{"id":31817,"date":"2015-01-29T14:54:30","date_gmt":"2015-01-29T12:54:30","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/psicoanalisis-de-la-crisis\/"},"modified":"2015-01-29T14:54:30","modified_gmt":"2015-01-29T12:54:30","slug":"psicoanalisis-de-la-crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/psicoanalisis-de-la-crisis\/","title":{"rendered":"Psicoan\u00e1lisis de la crisis"},"content":{"rendered":"\n<div>\n<p>La crisis no ha generado patolog\u00edas ps\u00edquicas nuevas pero ha exacerbado algunos s\u00edntomas que marcaban ya el momento de cambio en el que vivimos. La era del individualismo es nuestra \u00e9poca, donde las viejas identificaciones s\u00f3lidas han entrado en crisis (\u00abno nos representan\u00bb) y otras afirman su p\u00e9trea firmeza vinculadas a creencias religiosas fundamentalistas.<\/p>\n<p>Junto a ellas, la crisis propone otras identidades m\u00e1s inestables, algunas en construcci\u00f3n y otras vinculadas a la satisfacci\u00f3n que nos produce el consumo de innumerables objetos a los que nos aferramos hasta convertirlos en nuestra adicci\u00f3n particular: compras, comida, drogas, sexo, gadgets.<\/p>\n<p>La crisis confronta a cada uno con la angustia de la incertidumbre y con las p\u00e9rdidas reales: casa, trabajo, papel familiar. Su brutalidad -velada por los eufemismos del nuevo lenguaje- deja a muchos a la intemperie, con sus vidas en crisis. En este dossier analizamos algunas de estas incidencias subjetivas: el desamparo del desahucio, el declive de la masculinidad, la soledad femenina.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>DEJAR LA CASA: EL ADIOS TRAUM\u00c1TICO AL REFUGIO DOM\u00c9STICO<\/strong><\/p>\n<p>Una de las primeras consecuencias de la crisis fue el aumento espectacular de ejecuciones hipotecarias sumado a los desahucios por impagos de alquileres. Hoy disponemos ya de numerosos testimonios de personas afectadas. Calibrar qu\u00e9 supone para cada uno, desde el punto de vista ps\u00edquico, la p\u00e9rdida de su casa exige saber primero qu\u00e9 valor le da, siempre particular y que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de un bien material.<\/p>\n<p>La primera funci\u00f3n de la casa, en t\u00e9rminos de realidad ps\u00edquica, es la de protecci\u00f3n personal, elemento de subsistencia ante las amenazas externas en todas las civilizaciones. Frente al desamparo de los primeros humanos, las cuevas habitadas cumpl\u00edan con esa funci\u00f3n de refugio, y hoy lo hacen las actuales urbanizaciones, algunas dotadas con sofisticados sistemas de seguridad. El hogar protege al hombre del exterior, percibido como hostil.<\/p>\n<p>A estas razones objetivas obvias, ligadas a la supervivencia, podemos a\u00f1adir tambi\u00e9n las vivencias subjetivas, el c\u00f3mo cada uno percibe ese refugio. Freud hablaba del desamparo (hilflosigkeit) como afecto primario del lactante, quien al nacer prematuro requiere s\u00ed o s\u00ed de la intervenci\u00f3n del otro que lo acoge y protege. Esa capacidad de contenci\u00f3n primaria confiere un valor muy significativo a la familia, que sigue siendo el \u00faltimo refugio y m\u00e1s en un momento de crisis de las instituciones b\u00e1sicas como el actual. \u00abHogar, dulce hogar\u00bb es una manera coloquial de referirse a esa funci\u00f3n de protecci\u00f3n y perderla es quedar desamparado, a cielo abierto, sentirse como sujetos a la intemperie.<\/p>\n<p>Domingo, padre de 40 a\u00f1os emigrado hace doce, reagrup\u00f3 a su familia en el 2008 urgido por las condiciones de extrema vulnerabilidad en las que viv\u00edan en su pa\u00eds (precariedad econ\u00f3mica, maltratos intrafamiliares). Ahora se ha visto obligado a entregar su casa por no poder hacer frente a la hipoteca. Su preocupaci\u00f3n la expresa con una pregunta que se formula a s\u00ed mismo y que contiene una denuncia y al tiempo un autoreproche: \u00bfC\u00f3mo voy yo a protegerles ahora si ni siquiera tenemos un techo? \u00c9l experimenta una sensaci\u00f3n mixta de rabia e impotencia por esa imposibilidad. En el relato de su biograf\u00eda personal hay momentos dif\u00edciles en los que se vio obligado a errar de un lugar a otro, sin poder asentarse y corriendo riesgos para su propia vida. Cuando lleg\u00f3 a Espa\u00f1a se hizo la promesa de conseguir una casa y para ello trabaj\u00f3 a destajo. Su mayor orgullo, cuando recibi\u00f3 a la familia y la llev\u00f3 del aeropuerto a la casa, fue mostrarles ese piso que calificaba como \u00abmi lugar seguro\u00bb.