para protegerse de los indios querand\u00edes, que, en un inicio lo recibieron bien pero luego descubrieron que los prop\u00f3sitos de estos extra\u00f1os visitantes eran la b\u00fasqueda de oro y riquezas y no m\u00e1s que eso. Ah\u00ed empezaron las hostilidades. Moctezuma se equivoc\u00f3 al creer que envi\u00e1ndole riquezas a Hern\u00e1n Cort\u00e9s lograr\u00eda que \u00e9ste se fuera de M\u00e9xico. No bien Cort\u00e9s vio tanto oro y tanta plata decidi\u00f3 quedarse hasta hacer suyas esas maravillas del mundo que cre\u00eda haber descubierto. Fue sincero. Dijo: \u201cLos espa\u00f1oles somos afligidos por una enfermedad del coraz\u00f3n que s\u00f3lo el oro puede remediar\u201d. Les dijo a los embajadores de Moctezuma que quer\u00eda tener el honor de conocerlo. Ah\u00ed, en el palacio de Tenochtitl\u00e1n, donde resid\u00eda. A su lado, ya marchaba la concubina que le hab\u00edan ofrecido, la Malinche. Ella hablaba maya y n\u00e1huatl, que era el lenguaje de los aztecas. En seguida aprendi\u00f3 el espa\u00f1ol de Cort\u00e9s. As\u00ed aparece la mujer en los or\u00edgenes del M\u00e9xico espa\u00f1ol, como la traidora, la que vende a los suyos, la concubina del conquistador. (Acaso algo de los femicidios que sacuden hoy a los mexicanos se encuentre en ese despegue sombr\u00edo de lo femenino en su agitada historia.) Cort\u00e9s se interna con s\u00f3lo unos centenares de hombres y con la mujer que le hace de int\u00e9rprete y sofoca sus ansias sexuales, en un territorio que desborda habitantes desde tiempos venerables. Una naci\u00f3n con m\u00e1s de siete millones de habitantes (Ver: Alan Riding, Vecinos distantes, Un retrato de los mexicanos, Joaqu\u00edn Moritz-Planeta, M\u00e9xico, 1986. El t\u00edtulo del libro de Riding se basa en la c\u00e9lebre frase que describe la relaci\u00f3n entre M\u00e9xico y Estados Unidos: \u201cPobre M\u00e9xico, tan lejos de Dios y tan cerquita de los Estados Unidos\u201d.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volvemos a Schmidl. Las ri\u00f1as entre espa\u00f1oles y querand\u00edes fueron duras. El cronista alem\u00e1n es minucioso y acaso haya buscado exhibir los padecimientos de los hombres de Don Pedro. Sin embargo, por las cifras, es sencillo advertir que los querand\u00edes llevaron la peor parte: \u201cY cuando nosotros quisimos atacarlos se defendieron ellos de tal manera que ese d\u00eda tuvimos que hacer bastante con ellos; mataron a nuestro capit\u00e1n Don Diego de Mendoza (hermano de Don Pedro, JPF) y junto con \u00e9l a diez hidalgos de a caballo, tambi\u00e9n mataron alrededor de veinte infantes nuestros y por el lado de los indios sucumbieron alrededor de mil hombres; m\u00e1s bien m\u00e1s que menos; y se han defendido muy valientemente contra nosotros, como bien lo hemos experimentado\u201d (Ib\u00edd., p. 36). Las cifras de Schmidl hablan claramente. Los espa\u00f1oles habr\u00edan perdido veintisiete hombres. Los querand\u00edes, pese a su valent\u00eda, m\u00e1s de mil. La conquista de Suram\u00e9rica se basa en la t\u00e9cnica. Si el despliegue del hombre de la t\u00e9cnica tiene su nacimiento subjetivo con Descartes (seguimos al Heidegger de La \u00e9poca de la imagen del mundo), el f\u00e1ctico es la conquista de Suram\u00e9rica. Col\u00f3n, Cort\u00e9s, Pizarro triunfaron porque eran expresi\u00f3n de una etapa superior del desarrollo de la t\u00e9cnica. M\u00e1s la sed de expansionismo, la codicia y la voluntad de poder que alimentaron al capitalismo desde sus inicios, desde el saqueo de las Indias que culmin\u00f3 en la Revoluci\u00f3n Industrial luego de haber perpetrado \u201cel mayor genocidio de la historia humana\u201d (Tzvetan Todorov, La conquista de Am\u00e9rica, El problema del otro, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p. 15).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, Don Pedro y los suyos no atraparon la dicha que el nuevo territorio parec\u00eda ofrecer f\u00e1cilmente. Nada de eso. Padec\u00edan ahora el cerco de los querand\u00edes, escuchaban sus jadeos, ol\u00edan su inminencia en esa fortaleza donde estaban refugiados, temerosos y hambrientos, cada d\u00eda era una pesadilla que se sumaba a la del anterior. Cierto d\u00eda, Don Pedro ordena colgar a tres ladrones. Ah\u00ed est\u00e1n ahora, penden como sacos de esti\u00e9rcol, sombr\u00edos contra la luna. Dos hermanos, uno de ellos de nombre Baitos y el otro que lleva un hermoso anillo que su madre le regalara y es el \u00fanico orgullo que le queda, deciden comerse a los ahorcados. Los buscan, intentan descolgarlos y se arma una pelea feroz con otros hambrientos, una horrible trifulca entre las sombras, donde nada se distingue, nada es claro, s\u00f3lo el hambre. Baitos corta un brazo. Huye y se lo come en su tienda. Muerde el anillo, el de su hermano, el que la madre de ambos le diera. As\u00ed lo narra Mujica Lainez: \u201cLos dientes de Baitos tropiezan con el anillo de plata de su madre, el anillo con una labrada cruz, y ve el rostro torcido de su hermano (&#8230;) El ballestero lanza un grito inhumano. Como un borracho se encarama en la estacada de troncos de sauce y ceibo, y se echa a correr barranca abajo, hacia las hogueras de los indios. Los ojos se le salen de las \u00f3rbitas, como si la mano trunca de su hermano le fuera apretando la garganta m\u00e1s y m\u00e1s\u201d (Manuel Mujica Lainez, Misteriosa Buenos Aires, Ediciones Folio, Buenos Aires, 2004, p. 15).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAGINA 12<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Don Pedro de Mendoza, amigo de Carlos V, primer adelantado del R\u00edo de la Plata, que pasar\u00e1 a la posteridad como el protagonista de la Primera Fundaci\u00f3n de Buenos Aires, se encuentra enfermo, recluido en su tienda, alejado de sus soldados, solo e inexplicable. \u00bfPor qu\u00e9 este hombre, que gozaba de gran fortuna en la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[84],"tags":[],"class_list":["post-33185","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-bitxia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - 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