{"id":31655,"date":"2015-01-07T10:10:02","date_gmt":"2015-01-07T08:10:02","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-carcel-y-el-aeropuerto-los-derechos-de-los-presos\/"},"modified":"2015-01-07T10:10:02","modified_gmt":"2015-01-07T08:10:02","slug":"la-carcel-y-el-aeropuerto-los-derechos-de-los-presos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-carcel-y-el-aeropuerto-los-derechos-de-los-presos\/","title":{"rendered":"La c\u00e1rcel y el aeropuerto: los derechos de los presos"},"content":{"rendered":"\n<p>Se olvida a menudo que la funci\u00f3n del Derecho no es la de impedir el delito; tampoco la de castigarlo. De lo primero se ocupa la polic\u00eda; de lo segundo los jueces a partir del C\u00f3digo Penal. La funci\u00f3n del Derecho es la de proteger la \u201ccondici\u00f3n humana\u201d de todos los ciudadanos, tambi\u00e9n sobre todo la \u201ccondici\u00f3n humana\u201d de los que cometen o son sospechosos de haber cometido un delito. Por eso la funci\u00f3n del Derecho es m\u00e1s bien la de impedir que la polic\u00eda, cuya misi\u00f3n es impedir los delitos, y el C\u00f3digo Penal y los jueces, que deben castigarlos, se regulen por pr\u00e1cticas o leyes incompatibles con la incondicional condici\u00f3n humana de todos los ciudadanos El Derecho no vigila a los ciudadanos, ni siquiera a los \u201cmalos\u201d; vigila a la polic\u00eda y a los jueces; es decir, vigila las leyes y, por eso mismo, a los que las hacen o las aplican.<\/p>\n<p>Un orden jur\u00eddico y social que se propone como \u00fanico objetivo impedir o castigar por cualquier medio el delito no es un Estado de Derecho y, por eso mismo, tampoco una democracia. Por experiencia sabemos que ni puede haber una comunidad humana sin conflicto ni puede haber un poder lo bastante fuerte como para evitar de ra\u00edz todo comportamiento delictivo. Ocurre, al contrario, que esos \u201cpoderes fuertes\u201d, en nombre de la seguridad, suelen multiplicar los delitos y las intervenciones y, sin impedir los robos o los asesinatos, convierten a todos los ciudadanos en delincuentes potenciales -delincuentes contra el orden mismo que dice defenderlos- . Entre un Estado de Derecho y un r\u00e9gimen totalitario hay distintos grados de afirmaci\u00f3n o negaci\u00f3n del Derecho, e incluso burbujas -por as\u00ed decirlo- vac\u00edas de derecho. Pensemos, por ejemplo, en los aeropuertos, donde todos somos tratados como sospechosos y obligados a humillantes demostraciones de inocencia sin la menor protesta. Si nuestra vida cotidiana, nuestras decisiones privadas y nuestra libertad de expresi\u00f3n estuvieran reguladas a la manera de un aeropuerto nos acabar\u00edamos rebelando, pero entonces nuestra rebeld\u00eda contra ese orden vac\u00edo de derechos ser\u00eda constitutiva de delito y, como delincuentes en un espacio sin Derecho, podr\u00edamos ser tratados sin ning\u00fan miramiento.<\/p>\n<p>En definitiva, debemos comprender que, con independencia de lo que sintamos, cuando protegemos los derechos de un detenido, un imputado, un acusado o un preso nos estamos defendiendo a nosotros mismos. Frente a un Estado policial, cuya obsesi\u00f3n por cubrir todos los huecos multiplica las leyes y los supuestos delictivos -y reclama cada vez m\u00e1s polic\u00eda-, un Estado de Derecho es una chapuza que deja muchas rendijas. Nunca podr\u00e1 garantizar que no recibiremos una cuchillada, pero incluso en t\u00e9rminos de eficacia es superior a una dictadura: vigilando a la polic\u00eda, los jueces y las leyes, y no a los ciudadanos, garantiza que no seremos tratados como si hubi\u00e9ramos dado o fu\u00e9ramos a dar una cuchillada. Protegiendo la humanidad de los acuchilladores, como sujetos inalienables de derecho, protege la \u201cdiferencia\u201d del acuchillado. Su condici\u00f3n es, por eso mismo, la \u201cgeneralidad\u201d: no puede hacer una sola excepci\u00f3n, ni sectorial ni temporal ni circunstancial ( torturamos s\u00f3lo los mi\u00e9rcoles y s\u00f3lo a los calvos y s\u00f3lo si no llueve) sin que a trav\u00e9s de ella se cuele la epidemia de excepciones que nos dejar\u00e1 sin protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pues bien, Espa\u00f1a, bajo el r\u00e9gimen del 78, no ha llegado nunca a ser un Estado de Derecho. Del mismo modo que, cada vez que viajamos, aceptamos con naturalidad la burbuja del aeropuerto, hemos aceptado sin protestar la multiplicaci\u00f3n de los aeropuertos en nuestro orden pol\u00edtico y social. En nombre de la \u201clucha antiterrorista\u201d y con la colaboraci\u00f3n de nuestros medios de comunicaci\u00f3n y nuestros responsables pol\u00edticos, encajamos con muy pocas resistencias la prolongaci\u00f3n de la l\u00f3gica franquista de la excepci\u00f3n a trav\u00e9s de toda una serie de leyes y reformas apoyadas por los dos grandes partidos: la Ley de Seguridad Ciudadana de 1978, ratificada en 1979; la Ley 4\/88 que permit\u00eda la incomunicaci\u00f3n del detenido