{"id":31834,"date":"2015-01-30T13:01:59","date_gmt":"2015-01-30T11:01:59","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/miedo-contagio-resistencia\/"},"modified":"2015-01-30T13:01:59","modified_gmt":"2015-01-30T11:01:59","slug":"miedo-contagio-resistencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/miedo-contagio-resistencia\/","title":{"rendered":"Miedo, contagio, resistencia"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p><strong>1- El miedo original<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan la concepci\u00f3n cl\u00e1sica de Sigmund Freud, la \u201ccultura\u201d es un minucioso dispositivo disciplinario que evitar\u00eda la irrupci\u00f3n destructiva de todas esas fuerzas oscuras (el instinto de muerte asociado al placer suicida) que est\u00e1n siempre a punto de saltar sobre el mundo. La \u201ccultura\u201d salva al mismo tiempo a los individuos, amenazados por un terror\u00edfico deseo asentado en las profundidades, y a las sociedades, amenazadas por estas acucias que acechan desde abajo, como caimanes, para asaltar en cualquier momento la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea de que el peligro est\u00e1 en cada uno de nosotros y la salvaci\u00f3n en la sociedad es muy antigua; y va asociada a un pesimismo antropol\u00f3gico que -de Hobbes a Freud- considera que el desorden, la violencia y el caos proceden siempre del \u201cindividuo natural\u201d, al que habr\u00eda que domesticar o, al menos, reprimir en la horma institucional. No es una tonter\u00eda. Si no es seguro que la guerra sea el resultado de una pulsi\u00f3n de muerte universal, s\u00ed es la ocasi\u00f3n de una liberaci\u00f3n de l\u00edbidos destructivas que convierten a cada ser humano en un potencial asesino. Pero \u00e9sta es s\u00f3lo una visi\u00f3n parcial. Porque cabe interpretar tambi\u00e9n la historia, en cuanto que historia de la lucha de clases -y cada sociedad hist\u00f3rica concreta-, como el conjunto limitado de las voluntades individuales hegem\u00f3nicas que reprimen sin parar, y descomponen, la voluntad colectiva. Es decir, cabe pensar la guerra como una pulsi\u00f3n de muerte universal; pero cabe pensarla asimismo como un proyecto particular cuyo prop\u00f3sito es desbaratar el empuje de un proyecto general civilizatorio. Cabe pensar, en definitiva, el poder pol\u00edtico como la victoria de unos poquitos seres humanos sobre esa mayor\u00eda articulada que estar\u00eda buscando el establecimiento de un orden colectivo m\u00e1s estable y m\u00e1s sensato. O lo que es lo mismo: parece razonable suponer que es el poder pol\u00edtico, como programa de una clase o un grupo concreto, el que introduce el desorden individual, la violencia y el caos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El miedo ha existido siempre y es inseparable de la condici\u00f3n humana y de la conciencia de la muerte. Las sociedades son m\u00e1quinas muy sofisticadas que piensan por nosotros, nos ofrecen respuestas manufacturadas y nos impiden vivir de manera metaf\u00edsica; es decir, nos impiden autodestruirnos a fuerza de pensar nuestra propia debilidad. Pero las sociedades son tambi\u00e9n el material que los gobernantes deben gestionar para imponer sus propios intereses, que raramente coinciden con los de los humanos socializados. En definitiva, el miedo es uno de los recursos fundamentales utilizados desde el principio de los tiempos para impedir una rebeli\u00f3n o, por lo menos, una reacci\u00f3n disonante. Como dejaron claro los tunecinos y egipcios en 2011, toda rebeli\u00f3n es, antes que nada, una victoria sobre el miedo: \u201ctemednos, ya no os tenemos miedo\u201d, gritaban en La Qasba y en Tahrir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2. B\u00e1rbaros y fronteras<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si dejamos a un lado el terror, instrumento pedag\u00f3gico de \u201cexcepci\u00f3n\u201d -escuadrones de la muerte, bombardeos indiscriminados, tortura, etc.