{"id":30826,"date":"2014-07-21T12:34:29","date_gmt":"2014-07-21T10:34:29","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/no-me-decepciones\/"},"modified":"2014-07-21T12:34:29","modified_gmt":"2014-07-21T10:34:29","slug":"no-me-decepciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/no-me-decepciones\/","title":{"rendered":"No me decepciones"},"content":{"rendered":"<p><!-- P { margin-bottom: 0.21cm; } --> <\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Hay una maldici\u00f3n china que dice \u201cOjal\u00e1 te toquen vivir tiempos interesantes\u201d, y as\u00ed fueron los tiempos que le tocaron vivir al franc\u00e9s Victor Segalen cuando lleg\u00f3 a Pek\u00edn en 1908. El viaje hab\u00eda empezado cinco a\u00f1os antes y hab\u00eda empezado mal: el joven Segalen cre\u00eda que la cultura europea se estaba disolviendo en una homogeneidad cada vez m\u00e1s alarmante para \u00e9l y parti\u00f3 a Tahit\u00ed en busca de lo diferente: el ex\u00f3tico mundo que pintaba Gauguin en sus cuadros. Lleg\u00f3 tarde; Gauguin hab\u00eda muerto hac\u00eda dos meses cuando Segalen por fin arrib\u00f3 a las islas. Una fiebre tifoidea lo hab\u00eda demorado en el puerto de San Francisco. Mirando por la ventana desde su lecho de enfermo el barrio chino all\u00e1 afuera, Segalen descubri\u00f3 el mundo al que dedicar\u00eda el resto de su corta vida. Volvi\u00f3 a Par\u00eds a estudiar chino y logr\u00f3 un a\u00f1o despu\u00e9s que la Marina francesa lo enviara a Pek\u00edn a continuar sus estudios.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Los occidentales s\u00f3lo ten\u00edan permiso para vivir en un barrio de Pek\u00edn, la Legaci\u00f3n Extranjera, donde Segalen tom\u00f3 casa y logr\u00f3 que le diera lecciones particulares un joven occidental con una aptitud tan asombrosa para los idiomas que hab\u00eda sido aceptado como profesor de los pr\u00edncipes de la corte en la Ciudad Prohibida, el inaccesible reducto imperial que se alzaba en el centro de Pek\u00edn, aislado del exterior por un muro de siete metros de altura. Ning\u00fan otro extranjero ten\u00eda tal acceso a la Ciudad Prohibida. Lo que pasaba detr\u00e1s de sus muros era indescifrable para los residentes de la Legaci\u00f3n Extranjera. Pero en aquellas lecciones particulares, en los el\u00edpticos comentarios expresados en exquisito mandar\u00edn por ese joven que parec\u00eda saberlo todo, Segalen encontr\u00f3 la China con que so\u00f1aba, enigm\u00e1tica y atemporal. Mientras tanto, la China real iba cambiando: llegaban rumores de que hab\u00eda una sublevaci\u00f3n en el Yangts\u00e9, mil kil\u00f3metros al sur, un tal Sun Yat-sen exig\u00eda el fin del imperio y la instauraci\u00f3n de la rep\u00fablica, la revuelta crec\u00eda de provincia en provincia, en determinado momento convergieron sobre Pek\u00edn las masas rebeldes y las tropas fieles al imperio, Segalen aguard\u00f3 despierto toda la noche, esperando noticias de su joven maestro, pero con las primeras luces del alba descubri\u00f3 que todo el asunto se hab\u00eda resuelto sin sangre y sin gloria: Sun Yat-sen ten\u00eda su rep\u00fablica, las tropas fieles ten\u00edan un emperador t\u00edtere (el infante Pu Yi, que por entonces ten\u00eda dos a\u00f1os) y los extranjeros pod\u00edan seguir haciendo negocios tranquilos. Segalen escribi\u00f3: \u201cEs tal vez indiscreto estar despierto en esta hora hist\u00f3rica, pero Pek\u00edn no ha ardido. Por primera vez me ha decepcionado\u201d.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Segalen se hab\u00eda fascinado a tal punto con las confidencias de la corte que le hac\u00eda su joven maestro que llevaba un diario de sus conversaciones con \u00e9l y, cuando sobrevino la decepci\u00f3n, convirti\u00f3 aquellas anotaciones en una novela extraordinaria (as\u00ed empieza: \u201cCierro este diario que so\u00f1aba convertir en libro, un libro que ya nunca ser\u00e1\u201d) y la titul\u00f3 Ren\u00e9 Leys, porque \u00e9se era el nombre ficticio que le dio a su joven maestro en la novela, adem\u00e1s de concederle una noble muerte al final y dedicarle el libro (\u201cA su memoria, por supuesto\u201d). Con el manuscrito en sus valijas, Segalen abandon\u00f3 el continente asi\u00e1tico para combatir por su patria en la Primera Guerra. Meses despu\u00e9s de que le dieran la baja, en 1919, lo encontraron muerto en un bosque de Breta\u00f1a por donde hab\u00eda salido a caminar dos d\u00edas antes. Estaba tendido bajo un \u00e1rbol, con una herida limpia en el tobillo, se hab\u00eda desangrado pero la lluvia de esos d\u00edas hab\u00eda lavado la sangre. La viuda no permiti\u00f3 que se realizara autopsia. S\u00ed acept\u00f3, pero tres a\u00f1os m\u00e1s tarde y luego de mucha insistencia de los amigos de su marido, que se publicara Ren\u00e9 Leys.