{"id":32440,"date":"2015-04-27T08:25:04","date_gmt":"2015-04-27T06:25:04","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/donde-el-mar-desbarata-sus-relojes\/"},"modified":"2015-04-27T08:25:04","modified_gmt":"2015-04-27T06:25:04","slug":"donde-el-mar-desbarata-sus-relojes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/donde-el-mar-desbarata-sus-relojes\/","title":{"rendered":"Donde el mar desbarata sus relojes"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los d\u00edas mueren cientos, miles de hombres, mujeres y ni\u00f1os, sobre todo ni\u00f1os, como consecuencia de la especulaci\u00f3n alimentaria, de la injusticia en el reparto, de la din\u00e1mica capitalista, de los resultados de la bolsa de Nueva York o de la de Bilbao. Todos los d\u00edas, cada minuto, cada segundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos hemos acostumbrado a la muerte de los otros, muertes evitables, mirando a la luna, con la complacencia de que uno no elige donde nace, que N\u00edger, Sud\u00e1n o Bangladesh son pesadillas lejanas, objetivos caritativos, o de oeneg\u00e9s. Pero que nosotros estamos en otra. Que no despisten nuestra lucha, que ya tenemos nuestros cinturones de marginalidad, que la precariedad en el trabajo abarata los salarios. Que ya lo dijo Marx, que el lumpen no es revolucionario, ni consciente de su explotaci\u00f3n. Incluso, el propio Marx acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino proletario, los que no tienen m\u00e1s propiedad que su prole.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inmersos en esa din\u00e1mica, reivindicamos un \u00e1mbito solidario, un planeta mejor, un cambio global, una alternativa al capitalismo&#8230; del mundo. Hasta las multinacionales lo hacen. Anuncios por doquier. Nos olvidamos, sin embargo, de lo que el periodista argentino Mart\u00edn Caparr\u00f3s llam\u00f3 OtroMundo, cerca de mil millones de personas, tan humanos como nosotros en sus capacidades subjetivas, desaparecidos en ciernes, pobres de solemnidad, la fam\u00e9lica legi\u00f3n de la Internacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seguimos con los viejos esquemas de la Revoluci\u00f3n Industrial, del obrero de Glasgow, Chicago, Nairobi, Daca o La Arboleda. Esquemas v\u00e1lidos probablemente hace 100 \u00f2 150 a\u00f1os. El margen de supervivencia era muy similar en los tenebrosos barrios londinenses descritos por Dickens que en las colonias africanas de la Europa victoriana. La esperanza de vida de un minero de Gallarta no pasaba de los 25 a\u00f1os, ni la de sus hijos, mal alimentados y, en consecuencia, sin expectativa de crecimiento sano. La mortandad infantil, juvenil, era compa\u00f1era cotidiana. La parca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda trabajo, en unas condiciones p\u00e9simas. Y hab\u00eda campos, terrenos \u00ednfimos a veces. La econom\u00eda de subsistencia era eso, precisamente. Supervivencia. Todo aquello concluy\u00f3. El mundo asisti\u00f3 a una de las revoluciones mayores, sino la mayor, de toda su historia. El planeta era incapaz de dar de comer a 500 millones de personas pero un siglo despu\u00e9s era susceptible de alimentar a 5.000 millones de humanos. La Revoluci\u00f3n Verde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la rapacidad, la injusticia, el negocio abort\u00f3 la posibilidad de completar el ciclo. En lo que va de siglo decenas de millones de seres humanos han muerto sin l\u00f3gica mientras Amancio Ortega o Carlos Slim ganan millones de euros al d\u00eda, explotando a espuertas. Desde la crisis financiera de 2008, el planeta gast\u00f3 20 billones de euros para salvar a su sistema bancario. Para acabar con la miseria de una vez se necesitar\u00eda, lo dice la FAO, la d\u00e9cima parte, dos billones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un capitalismo que crea centro y periferia, ricos y pobres, y que difumina las culpas. Un gigantesco monstruo que hace desvanecer las responsabilidades, que no quiere saber que es eso del colt\u00e1n necesario para los tel\u00e9fonos m\u00f3viles o esta etiqueta de camisetas reivindicativas, muy ca\u00f1eras eso s\u00ed, con origen en Pakist\u00e1n o Filipinas cuna de una explotaci\u00f3n gigantesca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos hacemos trampas a nosotros mismos, removemos la baraja una y otra vez para que finalmente salga la carta que deseamos. Y aunque organismos criminales como el Banco Mundial nos diga que el 5% m\u00e1s pobre de la Uni\u00f3n Europea tiene m\u00e1s ingresos promedio que el 5% m\u00e1s rico de cualquier pa\u00eds africano o la mayor\u00eda de los asi\u00e1ticos, no acabamos de creerlo. O sea que la inmensa mayor\u00eda de los africanos o cualquier otro pa\u00eds del OtroMundo sabe que si alcanza a la Uni\u00f3n Europea va a ser un poco m\u00e1s rico que si se queda en su pa\u00eds. Es decir, que la migraci\u00f3n del siglo XXI, la que conocemos, la que nos llega, es la de quienes quieren dejar de ser pobres absolutos, para ser pobres relativos. Pobres en Europa que es como decir mejorar econ\u00f3micamente