{"id":32331,"date":"2015-04-13T07:55:35","date_gmt":"2015-04-13T05:55:35","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-tumorista\/"},"modified":"2015-04-13T07:55:35","modified_gmt":"2015-04-13T05:55:35","slug":"el-tumorista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-tumorista\/","title":{"rendered":"El tumorista"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de la Segunda Guerra, mientras esperaba con las valijas hechas el permiso para irse de Hungr\u00eda para siempre, S\u00e1ndor M\u00e1rai pasaba las horas en un s\u00f3tano de la Biblioteca P\u00fablica de Budapest, entre pilas de diarios viejos que aguardaban la hora de ir al fuego, leyendo cr\u00f3nicas de la vida h\u00fangara de entreguerras redactadas por colegas suyos ya olvidados por sus compatriotas. \u201cComo buscan el agua subterr\u00e1nea los animales y las plantas en \u00e9pocas de sequ\u00eda, as\u00ed buscaba yo, en las palabras de aquellos poetas que terminaron perdidos en las tabernas y redacciones, aquello que me quer\u00eda llevar de mi pa\u00eds.\u201d Siempre quise saber qui\u00e9nes eran esos autores de los cuales Marai se nutr\u00eda y desped\u00eda en secreto en aquel s\u00f3tano, y la semana pasada tuve oportunidad de descubrir uno, por puro azar, cuando un librero de Buenos Aires me regal\u00f3 de onda un desvencijado ejemplar de Viaje en torno de mi cr\u00e1neo, de un tal Frigyes Karinthy.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frigyes es la manera h\u00fangara de decir Federico, pero a Karinthy todo el mundo lo conoc\u00eda por Frik. No hab\u00eda autor m\u00e1s popular en Budapest, en los a\u00f1os \u201930: escrib\u00eda tres columnas semanales, divert\u00eda y se divert\u00eda por igual, de todo sab\u00eda y de todo opinaba (fue el inventor de la teor\u00eda de los seis grados de separaci\u00f3n con su cuentito \u201cCadenas\u201d, en el que sosten\u00eda que no hab\u00eda persona en el mundo a m\u00e1s de seis amistades de distancia de \u00e9l) e igualmente famosa era su perpetua precariedad econ\u00f3mica. Un d\u00eda, en el Caf\u00e9 Central, Karinthy estaba haciendo un crucigrama y delineando mentalmente una de sus comedias teatrales cuando \u201cempezaron a partir los trenes\u201d. Dej\u00f3 pasar tres, pero al cuarto se dijo: \u201cEn Budapest ya no hay tranv\u00edas, la estaci\u00f3n de tren est\u00e1 lejos y yo no estoy loco, de manera que debe tratarse de una alucinaci\u00f3n auditiva\u201d. Como la trepidaci\u00f3n ferroviaria ces\u00f3 a los quince minutos, Karinthy sigui\u00f3 con su vida cotidiana (\u201cEstamos haciendo vida de solteros con mi hijo porque mi espos\u00edsima est\u00e1 estudiando freudismo en Viena\u201d), que ese d\u00eda consist\u00eda en ir a los mataderos a hacer una nota (\u201cAl recibir el mazazo, el buey se desploma como un mont\u00f3n de ropa al que se le quita la percha\u201d), de ah\u00ed al cementerio para otra nota, sobre cremaci\u00f3n (\u201cEl cad\u00e1ver no es algo tan muerto como suponemos\u201d) y luego al ensayo de una de sus obritas (\u201cHe decidido titularla Enfermos sonrientes, me convencieron los actores\u201d). Pero, a su paso por el Caf\u00e9 Central, nota que en el gran espejo las figuras ondulan, y cuando lleva a su hijo a la escuela \u00e9ste le dice: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 te desv\u00edas a la derecha todo el tiempo?\u201d, y por la noche recibe una carta de su esposa Aranka que dice: \u201c\u00bfY a ti qu\u00e9 te pasa? Has cambiado tu caligraf\u00eda, no puedo descifrar tu letra\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los m\u00e9dicos amigos que encuentra a su paso lo toman a la chacota: \u201cEs una intoxicaci\u00f3n de nicotina. Deja los cigarrillos egipcios y la vida de caf\u00e9 por unos d\u00edas. No confundas enfermedad con malas costumbres\u201d. Hasta que un oculista accede a revisarlo, y descubre una papila edematosa en el fondo del ojo, y convoca de urgencia a colegas de otras disciplinas (est\u00e1n en el Hospital Mayor de Budapest) y se decide dejarlo internado para una bater\u00eda de an\u00e1lisis. No s\u00f3lo le revisan la vista, el o\u00eddo y la coordinaci\u00f3n, tambi\u00e9n el olfato: le dan a oler ajos y frutillas, le piden que diga la diferencia. Le preguntan cu\u00e1l es su situaci\u00f3n econ\u00f3mica. La de siempre, contesta jocosamente Karinthy. Una enfermera lo reprende: \u201cNo deber\u00eda mostrar buen humor en su estado\u201d. Reci\u00e9n ah\u00ed le cae la ficha a Karinthy: \u201cDe pronto no hay punto fijo en ninguna parte. A\u00fan me encuentro en la mitad de ese instante, tan largo como una noche entera, cuando comprendo que todos me tratan demasiado bien, es decir que algo est\u00e1 mal\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese algo es su