{"id":30867,"date":"2014-07-25T12:42:06","date_gmt":"2014-07-25T10:42:06","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/pasiones-e-intereses\/"},"modified":"2014-07-25T12:42:06","modified_gmt":"2014-07-25T10:42:06","slug":"pasiones-e-intereses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/pasiones-e-intereses\/","title":{"rendered":"Pasiones e intereses"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-top: 0.49cm; margin-bottom: 0.49cm;\"><span style=\"font-family: Arial Unicode MS,sans-serif;\"><span style=\"font-size: x-small;\">En 1977 el economista estadounidense Albert Hirschmann escribi\u00f3 una obra ya cl\u00e1sica, <\/span><span style=\"font-size: x-small;\"><em>Las pasiones y los intereses<\/em><\/span><span style=\"font-size: x-small;\">, en la que cuenta la historia del capitalismo a partir de la oposici\u00f3n entre estos dos conceptos. Seg\u00fan el autor, durante siglos se intent\u00f3 reducir el conflicto y la guerra operando en el terreno de las pasiones: bien reprimi\u00e9ndolas como causa de todo mal, bien activando simult\u00e1neamente dos pasiones de signo contrario para que se anulasen mutuamente (el fil\u00f3sofo Pascal lo expres\u00f3 de la manera m\u00e1s sint\u00e9tica al decir que \u201clos hombres nos sostenemos en la virtud como entre dos vicios contrarios\u201d). Lo cierto es que, seg\u00fan Hirschmann, el fracaso de estas dos estrategias determin\u00f3 la aparici\u00f3n hist\u00f3rica de una tercera propuesta basada en la promoci\u00f3n de una pasi\u00f3n que en realidad vendr\u00eda a desactivar todas las dem\u00e1s: el inter\u00e9s. A partir del siglo XVII, en efecto, el inter\u00e9s, \u201cla m\u00e1s banal, mezquina e inofensiva de las pasiones\u201d, se va a reivindicar como la mejor manera de poner fin a las guerras. Cuando Locke, Montesquieu o Kant conf\u00edan en <\/span><span style=\"font-size: x-small;\"><em>la doucer<\/em><\/span><span style=\"font-size: x-small;\"> del comercio, est\u00e1n pensando en un tendero a gran escala cuyas plebeyas ambiciones econ\u00f3micas vinieran a frenar la \u201cpasi\u00f3n de la gloria\u201d, que hasta entonces hab\u00eda vinculado la guerra y la destrucci\u00f3n con las clases altas. El ascenso de la burgues\u00eda y la generalizaci\u00f3n del comercio -el alba, en definitiva, del capitalismo- fueron saludados con esperanza por varias generaciones de fil\u00f3sofos y gobernantes ilustrados que asociaron \u201cel fin de la historia\u201d, es decir de la guerra, a la capacidad de los intercambios mercantiles para \u201cdulcificar\u201d o \u201capaciguar\u201d las costumbres. Al arist\u00f3crata armado y su af\u00e1n de inmortalidad se opon\u00eda el vendedor pac\u00edfico y su sed terrenal de riquezas. <\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"margin-top: 0.49cm; margin-bottom: 0.49cm;\"><span style=\"font-family: Arial Unicode MS,sans-serif;\"><span style=\"font-size: x-small;\">El siglo XIX puso fin a toda ilusi\u00f3n ingenua. No s\u00f3lo porque el capitalismo se convirti\u00f3 enseguida en un gran devorador de hombres en las f\u00e1bricas de Inglaterra sino porque muchas de las guerras que desde entonces han devastado el mundo se han hecho en nombre del \u201clibre comercio\u201d. El colonialismo, en este sentido, vino enseguida a desmentir la eficacia pacificadora de los mercados, que necesitaban siempre un ej\u00e9rcito para imponer sus contratos. Pero lo cierto es que la propia extensi\u00f3n colonial europea transport\u00f3 consigo estas utop\u00edas mercantiles que aspiraban a consolidar la hegemon\u00eda occidental sin violencia. Al guerrero que abr\u00eda a ca\u00f1onazos las selvas y los desiertos, se opon\u00edan dos figuras que, a su vez, se disputaban entre s\u00ed los territorios coloniales: el comerciante y el misionero. En un interesante libro a\u00fan in\u00e9dito sobre la empresa colonial espa\u00f1ola en Africa entre 1827 y 1913, la investigadora y