y las escuchas telef\u00f3nicas sin intervenci\u00f3n judicial; la famosa \u201cLey Corcuera\u201d de 1992, tambi\u00e9n conocida como \u201cley de la patada en la puerta\u201d; la reforma contra el \u201cterrorismo de baja intensidad\u201d para poder condenar a los menores de edad de la kale borroka ; la Ley de Partidos de 2002, concebida ad hoc contra la izquierda abertzale ; la ley org\u00e1nica 7\/2003, que aument\u00f3 la pena m\u00e1xima de 30 a 40 a\u00f1os, o la infamante \u201cdoctrina Parot\u201d, recientemente cuestionada por el tribunal de Estrasburgo , que priva de los beneficios penitenciarios a los condenados por terrorismo. Como sabemos por los informes de la ONU y del Tribunal Europeo de DDHH, en Espa\u00f1a se sigue torturando. Y aunque prefiramos ignorarlo, hay juicios pol\u00edticos y presos pol\u00edticos: el caso de Arnaldo Otegi , encarcelado desde 2009, es s\u00f3lo el m\u00e1s se\u00f1ero. Por lo dem\u00e1s, es esta misma l\u00f3gica de criminalizaci\u00f3n selectiva, y de desprotecci\u00f3n epid\u00e9mica, la que se ha venido extendiendo desde el Pa\u00eds Vasco a toda Espa\u00f1a y ahora impone la llamada \u201cley mordaza\u201d, concebida para silenciar las crecientes protestas y movilizaciones sociales y democr\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Uno de estos \u201caeropuertos\u201d jur\u00eddicos es sin duda la c\u00e1rcel. Y una de las pr\u00e1cticas de excepci\u00f3n que limita los derechos de los presos -que son los derechos tambi\u00e9n de los que estamos libres- es la pol\u00edtica de dispersi\u00f3n carcelaria, de la que se cumplen ahora 25 a\u00f1os. Aplicada a reos relacionados con delitos de \u201cterrorismo\u201d, fue concebida, como se recordar\u00e1, contra ETA y su \u201centorno\u201d y se aplica, en efecto, a casi 500 presos vascos, muchos de los cuales cumplen su pena a m\u00e1s de 800 kil\u00f3metros de su lugar de residencia. La medida, denunciada por Human Rights Watch y por varios informes de las Naciones Unidas, no s\u00f3lo conculca los derechos de los presos sino que castiga a sus familias, inocentes desde todos los puntos de vista, que recorren todas las semanas miles de kil\u00f3metros jug\u00e1ndose y, a veces, perdiendo la vida: son ya 16 las personas muertas en accidente de tr\u00e1fico en estas dos d\u00e9cadas y media de \u201cestado de excepci\u00f3n\u201d. Contra Antoni Asunci\u00f3n y Enrique M\u00fajica , exministros del PSOE, art\u00edfices hace 25 a\u00f1os de esa pol\u00edtica de dispersi\u00f3n que siguen hoy defendiendo en nombre de la \u201ceficacia policial\u201d, podr\u00edan darse muchas razones de puro pragmatismo pol\u00edtico para restablecer el derecho. Pero, al margen del \u201cproceso de paz\u201d y de la desaparici\u00f3n de facto de ETA, hay que decir simplemente que con los derechos no se negocia, como no se negocia con el aire o con la piel. Cualquier excepci\u00f3n abre paso a una necrosis del marco jur\u00eddico que amenaza a todos los ciudadanos por igual. No hay \u201cgrupos de riesgo\u201d penal -vascos, inmigrantes o musulmanes- y no hay presos \u201cbuenos\u201d y presos \u201cmalos\u201d. Con independencia de lo que pensemos de los delitos atribuidos o de sus m\u00f3viles, aceptar \u201caeropuertos penales\u201d es aceptar la l\u00f3gica de las burbujas vac\u00edas -donde todo estar\u00eda permitido contra otros m\u00e1s o menos distantes o enemigos- que devora desde hace a\u00f1os las garant\u00edas por las que nos sentimos protegidos.<\/p>\n<p>El pr\u00f3ximo d\u00eda 10 de enero se celebrar\u00e1 un a\u00f1o m\u00e1s en Bilbao una movilizaci\u00f3n popular en favor de los derechos de los presos. No es un asunto que concierna s\u00f3lo a los vascos o s\u00f3lo a las familias de los presos y mucho menos a los independentistas \u00fanicamente; como ciudadano espa\u00f1ol, me concierne -y me amenaza- cualquier conculcaci\u00f3n del derecho, no importa d\u00f3nde se produzca o contra qui\u00e9n. O comprendemos esto de una vez o entregamos la gesti\u00f3n del Estado a esos \u201cpoderes fuertes\u201d, sin vigilancia del Derecho, que se pretenden en guerra contra el terrorismo y que acaban defendi\u00e9ndose s\u00f3lo a s\u00ed mismos, como de enemigos, de todos aquellos que cuestionan o rechazan la guerra. Es decir, de cualquier ciudadano que no quiera vivir en un aeropuerto. En este aeropuerto que llamamos Espa\u00f1a, con sus burbujas vac\u00edas de Derecho, todos somos potencialmente presos vascos privados de sus derechos. Por pragmatismo y por principio, acabemos de una vez, por favor, con esta excepci\u00f3n que dura ya demasiado tiempo.<\/p>\n<p>Fuente: http:\/\/www.cuartopoder.es\/tribuna\/2015\/01\/05\/la-carcel-y-el-aeropuerto-los-derechos-de-los-presos\/6666<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se olvida a menudo que la funci\u00f3n del Derecho no es la de impedir el delito; tampoco la de castigarlo. 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