- mediante el cual poderes abiertamente inicuos han afirmado o impuesto tradicionalmente su dominio, podemos decir que la administraci\u00f3n del miedo forma parte de la normalidad capitalista incluso en las sociedades democr\u00e1ticas. Ese miedo, como hemos indicado, puede ser de dos tipos: exterior e interior. A\u00f1adamos enseguida que la llamada globalizaci\u00f3n, a trav\u00e9s del consumo y de las nuevas tecnolog\u00edas, ha fragilizado esa frontera, de manera que cada vez es m\u00e1s dif\u00edcil saber si las amenazas que gestionan nuestros gobernantes proceden de dentro o de fuera porque estas dos categor\u00edas se cruzan de manera creciente en nuestros cuerpos, nuestros territorios y nuestros deseos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El miedo a una amenaza exterior se conoce con el nombre de \u201cbarbarie\u201d, frente a la cual se establece el limes -la frontera romana- como garant\u00eda de supervivencia civilizada, pero tambi\u00e9n, de alg\u00fan modo, como ilusi\u00f3n de civilizaci\u00f3n. El miedo a que los \u201cb\u00e1rbaros\u201d, semihumanos que no hablan nuestra lengua, que apenas emiten sonidos inarticulados, derriben el muro protector (pensemos en dos obras cl\u00e1sicas como El desierto de los t\u00e1rtaros de Buzzati o Esperando a los b\u00e1rbaros de Coetze) y desbaraten nuestro orden civilizado , maten a nuestros ni\u00f1os y violen a nuestras mujeres, ha servido siempre para conferir una falsa homogeneidad a sociedades fr\u00e1giles o amenazadas de implosi\u00f3n. El caso contempor\u00e1neo m\u00e1s evidente es Israel, un Estado reciente y artificial, impuesto mediante la s armas , que necesita de la violencia contra un enemigo exterior amenazante para afirmar su existencia. El \u201cb\u00e1rbaro\u201d es una funci\u00f3n de supervivencia identitaria de las sociedades debilitadas y una fuente de legitimidad interna de los reg\u00edmenes cuestionados. Somos civilizados s\u00f3lo frente a los b\u00e1rbaros -que, como dec\u00eda Anatole France, de \u201cnosotros los civilizados s\u00f3lo conocen nuestros cr\u00edmenes\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como sabemos, en el llamado occidente democr\u00e1tico, el comunismo cumpli\u00f3 esta funci\u00f3n barb\u00e1rica y legitimadora durante d\u00e9cadas. La popularidad del g\u00e9nero cinematogr\u00e1fico de ciencia-ficci\u00f3n, en el que malvad\u00edsimos extraterrestres, muy evolucionados desde el punto de vista tecnol\u00f3gico pero de f\u00edsico inquietante o nauseabundo, subrogaban la amenaza sovi\u00e9tica, da buena cuenta de este uso pol\u00edtico legitimador de la figura del b\u00e1rbaro. Pensemos en los grandes cl\u00e1sicos del g\u00e9nero, desde La guerra de los mundos (1953) a Independence day (1996), celebraci\u00f3n patri\u00f3tica de la victoria estadounidense en la Guerra Fr\u00eda. El placer de saberse amenazado desde el exterior es inseparable del placer de saberse moral y culturalmente superior, matriz de la xenofobia y el racismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras el final de la Guerra Fr\u00eda, el b\u00e1rbaro se islamiza y, como ocurre en la inquietante Alien, el octavo pasajero (1979) se instala a vivir en la nave de la civilizaci\u00f3n; la amenaza adopta la forma del \u201cterrorismo\u201d. Este cambio se produce, en efecto, en un mundo ya transformado, en el que la globalizaci\u00f3n impone intercambios generalizados y suscita formas de resistencia postmodernas y