{"id":32270,"date":"2015-03-30T10:21:50","date_gmt":"2015-03-30T08:21:50","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-secreto-de-sus-ojos\/"},"modified":"2015-03-30T10:21:50","modified_gmt":"2015-03-30T08:21:50","slug":"el-secreto-de-sus-ojos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-secreto-de-sus-ojos\/","title":{"rendered":"El secreto de sus ojos"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">John Huston cre\u00eda que no ten\u00eda inconsciente y Sartre cre\u00eda que los locos eran b\u00e1sicamente mentirosos que se dejaban cautivar por sus mentiras. Sin embargo, en 1958, Huston viaj\u00f3 a Par\u00eds a ofrecerle veinticinco mil d\u00f3lares de entonces para que le escribiera un gui\u00f3n sobre Sigmund Freud. Huston ya hab\u00eda dirigido en Nueva York una obra de Sartre (A puerta cerrada) y mostrado fugaz inter\u00e9s en otra (El diablo y Dios) y lo consideraba el candidato ideal para escribir ese gui\u00f3n porque lo que quer\u00eda filmar era la historia de c\u00f3mo Freud se hab\u00eda convertido en Freud (es decir, esos siete a\u00f1os de fracasos sistem\u00e1ticos desde que empez\u00f3 con la hipnosis hasta que se intern\u00f3 en la interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os propios y ajenos). Al principio Sartre descart\u00f3 el proyecto por t\u00edpicamente norteamericano (Freud como detective de la psique, superando mil obst\u00e1culos hasta la triunfal develaci\u00f3n del enigma), pero Huston lo convenci\u00f3 de que pocas personas encarnaban mejor la m\u00e1xima sartreana \u201cEl infierno son los otros\u201d que Freud tratando a sus primeros pacientes ante la mirada hostil de la parentela de esos pacientes, de sus colegas m\u00e9dicos y de toda la sociedad de su tiempo. Sartre se dej\u00f3 convencer por dos motivos: primero porque ten\u00eda un problemita de impuestos (\u201cYa no le debo nada al fisco, pero tampoco me qued\u00f3 nada de lo que me dio mi madre\u201d, le escribi\u00f3 por esos d\u00edas a Simone de Beauvoir) y segundo porque lo tentaba la idea de hacer un Freud que viera en los secretos de la psique las hipocres\u00edas y miserias de la burgues\u00eda vienesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada vez m\u00e1s fascinado con su personaje (\u201c\u00a1Era un neur\u00f3tico hasta la m\u00e9dula!\u201d), se despach\u00f3 con una \u201csinopsis\u201d de 95 p\u00e1ginas y, sin esperar la respuesta de Huston, termin\u00f3 en un mes la primera versi\u00f3n del gui\u00f3n. \u201cEl mamotreto era m\u00e1s grueso que mi muslo. \u00a1Quer\u00eda hacer una pel\u00edcula de siete horas!\u201d, cuenta Huston en su autobiograf\u00eda. As\u00ed que invit\u00f3 a Sartre a su castillo en Irlanda para trabajar juntos, y as\u00ed empieza la comedia negra que deber\u00edan haber escrito y filmado en lugar de la vida de Freud. No m\u00e1s llegar, Sartre le escribe a Beauvoir: \u201cNo he salido todav\u00eda porque el pueblo m\u00e1s cercano est\u00e1 a medio d\u00eda de viaje. Miro los kil\u00f3metros de praderas que nos rodean y siento horror vacui. H dice que vive aqu\u00ed por la naturaleza, pero lo hace para evadir impuestos. Cada rinc\u00f3n del castillo rebasa de objetos incongruentes: Cristos mexicanos, l\u00e1mparas japonesas, el Monet m\u00e1s feo que he visto en mi vida&#8230; H sale a andar a caballo, baja a la cocina a decidir el men\u00fa, vuelve disfrazado&#8230; Cualquier excusa le sirve, es imposible hacerlo trabajar\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Huston, por su parte, escribi\u00f3 en su autobiograf\u00eda: \u201cAl principio admir\u00e9 su habilidad para tomar notas mientras hablaba, pero despu\u00e9s entend\u00ed que era imposible interrumpirlo. No paraba ni siquiera para tomar aire. Sus estr\u00e1bicos ojos de sapo me sofocaban tanto a veces que ten\u00eda que salir de la habitaci\u00f3n. El murmullo gangoso de su voz me segu\u00eda por los pasillos y, cuando volv\u00eda a entrar, \u00e9l ni se hab\u00eda dado cuenta de mi ausencia\u201d. Todo el equipo reunido por Huston entend\u00eda franc\u00e9s, pero las jornadas de trabajo dejaban a los participantes con los ojos vidriosos y la mente en blanco. En determinado momento Huston trat\u00f3 de hipnotizar a Sartre (t\u00e9cnica que hab\u00eda aprendido en el psiqui\u00e1trico donde film\u00f3 en 1946 el documental Let There Be Light, sobre el intento de curar mediante hipnotismo las secuelas de la guerra en soldados que volv\u00edan del frente). Le fue imposible: \u201cEs impermeable, hipn\u00f3ticamente hablando. O quiz\u00e1 sean las anfetaminas que toma todo