{"id":31410,"date":"2014-11-11T08:47:07","date_gmt":"2014-11-11T06:47:07","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/"},"modified":"2014-11-11T08:47:07","modified_gmt":"2014-11-11T06:47:07","slug":"el-oficio-de-poynton","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-oficio-de-poynton\/","title":{"rendered":"El oficio de Poynton"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Si tenemos ganas de creerle a Dashiell Hammett, o si al menos nos permitimos suponer que no todo lo que ficcionaba el autor de The Thin Man era inventado, su \u00faltima y an\u00f3mala novela, Tulip \u2013de la que Lillian Hellmann public\u00f3 las \u00fanicas sesenta p\u00e1ginas que dice encontr\u00f3 entre los papeles p\u00f3stumos del hombre flaco\u2013 podr\u00eda llegar a ser, sobre todo para los que queremos que as\u00ed sea, una rica fuente de datos genuinos o al menos veros\u00edmiles, y un vislumbre de algunos de los curiosos personajes que poblaron su reducido entorno durante el penoso exilio interior de los a\u00f1os cincuenta.<\/p>\n<p>Hay que recordar el oscuro contexto, aquel literal tiempo de canallas. Tras la persecuci\u00f3n macartista y los seis meses de c\u00e1rcel a los que fue condenado por negarse \u2013como presidente del Congreso por los Derechos Civiles de Nueva York\u2013 a dar los nombres de los contribuyentes que aportaban al fondo para pagar las fianzas de los izquierdistas detenidos, le cay\u00f3 la confiscaci\u00f3n de todos sus derechos de autor para cobrarle acumulados impuestos impagables. Qued\u00f3 sin ingreso alguno.<\/p>\n<p>Fue entonces que Hammett abandon\u00f3 su departamento en Manhattan \u2013viv\u00eda en el elegante Devonshire House de la calle D\u00e9cima, en pleno Village\u2013, para pasar los a\u00f1os siguientes en el retiro semirrural de Katonah, al norte de Nueva York, viviendo de prestado en una caba\u00f1a de cuatro habitaciones dentro del terreno de la amplia casa de fin de semana de los Rosen, una pareja de j\u00f3venes amigos solidarios. Y estando all\u00ed fue que intent\u00f3, al filo de los sesenta a\u00f1os y despu\u00e9s de veinte de sequ\u00eda narrativa, volver a escribir ficci\u00f3n. Lo necesitaba, en todos los sentidos. Pero no pudo, o pudo poco.<\/p>\n<p>Hammett, por lo que dice en sus cartas, volvi\u00f3 una y otra vez \u2013cada vez m\u00e1s espor\u00e1dicamente\u2013 al manuscrito de Tulip, hasta finalmente abandonarlo en alg\u00fan momento de 1953. Lo que tenemos no se parece en nada a lo que hab\u00eda hecho antes. Est\u00e1 escrito en primera persona por un personaje f\u00e1cilmente identificable con \u00e9l mismo, puesto en esa puntual situaci\u00f3n en que estaba. As\u00ed, por \u00e9l sabemos \u2013si queremos creer que la referencia es veraz\u2013 que en la casa de sus generosos amigos oficiaban de caseros cocineros y asistentes todo terreno, Donald Poynton y su mujer. El apellido nos suena, ya que connota alg\u00fan t\u00edtulo de Henry James, un autor que Hammett ten\u00eda bien rele\u00eddo y al que remiti\u00f3 m\u00e1s de una vez para se\u00f1alar The Wings of The Dove como una de las inciertas fuentes de El halc\u00f3n malt\u00e9s, nada menos. Pero volviendo al texto de Tulip, nos enteramos de algo m\u00e1s:<\/p>\n<p>\u201cDonald Poynton era un negro elegante de talla mediana y treinta y cinco a\u00f1os de edad, de cara muy linda y muy negra\u201d, escribe Hammett, que lo apreciaba: \u201cTen\u00eda un fino sentido del humor que s\u00f3lo dejaba aflorar ante los conocidos\u201d.<\/p>\n<p>Cuando imprevistamente cae de visita el invasivo coronel Tulip, camarada del hombre flaco durante la guerra en las Aleutianas, observa a Donald y dice: \u201cCamina bien\u201d.<\/p>\n<p>Hammett recuerda entonces que \u00e9sa era una de las cosas que el coronel siempre observaba en la gente:<\/p>\n<p>\u2013Hace quince o diecis\u00e9is a\u00f1os fue un buen peso mediano \u2013le explica, sobre Donald\u2013. Pele\u00f3 en Filadelfia con el seud\u00f3nimo de Donny Brown.<\/p>\n<p>\u2013Nunca o\u00ed hablar de \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2013Puede ser, pero de todos modos era bueno. El mismo dice que su problema era que no ten\u00eda buenas manos, y que para un negro pelear es una manera dura de ganarse la vida, a menos que relativamente pronto pueda llegar a pelear por el t\u00edtulo, o que haga algo m\u00e1s, adem\u00e1s del boxeo.