{"id":32663,"date":"2015-06-01T09:05:06","date_gmt":"2015-06-01T07:05:06","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/meyer-versus-praga\/"},"modified":"2015-06-01T09:05:06","modified_gmt":"2015-06-01T07:05:06","slug":"meyer-versus-praga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/meyer-versus-praga\/","title":{"rendered":"Meyer versus Praga"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align: justify;\">  <!--more-->  En una habitaci\u00f3n en la Calle de los Alquimistas del barrio jud\u00edo de Praga, un muchacho sentado en una silla se lleva un rev\u00f3lver al coraz\u00f3n. Praga le ha dado todo y luego se lo ha quitado. Gustav Meyer lleg\u00f3 a la ciudad a los doce a\u00f1os, arrastrado por su madre bataclana (el padre era un ministro de la corte de W\u00fcrtenberg que no quiso reconocerlo; cuando se hart\u00f3 de los reclamos de la madre, los flet\u00f3 lejos). Praga no le gust\u00f3 a la madre de Gustav, as\u00ed que se uni\u00f3 a una compa\u00f1\u00eda teatral que part\u00eda de gira a Rusia. El quincea\u00f1ero qued\u00f3 solo en la ciudad, pero se las arregl\u00f3 para concluir su bachillerato y la carrera de econom\u00eda con notas brillantes, durmiendo en plazas y galpones abandonados y lav\u00e1ndose en las fuentes de las plazas. A los veintitr\u00e9s a\u00f1os por fin ten\u00eda el mundo a su disposici\u00f3n, cuando una pena de amor lo llev\u00f3 al borde del suicidio. En el preciso momento en que estaba por dispararse un balazo en el pecho, manos an\u00f3nimas pasaron bajo su puerta un folleto espiritista titulado La vida que te espera y su existencia dio un dr\u00e1stico viraje. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, era uno de los banqueros m\u00e1s exitosos de Praga y un experto en las pr\u00e1cticas de adivinaci\u00f3n que le causar\u00edan la ruina.<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">El joven Meyer era un as para los n\u00fameros, pero el capital para abrir su banco lo hizo jugando al poker. La habilidad para las cartas se la deb\u00eda a la ingesta diaria de goma ar\u00e1biga (que, seg\u00fan \u00e9l, le permit\u00eda tener visiones fulgurantes en la mesa de juego). Los intereses esot\u00e9ricos de Meyer, detonados por aquel folleto espiritista, no se deten\u00edan all\u00ed: abarcaban desde el yoga a la telepat\u00eda y las experiencias con alucin\u00f3genos. Com\u00eda s\u00f3lo legumbres y granos, no se permit\u00eda dormir m\u00e1s de tres horas por noche pero era capaz de permanecer hasta ocho horas seguidas en dolorosas posturas asana que, seg\u00fan \u00e9l, lo cargaban de energ\u00eda. Sus pr\u00e1cticas espirituales no le imped\u00edan destacarse como deportista: era un maestro de la esgrima y el tiro y represent\u00f3 a su pa\u00eds como remero, adem\u00e1s de ser el primer propietario de un autom\u00f3vil en Praga. Una noche, en una mesa de poker con selectos financistas de la ciudad, alguien puso en duda sus dotes de videncia. Para demostrarlas, Meyer bebi\u00f3 delante de ellos un preparado de treinta gramos de hach\u00eds disueltos en un taz\u00f3n de caf\u00e9 negro y predijo el precio que alcanzar\u00edan en la Bolsa las acciones de una docena de empresas. En opini\u00f3n de todos los expertos en la mesa, el pron\u00f3stico era descabellado. Pero, al cerrar la Bolsa esa semana, Meyer hab\u00eda acertado en once de sus doce anuncios. La historia se propag\u00f3 como un mal olor por la ciudad, la comunidad bienpensante exigi\u00f3 escandalizada que se lo arrestara por estafador, Meyer fue juzgado, la corte lo encontr\u00f3 inocente de estafa pero no de ofender el honor de sus colegas de la banca. En las semanas que dur\u00f3 el juicio, el Banco Meyer quebr\u00f3 y \u00e9l qued\u00f3 en la ruina. Cuando Kafka y Max Brod lo conocieron, en 1903, era un paria que recorr\u00eda los caf\u00e9s praguenses retando a duelo a sus enemigos: ilustres juristas, funcionarios y ex colegas de la banca que, con la excusa de que Meyer era bastardo, lograban esquivar el desaf\u00edo (y la muerte segura, porque el bastardo tambi\u00e9n era, como recordar\u00e1n, un espadach\u00edn y tirador sin par).