el tiempo\u201d. Sartre, por su parte, trat\u00f3 de llegar al inconsciente de Huston pidi\u00e9ndole que le relatara sue\u00f1os, en una \u00e9pica trasnoche alcoh\u00f3lica. Fue in\u00fatil: \u201cAyer H confes\u00f3 que en su inconsciente no hay nada ni siquiera viejos deseos inconfesables. No logro entenderlo. No me habla. No me mira. Huye del pensamiento, dice que le entristece\u201d. Un d\u00eda Sartre amaneci\u00f3 con un terrible dolor de muelas. Huston ofreci\u00f3 trasladarlo a la civilizaci\u00f3n. Sartre dijo que le bastaba un dentista de pueblo. Encontr\u00f3 uno por las suyas y volvi\u00f3 aliviado al castillo. Huston coment\u00f3 a su equipo: \u201cUn diente de m\u00e1s o de menos es cuesti\u00f3n intrascendente en el universo de un existencialista\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una gran frase del gui\u00f3n resume la relaci\u00f3n entre ambos: \u201cPercibimos entre ellos una extra\u00f1a complicidad: est\u00e1n tratando de enga\u00f1arse uno al otro\u201d. Finalmente, Sartre volvi\u00f3 a Par\u00eds bajo promesa de enviar una nueva versi\u00f3n, que result\u00f3 m\u00e1s larga a\u00fan (est\u00e1 publicada, es una gloria, se llama Freud, el gui\u00f3n). Huston opt\u00f3 por encerrarse con Wolfgang Reinhardt y Charles Kaufman, sus colaboradores de confianza, y le mand\u00f3 a Sartre el resultado, convenientemente reducido. Este contest\u00f3 una carta m\u00e1s larga que todo el gui\u00f3n, pormenorizando sus diferencias y exigiendo que retiraran su nombre de los cr\u00e9ditos, aunque buena parte del material siguiera siendo suyo, entre otras cosas el personaje de Cecily, una combinaci\u00f3n del caso Dora y el de Anna O, que Sartre quer\u00eda que interpretase Marilyn Monroe. La idea era brillante, porque el papel de Freud lo har\u00eda Montgomery Clift. Pero Anna Freud, que por entonces estaba en Nueva York supervisando el tratamiento de Marilyn, le prohibi\u00f3 aceptar (meses despu\u00e9s, cuando muri\u00f3 Marilyn, Huston declar\u00f3: \u201cNo la mat\u00f3 Hollywood: la mataron sus psiquiatras\u201d).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El papel de Cecily fue para la intrascendente Susannah York. Para empeorar las cosas, Montgomery Clift lleg\u00f3 al rodaje despu\u00e9s de un accidente que lo hab\u00eda dejado con algunas limitaciones corporales y faciales. En su gui\u00f3n, Sartre hac\u00eda obsesivo hincapi\u00e9 en la mirada penetrante del creador del psicoan\u00e1lisis (\u201cEl secreto est\u00e1 en sus ojos. Cuando sale del consultorio, su mirada debe dar miedo\u201d). Monty le asegur\u00f3 a Huston que pod\u00eda hacer a Freud casi enteramente con los ojos. Huston pidi\u00f3 a su director de fotograf\u00eda que trabajara la mayor cantidad posible de primeros planos, cosa que permiti\u00f3 disimular no s\u00f3lo la torpeza motriz de Clift sino tambi\u00e9n los cartelitos con textos auxiliares que sembraban por todos lados, ya que los c\u00f3cteles de tranquilizantes y alcohol que tomaba para paliar los dolores le imped\u00edan memorizar sus l\u00edneas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El rodaje fue un calvario. La mitad del equipo culpaba a la York, la otra mitad dec\u00eda que el propio Huston boicoteaba la pel\u00edcula por no contar con Marilyn y por no entender el gui\u00f3n. En lo \u00fanico en que coincid\u00edan todos era en el extraordinario efecto que ten\u00edan aquellos primeros planos de Monty, y all\u00ed depositaron sus \u00faltimas esperanzas, que se derrumbaron el d\u00eda mismo del estreno en Los Angeles, cuando la chimentera Louella Parsons, antes de entrar a la sala, ech\u00f3 a rodar entre los concurrentes el rumor de que hab\u00eda pescado a Clift el d\u00eda anterior entrando de inc\u00f3gnito en una cl\u00ednica para someterse a una peque\u00f1a operaci\u00f3n en los ojos. Al d\u00eda siguiente, no hubo cr\u00edtica que se privara de decir que la pel\u00edcula quiz\u00e1 fuese Sartre puro, pero la mirada alucinada que Montgomery Clift le hab\u00eda dado a su Freud se deb\u00eda en realidad a que padec\u00eda cataratas durante el rodaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAGINA 12<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>John Huston cre\u00eda que no ten\u00eda inconsciente y Sartre cre\u00eda que los locos eran b\u00e1sicamente mentirosos que se dejaban cautivar por sus mentiras. Sin embargo, en 1958, Huston viaj\u00f3 a Par\u00eds a ofrecerle veinticinco mil d\u00f3lares de entonces para que le escribiera un gui\u00f3n sobre Sigmund Freud. 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