<\/p>\n<p>Una segunda significaci\u00f3n de la p\u00e9rdida viene dada por el hecho de que la casa proporciona un sentimiento de identidad y de pertenencia social. La casa es el domus del clan, la referencia simb\u00f3lica de las generaciones y del linaje. Todav\u00eda es com\u00fan en medios rurales identificar a alguien por su casa de pertenencia, m\u00e1s all\u00e1 de su nombre o apellidos. La pregunta \u00ab\u00bfde qu\u00e9 casa eres?\u00bb es sobre los or\u00edgenes del sujeto. Esta casa, cuando es el espacio f\u00edsico compartido por diversas generaciones (abuelos, padres, hijos,..), es historia compartida, reflejada en multitud de objetos, recuerdos o documentos.<\/p>\n<p>Juan, de 65 a\u00f1os, explica a punto de llorar que ha perdido su casa por avalar a sus hijos y lamenta que \u00abtras cuarenta y cinco a\u00f1os trabajando no haya podido ni mantener lo que mi padre me dej\u00f3, la casa familiar\u00bb. Para Juan, criado en una familia tradicional donde las generaciones se transmit\u00edan unas a otras un peque\u00f1o negocio, perder su domicilio y su tienda implica que la deuda simb\u00f3lica que tiene, con sus padres en este caso, queda sin saldar al no poder transmitirla a los hijos. Esa ruptura en la cadena generacional tiene su incidencia personal en forma de cuadro depresivo importante que cursa con insomnio, inapetencia, sentimiento de culpa y anhedonia.<\/p>\n<p>Finalmente la casa es una proyecci\u00f3n del cuerpo y de lo \u00edntimo, aspecto m\u00e1s moderno y menos presente en la antig\u00fcedad, donde la intimidad no era un valor puesto que el yo no exist\u00eda como tal. Cuando la casa se convirti\u00f3 en un espacio privado fue adquiriendo una significaci\u00f3n muy ligada a la singularidad.<\/p>\n<p>Manuela, de 66 a\u00f1os, explica muy apenada que lo que m\u00e1s le duele de dejar su casa -ahora que la echan- es la vista que ten\u00eda desde el comedor. Ve\u00eda el colegio donde hab\u00edan ido sus hijos, y ahora su nieta. Pero m\u00e1s all\u00e1 de esa vista, esa ventana era un marco desde el que Manuela construy\u00f3, a lo largo de mucho tiempo, su realidad y refleja todos los recuerdos y vivencias acumulados. Como ella misma dice \u00aball\u00ed se quedar\u00e1 enterrada una parte de m\u00ed misma\u00bb.<\/p>\n<p>El impacto psicol\u00f3gico de la p\u00e9rdida de la casa comporta un sentimiento de desamparo, de indefensi\u00f3n y una angustia por el futuro que a veces puede provocar actos extremos como el suicidio o cuadros psicopatol\u00f3gicos graves. Un desahucio despierta adem\u00e1s en el sujeto un efecto de rabia y un sentimiento de injusticia que nos confronta con el ejercicio de una violencia, legal pero inhumana.<\/p>\n<p>Miguel, transportista en paro desde el inicio de la crisis, separado y con un hijo de 15 a\u00f1os a cargo, lo expresa de manera clara cuando, tras una tentativa de suicidio, nos cuenta su sensaci\u00f3n de parecer un in\u00fatil, alguien que no ha hecho nada bien, incapaz de encontrar trabajo y dar un buen ejemplo a su hijo. La p\u00e9rdida inminente de la casa ha reavivado para \u00e9l otras p\u00e9rdidas anteriores, algunas escasamente elaboradas como fue la muerte de su padre hace unos a\u00f1os, coincidiendo adem\u00e1s con su proceso de separaci\u00f3n. \u00abEn ese momento me olvid\u00e9 de todo, empec\u00e9 a trabajar como un loco, aceptaba todos los encargos y durante los a\u00f1os del ladrillo s\u00f3lo pensaba en hacer, hacer y hacer\u00bb. Compr\u00f3 una vivienda nueva y desde hace un a\u00f1o tiene consigo a su hijo, adolescente desorientado y enfadado con todos -incluido \u00e9l mismo- que ya no puede vivir con la madre y su nueva pareja. Miguel lleva cinco a\u00f1os sin trabajo, tuvo que malvender el cami\u00f3n y ahora perder\u00e1 la casa por no poder hacer frente a la hipoteca \u00ab\u00bfC\u00f3mo le meto yo la bronca al chaval cuando se rebota y no quiere ir al instituto si yo mismo he suspendido la asignatura m\u00e1s importante de mi vida? Tengo miedo a que m\u00e1s que una ayuda sea una carga para \u00e9l, porque \u00bfqui\u00e9n quiere contratar a un hombre de 48 a\u00f1os? Por eso a veces pienso que lo mejor es que me quite de en medio\u00bb.