{"id":31541,"date":"2014-12-09T08:24:30","date_gmt":"2014-12-09T06:24:30","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/caras-blancas-por-las-calles-de-tokio\/"},"modified":"2014-12-09T08:24:30","modified_gmt":"2014-12-09T06:24:30","slug":"caras-blancas-por-las-calles-de-tokio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/caras-blancas-por-las-calles-de-tokio\/","title":{"rendered":"Caras blancas por las calles de Tokio"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>El 24 de julio de 1927, el escritor Ryunosuke Akutagawa inaugur\u00f3 sin saberlo una tendencia que se prolong\u00f3 durante casi una d\u00e9cada en Jap\u00f3n: la Temporada de los Suicidios Blancos. Tres d\u00edas antes, su colega Yasunari Kawabata lo acompa\u00f1\u00f3 a Asakusa, el famoso Sexto Distrito de la capital, conocido como la letrina de Tokio porque sus callejones herv\u00edan de variet\u00e9s, vendedores de p\u00e1jaros, fabricantes de kimonos, viejos cal\u00edgrafos, informantes de la polic\u00eda, geishas impolutas y mendigas prostitutas. El joven Kawabata hab\u00eda pisado por primera vez Asakusa al llegar a Tokio, despu\u00e9s de ver morir a sus padres, luego a su \u00fanica hermana, luego a su abuela y por fin al abuelo que se lo hab\u00eda llevado a vivir al campo. En uno de los mil caf\u00e9s de Asakusa vio, rodeado de chicas hermosas, al gran Junichiro Tanizaki y decidi\u00f3 que \u00e9l tambi\u00e9n quer\u00eda ser escritor. Desde entonces viv\u00eda en el Sexto Distrito, raz\u00f3n por la cual le result\u00f3 de lo m\u00e1s normal acompa\u00f1ar a su compadre Akutagawa a elegir una prostituta.<\/p>\n<p>Lo que le sorprendi\u00f3 un poco fue que su exc\u00e9ntrico amigo llevaba el rostro maquillado de blanco, y aun m\u00e1s lo sorprendi\u00f3 que ninguna prostituta quisiera irse con \u00e9l, siendo como era un cliente muy apreciado. Hasta que oy\u00f3 los cuchicheos de las muchachas: cre\u00edan que Akutagawa era un fantasma. Tres d\u00edas despu\u00e9s se hac\u00eda realidad aquel diagn\u00f3stico. Akutagawa hab\u00eda calculado cuidadosamente la dosis de veronal para que, al suicidarse, su cad\u00e1ver luciera pl\u00e1cido, tal como en los d\u00edas anteriores empez\u00f3 a blanquearse la cara para que sus \u201cmariposas de la noche\u201d se fueran acostumbrando a verlo muerto.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, una parejita de estudiantes a quienes sus padres hab\u00edan prohibido casarse fueron vistos por los pasillos de la Universidad de Ueno con los rostros maquillados de blanco. A quienes preguntaban ad\u00f3nde iban con ese aspecto les contestaron que al volc\u00e1n Oshima, situado en una de las islas frente a Tokio. La pareja llev\u00f3 a un testigo que hiciera saber al mundo su decisi\u00f3n: saltar juntos al cr\u00e1ter del volc\u00e1n. La noticia apareci\u00f3 en todos los diarios, inspir\u00f3 una popular canci\u00f3n (\u201cAmor consumado en las alturas\u201d) y una pr\u00e1ctica aun m\u00e1s popular: en el curso de los nueve a\u00f1os siguientes, m\u00e1s de mil j\u00f3venes v\u00edctimas de mal de amores se lanzaron al cr\u00e1ter humeante del volc\u00e1n Oshima, con el rostro maquillado de blanco y acompa\u00f1ados de un testigo que diera fe de su acto postrero.<\/p>\n<p>La cifra fue dada a conocer en 1936 por el peri\u00f3dico sensacionalista Yomiuri Shinbun, luego de enviar a dos de sus reporteros a internarse en el cr\u00e1ter con trajes antiflama y m\u00e1scaras antig\u00e1s. Uno de ellos lleg\u00f3 hasta los veinte metros, pero el calor lo oblig\u00f3 a desistir. En su descenso afirm\u00f3 no haber visto ning\u00fan cad\u00e1ver. Las autoridades municipales sostuvieron entonces que los suicidios del volc\u00e1n eran una leyenda urbana hasta que otro diario sensacionalista, el Yokohama Mainichi, envi\u00f3 un equipo m\u00e1s preparado a investigar: un reportero y un fot\u00f3grafo descendieron en una g\u00f3ndola unida con cables de acero a una gr\u00faa. Llegaron hasta los cuarenta metros de profundidad y volvieron con fotos de dos cad\u00e1veres aparentemente masculinos. Pero no fue por eso que el alcalde de Tokio orden\u00f3 que se vallara el per\u00edmetro del volc\u00e1n y se prohibiera el paso, dando as\u00ed por clausurada la Temporada de los Suicidios Blancos.