{"id":31334,"date":"2014-11-03T08:36:22","date_gmt":"2014-11-03T06:36:22","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-borracho-de-la-casa-toma-la-palabra\/"},"modified":"2014-11-03T08:36:22","modified_gmt":"2014-11-03T06:36:22","slug":"el-borracho-de-la-casa-toma-la-palabra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-borracho-de-la-casa-toma-la-palabra\/","title":{"rendered":"El borracho de la casa toma la palabra"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Todo el cuentito de la c\u00e1rcel de la semana pasada lo escrib\u00ed porque estaba leyendo a Dovlatov y quer\u00eda seguir ley\u00e9ndolo otra semana antes de escribir sobre \u00e9l. Dovlatov es el gigante de mostacho, impermeable y ojos inyectados en sangre que pas\u00f3 a saludar a Kurt Vonnegut y es el causante del evidente estado de ebriedad en que se encuentran ambos en la foto. Un par de semanas antes, Vonnegut le hab\u00eda mandado una carta que dec\u00eda: \u201cQuerido Dovlatov, a pesar de que nac\u00ed en este pa\u00eds, he vivido en \u00e9l toda mi vida e incluso defend\u00ed su bandera en una guerra, nunca logr\u00e9 colocar un cuento en The New Yorker. T\u00fa, en cambio, lo has hecho a s\u00f3lo dos a\u00f1os de llegar. \u00bfPretendes romperme el coraz\u00f3n? Espero mucho de tu pluma. No dejes que este pa\u00eds desperdicie tu talento y ven cuando quieras a visitarme (si traes una botella de buen vodka)\u201d.<\/p>\n<p>Serguei Dovlatov hab\u00eda llegado con lo puesto a Nueva York en 1980, despu\u00e9s de ser expulsado por indeseable de la URSS. Era indeseable porque no se tomaba nada en serio. Como su compadre y futuro Premio Nobel Josef Brodsky, pertenec\u00eda a la pandilla de j\u00f3venes escritores surgidos durante el deshielo de Kruschev bajo el ala protectora de la ind\u00f3mita Anna Ajm\u00e1tova. Como Brodsky, morir\u00eda prematuramente (a los cuarenta y nueve). Pero, a diferencia de Brodsky, Dovlatov no ten\u00eda publicado un solo libro cuando lleg\u00f3 a Nueva York, a los treinta y siete. Hab\u00eda estado en brazos de la Pasionaria y del castigado Platonov antes de convertirse en un gigante de dos metros de altura, hab\u00eda intentado estudiar letras en la universidad, pero con ese f\u00edsico y ese car\u00e1cter le dijeron que o tractorista o servicio militar. Eligi\u00f3 servicio militar, lo mandaron de guardia a un campo en Siberia: pas\u00f3 m\u00e1s tiempo como recluso que como carcelero. Intent\u00f3 ser boxeador, cronista de necrol\u00f3gicas, gu\u00eda en un museo Pushkin en medio del campo, intent\u00f3 operar en el mercado negro, intent\u00f3 casarse, y divorciarse, y lo logr\u00f3, pero nunca logr\u00f3 terminar un libro en la URSS.<\/p>\n<p>En los doce a\u00f1os siguientes, en cambio, escribi\u00f3 doce, todos igual de cortitos, escritos como contra reloj, descaradamente coloquiales y autobiogr\u00e1ficos, y despu\u00e9s muri\u00f3 tal como hab\u00eda vivido: en un coma alcoh\u00f3lico, a bordo de una ambulancia aullante que intentaba en vano llegar al hospital de Queens. Esos doce libritos, que son una \u201cmezcla perfecta de \u00e1cido sulf\u00farico y elegancia en el pat\u00edbulo\u201d (Vonnegut) y est\u00e1n \u201ctallados como poemas, l\u00ednea por l\u00ednea, con una sintaxis asombrosamente pura y expresiva\u201d (Brodsky), se escribieron de la siguiente manera: la mam\u00e1 de Dovlatov y su esposa eran las dos correctoras en la URSS, correctoras de las buenas. La mam\u00e1 inici\u00f3 en el oficio a la esposa: hac\u00eda falta dinero en casa y ped\u00edrselo a Dovlatov era lo mismo que nada. Lo hizo en realidad porque le vio el ojo, hay gente que nace con eso, es un don natural, y tanto la mam\u00e1 como la esposa de Dovlatov lo ten\u00edan en alto grado: pescaban al instante lo que no sonaba bien, lo que no sonaba verdadero.