<\/p>\n<p>\u2013Era duro pelear en Filadelfia, fueras negro o blanco. Ni siquiera era f\u00e1cil tomar un taxi \u00bfno? Hab\u00eda que bajar a la calle y agitar los brazos para que te vieran y se detuvieran \u2013concluye Tulip.<\/p>\n<p>Y eso es todo lo que sabemos por el manuscrito de Tulip acerca del negro Donald Poynton, y de su pasado de boxeador en Filadelfia y con seud\u00f3nimo. Sin embargo, la pesquisa minuciosa y la genuina casualidad pueden darle mayor corporeidad a esa apenas entrevista figura que, podemos suponer, Hammett pensaba desarrollar. Y son varias las fuentes que confluyen en este negro que caminaba bien.<\/p>\n<p>Hace unos a\u00f1os me ocup\u00e9 en este mismo lugar de una noticia en apariencia menor: el cierre de The Shadows, el gimnasio que Tony Lomuto primero, y su hijo Andrea despu\u00e9s, regentearon durante d\u00e9cadas en el coraz\u00f3n del Bronx. La noticia fue en su momento un alevoso golpe bajo la l\u00ednea del cintur\u00f3n del boxeo. Con The Shadows se cerraba no s\u00f3lo un sal\u00f3n mal ventilado con olor a resina, cuerpos sudorosos y voces rectoras porfiadamente dialectales: desaparec\u00eda una escuela, una manera original y revolucionaria de entender el ir y venir de las pi\u00f1as.<\/p>\n<p>The Shadows fue el \u00e1mbito donde el \u00edtalo-yanqui Lomuto, durante m\u00e1s de medio siglo, se dedic\u00f3 a algo que no ten\u00eda nada que ver con la usual concepci\u00f3n del gimnasio en tanto \u201cf\u00e1brica de campeones\u201d. Aunque supo descubrir diamantes en bruto y esculpir con ellos peleadores estelares, el parad\u00f3jico orgullo de Lomuto nunca pas\u00f3 por ah\u00ed. Jam\u00e1s se constituy\u00f3 en manager o apoderado de sus pupilos exitosos. Por el contrario, maestro del side step cl\u00e1sico, sol\u00eda dar un paso al costado una vez que los pon\u00eda en el ranking mundial y en la antesala de la gloria. Su atenci\u00f3n estaba puesta en otro objetivo, una tarea m\u00e1s ardua y sutil: la creaci\u00f3n de perfectos \u201cboxeadores virtuales\u201d (si cabe la moderna acepci\u00f3n), sparrings, en el lenguaje tradicional del deporte de los pu\u00f1os, shadows en su concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lomuto, que en alg\u00fan momento de la segunda posguerra troc\u00f3 las bolsas de harina de la cadena de pizzer\u00edas familiar por la bolsa de arena de un oscuro s\u00f3tano lleno de negros transpirados, desde el comienzo tuvo claro que su gimnasio deb\u00eda ir m\u00e1s all\u00e1 del manoseo de b\u00edceps e ilusiones. Hab\u00eda una tarea anterior a la que no cab\u00eda, literalmente, sacarle el cuerpo: la detecci\u00f3n de aptitudes, el desglose profesional. No todos los que iban al gimnasio eran\/ser\u00edan boxeadores genuinos aunque repitieran los gestos, se so\u00f1aran pasado ma\u00f1ana bajo las luces del Madison Square Garden. Pero el destino de los m\u00e1s \u2013esa mayor\u00eda empe\u00f1osa\u2013 no ten\u00eda por qu\u00e9 ser simplemente residual. Hab\u00eda otra orientaci\u00f3n vocacional no menos importante, un arte espec\u00edfico que no era el mero resultado del descarte y la golpeada resignaci\u00f3n. Y trabaj\u00f3 sobre eso.<\/p>\n<p>Desde el comienzo, Lomuto tuvo claro \u2013y as\u00ed lo transmiti\u00f3\u2013 que la tarea de sparring no consist\u00eda simplemente en ser blanco m\u00f3vil de los aspirantes a campe\u00f3n, sustituto de la sufrida bolsa. Ser sparring era un oficio, una vocaci\u00f3n diferente \u2013y as\u00ed lo ense\u00f1aba\u2013 de la del boxeador pleno: \u201cEl buen boxeador debe tener un estilo, una modalidad de pelea; el buen sparring, no: debe ser m\u00e1s y menos que eso. Debe ser un actor, un transformista capaz de copiar, imitar estilos y boxeadores puntuales\u201d. Seg\u00fan la teor\u00eda de Lomuto, mientras el boxeador act\u00faa, obra; el sparring, en cambio, representa. El boxeador debe \u2013y en eso va su destino\u2013 ser s\u00ed mismo; el sparring \u2013y en eso radica su arte\u2013 parecer otro. Lo que es ensayo para los boxeadores \u2013el entrenamiento\u2013 es el momento de la verdad para los sparrings, devenidos, seg\u00fan esta concepci\u00f3n activa de su papel, shadows.