desterritorializadas. Al-Qaeda, reemplazada hoy por el Estado Isl\u00e1mico, es el paradigma de la barbarie global -franquicia mundializada, como el MacDonald&#8217;s &#8211; que hace in\u00fatiles las fronteras y que alarga su sombra en la figura d el b\u00e1rbaro interior; es decir, el inmigrante, prolongaci\u00f3n intestinal del yihadista exterior. La guerra impone como naturales las medidas de excepci\u00f3n; pensemos, por ejemplo, en los ciudadanos de origen japon\u00e9s encerrados en campos de concentraci\u00f3n estadounidenses durante la segunda guerra mundial. Pues bien, la \u201cguerra contra el terrorismo\u201d ha normalizado la excepci\u00f3n jur\u00eddica en forma de leyes antiterroristas incompatibles con el Estado de Derecho, al tiempo que ha convertido a los ex-colonizados, hoy inmigrantes clandestinos o irregulares en las metr\u00f3polis, en fuentes de amenaza permanentes contra los que hay que levantar tambi\u00e9n fronteras internas, muros \u00edntimos que alimentan el individualismo en la vida privada y la intervenci\u00f3n estatal en la vida p\u00fablica. El inmigrante criminalizado como terrorista potencial y b\u00e1rbaro irredimible induce contracciones identitarias (fij\u00e9monos en el aumento del fascismo en toda Europa) y zapa sin parar la articulaci\u00f3n de formas colectivas de lucha y resistencia frente a la gesti\u00f3n pol\u00edtica y econ\u00f3mica del capitalismo en crisis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta interiorizaci\u00f3n del b\u00e1rbaro, que ahora est\u00e1 entre nosotros, nos convierte parad\u00f3jicamente en una sociedad b\u00e1rbara o, al menos, \u201cprimitiva\u201d, incapaz de distinguir entre delito, pecado y enfermedad. No es una casualidad que el extraterrestre haya dejado su lugar al zombi, el familiar que se vuelve extra\u00f1o (\u201csiniestro\u201d lo llamaba Freud), el muerto inmortal que todos llevamos dentro y que, adem\u00e1s, como el portador del VIH o del \u00e9bola, contagia su inmortalidad can\u00edbal. El zombi, cuyo aspecto semidescompuesto evoca al leproso medieval , excluido y amenazador, cierra esta recategorizaci\u00f3n del b\u00e1rbaro que acompa\u00f1a a la globalizaci\u00f3n y que asocia de nuevo, como en el pensamiento \u201csalvaje\u201d, cuerpo, pobreza, contagio, violencia, delito. El inmigrante, en general musulm\u00e1n y potencialmente terrorista, traslada en su cuerpo excesivo el germen mortal que, b\u00e1rbaro impersonal, se difundir\u00e1 en nuestras ciudades, destruyendo sin explosiones la civilizaci\u00f3n y generalizando el caos y la violencia social. El b\u00e1rbaro es pest\u00edfero, pero la peste, a su vez, es la barbarie total.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, incluso en el imaginario cinematogr\u00e1fico y cultural la Epidemia prolonga la amenaza del b\u00e1rbaro exterior y del b\u00e1rbaro interior, combinando ambas en una inhumanidad inasimilable con la que toda negociaci\u00f3n es in\u00fatil y contra la que toda defensa es imposible. Contra los hombres se levantan muros, se erizan alambres, se despliegan eufem\u00edsticas y mortales \u201cconcertinas\u201d, pero los virus, como el dinero y las mercanc\u00edas, cruzan todas las fronteras. De hecho puede decirse que la pandemia es el reverso tenebroso -todo tiene un reverso tenebroso- del mercado. Y por eso la gesti\u00f3n sanitaria se ha convertido en un elemento fundamental de lo que Foucault llamaba biopol\u00edtica; es -a\u00fan m\u00e1s- lo que convierte la pol\u00edtica en fobiopol\u00edtica de la vida y de la muerte . Como hemos visto -estamos viendo- en relaci\u00f3n con el virus del \u00e9bola, que viene de Africa, al igual que los inmigrantes y el terrorismo, la administraci\u00f3n del