{"id":31301,"date":"2014-10-27T09:11:32","date_gmt":"2014-10-27T07:11:32","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/en-la-jaula\/"},"modified":"2014-10-27T09:11:32","modified_gmt":"2014-10-27T07:11:32","slug":"en-la-jaula","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/en-la-jaula\/","title":{"rendered":"En la jaula"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Dos presos caminan por el patio del presidio de Stormville, en las afueras de Nueva York, hablando en ruso. El m\u00e1s viejo irradia serenidad, el m\u00e1s joven espera sus palabras con avidez. El m\u00e1s viejo est\u00e1 ah\u00ed cumpliendo una condena de cincuenta a\u00f1os por asesinar de una pu\u00f1alada en el coraz\u00f3n al director de la compa\u00f1\u00eda de teatro idish en la que aspiraba a triunfar cuando lleg\u00f3 a Nueva York desde la URSS, a fines de los a\u00f1os \u201970. Ahora es el bibliotecario de la prisi\u00f3n y el asistente del rabino. Quiz\u00e1 su serenidad se deba a eso, o quiz\u00e1 se deba a los cinco miligramos de morfina clandestina que acaba de inyectarse. Acept\u00f3 la morfina y esa caminata por el patio porque el joven que lo acompa\u00f1a le habl\u00f3 en ruso y lo hizo re\u00edr entre dientes con la historia que le cont\u00f3, la de su arresto y condena a diez a\u00f1os por robo a mano armada. \u201cCu\u00e9ntamela de nuevo\u201d, dice el viejo, y suelta otra risita cascada. \u201cY ahora lo que te dijo tu padre.\u201d Y otra risita m\u00e1s. \u201c\u00bfY me pides consejo a m\u00ed?\u201d, dice entonces. \u201cLee a tu padrino. Hazle caso a tu padre. Y d\u00e9jame disfrutar mi morfina en paz.\u201d<\/p>\n<p>Daniel Genis lleg\u00f3 con sus progenitores de Rusia a un departamento en Queens a fines de los \u201980. La madre consigui\u00f3 trabajo en PanAm. El padre hac\u00eda una revista en ruso para emigrados, junto al gran Sergei Dovlatov, el padrino del joven Daniel. La revista era la fachada de una interminable sesi\u00f3n en continuado de vodka y cigarrillos, y enardecidas discusiones sobre literatura rusa entre Alexander Genis, Dovlatov, Joseph Brodsky, el bailar\u00edn Baryshnikov y cualquier otro emigrado ruso que se bancara la parada, literaria y et\u00edlicamente. El joven Daniel serv\u00eda los tragos, vaciaba los ceniceros y se ganaba un d\u00f3lar o dos cada vez que demostraba a los visitantes que hab\u00eda le\u00eddo un libro importante: Nietzsche, Baudelaire o Kerouac pagaban un d\u00f3lar, cualquier autor ruso le\u00eddo en ruso pagaba dos. El joven Daniel prefer\u00eda juntar los d\u00f3lares de uno: todo lo ruso lo emplomaba, los pat\u00e9ticos amigotes de su padre lo emplomaban, pero de alg\u00fan lado ten\u00eda que sacar plata para comprar sus discos de noise y de rap.<\/p>\n<p>De tanto leer a los rebeldes de otrora y escuchar en vinilo a los rebeldes de su era, el joven Daniel empez\u00f3 a practicar \u00e9l tambi\u00e9n el desorden de los sentidos: a los diecis\u00e9is compraba coca\u00edna en Queens y la vend\u00eda a los estudiantes de la NYU en el Village; a los diecisiete le ofreci\u00f3 un pelpa a un agente de narc\u00f3ticos encubierto y zaf\u00f3 con cinco a\u00f1os de probation s\u00f3lo porque los amigos ilustres de su padre dieron la cara por \u00e9l. Pero a los veinte estaba enganchado mal a la hero\u00edna, consum\u00eda m\u00e1s de cien d\u00f3lares diarios y le deb\u00eda m\u00e1s de cinco mil a un ucraniano bravo de Queens; no pod\u00eda acudir otra vez a pap\u00e1, as\u00ed que decidi\u00f3 solucionar solo su problema. Sali\u00f3 a la calle con un cuchillo de cocina y comenz\u00f3 un raid rid\u00edculo de robos callejeros: a los que robaba les ped\u00eda perd\u00f3n, antes de salir corriendo. Una vez le tiraron una pizza en la cara y lo obligaron a huir a carcajada limpia, pero al final logr\u00f3 juntar los cinco mil d\u00f3lares, pag\u00f3 su deuda y llevaba tres meses limpio de hero\u00edna cuando una viejita por la calle lo reconoci\u00f3 y lo denunci\u00f3. Como el joven Genis estaba en probation, le dieron diez a\u00f1os y lo mandaron a Stormville. Cuando su padre lo fue a visitar por primera vez, le dijo: \u201cEl lado bueno es que ahora vas a tener tiempo de leer a los rusos\u201d.