{"id":31331,"date":"2014-11-03T08:33:07","date_gmt":"2014-11-03T06:33:07","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-divino-marques-en-el-museo\/"},"modified":"2014-11-03T08:33:07","modified_gmt":"2014-11-03T06:33:07","slug":"el-divino-marques-en-el-museo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-divino-marques-en-el-museo\/","title":{"rendered":"El divino marqu\u00e9s en el museo"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Donatien Alphonse Fran\u00e7ois, marqu\u00e9s de Sade (1740-1814), ha entrado en el pante\u00f3n cultural de Francia por todo lo alto. Su obra dej\u00f3 de estar prohibida hace medio siglo, ha sido editada en tres vol\u00famenes por la m\u00e1s prestigiosa colecci\u00f3n literaria, la Pl\u00e9iade, y ahora el Museo de Orsay le dedica una vasta exposici\u00f3n: Attaquer le soleil (Atacar al sol). De este modo, la frivolidad del siglo en que vivimos \u2014la civilizaci\u00f3n del espect\u00e1culo\u2014 va a conseguir lo que no lograron los Gobiernos, polic\u00edas y la Iglesia que a lo largo de dos siglos lo persiguieron con encarnizamiento: acabar con la leyenda maldita que rodeaba al personaje y a sus libros y probar que ni aqu\u00e9l ni \u00e9stos eran tan peligrosos ni malignos como se cre\u00eda. Y que, a fin de cuentas, aunque sus ideas resultaban, sin duda, bastante apocal\u00edpticas y escabrosas, como escribidor era recurrente como un disco rayado y, pasados algunos sobresaltos, generalmente aburrido.<\/p>\n<p>Para disfrutar a Sade era indispensable la nerviosa clandestinidad, procurarse esas ediciones de catacumba como las codiciables que se exhiben en el Museo de Orsay, casi siempre con pies de imprenta falsificados y que se salvaron de milagro de los secuestros e incineraciones, y sumergirse en sus p\u00e1ginas con la sensaci\u00f3n de estar transgrediendo una ley y cometiendo pecado mortal. Como hoy en d\u00eda Las 120 jornadas de Sodoma, Justine o los infortunios de la virtud y Juliette o las prosperidades del vicio se venden en las m\u00e1s respetables librer\u00edas, y se pueden leer en todas las buenas bibliotecas, su atractivo es bastante menor y, como ocurre siempre con la literatura monotem\u00e1tica, tanta ferocidad recurre de tal modo en sus p\u00e1ginas que deja de serlo y se vuelve juego, irrealidad. En la inmensa obra que escribi\u00f3 hay, me parece, apenas una genialidad literaria: el breve Di\u00e1logo entre un sacerdote y un moribundo, en el que luce un pensamiento condensado y firme, sin las ret\u00f3ricas blasfemias y los morosos discursos exaltando las depravaciones, la traici\u00f3n y los cr\u00edmenes que entumecen sus otros libros, tanto los hist\u00f3ricos como los er\u00f3ticos.<\/p>\n<p>La exposici\u00f3n del Museo de Orsay, excelente, tiene como comisaria a Annie Le Brun, gran conocedora de Sade y autora de un sutil ensayo sobre \u00e9l, y muestra algo bastante obvio, que el \u201csadismo\u201d no lo invent\u00f3 el divino marqu\u00e9s, pues la literatura y las artes pl\u00e1sticas ya hab\u00edan descrito la crueldad y la violencia sexual con imaginaci\u00f3n, audacia y belleza desde los tiempos m\u00e1s antiguos. Pero es verdad que probablemente ning\u00fan artista, escritor ni fil\u00f3sofo fue tan lejos como \u00e9l en la exploraci\u00f3n de esas profundidades humanas donde deseos e instintos entremezclados producen formas indecibles del horror. Goya, naturalmente muy presente con grabados y pinturas en esta muestra, lo sintetiz\u00f3 de manera luminosa en la leyenda de uno de sus aguafuertes: \u201cEl sue\u00f1o de la raz\u00f3n produce monstruos\u201d. Sade mostr\u00f3 en sus novelas que los deseos sexuales, exonerados de todo freno, convierten al ser humano en una m\u00e1quina depredadora y carnicera y que una sociedad que los dejara desplegarse con absoluta libertad podr\u00eda llegar a acabar con toda forma de vida en el planeta.<\/p>\n<p>Esa aterradora utop\u00eda la defendi\u00f3 de manera te\u00f3rica en sus escritos literarios y filos\u00f3ficos, en nombre de un individualismo sin fronteras y un ate\u00edsmo apocal\u00edptico, pero, en la vida real, sus excesos fueron, en verdad, limitados, si se los compara con los de cualquier dictadorzuelo tercermundista, no se diga un Hitler o un Stalin. La verdad es que se pas\u00f3 buena parte de su vida en c\u00e1rceles y manicomios, o huyendo de sus perseguidores, y que en su prontuario delictivo no hay un solo crimen, s\u00f3lo azotes a algunas prostitutas y, lo m\u00e1s grave, haber hecho tragar a otras unas pastillas que produc\u00edan cuescos, pestilencia que, por lo visto, lo inflamaba hasta el delirio.