<\/p>\n<p>Cada caso, en su diferencia, nos indica c\u00f3mo el sentimiento de culpa, asociado al fracaso de una expectativa, desencadena la idea recurrente del fantasma de inutilidad, de p\u00e9rdida de la confianza en s\u00ed mismo, autoreproches acerca de su val\u00eda. La p\u00e9rdida de control sobre la propia vida, no saber qu\u00e9 pasar\u00e1 en un plazo corto y c\u00f3mo resolver ese imprevisto est\u00e1 muy presente, as\u00ed como las ideaciones de padecer enfermedades mortales e incluso ideas autol\u00edticas. La angustia no es sino la manifestaci\u00f3n de la p\u00e9rdida del mapa subjetivo, de las coordenadas que definen nuestro lazo al otro, lo que creemos ser para el partenaire, los amigos, la familia.<\/p>\n<p>No se trata de establecer una relaci\u00f3n autom\u00e1tica entre el desahucio y suicidio, ya que una decisi\u00f3n extrema como quitarse la vida es algo que siempre obedece a causas diversas y no siempre comprensibles, ni para el propio sujeto ni para su entorno. Pero es evidente que la exposici\u00f3n a situaciones de desamparo es un factor de alto riesgo, como lo prueba el hecho de que en muchos sujetos la p\u00e9rdida de la casa suele ser uno de los primeros pasos de un proceso de desinserci\u00f3n social, con p\u00e9rdida de v\u00ednculos laborales, familiares y sociales que pueden provocar un estado de indigencia y aislamiento social. Esta vulnerabilidad se hace hoy muy presente tambi\u00e9n en ni\u00f1os y adolescentes. Cada nuevo episodio de desahucio nos recuerda que quebrar los mecanismos de solidaridad colectiva, los pilares del Estado de bienestar (salud, educaci\u00f3n, vivienda y trabajo digno) no es posible sin un alto precio. Saltar al vac\u00edo empieza a ser la \u00fanica salida para muchos sujetos que sienten que han sido dejados caer por aquellos que deber\u00edan protegerles. Sujetos que se sienten ellos mismos desahuciados.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>EL CUADRO DEPRESIVO DEL VAR\u00d3N DE MEDIANA EDAD<\/strong><\/p>\n<p>Para muchos varones la crisis actual ha supuesto la p\u00e9rdida de su papel de sustentadores principales de la familia y los ha confrontado a diversos interrogantes sobre su condici\u00f3n de homo faber, que ha dejado de controlar su entorno al verse privado de su capital principal. Datos recientes confirman el aumento de cuadros depresivos, ansiedad y consumo de alcohol en hombres de mediana edad, carentes de la salud que Freud atribu\u00eda a la \u00abcapacidad de amar y trabajar\u00bb.<\/p>\n<p>En sus testimonios se hacen presentes los sentimientos de soledad, de impotencia y frustraci\u00f3n (\u00abtodo aquello que hemos hecho no ha servido de nada\u00bb), problemas de salud asociados, crisis en las relaciones de pareja y el sentimiento de sentirse desautorizados como padres a causa de su improductividad.<\/p>\n<p>\u00abEn la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto, y nadie puede preservar su car\u00e1cter de sujeto si no se ocupa de resucitar, revivir y realimentar a perpetuidad en s\u00ed mismo cualidades y habilidades que se exigen a todo producto de consumo\u00bb. Esta afirmaci\u00f3n del soci\u00f3logo Zygmunt Bauman explica muy bien esta nueva violencia a la que se ve sometido el cuerpo y el sujeto, que exige convertirse en un producto. Este sentimiento de inutilidad, que vemos en muchos de estos hombres, nos confirma que hoy la obsolescencia programada no afecta s\u00f3lo a los objetos, tambi\u00e9n a las personas que son evacuadas como desperdicios, resto que queda afuera del sistema productivo.<\/p>\n<p>En el r\u00e9gimen patriarcal era la mujer la que quedaba m\u00e1s objetalizada, en la escena sexual y en otros \u00e1mbitos de la vida. Ahora la crisis acelera la inversi\u00f3n de papeles y torna problem\u00e1tico el del hombre. Para algunos esto tiene una lectura en clave de poder: \u00abEllas quieren mandar\u00bb.