profesora Dolores Garc\u00eda Cant\u00fas llama la atenci\u00f3n sobre el hecho de que los proyectos de explotaci\u00f3n colonial de los territorios del golfo de Guinea se reactivaron varias veces a lo largo del siglo XIX, pero siempre coincidiendo con el regreso de los liberales al gobierno de Madrid. A los sacerdotes y sus pasiones religiosas se opon\u00eda el bonach\u00f3n inter\u00e9s, en cuyo car\u00e1cter \u201cprogresista\u201d realmente creyeron algunos de los comisarios regios enviados a Fernando Poo: es el caso, por ejemplo, de Guillemard de Arag\u00f3n, m\u00e9dico anticlerical y antrop\u00f3logo primerizo, que fracas\u00f3 estrepitosamente en su cometido, acosado por curas y militares, por querer aplicar ingenuamente sus convicciones. <\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"margin-top: 0.49cm; margin-bottom: 0.49cm;\"><span style=\"font-family: Arial Unicode MS,sans-serif;\"><span style=\"font-size: x-small;\">Quiz\u00e1s el capitalismo no tiene la culpa de todos los males, pero hoy sabemos que es incompatible con \u201cel dulce comercio\u201d, el cual se convirti\u00f3, bajo su impulso imperialista, en la maldici\u00f3n de los pueblos sometidos. Lo cierto es que el inter\u00e9s no s\u00f3lo no neutraliz\u00f3 las pasiones sino que ha acabado convertido en la peor de todas ellas: por los efectos que introduce en s\u00ed misma y porque, en las llamadas sociedades de consumo, ha alimentado, atizado, multiplicado las pasiones que se supon\u00eda iba a contener. Por un lado el inter\u00e9s se ha naturalizado de tal forma que ha hecho retroceder sobre todo a las pasiones m\u00e1s nobles: el altruismo, la solidaridad, la generosidad, la confianza. El derecho de los individuos, al igual que el de los Estados modernos \u201cmaquiav\u00e9licos\u201d, a defender los propios intereses se ha convertido en el principio ideol\u00f3gico rector de las relaciones entre humanos: la sociedad menos hip\u00f3crita de la historia no rinde ning\u00fan homenaje a la virtud, ni siquiera de palabra, como lo demuestra el grado y extensi\u00f3n de la corrupci\u00f3n en un pa\u00eds como Espa\u00f1a. El viejo adagio cl\u00e1sico seg\u00fan el cual \u201cen el amor y la guerra todo est\u00e1 permitido\u201d, al que intent\u00f3 oponerse la l\u00f3gica del inter\u00e9s, ha ampliado su dominio al terreno de los \u201cnegocios\u201d, que el capitalismo ha dignificado como la forma m\u00e1s perversa del amor y la forma m\u00e1s leg\u00edtima de la guerra. La paradoja del capitalismo es que no s\u00f3lo ha abolido los \u201cc\u00f3digos de honor\u201d del viejo y violento r\u00e9gimen feudal sino que ha acabado con los propios \u201cc\u00f3digos \u00e9ticos\u201d que reg\u00edan los mercados pre-capitalistas. El \u201cmercado libre\u201d esclaviza a los hombres, pero adem\u00e1s no libera el mercado: lo destruye. <\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"margin-top: 0.49cm; margin-bottom: 0.49cm;\"><span style=\"font-family: Arial Unicode MS,sans-serif;\"><span style=\"font-size: x-small;\">Al mismo tiempo esta \u201cemancipaci\u00f3n\u201d neoliberal de todos los c\u00f3digos \u00e9ticos en un mundo de sobreproducci\u00f3n y sobreconsumo ha echado gasolina en todas las pasiones. Al privilegiar socialmente el momento del consumo indiscriminado (de objetos, cuerpos e im\u00e1genes) sobre el de la producci\u00f3n y el ahorro, el mercado capitalista -junto con su tecnolog\u00eda ancilar- ha asociado el prestigio al protagonismo en un recinto de visibilidades fugaces y competitivas: \u201cme consumen, luego existo\u201d. Su \u00e1tomo y su colof\u00f3n es el \u201cselfi\u201d, la pasi\u00f3n de la autopublicidad en una din\u00e1mica de guerra permanente, y de permanente escalada \u201carmament\u00edstica\u201d, contra todos los que quieren ser consumidos en mi lugar y antes que yo. El que no es consumido no deja ninguna huella, ni en la cultura ni en la pol\u00edtica. Esta