<\/p>\n<p>A partir de los dos modelos b\u00e1sicos \u2013el fighter o peleador frontal, atacante, y el estilista contragolpeador\u2013, Lomuto desarroll\u00f3 una nutrida tipolog\u00eda, simulacros de estilo con variantes adecuadas a las diferentes tallas y categor\u00edas: un lujo. El prestigio del gimnasio hizo que se acercaran m\u00e1s sparrings vocacionales que boxeadores&#8230;<\/p>\n<p>Los mejores y m\u00e1s famosos shadows \u2013como el incre\u00edble Jesse \u201cThe Plastic\u201d Carter\u2013 desarrollaron aptitud para representar estilos diversos: pod\u00eda ser un peleador agresivo de continuidad extenuante, un tiempista sistem\u00e1tico, un huidizo bailar\u00edn, un pegador lento y est\u00e1tico. Incluso, su capacidad mim\u00e9tica le permit\u00eda, en casos puntuales y con el adecuado est\u00edmulo, subir diez kilos o bajar otros tantos.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed es donde, revisando la lista de sus int\u00e9rpretes privilegiados, aparece el nombre de Donald Poynton. El joven pegador de manos fr\u00e1giles de Filadelfia, retirado en tanto boxeador como Donny Brown, al regresar de la guerra se convierte en uno de los integrantes del staff de Lomuto con su verdadero nombre y encontrada vocaci\u00f3n. Y es, por varios a\u00f1os, de los mejores. Welter natural, de Sandy Saddler a Kid Gavil\u00e1n, todos los grandes lo requieren. Gana fama y dinero. Hasta que un episodio oscuro \u2013por traum\u00e1tico\u2013 lo dejar\u00e1 fuera del negocio.<\/p>\n<p>Poynton figura en planillas y sonrientes fotograf\u00edas de prensa como uno de los sparrings elegidos por Jos\u00e9 Mar\u00eda Gatica y su equipo de infructuosos entrenadores cuando el soberbio Mono argentino lleg\u00f3 a Nueva York en el invierno del \u201951 para cruzar guantes \u2013es un decir\u2013 con el fulm\u00edneo Ike Williams, que lo sac\u00f3 en menos de un round. Podemos suponer razones y entretelones. La cuesti\u00f3n mensurable son las secuelas. Si hubo problemas antes de la pelea, m\u00e1s los hubo tras la cat\u00e1strofe del desenlace: el derrumbe de Gatica fue, para Poynton, una cuesti\u00f3n personal. Lo vivi\u00f3 \u2013no pudo evitarlo\u2013 como una derrota compartida y, m\u00e1s all\u00e1 de los persuasivos argumentos de Lomuto, nunca volvi\u00f3 a ser \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>As\u00ed dej\u00f3 The Shadows, acept\u00f3 el trabajo de casero junto a su mujer en una tranquila residencia en Katonah y convirti\u00f3 su vocaci\u00f3n y oficio de peleador en un vicio amable que despuntaba un par de fines de semana por mes, cuando se escapaba a Nueva York y al Madison. A veces Hammett lo acompa\u00f1aba. Compraban The Ring y The New Yorker en el kiosco de la estaci\u00f3n y volv\u00edan leyendo en el tren.<\/p>\n<p>Podemos tambi\u00e9n observarlos mientras miran por televisi\u00f3n, una noche de invierno \u2013iluminados por el resplandor intermitente de la pantalla blanco y negro\u2013, un nocaut m\u00e1s de Rocky Marciano, los \u00faltimos elegantes pasos de Robinson. Puedo incluso suponer que Hammett le mostrar\u00eda sus fotos del ej\u00e9rcito, con un Joe Louis de visita, ya gordo y cansado; que Poynton le comentar\u00eda t\u00edmidamente su lectura de The Night Shade.<\/p>\n<p> Podemos imaginarnos sin dificultad las entrecortadas conversaciones, cordiales y saturadas de equ\u00edvocos, entre el hombre flaco como un palo que ya no pod\u00eda escribir y el negro armonioso como una pantera que ya no boxear\u00eda m\u00e1s. Hablar\u00edan de todo, de la casa, de los perros, de la comida de esa noche, de cualquier cosa. Siempre estar\u00eda t\u00e1cito ese territorio com\u00fan, sus respectivos y caros oficios de manipular, figurar sombras sin dejar de poner el cuerpo. <\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si tenemos ganas de creerle a Dashiell Hammett, o si al menos nos permitimos suponer que no todo lo que ficcionaba el autor de The Thin Man era inventado, su \u00faltima y an\u00f3mala novela, Tulip \u2013de la que Lillian Hellmann public\u00f3 las \u00fanicas sesenta p\u00e1ginas que dice encontr\u00f3 entre los papeles p\u00f3stumos del hombre flaco\u2013 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[84],"tags":[],"class_list":["post-31410","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-bitxia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>El oficio de Poynton - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El oficio de Poynton - Nabarralde\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Si tenemos ganas de creerle a Dashiell Hammett, o si al menos nos permitimos suponer que no todo lo que ficcionaba el autor de The Thin Man era inventado, su \u00faltima y an\u00f3mala novela, Tulip \u2013de la que Lillian Hellmann public\u00f3 las \u00fanicas sesenta p\u00e1ginas