miedo sanitario como instrumento de regulaci\u00f3n social puede generar incluso crisis de gobierno en las metr\u00f3polis porque es inseparable ya de la gesti\u00f3n econ\u00f3mica de los mercados. En definitiva la Epidemia es condici\u00f3n, consecuencia, funci\u00f3n y disoluci\u00f3n de la globalizaci\u00f3n capitalista; es el paradigma de un mercado individualista biologizado en el que el otro mismo comparece siempre como amenazante e inhumano y, frente al cual , el poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico se yergue como intervenci\u00f3n salv\u00edfica y nunca como responsable o causante de nuestros males. De un lado hay un b\u00e1rbaro interiorizado que puede golpear en cualquier momento; del otro un gobierno cuya \u00fanica misi\u00f3n es evitar el fin del mundo . Si algo reprochamos a nuestros pol\u00edticos es que no nos salven, que no sean capaces de salvarnos. De esta manera la crisis del \u00e9bola -como antes la de la gripe aviar o la de las vacas locas- revela un orden social en el que la pol\u00edtica, entendida como garant\u00eda colectiva de la ciudadan\u00eda y sus derechos inalienables, es sustituida por una cuarentena o profilaxis ininterrumpida que desarticula toda acci\u00f3n com\u00fan, ontologiza negativamente a los otros y legitima leyes de excepci\u00f3n contra las libertades y derechos fundamentales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3. La interiorizaci\u00f3n econ\u00f3mica del mal<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El b\u00e1rbaro interior globalizado, cuya figura de ficci\u00f3n es el zombi, cuya figura \u201c corporal\u201d es el enfermo contagioso, expresa el terror individual y social a dejar de ser uno mismo; el miedo a convertirse en otra cosa . Parafraseando aqu\u00ed las reflexiones ya cl\u00e1sicas de la antrop\u00f3loga Mary Douglas1, podr\u00edamos decir que la profilaxis y la xenofobia, con la contracci\u00f3n identitaria concomitante, son respuestas desplazadas o fraudulentas a una amenaza cada vez m\u00e1s indefinida e impersonal que se replica de manera viral y que ning\u00fan muro puede contener. La renovada afirmaci\u00f3n de la identidad nacional, religiosa y cultural es indisociables del miedo al contagio, del rechazo del inmigrante, del temor hipocondriaco frente a la delincuencia y el terrorismo, de la negaci\u00f3n del cuerpo y sus procesos biol\u00f3gicos -enfermedad, envejecimiento, obesidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero junto a este miedo, pol\u00edticamente muy rentable, est\u00e1 otro directamente vinculado al mercado laboral y a la gesti\u00f3n econ\u00f3mica y que se presenta a contrapelo del anterior, pero entretejido con \u00e9l. Me refiero al miedo a seguir siendo uno mismo , el terror a la identidad biogr\u00e1fica, profesional, \u00e9tica, humana, que puede dejarnos fuera del mercado. No podemos seguir siendo nosotros mismos si queremos seguir trabajando, renovar nuestro contrato, no perder comba frente a una econom\u00eda en crisis que abarata las competencias y aumenta las exigencias. Es, si se quiere, el miedo al fracaso como regulador subjetivo de un capitalismo cuya presi\u00f3n objetiva es asumida por los perdedores, los desechados, los excluidos, como una irregularidad pecaminosa. Privatizar las ganancias, socializar las p\u00e9rdidas quiere decir tambi\u00e9n subjetivizar las \u00faltimas -las p\u00e9rdidas- como una disfunci\u00f3n idiosincr\u00e1sica del perdedor. El naufragio antropol\u00f3gico del ser humano bajo la licuadora del capitalismo se corresponde -porque es su causa- con la emergencia de un individuo autorreferencial, culpable de su propio naufragio, y asustado. El fracaso es un pecado, un delito y una enfermedad