<\/p>\n<p>Este declive de la masculinidad corre paralelo al declive de la imagen social y tradicional del padre, lo que obliga a revisitar ambas. Si el seguro f\u00e1lico pasaba por su aportaci\u00f3n econ\u00f3mica, ahora emergen las dificultades en la convivencia de pareja, puesto que sienten que no tienen \u00abnada que ofrecer\u00bb. Surge entonces un sentimiento de infantilizaci\u00f3n: \u00abNos tratan como ni\u00f1os y supervisan todo lo que hacemos mal en casa y con los hijos\u00bb. La regresi\u00f3n que este desplazamiento comporta, en ocasiones puede ser un factor de reacci\u00f3n agresiva, como reverso de la impotencia y la desorientaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, por tanto, que la mezcla de indignaci\u00f3n, rabia y afecto depresivo tenga consecuencias tanto en los conflictos de pareja -llegando en algunos casos extremos al asesinato-, como en la convivencia social donde las propuestas xen\u00f3fobas ganan terreno. La vulnerabilidad de amplios sectores de la poblaci\u00f3n deviene as\u00ed el resorte m\u00e1s eficaz del poder pol\u00edtico que hace del miedo colectivo un factor clave.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>MUJERES Y MADRES: SOLAS ADEM\u00c1S DE OCUPADAS<\/strong><\/p>\n<p>Para las mujeres la crisis tiene una doble vertiente: por un lado, han ganado protagonismo en los asuntos familiares (sustentadoras principales), por otro eso ha supuesto una mayor presi\u00f3n y una mayor responsabilidad, sobre todo cuando se acompa\u00f1a de la soledad en sus vidas y en el cuidado de los hijos.<\/p>\n<p>La fase de salida de la era del padre hace que lo femenino tome la delantera a lo viril (Jacques Alain Miller). Es una l\u00f3gica imparable que ya leemos en innumerables signos pol\u00edticos, sociales y relacionales. Ese estilo que no oculta la falta ni vela de igual manera los vac\u00edos llen\u00e1ndolos de objetos y bienes, parece avenirse mejor a los nuevos tiempos. Esta l\u00f3gica de lo femenino, m\u00e1s pr\u00f3xima, se las arregla mejor con las paradojas e incertidumbres de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>Ese futuro femenino -ya presente- tiene un precio: la soledad de muchas mujeres (familias monomarentales) y el aumento de la angustia que comporta a veces. Las dificultades con la pareja son tambi\u00e9n efecto de este reajuste, al igual que el temor a no dar la talla en la crianza de los hijos cuando los apoyos son escasos. El descenso de la tasa de fecundidad femenina, desde la crisis, tampoco es ajeno a estos factores.<\/p>\n<p>Sus cuerpos hablan de maneras diversas, desde las activistas de Femen que lo muestran para reivindicar sus derechos, hasta las mujeres aquejadas de fibromialgia o fatiga cr\u00f3nica que inscriben de esta manera en el cuerpo la angustia por la incertidumbre y la culpa por tomar ese protagonismo. El aumento de las crisis de ansiedad habla tambi\u00e9n del peso en el cuerpo de ese nuevo papel que las confronta a sus parejas, a sus padres y a sus hijos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>LA DIFICULTAD DE UNA SOCIEDAD PARA GESTIONAR SUS DESECHOS<\/strong><\/p>\n<p>Lo real, dec\u00eda Lacan, es aquello que est\u00e1 fuera del sentido, pero que al mismo tiempo ejerce como causa de nuestros actos. La pobreza, la violencia, los suicidios, son manifestaciones reales de las vidas en crisis. Es por ello que estamos conminados a inventar ficciones que les otorguen alg\u00fan tipo de significaci\u00f3n. Un suicidio, por ejemplo, es un acto que no se presenta de entrada como comprensible aunque enseguida busquemos la carta del suicida o una explicaci\u00f3n, en clave psicol\u00f3gica o sociol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Nombrar todo eso que nos inquieta exige encontrar la buena manera de hacerlo, el bien decir que, sin agotar la explicaci\u00f3n, nos oriente en la comprensi\u00f3n y en el abordaje de esas cuestiones. La manera de hablar de ese real no es balad\u00ed porque sabemos del poder de la palabra, nuestro pensamiento y nuestra acci\u00f3n se ver\u00e1n condicionados por esa nominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino mismo de nueva pobreza responde al paradigma 2.0 que no hace sino enmascarar, bajo la idealizaci\u00f3n de lo nuevo, lo que se repite. Parece referirse al hecho de que amplios sectores sociales, que hasta ahora dispon\u00edan de recursos de subsistencia y de un bienestar material por encima del umbral de la pobreza, ahora han cruzado esa frontera y son calificados como pobres. En cierto modo es as\u00ed, pero lo err\u00f3neo ser\u00eda pensar que esto es una novedad, efecto de la crisis financiera y econ\u00f3mica que se inici\u00f3 en el 2008. Si tomamos la pobreza no como un estado sino como un proceso, comprenderemos que lo que est\u00e1 pasando ahora es m\u00e1s profundo y estructural que el efecto de una crisis c\u00edclica.