{"id":31157,"date":"2014-09-28T21:33:52","date_gmt":"2014-09-28T19:33:52","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-alegria-de-pedir-perdon-a-un-pollo\/"},"modified":"2014-09-28T21:33:52","modified_gmt":"2014-09-28T19:33:52","slug":"la-alegria-de-pedir-perdon-a-un-pollo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-alegria-de-pedir-perdon-a-un-pollo\/","title":{"rendered":"La alegr\u00eda de pedir perd\u00f3n a un pollo"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Comer o no comer es la cuesti\u00f3n central de la vida humana en su dimensi\u00f3n animal, pero tambi\u00e9n en su anclaje antropol\u00f3gico y cultural. La necesidad de alimentarse y la violencia sobre la que se asienta la reproducci\u00f3n biol\u00f3gica se ve acompa\u00f1ada, corregida, expiada y dignificada por toda una serie de pr\u00e1cticas y ceremonias destinadas a convertir el hambre en un v\u00ednculo social. El hambre es violencia y saciarla mata. Comemos para no morirnos pero comiendo introducimos la muerte y nos deslizamos hacia ella como pedaleando; y no hay mucha diferencia entre comerse una manzana a mordiscos -con los dientes afilados y las mand\u00edbulas apretadas- o un cordero clavado en un espet\u00f3n. Alimento y mortalidad anudan el destino de las criaturas sublunares; nos alimentamos de nuestro hermano gemelo o siam\u00e9s, can\u00edbales de nosotros mismos, y cuando hemos terminado de comer nos morimos. La sobra de ese fest\u00edn se llama \u201ccad\u00e1ver\u201d.<\/p>\n<p>A veces incluso el marxismo ha comprendido mal que si comer es necesario, lo importante -porque es lo propiamente humano- es comer con alegr\u00eda y en compa\u00f1\u00eda. Como comer es violencia es imprescindible mostrarse agradecido: se ha discutido mucho sobre las razones profundas del \u201csacrificio\u201d, presente en todas las sociedades \u201cantiguas\u201d, pero es dif\u00edcil no relacionar esa pr\u00e1ctica con la culpabilidad y la gratitud. La fuente de toda riqueza es la naturaleza, nos recordaba Marx, y eso implica la aceptaci\u00f3n por parte del ser humano de la predaci\u00f3n -m\u00e1s o menos directa o sofisticada- como \u00fanico medio de supervivencia. Inscribir la cosecha y la caza, y enseguida la propia ingesti\u00f3n de alimentos, en un aparato ceremonial un poco teatral es, si se quiere, una muestra de cortes\u00eda. Todo sacrificio es al mismo tiempo expiaci\u00f3n y celebraci\u00f3n. Ser\u00eda una falta de respeto muy grande matar un pollo y com\u00e9rselo con asco y sin alegr\u00eda. S\u00f3lo los fanatismos religiosos -como maniqueos o c\u00e1taros en la antig\u00fcedad- trataban de suprimir por completo la violencia y la muerte enquistadas en la alimentaci\u00f3n y por eso com\u00edan poco, s\u00f3lo verduras y a veces llegaban al extremo de dejarse morir de inanici\u00f3n a fin de sustraerse a los ciclos violentos de la reproduccion. Para ellos comer no era una celebraci\u00f3n sino un funeral y s\u00f3lo lo hac\u00edan a rega\u00f1adientes y de mal humor, con una culpabilidad y desprecio que trasladaban a sus v\u00edctimas, las manzanas y las berenjenas, atrapadas en la oscuridad criminal de la naturaleza.<\/p>\n<p>Pero comer con alegr\u00eda -ese acto de expiaci\u00f3n y celebraci\u00f3n- es inseparable del hecho de comer en compa\u00f1\u00eda. Separarse de la naturaleza para humanizarse implica, como quer\u00eda Plat\u00f3n, compartir la comida, convertir la ingesti\u00f3n de alimentos en un acto social y cultural: el famoso \u201cbanquete\u201d, \u00e1tomo de todo contrato social, mediante el que los humanos se declaran rec\u00edprocamente, mientras se comen juntos unas lentejas o un asado, que no se van comer unos a otros. Todas las sociedades nacen de la decisi\u00f3n normativa (comer o no comer) de excluir de su dieta ciertos objetos o criaturas: el primero de esos objetos -condici\u00f3n misma de la vida social- son sus vecinos. Comer despacio, en compa\u00f1\u00eda y conversando entra\u00f1a la renuncia al canibalismo; y por eso nada se considera m\u00e1s atroz desde el punto de vista de la hospitalidad que asesinar a un comensal (como hace a menudo la mafia) mientras est\u00e1 sentado a una mesa. S\u00f3lo los fan\u00e1ticos religiosos comen solos, deprisa y atribulados y esta triple disposici\u00f3n, que ellos consideran espiritualmente superior, en realidad los separa de la humanidad y los asimila a los animales, los cuales comen apartados, a toda velocidad y con temor.