mortal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace poco una amiga que trabaja como directiva en una potente empresa editorial me ped\u00eda que imaginara la situaci\u00f3n de los empleados subalternos y de los trabajadores precarios a partir de las presiones que ella, en la zona alta de la pir\u00e1mide, experimenta. A una base salarial m\u00e1s bien baja, me contaba, la empresa a\u00f1ade un \u201cbonus\u201dmuy apetitoso condicionado a la consecuci\u00f3n de unos objetivos econ\u00f3micos&#8230; imposibles de lograr. Cuando ella objet\u00f3, en efecto, la imposibilidad de obtener para la empresa los beneficios propuestos, la respuesta adopt\u00f3 la forma de uno de los eufemismos empresariales favoritos para alentar y justificar la sobre-explotaci\u00f3n inmanente del trabajo: \u201cclaro, es un reto\u201d. El mecanismo es infalible: el directivo trabaja muchas m\u00e1s horas de las que figuran en contrato sin necesidad de latigazos y la empresa se ahorra una y otra vez el pago del bonus, obteniendo sin embargo alt\u00edsimos beneficios gracias a esta interpelaci\u00f3n a la autosuperaci\u00f3n personal (concepto que sustituye al del \u201chonor\u201d antiguo y medieval) . El hecho de que se trate de un \u201creto individual\u201d implica adem\u00e1s que el trabajador viva la no consecuci\u00f3n de un objetivo imposible -y que se sabe imposible desde el principio- como un fracaso personal y, por lo tanto, con culpabilidad. La empresa se pone a salvo as\u00ed de acciones pol\u00edticas concertadas o de iras colectivas. La c\u00f3lera y la frustraci\u00f3n se vuelven sobre uno mismo, incapaz de superar la propia incompetencia y de adaptarse a las necesidades cambiantes del mercado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podemos imaginar, en efecto, los devastadores efectos pol\u00edticos que este \u201cmiedo al fracaso\u201d genera en una sociedad con un 25% de paro (m\u00e1s de un 60% en menores de 30 a\u00f1os), con m\u00e1s de un 90% de trabajadores precarios o con contratos discontinuos o a tiempo parcial (y un 13% de ellos en riesgo de pobreza) y con un 20% de trabajadores que tienen la sensaci\u00f3n de ser subestimados o infravalorados en sus tareas. Este mecanismo de subjetivizaci\u00f3n de la crisis y de la sobre-explotaci\u00f3n aparejada, que es tambi\u00e9n el del \u201chombre endeudado\u201d y el del \u201cemprendedor\u201d que se emplea a s\u00ed mismo, convierte el miedo y la culpa en un regulador espont\u00e1neo del mercado laboral, sin chirridos ni conflictos sociales. La despolitizaci\u00f3n del conflicto, asumido ahora en forma de culpa individual, tiene como consecuencia, por ejemplo, la psiquiatrizaci\u00f3n creciente de los sujetos as\u00ed separados de sus compa\u00f1eros o vecinos, con el consiguiente aumento de las consultas y tratamientos farmacol\u00f3gicos. Basta un dato: s\u00f3lo en la primera d\u00e9cada de este siglo el consumo de antidepresivos aument\u00f3 en un 81% y el de ansiol\u00edticos en un 11%. En los \u00faltimos cinco a\u00f1os, el n\u00famero de consultas psiqui\u00e1tricas en la Seguridad Social ha aumentado en un 20%. Como bien anticipaba el psiquiatra asturiano Guillermo Rendueles hace diez a\u00f1os, \u201cla experiencia de la explotaci\u00f3n se ha personalizado\u201d y \u201cel mundo del trabajo contempor\u00e1neo est\u00e1 dominado por una concepci\u00f3n de las relaciones laborales semejante a la vivencia del mal t\u00edpica de las pel\u00edculas de terror de serie B\u201d. Esta psiquiatrizaci\u00f3n de la vida laboral -y del curso entero de la vida- es inseparable, dice Rendueles, de las exigencias de una sociedad capitalista y de un mercado laboral que \u201cnos exigen estar eternamente