<\/p>\n<p>Lo que es una l\u00e1stima es que no escribiera su autobiograf\u00eda porque, lo que sabemos de su vida, aunque no es mucho \u2014su mejor biograf\u00eda la escribi\u00f3 Gilbert Lely, un compa\u00f1ero m\u00edo de la Radiotelevisi\u00f3n Francesa, que, cuando no estudiaba al divino marqu\u00e9s, se ganaba la vida como locutor y hac\u00eda calceta\u2014, revela a un aventurero de polendas. Estuvo dos veces condenado a muerte y las dos se fug\u00f3 de la c\u00e1rcel, secuestrando, en una de ellas, de paso, a su propia cu\u00f1ada, que era monja. Cuando el pueblo de Par\u00eds asalt\u00f3 la prisi\u00f3n de la Bastilla, donde \u00e9l estaba preso, exhort\u00f3 a las masas revolucionarias, desde un balc\u00f3n, para que abrieran todas las rejas en nombre de la libertad. En una de sus breves temporadas sin cautiverio, fue un activo revolucionario, pero los jacobinos lo consideraron demasiado \u201cmoderado\u201d y lo condenaron por ello a la guillotina; lo salv\u00f3 la oportuna muerte de Robespierre. Pero quiz\u00e1s el periodo m\u00e1s extraordinario de su vida fue su encierro en el manicomio de Charenton, donde escribi\u00f3 la mayor parte de sus libros, y donde se dedic\u00f3 a montar representaciones teatrales de su invenci\u00f3n con los locos como actores, espect\u00e1culos que atra\u00edan, se dice, a las familias parisinas m\u00e1s ilustres.<\/p>\n<p>Al malvado m\u00e1s famoso de la literatura nunca le faltaron mujeres y, aunque fue un gordo fofo precoz, como sus horrendos personajes libidinosos, los testimonios femeninos sobre \u00e9l \u2014salvo los de su esposa leg\u00edtima, Ren\u00e9e P\u00e9lagie de Montreuil, que lo mand\u00f3 a la c\u00e1rcel y al manicomio cuantas veces pudo\u2014 hablan de un hombre encantador, refinado y elegante en su trato y de una galanter\u00eda irresistible con las damas. Siempre se declar\u00f3 un pacifista y, el colmo de los colmos, hasta escribi\u00f3 un manifiesto contra la pena de muerte.<\/p>\n<p>Como todos los grandes escritores malditos, Sade despert\u00f3 siempre pasiones, tanto en sus admiradores como en sus detractores. La muestra del Museo de Orsay da cuenta sobre todo de los primeros, y, entre ellos, principalmente de los surrealistas que le hicieron homenajes, algunos deslumbrantes, como el retrato imaginario de Man Ray, de 1938, o las obras inspiradas en \u00e9l de Hans Bellmer. M\u00e1s a\u00fan que la literatura, la pintura y el cine modernos delatan resabios sadianos, por lo menos en la selecci\u00f3n de obras de la exposici\u00f3n. Entre las pel\u00edculas son sin duda las de Bu\u00f1uel las que parecen m\u00e1s directamente inspiradas en las propensiones del divino marqu\u00e9s, sobre todo en las escenas perversas de \u00c9l, con Arturo de C\u00f3rdova, que reciben al visitante en la entrada de la exposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s lo que falte en ella sea una mayor presencia de Freud, quien, no como literato ni artista, sino como psic\u00f3logo, se adentr\u00f3 por las mismas cavernas de la intimidad humana que Sade y dio una explicaci\u00f3n racional totalizadora a lo que el divino marqu\u00e9s conoci\u00f3 a trav\u00e9s de la intuici\u00f3n, sus propios fantasmas y la imaginaci\u00f3n, la existencia de esa violencia empozada en el fondo irracional de la persona humana, que encuentra en el sexo una v\u00eda privilegiada de expresi\u00f3n, algo que la civilizaci\u00f3n modera luego en formas m\u00e1s benignas, creativas en vez de destructivas, aunque sin erradicarla nunca del todo. Lo que significa que, como ha ocurrido y sigue ocurriendo en medio de las sociedades m\u00e1s avanzadas, la violencia estalla a menudo de manera incontenible, no solo a trav\u00e9s del deseo individual ciego, tambi\u00e9n en todas las formas colectivas posibles del fanatismo, desde el religioso hasta el pol\u00edtico y el ideol\u00f3gico. Parad\u00f3jicamente, el terrorismo que en nuestros d\u00edas vuelve a hacer de las suyas por el globo, aunque los terroristas no lo sepan, es el mayor homenaje que rinde nuestra \u00e9poca al divino marqu\u00e9s, al que, aunque hab\u00eda pedido ser enterrado en una tumba laica y sin nombre, se le hicieron honras f\u00fanebres muy cat\u00f3licas en el manicomio de Charenton, donde muri\u00f3, apaciblemente, a sus 74 a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>EL PA\u00cdS, SL, 2014.<\/p>\n<p>\u00a9 Mario Vargas Llosa, 2014.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Donatien Alphonse Fran\u00e7ois, marqu\u00e9s de Sade (1740-1814), ha entrado en el pante\u00f3n cultural de Francia por todo lo alto. 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