su situaci\u00f3n. Para entendernos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta disquisici\u00f3n de la que huimos, ya que conocemos nuestra responsabilidad en la construcci\u00f3n hist\u00f3rica y actual del mundo, lo \u00fanico que nos importa es nuestro grado de tolerancia, el nivel que podemos aguantar de desigualdad. Pero no en el mundo, sino en casa, en Gasteiz o en Biarritz. Y enga\u00f1arnos: que la miseria y el hambre de Niamey o Abuja es estructural, que los migrantes tienen costumbres excluyentes de g\u00e9nero (que las tienen)&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos incomoda, sin embargo, que se mueran antes de tiempo, antes de esos l\u00edmites marcados por una esperanza de vida europea que dobla a la africana. Sobre todo cuando tenemos la certeza de que no van a tener una segunda oportunidad, porque el para\u00edso cristiano o la yanna isl\u00e1mica son eso, f\u00e1bulas. Nos hemos modernizado hasta en las creencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos incomoda que la casualidad agrupe cifras (tanto va el c\u00e1ntaro a la fuente). Nos incomoda porque el goteo acostumbra. No es lo mismo examinar en alg\u00fan informe (que probablemente no lo leamos jam\u00e1s), que un ni\u00f1o muere cada cinco minutos en N\u00edger de una simple diarrea, absurda muerte en Europa, que recibir la imagen con una voz en off que recuerda c\u00f3mo un millar de africanos se han ahogado cuando se acercaban a las costas italianas en un barco abarrotado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos incomoda que sean 1.500 los ahogados en apenas una semana, intentando alcanzar la pobreza europea, pero apenas prestamos atenci\u00f3n cuando nos dicen que en los \u00faltimos a\u00f1os ya son 25.000. Porque la cifra queda diluida en d\u00edas, semanas, meses y la distancia afloja la emoci\u00f3n. Nuevamente excusas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una migraci\u00f3n, por lo dem\u00e1s, espoleada por quienes dominan el mundo. Como el hambre. A los ricos les llegar\u00e1 fuerza barata para muchos trabajos que, por cierto, los locales nos negamos a realizar. Una mano de obra que, adem\u00e1s, es susceptible de romper una solidaridad obrera ya resquebrajada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una migraci\u00f3n que est\u00e1 reformulando tambi\u00e9n, sin que seamos capaces de percibirlo, todo el mundo laboral. Que ya lo hizo y lo sigue haciendo con la expansi\u00f3n de algunas de nuestras perlas nacionales, las cooperativas. Que se deslocalizaron precisamente para aprovechar la falta de esa legislaci\u00f3n que reivindicamos en casa, con huelgas generales si hace falta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una cr\u00f3nica de ida y vuelta que va minando la organizaci\u00f3n obrera en Europa, que resquebraja la solidaridad y que augura, como est\u00e1 sucediendo estos d\u00edas en Sud\u00e1frica, un choque cultural, ideol\u00f3gico y nuevamente humano. Pens\u00e9 que jam\u00e1s lo ver\u00eda. Pero ha sucedido: excluidos por el apartheid hasta hace unos a\u00f1os en Sud\u00e1frica, expulsan en 2015 a sus hermanos de Zimbabwe que cruzan la frontera. Ni siquiera la pobreza se puede repartir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00edamos encontrar decenas de justificaciones, espacios para comprender la migraci\u00f3n. Alguno llegar\u00eda a disculpar los muros de Melilla, de Grecia, quiz\u00e1s no tanto el de Cisjordania o la valla electrificada en R\u00edo Grande. No conozco coartadas a las agresiones de la Guardia Civil, a sus disparos con pelotas de goma a quienes nadaban en Ceuta. Hasta ah\u00ed parte de la escenificaci\u00f3n social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero no nos equivoquemos y envolvamos con ret\u00f3ricas m\u00edsticas el sentido real de las migraciones contempor\u00e1neas, las que nos llegan. No es la pobreza, la mala repartici\u00f3n, la injusticia lo que les mueve. La causa principal es nuestra riqueza, aunque para muchos de nosotros sea relativa. Una riqueza, la nuestra, que sabemos perfectamente, lo es gracias al OtroMundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y no vienen a saquearla, por cierto. \u00danicamente a compartirla. Desconozco, como dice la Internacional, si nos encontramos en la \u00ablucha final\u00bb. Me siento, sin embargo, como apunta el estribillo de dicha canci\u00f3n, parte de ese \u00abgenero humano\u00bb. Una humanidad que Pablo Neruda tambi\u00e9n describi\u00f3 en ese poema sobre la migraci\u00f3n, una de cuyas l\u00edneas he tra\u00eddo al t\u00edtulo de este art\u00edculo como recuerdo de la tragedia.<\/p>\n<p>NAIZ<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los d\u00edas mueren cientos, miles de hombres, mujeres y ni\u00f1os, sobre todo ni\u00f1os, como consecuencia de la especulaci\u00f3n alimentaria, de la injusticia en el reparto, de la din\u00e1mica capitalista, de los resultados de la bolsa de Nueva York o de la de Bilbao. Todos los d\u00edas, cada minuto, cada segundo. 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