<\/p>\n<p>El arte culinario o gastronom\u00eda es la prolongaci\u00f3n hist\u00f3rica de los sacrificios antiguos. Combina expiaci\u00f3n, agtradecimiento y celebraci\u00f3n y nace de la rutina humanizadora de los pueblos, que no quieren comer cualquier cosa ni de cualquier manera. Como dice Chesterton, puede haber buenas razones para no comer carne (hoy, por ejemplo, los estragos ecol\u00f3gicos y sociales de la industria c\u00e1rnica) pero hay un cierto fanatismo, muy irrespetuoso al mismo tiempo con la naturaleza y con las clases populares, en las dietas vegetarianas del occidente capitalista: los ricos -dec\u00eda el genial cat\u00f3lico ingl\u00e9s- se prohiben por clasismo todo aquello que los pobres no pueden comer por falta de medios. No hay ning\u00fan mal, sino todo lo contrario, en sacrificar un pollo los domingos, cocinarlo con cari\u00f1o y convertirlo en el centro de un gran homenaje c\u00f3smico a los pollos y a la paz social y familiar. Los pollos y los humanos saldr\u00edan, sin duda, ganando.<\/p>\n<p>El capitalismo ha eliminado la pr\u00e1ctica saludable del sacrificio al convertir la comida en mercanc\u00eda industrial. El acto colectivo de pedir perd\u00f3n, dar las gracias y rendir alegremente homenaje a un puerco ha sido sustituido por la ejecuci\u00f3n vergonzante de los animales, a escala de holocausto, en mataderos industriales. No es raro que la sociedad m\u00e1s as\u00e9ptica, la m\u00e1s higi\u00e9nica y la m\u00e1s presuntamente \u201cespiritual\u201d de la historia sea tambi\u00e9n la m\u00e1s despreciativa y amenazadora para la naturaleza. Nos horrorizamos porque un ni\u00f1o mata una lib\u00e9lula mientras olvidamos con toda tranquilidad, y aceleramos y multiplicamos por eso mismo, la violencia sobre la que se asienta nuestra supervivencia social e individual. Comer con calma, con alegr\u00eda y en compa\u00f1\u00eda -con la conciencia de esa violencia sagrada- es un acto embrionalmente anticapitalista.<\/p>\n<p>Digo esto porque acabo de leer la noticia (titulada de modo elocuente \u201cel fin de la comida\u201d) de un joven estadounidense, ingeniero inform\u00e1tico en Silicon Valley, que ha inventado un alimento artificial en polvo, el Soylent, pensado para sustituir \u201cel 100% de nuestra alimentaci\u00f3n\u201d mejorando adem\u00e1s nuestra salud (pues no contiene, dice su creador, \u201cnada que no debamos comer\u201d). Chesterton sin duda retar\u00eda a duelo a este jovenzuelo pretencioso que considera perdido el tiempo de la comida, que s\u00f3lo se preocupa del contenido cal\u00f3rico y preote\u00ednico del alimento y que considera un gran progreso humano comer solo, deprisa y pendiente de otra cosa. Alguien podr\u00eda pensar, en cualquier caso, que el Soylent es un producto emancipador y hasta socialista, pues podr\u00eda alimentar a millones de personas que hoy se mueren de hambre. Pero no. El socialismo -lo que quiera decir eso- no consiste en \u201cdar de comer\u201d cualquier cosa y de cualquier manera sino en establecer las condiciones m\u00ednimas para una comida festiva y com\u00fan. La humanidad querr\u00eda comer carne, al menos los domingos; pero si no puede comer carne prefiere comer hierbas con un poquito de sal y pimienta, en torno a un caldero, recordando a los h\u00e9roes, dando gracias a los \u00e1rboles, sustituyendo -al menos durante un rato- el canibalismo por la alianza y hasta la fraternidad y el amor. Rob Rhinehart, el inventor del Soylent y el propio Soylent, son t\u00edpicos exponentes del fanatismo religioso que lleva en su seno el capitalismo, un capitalismo que -como el propio fanatismo religioso- convierte a los seres humanos en animales: bien porque, mat\u00e1ndolos de hambre, los obliga a disputarse a muerte una bellota, bien porque los apremia a comer como si fueran perros: deprisa, solos y de mal humor. La gastronom\u00eda y el banquete -es decir, el sacrificio alegre y compartido- siguen siendo hoy, como hace tres mil a\u00f1os, las part\u00edculas elementales de la cultura humana, entendida tambi\u00e9n como intercambio equilibrado y respetuoso con la naturaleza. Eso no basta sin duda para garantizar un mundo mejor; pero sin esa alegr\u00eda social todo ser\u00e1, como proclama el propio Chesterton para definir el capitalismo, \u201cexpansi\u00f3n del desierto\u201d.<\/p>\n<p>La Calle del Medio<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comer o no comer es la cuesti\u00f3n central de la vida humana en su dimensi\u00f3n animal, pero tambi\u00e9n en su anclaje antropol\u00f3gico y cultural. 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