{"id":32935,"date":"2015-07-03T16:22:37","date_gmt":"2015-07-03T14:22:37","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/una-tumba-para-bruno-schulz\/"},"modified":"2015-07-03T16:22:37","modified_gmt":"2015-07-03T14:22:37","slug":"una-tumba-para-bruno-schulz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/una-tumba-para-bruno-schulz\/","title":{"rendered":"Una tumba para Bruno Schulz"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>En el fondo de Polonia (\u201ces decir en ninguna parte\u201d, como escribi\u00f3 Alfred Jarry en el comienzo de Ub\u00fa Rey), m\u00e1s precisamente en la perdida localidad de Drohobycz, hab\u00eda un an\u00f3nimo maestro de dibujo de una escuela del pueblo que, a principios de 1930, entabl\u00f3 correspondencia con una dama de las letras de Varsovia, interesada en sus extraordinarios dibujos. Cada carta inclu\u00eda una posdata donde el maestro le contaba a la dama historias de aquel pueblo, especialmente de los miembros de su familia. Las cartas eran cada vez m\u00e1s cortas y las posdatas cada vez m\u00e1s largas, porque la dama reclamaba m\u00e1s y m\u00e1s detalles de esos delirantes relatos familiares, hasta que en cierto momento le anunci\u00f3 a su corresponsal: \u201cHa escrito usted un libro de cuentos en estas cartas; ahora hay que publicarlo\u201d. Cosa que efectivamente hizo, con un \u00e9xito insospechado. El inefable Ignacy Witkiewicz lo ley\u00f3 y anunci\u00f3 a los cuatro vientos que el futuro de la literatura polaca depend\u00eda exclusivamente de tres escritores, y que esos \u201ctres mosqueteros contra la solemnidad\u201d eran Witold Gombrowicz, \u00e9l y ese maestro de dibujo de Drohobycz que se llamaba Bruno Schulz.<\/p>\n<p>Varsovia clamaba por \u00e9l, sus relatos se le\u00edan por la radio, pero Schulz no quer\u00eda salir de Drohobycz, prefer\u00eda mantener por correspondencia su relaci\u00f3n con el mundo. En el pueblo sab\u00edan de su \u00e9xito en la capital pero, como \u00e9l no cambiaba, ellos no cambiaban su trato hacia \u00e9l. Sab\u00edan que viv\u00eda con sus hermanos y unas t\u00edas, que los manten\u00eda malamente con su sueldo de maestro, que andaba siempre de sobretodo y bufanda, que ten\u00eda pavor a las corrientes de aire, que padec\u00eda un indisimulable fetichismo por los pies femeninos y los maniqu\u00edes en general. Nadie le\u00eda sus cuentos, les parec\u00edan muy extra\u00f1os, pero sus alumnas dec\u00edan que era capaz de ponerlas en trance a veces con historias tan hipn\u00f3ticas que les era imposible reconstruirlas despu\u00e9s.<\/p>\n<p>El \u00e9xito de aquel primer libro fue tal que le pidieron desde Varsovia un segundo, y el propio Witkiewicz se traslad\u00f3 hasta Drohobycz para convencerlo porque Schulz dec\u00eda desde all\u00e1, en su prol\u00edfica correspondencia, que no ten\u00eda otra cosa escrita y que ya no escrib\u00eda m\u00e1s. Toda Varsovia se pasaba de mano en mano las cartas donde Bruno Schulz dec\u00eda que ya no escrib\u00eda, eran de una expresividad y un vuelo extraordinarios, pero \u00e9l cre\u00eda que no eran literatura, que lo suyo era el dibujo y el yugo de la docencia. M\u00e1s por insistencia del irrefrenable Witkiewicz que por propia convicci\u00f3n, reuni\u00f3 en un segundo libro las historias que no hab\u00edan entrado en el primero. El cre\u00eda que no agregaban nada nuevo, que eran vacilantes donde no eran repetitivas, que eran demasiado jud\u00edas para los polacos y demasiado polacas para los jud\u00edos, pero Varsovia am\u00f3 aquel segundo libro de Bruno Schulz tanto como el primero. La Academia polaca le dio el Laurel de Oro, en los salones y caf\u00e9s de la capital se discut\u00eda si era un visionario o un pervertido disfrazado de palurdo, y en su pueblo comenzaron a desconfiar de \u00e9l porque, pese a la supuesta fama, su exigua paga en la escuela segu\u00eda siendo la misma y su rutina tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 entonces 1939, Witkiewicz se suicid\u00f3 en un bosque el d\u00eda en que se firm\u00f3 el pacto nazi-sovi\u00e9tico, Gombrowicz se subi\u00f3 famosamente al barco que lo trajo a la Argentina, Hitler invadi\u00f3 Polonia y Drohobycz tembl\u00f3 cuando comenzaron las ejecuciones y deportaciones, pero hasta fines de 1942 Schulz logr\u00f3 zafar de lo peor gracias a sus dotes para el dibujo. Adoptado como \u201cjud\u00edo necesario\u201d por un oficial de la Gestapo con pretensiones llamado Landau, Schulz le decor\u00f3 la casa con murales a cambio de comida, y mientras tanto fue sacando del ghetto y depositando en