disponibles para el cambio\u201d, pero tambi\u00e9n, por ello mismo, del abandono de las luchas colectivas, la mejor protecci\u00f3n imaginable contra la ansiedad o la depresi\u00f3n2. En este sentido el 15M fue una socioterapia intensiva -un amigo hablaba en 2011 en T\u00fanez de \u201czauraterapia\u201d, de la palabra \u00e1rabe \u201czaura\u201d, revoluci\u00f3n- cuyos efectos saludables sobre la poblaci\u00f3n estamos empezando a percibir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De este \u201cmiedo al fracaso\u201d se ha ocupado muy recientemente el periodista Esteban Hern\u00e1ndez en un libro muy recomendable, El fin de la clase media, en el que analiza con rigor y brillantez el desmantelamiento por parte del mercado y sus \u201cexigencias de cambio\u201d de esa franja social que el capitalismo hab\u00eda utilizado hist\u00f3ricamente como garant\u00eda de estabilidad. La crisis, que es tambi\u00e9n una crisis de los valores caracter\u00edsticos de la clase media (la confianza en las instituciones y en el futuro, el trabajo bien hecho, la posibilidad de mejorar, la transmisi\u00f3n de valores y saberes), franquea el espacio a una potencial explotaci\u00f3n del miedo, que es siempre conservador (al contrario que el mercado, antipuritano y subversivo), por parte de proyectos destropopulistas o fascistas, tal y como estamos ya viendo en toda Europa. El conservadurismo de clase media, sin embargo, no es inmediata y necesariamente de derechas; pero lo ser\u00e1, sin duda, si la izquierda -apunta Hern\u00e1ndez- lo desprecia como reaccionario o contrarrevolucionario3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 hacer, en definitiva, con el miedo? El miedo puede ser paralizador, pero tambi\u00e9n movilizador. Si es conservador -esa es la tesis de mi \u00faltimo libro4- lo es tambi\u00e9n frente a un capitalismo que revoluciona todos los v\u00ednculos sociales y se desprende radicalmente de toda estabilidad humana. La izquierda debe ser, por tanto, conservadora (en t\u00e9rminos ecol\u00f3gicos y antropol\u00f3gicos) y poner el miedo autogestionado al servicio de esta obra imprescindible, impostergable, de detenci\u00f3n de la revoluci\u00f3n capitalista y transformaci\u00f3n liberadora de las condiciones de producci\u00f3n, distribuci\u00f3n e intercambio de bienes y discursos. S\u00f3lo entonces el miedo a la muerte -y las supersticiones que produce- ser\u00e1 libre, metaf\u00edsico y relativamente inofensivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Notas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Mary Douglas, Pureza y peligro , Siglo XXI, Madrid 1973.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Guillermo Rendueles Olmedo, Egolatr\u00eda, KRK Ediciones, Madrid 2004<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 Esteban Hern\u00e1ndez, El fin de la clase media, Clave Intelectual, Madrid 2014.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 Santiago Alba Rico, \u00bfpodemos seguir siendo de izquierdas? Panfleto en s\u00ed menor. Pol.lens Ediciones, Brcelona 2014.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">FUHEM ECOSOCIAL<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">https:\/\/www.fuhem.es\/media\/cdv\/file\/biblioteca\/Analisis\/2015\/Dossier_Control-social_ene15.pdf<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1- El miedo original Seg\u00fan la concepci\u00f3n cl\u00e1sica de Sigmund Freud, la \u201ccultura\u201d es un minucioso dispositivo disciplinario que evitar\u00eda la irrupci\u00f3n destructiva de todas esas fuerzas oscuras (el instinto de muerte asociado al placer suicida) que est\u00e1n siempre a punto de saltar sobre el mundo. 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