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por intermedio de Max Brod, Meyer encontr\u00f3 por fin c\u00f3mo dar pelea a aquella ciudad que lo hab\u00eda ofendido y humillado. Brod le sugiri\u00f3 poner por escrito los tremendos relatos con los que Meyer aterrorizaba a los borrachos del Caf\u00e9 Continental y enviarlos a la revista sat\u00edrica alemana Simplizissimus, que le ofreci\u00f3 un sueldo fijo y comenz\u00f3 a publicar de inmediato esos retratos vitri\u00f3licos de las bajezas del mundo praguense. Meyer adopt\u00f3 el seud\u00f3nimo Meyrink, para decir que hasta su buen nombre le hab\u00eda quitado Praga. As\u00ed lo conocieron Thomas Mann, Karl Kraus, Rilke, Strindberg y Hamsun: por las p\u00e1ginas de la revista. Lo que pagaba Simplizissimus no alcanzaba ni para un cuarto de pensi\u00f3n, pero los admiradores alemanes que cosech\u00f3 Meyrink le significaron un pasaporte de salida de Praga: la editorial Fischer le ofreci\u00f3 un departamentito en su sede de Viena a cambio de que tradujera para ellos, a jornada completa, las diecis\u00e9is novelas de Dickens (hasta hoy se siguen reeditando algunas de esas traducciones). Meyrink acept\u00f3 sin dudar la oferta y dej\u00f3 Praga agitando un pu\u00f1o: \u201c\u00a1No he terminado contigo!\u201d, jur\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diez a\u00f1os despu\u00e9s, en 1915, lleg\u00f3 a manos de Kafka, enviada por Max Brod, una novela llamada El G\u00f3lem, que era la sensaci\u00f3n de la temporada en Viena y en Berl\u00edn. Meyrink se hab\u00eda pasado de los cuentos cortos a la novela por motivos estrictamente financieros, pero hab\u00eda puesto en ese libro todo lo que ten\u00eda: seg\u00fan la frase inmortal, \u201cen El G\u00f3lem hay un Castillo pero no es el Castillo de Kafka, hay un Proceso pero no es el Proceso de Kafka y hay una Metamorfosis pero no es la Metamorfosis de Kafka\u201d. El joven Franz ley\u00f3 la novela en una noche, aterrado, literalmente abducido por el retrato de la vieja Praga, en particular de su zona favorita, el barrio jud\u00edo. Meyrink se tomaba venganza de la ciudad, la condenaba al terror y la retrataba en su m\u00e1s abyecta hipocres\u00eda, de rodillas ante un gigante de barro en cuya boca hab\u00eda un papelito donde estaba escrito el nombre impronunciable de Dios. Imaginemos por un instante la escena: mientras afuera retumba la Gran Guerra, Kafka en su dormitorio devora a lo largo de una noche esa novela que exhumaba y entretej\u00eda todos los secretos y las miserias de Praga. Imposible imaginar un lector mejor, m\u00e1s id\u00f3neo, m\u00e1s perfecto, para El G\u00f3lem. Si Meyrink tuvo alg\u00fan poder medi\u00famnico, alqu\u00edmico, cabal\u00edstico, fue el que le permiti\u00f3 ganarse ese lector para su libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por morir en 1924, Kafka se perdi\u00f3 el \u00faltimo acto del duelo implacable entre Praga y Meyrink: a principios del a\u00f1o 1932, cuando su libro llevaba vendidos m\u00e1s de medio mill\u00f3n de ejemplares y \u00e9l viv\u00eda con su esposa y su \u00fanico y adorado hijo en un chalet en las monta\u00f1as de Montreux, en Suiza, ese muchacho que era la luz de sus ojos, que brillaba por su inteligencia, su buen gusto, sus aptitudes deportivas y su luminosa naturaleza, se quebr\u00f3 la espalda esquiando y qued\u00f3 confinado de por vida a una silla de ruedas. No soport\u00f3 mucho tiempo. Una ma\u00f1ana descubrieron que se hab\u00eda arrastrado por la nieve hasta el bosque al fondo de la residencia de los Meyrink y all\u00ed se hab\u00eda cortado las venas: la misma muerte que sufr\u00eda el vivaz estudiante Charousek en El G\u00f3lem. Meyrink no pudo asimilar el golpe. Pocas semanas despu\u00e9s, el 4 de diciembre, dio las buenas noches a su esposa, se retir\u00f3 a su dormitorio, se sent\u00f3 en una silla desnudo, frente a la ventana abierta, y permaneci\u00f3 as\u00ed \u201chasta que sus ojos vidriosos se posaron para siempre en la \u00fanica estrella que segu\u00eda brillando en el cielo cuando amaneci\u00f3\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pas\u00f3 el nazismo, pas\u00f3 la guerra y luego el comunismo por Praga, y reci\u00e9n entonces, en 1989, se public\u00f3 por primera vez El G\u00f3lem en checo: hab\u00edan transcurrido exactamente cien a\u00f1os desde la noche en que Gustav Meyer se sent\u00f3 en una silla de cara a la ventana en su habitaci\u00f3n en la Calle de los Alquimistas con una pistola apuntando a su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAGINA 12<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[84],"tags":[],"class_list":["post-32663","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-bitxia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - 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