{"id":31546,"date":"2014-12-10T12:40:55","date_gmt":"2014-12-10T10:40:55","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-temps-dormitorios\/"},"modified":"2014-12-10T12:40:55","modified_gmt":"2014-12-10T10:40:55","slug":"el-temps-dormitorios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-temps-dormitorios\/","title":{"rendered":"Dormitorios"},"content":{"rendered":"\n<p>En su &#8216;Etnographie de la chambre \u00e0 coucher&#8217; (Par\u00eds, Grasset) el profesor Pascal Dibie explica muy sabiamente que los dormitorios separados tienen una antigua y larga historia, que las parejas de la aristocracia medieval sol\u00edan tener cuarto aparte. Y que la pr\u00e1ctica de la cama \u00fanica com\u00fan tiene mucho m\u00e1s cr\u00e9dito en los pa\u00edses cat\u00f3licos y latinos que en los protestantes y n\u00f3rdicos. La divergencia responder\u00eda, dice el etn\u00f3logo Dibie, a dos concepciones diferentes del cuerpo: el cuerpo como sujeto de sufrimiento y de deseo, para la iglesia de Roma, y como un espacio m\u00e1s neutral para los protestantes, para los que \u00abno es necesario compartir el sue\u00f1o para estar juntos\u00bb. En cualquier caso, parece que, en Francia, los matrimonios, cada vez m\u00e1s, duermen en habitaciones aparte. Incluso, a ser (y parece que puede ser, porque el pa\u00eds es rico), con su propio ba\u00f1o adjunto. De modo que monsieur y madame pueden tambi\u00e9n decorar el propio espacio nocturno seg\u00fan el gusto particular: cabina de navegante, con ojo de buey y todo, para el marido, boudoir con cretonas y cortinillas de flores para la dama. Parece que algunos especialistas, adem\u00e1s de muchos entrevistados sobre el tema, aseguran que la separaci\u00f3n es buen\u00edsima para la salud f\u00edsica y emocional, y para la estabilidad y la dimensi\u00f3n er\u00f3tica de la pareja: en primer lugar, porque si uno de los dos ronca el otro no lo tiene que sufrir, y duerme en paz; en segundo lugar, porque si el marido, por ejemplo, ve la tele de noche y la mujer lee, lo pueden hacer por separado y sin molestarse; en tercer lugar, y no menos importante, porque cuando tienen ganas de hacerse cosquillas o de otras pr\u00e1cticas y contactos carnales, uno de los dos visita al otro y le hace la proposici\u00f3n seductora, y de esta manera la cosa (lo que incluso los ginec\u00f3logos de este pa\u00eds denominaban \u00abuso de matrimonio\u00bb, por no hablar de la \u00abdeuda conyugal\u00bb) tiene bastante m\u00e1s emoci\u00f3n, y los casados o emparejados no est\u00e1n sometidos a la aburrida rutina del abrazo obligado. Sobre todo, y esto parece que tambi\u00e9n cuenta, el dormitorio separado es un lujo real: en Versalles, el rey y la reina ten\u00edan cada uno su c\u00e1mara, y se visitaban eventualmente con todo el ritual del caso. Y, adem\u00e1s, la pr\u00e1ctica que ahora se extiende -no antigua y real, sino moderna y burgesa- es una manera de alejarse, por fin, de las insidias de la Iglesia romana: parece que el Iglesia, a partir del siglo VI, insisti\u00f3 en la bondad de compartir la cama, con el fin de facilitar la procreaci\u00f3n de nuevos ni\u00f1os cristianos, y que la demograf\u00eda acompa\u00f1ara la expansi\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>Ya se ve que, en materia de camas matrimoniales, los obispos tienen una experiencia antigua: no s\u00e9, ahora mismo, si deben recomendar todav\u00eda la cama com\u00fan como remedio de la concupiscencia extraconyugal, o como freno contra el libertinaje sexual que tanto les preocupa. Supongo que tambi\u00e9n aprovechaban la miseria del tiempo, la desaparici\u00f3n de los h\u00e1bitos urbanos de los romanos, y otras condiciones y circunstancias que favorec\u00edan la c\u00e1mara conyugal: seguramente, durante muchos siglos, la \u00fanica c\u00e1mara com\u00fan de toda la familia, incluidos los abuelos y los ni\u00f1os. El hecho es que, mucho tiempo despu\u00e9s, a finales de la Edad Media, en las casas de los ricos -burgueses o arist\u00f3cratas- el dormitorio separado volvi\u00f3 a ser deseable, y era tambi\u00e9n lugar personal de trabajo y de lectura para el marido y para la mujer. En cualquier caso, esta antigua y renovada pr\u00e1ctica del dormitorio separado, propia de reyes y de nobles, y de parejas modernas con recursos, resulta altamente recomendable para los pol\u00edticos que deben compartir la cama. Ya s\u00e9 que en los siglos contempor\u00e1neos el dormitorio en com\u00fan es la pr\u00e1ctica habitual, y que los matrimonios que no duermen en la misma cama y en la misma c\u00e1mara pueden ser considerados con suspicacia: demasiado fr\u00edos o demasiado modernos, demasiado distantes o con escasa armon\u00eda. Tambi\u00e9n s\u00e9, y sabe todo el mundo, que la pol\u00edtica hace extra\u00f1os compa\u00f1eros de cama: como si el hecho de compartir partido, federaci\u00f3n, gobierno o coalici\u00f3n tuviera una dimensi\u00f3n qui\u00e9n sabe si casi conyugal. Debe de ser eso: si son del mismo partido o coalici\u00f3n, si pactan acuerdos de gobierno, deben amarse tan \u00edntimamente que no se pueden separar ni de noche, es un amor que no permite ni la distancia f\u00edsica entre camas. Los pol\u00edticos son extra\u00f1os compa\u00f1eros de cama: cuando tienen que dormir juntos suelen dormir mal, es probable que uno de los dos -o los tres- ronque o se mueva demasiado, y es muy f\u00e1cil que se despierten cansados y con poco humor. A los pol\u00edticos, pues, como a las parejas conyugales o equivalentes, no deber\u00edamos exigirles una intimidad obligada, ya que, para vivir juntos y a gusto, a veces es mejor no compartir la cama.<\/p>\n<p>EL TEMPS<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su &#8216;Etnographie de la chambre \u00e0 coucher&#8217; (Par\u00eds, Grasset) el profesor Pascal Dibie explica muy sabiamente que los dormitorios separados tienen una antigua y larga historia, que las parejas de la aristocracia medieval sol\u00edan tener cuarto aparte. 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