<\/p>\n<p>Dovlatov reci\u00e9n descubri\u00f3 el tesoro que ten\u00eda en casa cuando se instal\u00f3 en Queens. Su esposa hab\u00eda emigrado dos a\u00f1os antes, con la hijita de ambos, harta. El no quiso saber nada con irse, le firm\u00f3 los papeles de divorcio y sali\u00f3 a festejar con los amigos. Pero al verlas partir desde la terraza del aeropuerto de Leningrado se sumergi\u00f3 en un raid et\u00edlico que culmin\u00f3 dieciocho meses despu\u00e9s, frente a un coronel de la KGB, que le dijo desde el otro lado del escritorio: \u201cMire las cosas que le escribe a esta mujer, \u00bfno se da cuenta de que la quiere? H\u00e1game el favor, ac\u00e1 tiene el pasaporte. Deje de hacer papelones y v\u00e1yase de una vez\u201d. Dovlatov no quiso irse solo, arrastr\u00f3 a la madre con \u00e9l y fueron los dos a api\u00f1arse a aquel departamento de Queens donde ya viv\u00edan su esposa y su hijita. Los primeros seis meses los pas\u00f3 deprimido en el sof\u00e1 (\u201cMis amigos en Rusia eran todos como yo. La falta de \u00e9xito oficial se ve\u00eda compensada con una morbosa satisfacci\u00f3n: fracasar era nuestra manera de derrotar la estupidez que nos rodeaba. Era lo \u00fanico que sab\u00edamos hacer bien\u201d), hasta que un d\u00eda se sent\u00f3 frente a la m\u00e1quina de escribir y no par\u00f3.<\/p>\n<p>As\u00ed empieza la verdadera historia de Dovlatov escritor: cuando se queda sin p\u00fablico, sin los amigotes entre los que circulaban de mano en mano sus cuentos invariablemente rechazados por la censura sovi\u00e9tica. Cuando los primeros lectores de sus textos pasan a ser su madre y su esposa, y Dovlatov descubre que nunca lo leyeron as\u00ed, sin dejarle pasar una, y entiende que tiene que pulir a fondo el personaje para que a su nueva audiencia le suene verdadero, para que lo vean como lo ve \u00e9l. El personaje a pulir, a hacer verdadero, es, por supuesto, \u00e9l mismo: el borracho de la casa. Cada p\u00e1gina que Dovlatov teclea en su m\u00e1quina va a manos de la madre, luego de la esposa, que se limitan a decir todav\u00eda le falta, \u00e9l putea por lo bajo, les arranca la p\u00e1gina de las manos y procede a reescribirla, y as\u00ed hasta que el borracho de la casa encuentra el registro justo para contar la historia de su vida, de su familia, de sus amigos, de sus correr\u00edas y sus planes invariablemente fallidos.<\/p>\n<p>Uno de esos doce libros de Dovlatov se llama La valija y es una met\u00e1fora perfecta de todos ellos: la nena encuentra una desvencijada valija rusa en el fondo del ropero. \u00bfQu\u00e9 es esto?, pregunta. \u201cMi pasado\u201d, dice Dovlatov, y procede a sacar cosas de la valija, y cada cosa es un cuentito, una aventura, una desventura: hay un par de borcegu\u00edes robados a un KGB, unas medias verdes de Finlandia que usaba como mitones, una chaqueta que fue de Fernand L\u00e9ger, una camisa de poplin sint\u00e9tico que fue el \u00faltimo regalo que le hizo su esposa, d\u00edas antes de partir a Am\u00e9rica. Cuando Dovlatov la llam\u00f3 dos a\u00f1os despu\u00e9s desde Leningrado para anunciarle que iba para all\u00e1, su esposa le pregunt\u00f3 por qu\u00e9. \u201cPorque el coronel dice que te quiero\u201d, le contest\u00f3 \u00e9l. Unas p\u00e1ginas m\u00e1s tarde, termina el libro as\u00ed: \u201cY cuando mi tiempo haya terminado, me tocar\u00e1 pararme delante de otra puerta, con una valija barata en la mano, y una voz me preguntar\u00e1: \u00bfQu\u00e9 lleva ah\u00ed? Y yo la abrir\u00e9 y dir\u00e9: Miren. Porque hay una raz\u00f3n, hay una raz\u00f3n para que todo libro tenga forma de valija\u201d.<\/p>\n<p>Dovlatov ya estaba muerto cuando la perestroika permiti\u00f3 que sus libros se publicaran en ruso. Se convirtieron en un cl\u00e1sico instant\u00e1neo. Los nuevos comediantes en Rusia, los mafiosos, los periodistas, los escritores, los chicos en las calles, las viejas en las cocinas, todos usan frases de \u00e9l. Los que lo leen creen que lo conocieron. Los que lo conocieron cambiaron sus recuerdos y los repiten tal como los cont\u00f3 Dovlatov. El puso esta advertencia en uno de sus libros: \u201cS\u00f3lo invent\u00e9 los detalles que no son esenciales. De manera que todo parecido entre estos personajes y seres de la realidad es intencional y malicioso, y toda ficcionalizaci\u00f3n es accidental e involuntaria\u201d. En otro de sus libros lo dice a\u00fan mejor: \u201cCualquier tema literario presenta tres aspectos: todo lo que el autor quiso expresar; todo lo que supo expresar, y todo lo que expres\u00f3 sin querer (el tercer aspecto es el m\u00e1s interesante para el lector)\u201d.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo el cuentito de la c\u00e1rcel de la semana pasada lo escrib\u00ed porque estaba leyendo a Dovlatov y quer\u00eda seguir ley\u00e9ndolo otra semana antes de escribir sobre \u00e9l. 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