<\/p>\n<p>En esos d\u00edas de mayo de 1936, una mujer llamada Sada Abe ocup\u00f3 la primera plana de todos los diarios cuando fue atrapada por la polic\u00eda en una posada cercana al volc\u00e1n Oshima, luego de vagar por las calles de Tokio durante cuarenta y ocho horas con los \u00f3rganos genitales de su amante envueltos en papel de diario. Sada y su amante y patr\u00f3n, Kichi Ishida, hab\u00edan sido vistos juntos por \u00faltima vez registr\u00e1ndose en un hotel por horas de Arakawa. En su declaraci\u00f3n a la polic\u00eda, Sada dijo que lo hab\u00eda estrangulado en el cl\u00edmax del coito y luego de cortarle los genitales hab\u00eda dejado escrito con sangre sobre el pecho del muerto las palabras Kichi y Sada unidos para siempre.<\/p>\n<p>Todo Jap\u00f3n sigui\u00f3 el juicio por la prensa. Se supo que Kichi era due\u00f1o del bar donde trabajaba Sada y que estaba casado y que la esposa era la verdadera patrona del bar. Kichi y Sada estaban tan obsesionados uno con el otro que se pasaban d\u00edas enteros en hoteles de citas, sumidos en maratones sexuales que no se deten\u00edan ni siquiera cuando las mucamas entraban a limpiar el cuarto. \u201cUna vez, en medio del coito, \u00e9l hizo salir unas gotas de sangre de mi pecho. Yo no entend\u00eda c\u00f3mo, ni siquiera pod\u00eda localizar el punto de donde sal\u00eda la sangre. El me explic\u00f3 que los labios pueden, si son lo suficientemente suaves, sacar sangre del cuerpo amado sin que duela, m\u00e1s bien al contrario.\u201d Uno de los tres jueces del tribunal reconoci\u00f3 despu\u00e9s que estuvo perturbado por la excitaci\u00f3n sexual durante todo el proceso. Cuando se le pregunt\u00f3 a Sada por qu\u00e9 hab\u00eda matado a Kichi, ella declar\u00f3: \u201cPorque, mientras siguiera vivo, otras mujeres podr\u00edan abrazarlo\u201d. Cuando se le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 no se hab\u00eda librado de los genitales, dijo: \u201cPorque quer\u00eda conservar conmigo la parte de \u00e9l que me dio mejores recuerdos\u201d.<\/p>\n<p>Para estupor de algunos y alegr\u00eda de otros, Sada recibi\u00f3 s\u00f3lo seis a\u00f1os de prisi\u00f3n y no la pena m\u00e1xima, como ella misma hab\u00eda pedido. De hecho, cuando fue arrestada por la polic\u00eda, estaba con el rostro pintado enteramente de blanco y se dispon\u00eda a sortear el vallado municipal y ascender el volc\u00e1n Oshima para inmolarse en su cr\u00e1ter. La cobertura period\u00edstica del caso fue tan grande que las autoridades prohibieron todo acceso al volc\u00e1n. Nadie m\u00e1s intent\u00f3 suicidarse all\u00ed. Pero cientos de parejas j\u00f3venes iban a los hoteles de citas donde hab\u00edan estado Sada y Kichi y ped\u00edan la habitaci\u00f3n usada por los amantes, despu\u00e9s de que la transcripci\u00f3n policial del interrogatorio se convirti\u00f3 en best-seller (con el t\u00edtulo Las confesiones er\u00f3ticas de Sada Abe) e inaugur\u00f3 un g\u00e9nero confesional de autobiograf\u00edas escritas por mujeres que purgaban penas por cr\u00edmenes pasionales. Ninguna alcanz\u00f3 la popularidad de Sada y ella no recibi\u00f3 ni un yen por las ventas de aquel libro espurio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la guerra, reapareci\u00f3 en Tokio como camarera de un famoso bar de lumpenazos de la noche llamado Hoshikikusui. Como atra\u00eda a muchos curiosos, pidi\u00f3 ir a trabajar a la cocina, fuera de la vista de los clientes. Mantuvo el bajo perfil los veinte a\u00f1os siguientes, hasta que el director de cine Nagisa Oshima quiso filmar su historia en El imperio de los sentidos. Oshima intent\u00f3 localizarla en vano: al enterarse de la noticia, Sada hab\u00eda ingresado como monja de clausura en un convento en Hokkaido, en el desolado extremo norte del Jap\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del arresto de Sada, la polic\u00eda envi\u00f3 los genitales de Kichi Ishida a la Facultad de Medicina de Tokio, que los tuvo en exposici\u00f3n en su museo de patolog\u00eda hasta que desaparecieron misteriosamente, como tantas otras cosas, con el fin de la guerra. La leyenda se empe\u00f1a en afirmar que eran impresionantes, pero en las confesiones er\u00f3ticas de Sada dice lo contrario: \u201cEra m\u00e1s bien peque\u00f1o. El tama\u00f1o no importa. Lo \u00fanico que importa son las ganas de dar placer\u201d.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 24 de julio de 1927, el escritor Ryunosuke Akutagawa inaugur\u00f3 sin saberlo una tendencia que se prolong\u00f3 durante casi una d\u00e9cada en Jap\u00f3n: la Temporada de los Suicidios Blancos. 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