cerebro. Karinthy padece un tumor, en una \u00e9poca en que los tumores cerebrales ten\u00edan m\u00e1s de un 80 por ciento de mortalidad. Si no se opera urgente, quedar\u00e1 ciego (y \u00e9se es s\u00f3lo el primero de los s\u00edntomas que le esperan), pero nadie en Hungr\u00eda est\u00e1 capacitado para operarlo. El \u00fanico capaz de salvarlo en toda Europa es una eminencia sueca, el profesor Olivecrona, con quien ya se han comunicado y quien lo espera con el quir\u00f3fano listo en su cl\u00ednica de Estocolmo. Todo esto es relatado en tiempo real porque Karinthy ha comenzado a contar en sus columnas lo que le sucede desde que oy\u00f3 por primera vez los trenes fantasmas. Sus amigos inician una colecta para pagar viaje y operaci\u00f3n: sobres an\u00f3nimos con billetes arrugados llegan desde todos los rincones de Hungr\u00eda. Los lectores siguen paso a paso el trayecto del coche cama que parte de Budapest a Viena y cruza luego toda Alemania con rumbo norte, cada vez m\u00e1s al norte. En cierto momento Karinthy siente que el tren est\u00e1 bailando y sale en pijama al pasillo y abre la puerta al final del vag\u00f3n y ve mar a su alrededor. No est\u00e1 alucinando. El coche cama va en un transbordador: est\u00e1n cruzando a Suecia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cDesde los cinco a\u00f1os prefer\u00ed las f\u00e1bulas de Kepler y Newton a las de los hermanos Grimm. Siempre quise saber c\u00f3mo funcionan las cosas\u201d, le dice a Olivecrona al llegar a la cl\u00ednica, pero el cirujano prefiere de interlocutora a Aranka, la esposa m\u00e9dica de Karinthy, que tambi\u00e9n es la encargada de tomar al dictado el follet\u00edn de su marido y repetirlo despu\u00e9s por tel\u00e9fono al diario de Budapest. \u201cNo van a dormirte durante la operaci\u00f3n porque eso aumenta los riesgos. Pero no temas, el cerebro no siente dolor\u201d, le dice. \u201cOjal\u00e1 doliera\u201d, nos dir\u00e1 Karinthy, acostado boca abajo en el quir\u00f3fano mientras sordos ruidos o\u00edr se dejan en la parte trasera de su cr\u00e1neo. \u201cPorque esto no es natural, no es normal, es casi mal educado.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de la operaci\u00f3n, Olivecrona se presenta en la habitaci\u00f3n del paciente, le pregunta a Aranka si ya le ha dado la noticia al marido. Aranka le evita la mirada. \u201cLamento decirle \u2013murmura el cirujano a su paciente\u2013 que es humanamente imposible conservarle la vista.\u201d Se hace un silencio espeso en la habitaci\u00f3n. Debajo de su turbante de vendajes, Karinthy dice: \u201cSus ojos son azules, profesor. Reci\u00e9n lo noto\u201d. Y, ante el estupor de quienes lo rodean, pide a Aranka que le alcance el libro de Thomas Mann que estuvo ley\u00e9ndole en voz alta y, en un momento inolvidable, nos describe la sensaci\u00f3n de poder ver con sus propios ojos las palabras que hasta entonces s\u00f3lo pod\u00eda o\u00edr de boca de su esposa. Una comitiva diplom\u00e1tica irrumpe en la habitaci\u00f3n, comienza a hacerle reverencias a Olivecrona y a decirle: \u201cEn nombre de Hungr\u00eda, gracias\u201d. El cirujano se vuelve hacia el paciente y le dice: \u201c\u00bfPero qui\u00e9n diablos es usted en su tierra?\u201d S\u00e1ndor M\u00e1rai podr\u00eda hab\u00e9rselo explicado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el pr\u00f3logo a una edici\u00f3n reciente en ingl\u00e9s de Viaje en torno de mi cr\u00e1neo, Oliver Sacks cuenta que Karinthy volvi\u00f3 a Budapest, retom\u00f3 su gozosa rutina (autobautizado \u201cel tumorista\u201d) y un a\u00f1o despu\u00e9s muri\u00f3 de golpe cuando se ataba los cordones de sus zapatos. Dice Sacks que descubri\u00f3 Viaje en torno de mi cr\u00e1neo cuando era estudiante secundario en Inglaterra, a los quince a\u00f1os, en una edici\u00f3n popular de divulgaci\u00f3n, y que por ese libro decidi\u00f3 ser neur\u00f3logo, y que cada vez en su vida que encar\u00f3 un libro nuevo pens\u00f3 en Frik Karinthy, se encomend\u00f3 a su esp\u00edritu y simplemente se dej\u00f3 llevar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAGINA 12<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de la Segunda Guerra, mientras esperaba con las valijas hechas el permiso para irse de Hungr\u00eda para siempre, S\u00e1ndor M\u00e1rai pasaba las horas en un s\u00f3tano de la Biblioteca P\u00fablica de Budapest, entre pilas de diarios viejos que aguardaban la hora de ir al fuego, leyendo cr\u00f3nicas de la vida h\u00fangara de entreguerras redactadas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[84],"tags":[],"class_list":["post-32331","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-bitxia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - 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