<\/p>\n<p>Daniel Genis cumpli\u00f3 su condena y sali\u00f3 este a\u00f1o en libertad. En sus diez a\u00f1os preso ley\u00f3 mil libros (1046, para ser exactos). Lo sabe porque llev\u00f3 un diario de sus lecturas: cada entrada numerada y comentada (sucintamente, porque el papel es escaso tras las rejas). Mil libros en diez a\u00f1os son cien al a\u00f1o, es decir un libro cada tres d\u00edas. As\u00ed pas\u00f3 su condena Daniel Genis. El primer libro que ley\u00f3 fue la autobiograf\u00eda de Malcolm X: en Stormville hab\u00eda mayor\u00eda de poblaci\u00f3n negra, y el joven Genis buscaba tips de supervivencia. Fue Malcolm X quien le hizo saber que la biblioteca de la prisi\u00f3n era el lugar m\u00e1s seguro. En la biblioteca de Stormville, el joven Genis conoci\u00f3 al morfin\u00f3mano Rubinitz. Por \u00e9l supo que, si se declaraba jud\u00edo practicante, ser\u00eda derivado al pabell\u00f3n donde ten\u00edan juntos a los \u00fanicos cincuenta jud\u00edos de la prisi\u00f3n. De esos cincuenta, descubrir\u00eda Genis, veinticinco hab\u00edan cometido un solo crimen en sus vidas: ultimar a sus esposas (el caso de Rubinitz hab\u00eda sido una delicadeza: en lugar de asesinar a su mujer, mat\u00f3 al director teatral que la hab\u00eda seducido), otros veinticuatro eran israel\u00edes y estaban todos por tr\u00e1fico de drogas (y todos planeaban instalarse en Florida y reincidir al ser liberados) y el restante era el rapero Shyne, que descubri\u00f3 su sangre hebrea y se hizo religioso en prisi\u00f3n, luego de caer preso por intentar coser a balazos a su colega P-Diddy. Incluso el cocinero que les preparaba la comida kosher era un femicida: en su caso, ya pod\u00eda salir en libertad condicional, pero sus propios hijos se presentaban cada a\u00f1o a las autoridades para pedir que no fuese liberado (el tipo hab\u00eda estrangulado a la esposa delante de sus nueve v\u00e1stagos, pero lo especialmente imperdonable era que lo hubiese hecho durante el sabat).<\/p>\n<p>Luego de Malcolm X, el joven Genis sigui\u00f3 leyendo libros sobre distintas formas de cautiverio: Papillon, los diarios de Albert Speer en Spandau, las experiencias en el gulag de Solzhenitsyn y Shalamov, el pan\u00f3ptico de Jeremy Bentham y Foucault, los Recuerdos de la Casa de los Muertos de Dostoievski. De ah\u00ed pas\u00f3 al problema del bien y el mal y se sumergi\u00f3 en Pascal, Rousseau, Schopenhauer, Buber, Spinoza, Kafka, Fanon y biograf\u00edas de todo tipo de dictadores. Luego encar\u00f3 las grandes novelas del siglo XX: Henry James, Thomas Mann, Musil, Joyce, Proust (En busca del tiempo perdido le llev\u00f3 medio a\u00f1o, casi todo en confinamiento solitario, y cuando m\u00e1s tarde ley\u00f3 en un libro de entrevistas a escritores la frase \u201cHabr\u00eda que estar en la c\u00e1rcel para leer como se debe a Proust\u201d, solt\u00f3 una risita m\u00e1s cascada que las de su compadre Rubinitz). Cuando llevaba casi cinco a\u00f1os tras las rejas le confes\u00f3 en una carta a su padre que por fin se hab\u00eda decidido a leer aquel libro del padrino que le hab\u00eda dejado en su visita inicial, y agregaba: \u201cTr\u00e1eme m\u00e1s. Tr\u00e1eme todos\u201d (en uno de esos libros, Dovlatov le hace decir a un personaje: \u201cNo me cuesta nada rechazar el primer trago. Es a frenarme lo que no he aprendido. El motor anda bien, son los frenos los que fallan\u201d).<\/p>\n<p>Desde que sali\u00f3 en libertad, Daniel Genis est\u00e1 publicando, en forma de columnas (en el sitio web The Daily Beast), fragmentos de aquel diario de lecturas que llev\u00f3 en prisi\u00f3n, y se anuncia su libro de memorias para el a\u00f1o que viene. Ahora tiene responsabilidades: no puede dedicarse \u00fanicamente a leer. Me hizo acordar a aquella confesi\u00f3n de Aira, cuando le preguntaron por qu\u00e9 escrib\u00eda, y contest\u00f3 que si fuera por \u00e9l se pasar\u00eda la vida leyendo, que escrib\u00eda s\u00f3lo para disimular su vicio a los ojos de la sociedad productiva.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos presos caminan por el patio del presidio de Stormville, en las afueras de Nueva York, hablando en ruso. El m\u00e1s viejo irradia serenidad, el m\u00e1s joven espera sus palabras con avidez. 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