{"id":30942,"date":"2014-08-13T06:28:52","date_gmt":"2014-08-13T04:28:52","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-confesion\/"},"modified":"2014-08-13T06:28:52","modified_gmt":"2014-08-13T04:28:52","slug":"la-confesion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-confesion\/","title":{"rendered":"La confesi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Santa Madre Iglesia, muy sabiamente, ha fabricado un m\u00e9todo perfecto de perd\u00f3n de los pecados, m\u00e9todo convertido en sacramento. Seg\u00fan el cual, el fiel explica en voz baja al confesor sus delitos, incluidos o no en el c\u00f3digo del derecho moral, el confesado expresa un arrepentimiento que se supone sincero, el confesor impone una penitencia, y all\u00ed se acaba todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un ritual impecable, secreto, que deja el alma limpia de culpa y, con frecuencia, dispuesta a empezar de nuevo y a repetir, dado que el remedio est\u00e1 siempre al alcance. Para los japoneses, por el contrario, amantes del ceremonial y los rigores formales, parece que s\u00f3lo cuenta la confesi\u00f3n p\u00fablica y una humilde solicitud de perd\u00f3n, en forma de gestos de contrici\u00f3n igualmente p\u00fablicos, inclinaciones repetidas, cara compungida y, tradicionalmente, en los casos m\u00e1s extremos y solemnes, la pr\u00e1ctica suprema del harakiri. Nadie me obligaba a escribir una sola l\u00ednea sobre la confesi\u00f3n del se\u00f1or Jordi Pujol, materia delicada sobre todo cuando se tiene detr\u00e1s, como es mi caso, muchos a\u00f1os de admiraci\u00f3n y eventualmente de trato personal. Pero la confesi\u00f3n ha sido hecha, escrita y firmada, y es una confesi\u00f3n p\u00fablica. No es el relato en voz baja de unos pecados personales y discretos, que merecer\u00edan absoluci\u00f3n y una leve penitencia. Es el reconocimiento de unos hechos grav\u00edsimos, o de un solo gran pecado pero de tan larga duraci\u00f3n que resulta dif\u00edcil de entender que el pecador no hubiera encontrado antes el tiempo o la oportunidad de confesarlo. Pero salir de la oscuridad a la luz, de la negaci\u00f3n a la confesi\u00f3n, en este tipo de errores o de culpas, tiene un punto de aceptaci\u00f3n del deshonor como efecto o resultado de la ocultaci\u00f3n tan larga de la culpa. Las consecuencias, pues, no son una simple penitencia de confesionario, del orden de un padrenuestro y tres avemar\u00edas, ni siquiera de castigarse privadamente el cuerpo con azotes y ayunos. Son m\u00e1s bien del orden del suicidio de los caballeros japoneses, porque Jordi Pujol sab\u00eda, o deb\u00eda saber, que confesar en p\u00fablico equival\u00eda a un acto de autonegaci\u00f3n, de destrucci\u00f3n de la figura, imagen y persona visible que \u00e9l mismo hab\u00eda construido a lo largo de m\u00e1s de medio siglo. Es tanto como decir: yo no era s\u00f3lo aquel hombre que todos pensabais que era, era tambi\u00e9n otro, escond\u00eda una parte de persona diferente, inconfesable, que ahora puede destruir la persona entera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto, con respecto a la persona p\u00fablica y entera, recuerdo una tarde de septiembre en Balaguer, donde coincid\u00ed con una visita del presidente. A su lado, recorr\u00ed las calles y las plazas, mirando como descorr\u00eda velozmente cortinillas de placas de inauguraciones, saludaba a todos, se acordaba del se\u00f1or Ram\u00f3n y de la se\u00f1ora Pepita, charlaba animadamente, hasta que llegamos a un tablado en la orilla del r\u00edo, donde se hac\u00eda el acto final de la jornada, tal vez en memoria del conde de Urgell. La tarde era infame, se levant\u00f3 un gran viento, cayeron gotas grandes, volaban hojas, se arremolinaba el polvo, y el presidente Pujol hizo un discurso optimista y encendido: Catalu\u00f1a va bien pero debe ir mejor, hemos hecho muchas cosas y debemos hacer m\u00e1s. Sobre las cabezas de la gente ext\u00e1tica se alzaban banderas y polvo y paraguas vueltos por el vendaval. No afloj\u00f3 nadie. Y este era el mismo Jordi Pujol que, de manera para m\u00ed inexplicable, se destru\u00eda lentamente por dentro mientras por fuera constru\u00eda un pa\u00eds. Es un final de tragedia griega, donde los errores fatales, los pecados imperdonables, los delitos contra la justicia de los dioses, tienen finalmente su castigo implacable. No es de ninguna manera lo que un conocido periodista catal\u00e1n ha escrito en el diario m\u00e1s importante de Madrid: \u00abA la luz de las revelaciones, la acci\u00f3n y la historia de la pi\u00f1a familiar nacionalista alrededor del president f\u00e1cilmente se adapta al relato vulgar y penoso de cualquier grupo humano, ll\u00e1mesele clan o mafia, conjurado en obtener el poder para enriquecerse y defender luego la riqueza ilegalmente obtenida, al igual que ha hecho Silvio Berlusconi en Italia durante dos d\u00e9cadas\u201d. No es esta banalidad est\u00fapida, no es eso. Es m\u00e1s bien lo que le escribe Carme Laura Gil, exconsejera y amiga fiel: \u00ab\u00bfC\u00f3mo has podido ensuciar tu historia?, te he escuchado afirmar tantas veces que amabas con pasi\u00f3n a Catalu\u00f1a y pese a ser verdad la has herido, y esto, estoy segura, es lo que hoy te duele. Y a nosotros, Presidente, nos doler\u00e1, bien lo sabes, el dolor y la humillaci\u00f3n con que tienes que convivir los a\u00f1os venideros; has roto algo m\u00e1s que tu imagen, has hecho a\u00f1icos la confianza en la sinceridad de tus principios y has oscurecido el lugar que te hab\u00eda reservado la historia cuando ya no hay tiempo para escribir otra\u00bb. Es esto, y es el peor final imaginable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Joan Francesc Mira<br \/>El Temps 1573 <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 La Santa Madre Iglesia, muy sabiamente, ha fabricado un m\u00e9todo perfecto de perd\u00f3n de los pecados, m\u00e9todo convertido en sacramento. 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