l\u00f3gica del selfi -de la pasi\u00f3n autopublicitaria- monopoliza todos los campos y todas las conductas. Algunas veces es s\u00f3lo esperp\u00e9ntica, aunque bastante benigna. Pensemos, por ejemplo, en la pasi\u00f3n nacionalista de Marlen Doll, actriz porno chilena que ha tenido su minuto de gloria tras prometer, y mantener, relaciones sexuales durante 12, 16, 18 horas seguidas a medida que la selecci\u00f3n de su pa\u00eds iba derrotando rivales en la Copa del Mundo. Pero si vamos un poco m\u00e1s all\u00e1 debemos admitir que tambi\u00e9n es un \u201cselfi\u201d, un gigantesco y monstruoso \u201cselfi\u201d, el atentado de las Torres Gemelas en 2011 o ahora, en Iraq y Siria, las matanzas exhibicionistas de los yihadistas de ISIS, cuyas im\u00e1genes son trabajadas en estudio y manipuladas con fotoshop para producir un efecto a\u00fan m\u00e1s terror\u00edfico. El \u201cselfi\u201d, estadio superior del consumo capitalista, recupera, reactiva, radicaliza las pasiones m\u00e1s antiguas, incluso las nacionalistas y religiosas, en virtud de una l\u00f3gica des-moralizadora puramente mercantil. Todo est\u00e1 permitido si se trata de vender: un producto, un cuerpo o una causa. <\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"margin-top: 0.49cm; margin-bottom: 0.49cm;\"><span style=\"font-family: Arial Unicode MS,sans-serif;\"><span style=\"font-size: x-small;\">Las pasiones alegres y tranquilas, las razones m\u00e1s serenas, se han vuelto invisibles y por lo tanto completamente inoperantes. El capitalismo no tiene la culpa de todo, desde luego, pero no se puede negar que, del mismo modo que es incapaz de distinguir entre un tanque y un saco de trigo, ha borrado tambi\u00e9n la diferencia entre pasiones e intereses, esa diferencia que los ilustrados quisieron ingenuamente administrar en beneficio de la humanidad y que hoy, disuelta en el mercado, reivindica lo peor de todas las \u00e9pocas y de todas las culturas. <\/span><\/span><\/p>\n<p> <span style=\"color: #0000ff;\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><a href=\"http:\/\/rebelion.org\/autores.php?id=7\">Santiago Alba Rico<\/a><\/span><\/span><strong><br \/>La Calle del Medio<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 En 1977 el economista estadounidense Albert Hirschmann escribi\u00f3 una obra ya cl\u00e1sica, Las pasiones y los intereses, en la que cuenta la historia del capitalismo a partir de la oposici\u00f3n entre estos dos conceptos. 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Lo cierto es que, seg\u00fan Hirschmann, el fracaso de estas dos estrategias determin\u00f3 la aparici\u00f3n hist\u00f3rica de una tercera propuesta basada en la promoci\u00f3n de una pasi\u00f3n que en realidad vendr\u00eda a desactivar todas las dem\u00e1s: el inter\u00e9s.","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/pasiones-e-intereses\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/nabarralde.eus\/es\/pasiones-e-intereses\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/pasiones-e-intereses\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Pasiones e intereses"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/","name":"Nabarralde","description":"Kultur Ekimenak eta Sustapenak","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/nabarralde.eus\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56","name":"Nabarralde","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","caption":"Nabarralde"},"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/author\/nagusia\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30867","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30867"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30867\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30867"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30867"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30867"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}