manos confiables un paquete con sus manuscritos (concretamente, un libro llamado El Mes\u00edas, que inclu\u00eda los testimonios que fue obteniendo de personas de su pueblo sobre la operatoria de exterminio nazi). El 19 de noviembre de 1942, Landau se despert\u00f3 con una muela inflamada. Otro oficial de la Gestapo ten\u00eda un \u201cjud\u00edo necesario\u201d que era dentista. Landau lo mand\u00f3 llamar. El dentista le hizo doler y Landau lo despach\u00f3 de un tiro. Enterado el oficial de la Gestapo, sali\u00f3 a la calle en busca de Schulz, lo cosi\u00f3 a balazos en la esquina misma de la casa de Landau y grit\u00f3 desde ah\u00ed: \u201cT\u00fa matas a mi jud\u00edo, yo mato al tuyo\u201d.<\/p>\n<p>El cad\u00e1ver fue a parar a una fosa colectiva en el cementerio jud\u00edo. Durante el per\u00edodo sovi\u00e9tico (despu\u00e9s de la guerra, Drohobycz pas\u00f3 a ser territorio de Ucrania, es decir de la URSS), se construy\u00f3 un lote de barracas y luego de monoblocks sobre aquel cementerio, de manera que Bruno Schulz no tiene tumba. Tampoco se ha logrado rastrear hasta hoy el manuscrito de El Mes\u00edas: se hizo humo en los hornos, se suele decir. Pero su muerte alcanz\u00f3 tal status de leyenda a escala planetaria, que es lo primero que conocemos de Bruno Schulz antes de leerlo. En esa escena est\u00e1 contenida toda la locura, la barbarie, la gratuidad y el estupor enfermo que no pudimos leer en aquellos manuscritos inconclusos y perdidos.<\/p>\n<p>Schulz ya ven\u00eda anunciando por carta al mundo, desde la aparici\u00f3n de su primer libro, que sent\u00eda que no iba a escribir m\u00e1s, y mientras tanto sigui\u00f3 dibujando, para salvar su vida, antes de la guerra y cuando los nazis llegaron a Drohobycz. Sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, un documentalista judeoalem\u00e1n fan\u00e1tico de su obra logr\u00f3 identificar la casa donde vivi\u00f3 el oficial Landau durante la guerra. Asombrosamente, los murales pintados por Schulz segu\u00edan ah\u00ed: les bast\u00f3 rascar un poco la pintura descascarada de las paredes de aquella casa que durante el per\u00edodo sovi\u00e9tico fue subdividida para que entraran doce familias y en el per\u00edodo post-sovi\u00e9tico languidec\u00eda como inquilinato. Israel se puso en movimiento al instante: entre gallos y medianoche cerr\u00f3 un trato con los ocupantes de la casa y el gobierno ucraniano, flet\u00f3 a Drohobycz un equipo de restauradores del Museo del Holocausto Yad Vashem para retirar los frescos de Schulz en una operaci\u00f3n comando. Cuando los polacos atinaron a reclamar como suya la obra de Schulz, desde Varsovia, los frescos ya estaban exhibidos al mundo en Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>Subestimado y sospechado durante a\u00f1os por los ucranianos por escribir en polaco, y por los polacos por ser jud\u00edo, y por los jud\u00edos por no escribir en idish, ahora todos quer\u00edan una parte de Bruno Schulz, tal como se dec\u00eda de Drohobycz en los viejos tiempos que era 50 por ciento polaca, 50 por ciento ucraniana y 50 por ciento jud\u00eda. En esos frescos que pint\u00f3 para el oficial de la Gestapo, Schulz hace escenas de cuentos de hadas a su manera habitual: todas las caras de los personajes son habitantes de Drohobycz. Hasta los nazis y sus mujeres aparecen retratados y debidamente camuflados como faunos, brujas, doncellas, cocheros, conejos barbados o maniqu\u00edes, en esas escenas que oscilan entre lo visionario, lo pervertido y lo palurdo de provincia, igualitas en esp\u00edritu a esos cuentos que Bruno Schulz escribi\u00f3 adentro de cartas, en forma de largas posdatas, a una dama de letras de Varsovia, en los ratos libres que le dejaban sus clases de dibujo (y su pavor a las corrientes de aire y su fetichismo por los pies femeninos) en una escuela de se\u00f1oritas en Drohobycz, es decir en ninguna parte.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el fondo de Polonia (\u201ces decir en ninguna parte\u201d, como escribi\u00f3 Alfred Jarry en el comienzo de Ub\u00fa Rey), m\u00e1s precisamente en la perdida localidad de Drohobycz, hab\u00eda un an\u00f3nimo maestro de dibujo de una escuela del pueblo que, a principios de 1930, entabl\u00f3 correspondencia con una dama de las letras de Varsovia, interesada [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[84],"tags":[],"class_list":["post-32935","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-bitxia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - 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