<\/p>\n<p>No vincularla a las derivas del capitalismo especulativo (Piketty) tiene el riesgo de considerarla como una calamidad o una enfermedad, algo inevitable y connotado muy negativamente. Este discurso de la pobreza como una disfunci\u00f3n social que habr\u00eda que corregir con medidas asistenciales la caracteriza como un estado individual, definido por una carencia material y en cierto modo natural en algunos sectores considerados marginales y desvalorizados en cuanto a sus posibilidades de mejora. Es una tesis cl\u00e1sica del neoliberalismo que piensa a las personas como causa sui, agentes exclusivos de su propio destino. Lo vimos en la crisis del \u00c9bola, donde una mala gesti\u00f3n pol\u00edtico-institucional se resuelve identificando una culpable como causante de su propia desgracia.<\/p>\n<p>La lista de eufemismos con que hoy se nombra ese real es larga: \u00absujetos con din\u00e1mica de recuperaci\u00f3n de alimentos\u00bb o \u00abcon din\u00e1mica de recuperaci\u00f3n de materiales desechables\u00bb para referirse a los que recogen comida en los contenedores o a los chatarreros. \u00abPersona o familia con inestabilidad domiciliaria\u00bb los que no pueden conseguir un domicilio estable por desahucio o falta de recursos. Tradicionalmente los llam\u00e1bamos pobres por entender que se trataba de personas carentes de recursos para su subsistencia. Eso sin olvidar el ingenio de algunos pol\u00edticos que a la emigraci\u00f3n forzada de muchos j\u00f3venes le llaman \u00abmovilidad exterior\u00bb u ordenan a sus funcionarios que omitan la palabra desahucio por otras \u00abmenos contundentes\u00bb para evitar \u00abinquietar a los ciudadanos con esos t\u00e9rminos\u00bb. A bajar el sueldo le llaman \u00abdevaluaci\u00f3n competitiva de los salarios\u00bb, al copago \u00abtique moderador\u00bb, a la subida de impuestos \u00abrecargo temporal de solidaridad\u00bb, al despido colectivo \u00abERE\u00bb, o usan ant\u00edfrasis como \u00abcrecimiento negativo\u00bb.<\/p>\n<p>Poner el \u00e9nfasis en este nuevo lenguaje, en las conductas de las personas afectadas m\u00e1s que en la l\u00f3gica colectiva, muestra las dificultades de una sociedad para hacerse cargo de sus desechos, de eso que ella produce en su back door como residuo no reciclable por un sistema que \u00abse ha vuelto hostil a la vida\u00bb (Sennett) y que Lacan describi\u00f3 como contrario al amor por el hecho de que no deja ning\u00fan margen para la falta, todo en \u00e9l -incluidos los residuos y las personas como objetos consumibles- aparece como reciclado en una entrop\u00eda voraz e infinita. Hoy la diferencia entre producto y desecho se difumina y por eso hablamos de telebasura o de contrato basura.<\/p>\n<p>Frente a esta corrupci\u00f3n del lenguaje hay ya iniciativas en marcha, algunas orientadas por el psicoan\u00e1lisis, que proponen devolver la dignidad a estas personas d\u00e1ndoles la palabra individualmente y en grupo. F\u00f3rmula que se opone, adem\u00e1s, al mutismo que comporta la creciente medicalizaci\u00f3n de la vida cotidiana como soluci\u00f3n universal para tapar la angustia.<\/p>\n<p>http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20150128\/54424059546\/psicoanalisis-crisis.html#ixzz3Q70xnGus<\/p>\n<p>S\u00edguenos en: https:\/\/twitter.com\/@LaVanguardia | http:\/\/facebook.com\/LaVanguardia<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La crisis no ha generado patolog\u00edas ps\u00edquicas nuevas pero ha exacerbado algunos s\u00edntomas que marcaban ya el momento de cambio en el que vivimos. 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