que dice encontr\u00f3 entre los papeles p\u00f3stumos del hombre flaco\u2013 [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Nabarralde\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/nabarraldefundazioa\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2014-11-11T06:47:07+00:00\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@Nabarralde\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Juan Sasturain\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"9 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/el-oficio-de-poynton\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/el-oficio-de-poynton\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Nabarralde\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\"},\"headline\":\"El oficio de Poynton\",\"datePublished\":\"2014-11-11T06:47:07+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/el-oficio-de-poynton\\\/\"},\"wordCount\":1903,\"commentCount\":0,\"articleSection\":[\"Bitxia\"],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/el-oficio-de-poynton\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/el-oficio-de-poynton\\\/\",\"name\":\"El oficio de Poynton - Nabarralde\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2014-11-11T06:47:07+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/el-oficio-de-poynton\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/el-oficio-de-poynton\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/el-oficio-de-poynton\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"El oficio de Poynton\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/\",\"name\":\"Nabarralde\",\"description\":\"Kultur Ekimenak eta Sustapenak\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56\",\"name\":\"Nabarralde\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Nabarralde\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/nabarralde.eus\\\/es\\\/author\\\/nagusia\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"El oficio de Poynton - Nabarralde","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"El oficio de Poynton - Nabarralde","og_description":"Si tenemos ganas de creerle a Dashiell Hammett, o si al menos nos permitimos suponer que no todo lo que ficcionaba el autor de The Thin Man era inventado, su \u00faltima y an\u00f3mala novela, Tulip \u2013de la que Lillian Hellmann public\u00f3 las \u00fanicas sesenta p\u00e1ginas que dice encontr\u00f3 entre los papeles p\u00f3stumos del hombre flaco\u2013 [&hellip;]","og_url":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/","og_site_name":"Nabarralde","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/nabarraldefundazioa","article_published_time":"2014-11-11T06:47:07+00:00","author":"Nabarralde","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@Nabarralde","twitter_site":"@Nabarralde","twitter_misc":{"Escrito por":"Juan Sasturain","Tiempo de lectura":"9 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/"},"author":{"name":"Nabarralde","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56"},"headline":"El oficio de Poynton","datePublished":"2014-11-11T06:47:07+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/"},"wordCount":1903,"commentCount":0,"articleSection":["Bitxia"],"inLanguage":"es"},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/","name":"El oficio de Poynton - Nabarralde","isPartOf":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website"},"datePublished":"2014-11-11T06:47:07+00:00","author":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-oficio-de-poynton\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"El oficio de Poynton"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/","name":"Nabarralde","description":"Kultur Ekimenak eta Sustapenak","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/nabarralde.eus\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56","name":"Nabarralde","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","caption":"Nabarralde"},"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/author\/nagusia\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31410","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31410"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31410\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31410"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31410"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31410"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}