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">A un par de ellos Segalen les hab\u00eda confesado que todo lo que contaba su libro era cierto y que el protagonista se llamaba en la realidad Maurice Roy y era un belga criado en Pek\u00edn por un padre viudo a quien s\u00f3lo le importaba hacerse rico y huir de la China. Pero cualquiera que hubiera frecuentado los salones de la Legaci\u00f3n Extranjera de Pek\u00edn en esos tiempos reconocer\u00eda al instante a Edmund Backhouse, un jovencito ingl\u00e9s que ten\u00eda un asombroso don de lenguas y conexiones sin igual en la corte imperial, que se vest\u00eda como chino, com\u00eda como chino y se comportaba como chino, que hablaba y escrib\u00eda en mandar\u00edn y manch\u00fa (adem\u00e1s de ruso, japon\u00e9s, alem\u00e1n y franc\u00e9s) y que era el hombre de confianza del corresponsal del Times ingl\u00e9s en Pek\u00edn, quien no hablaba una palabra de chino, de manera que todo lo que se le\u00eda en Occidente sobre China, todo lo que el Times transmit\u00eda al mundo sobre China, era informaci\u00f3n provista por el joven Backhouse.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Como el Ren\u00e9 Leys de Segalen, el joven Backhouse hab\u00eda llegado a las entra\u00f1as mismas de la corte imperial china. Se dec\u00eda que hasta hab\u00eda intimado con la temible Regente Ci Xi, quien gobern\u00f3 China con mano de hierro durante cuarenta a\u00f1os, luego de deponer al joven emperador reformista que ella misma hab\u00eda hecho coronar (durante esos cuarenta a\u00f1os, el monarca depuesto se dedic\u00f3 a pintar acuarelas y componer poemas en el pabell\u00f3n rodeado de agua y sin puentes en el centro de Ciudad Prohibida adonde lo hab\u00eda confinado la regente). El mismo a\u00f1o en que Segalen termin\u00f3 su libro y abandon\u00f3 Pek\u00edn, el joven Backhouse comenz\u00f3 a donar a la Biblioteca Bodleiana de Oxford una remesa de documentos chinos antiguos que tuvo ocupados durante d\u00e9cadas a los mejores sin\u00f3logos de Europa. Resultaron falsos. Los hab\u00eda inventado, y en algunos casos plagiado, el mismo Backhouse, con ayuda de algunos cal\u00edgrafos de la corte, que hab\u00edan quedado sin trabajo luego del triunfo de Sun Yatsen. El joven Backhouse dej\u00f3 de ser joven, pero nunca se fue de Pek\u00edn: vivi\u00f3 hasta 1944 en su micromundo de opio y j\u00f3venes efebos, como uno de esos opulentos eunucos enriquecidos de otrora. Reci\u00e9n en 1991 terminaron de comprobar dos sin\u00f3logos chinos todas las fuentes ap\u00f3crifas del \u201ctesoro de documentaci\u00f3n antigua\u201d que Backhouse hab\u00eda donado a la Bodleiana de Oxford.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">En Ren\u00e9 Leys, Segalen escribe: \u201cMe gustar\u00eda haber escrito todo esto con un solo trazo del pincel, a la manera de los antiguos bronces Chu, pero tuve que conformarme con traducirlo al franc\u00e9s, de un original chino inexistente\u201d. El original chino no era inexistente, pero no era chino: se llamaba Backhouse y yo creo que habr\u00eda sabido apreciar otros tres libros que Segalen dej\u00f3 sin publicar y que la asociaci\u00f3n creada por sus amigos logr\u00f3 arrancarle a la viuda. Uno se llama Pinturas y describe viejos cuadros chinos que no existen. Otro se llama Estelas y son transcripciones inventadas por \u00e9l de los caligramas que se tallaban en las viejas tumbas chinas. El tercero se llama Escapada y narra una expedici\u00f3n arqueol\u00f3gica al interior de China que nunca realiz\u00f3. All\u00ed dice: \u201cEste continente pulveriz\u00f3 mi percepci\u00f3n del exotismo. China no es simplemente una ant\u00edpoda: es el otro esencial sin cuya sabidur\u00eda Occidente no ser\u00e1 capaz de entenderse nunca\u201d. Que viene a significar: sin cuentos chinos, la realidad nos resultar\u00e1 siempre incompleta.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">PAGINA 12<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Juan Forn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Hay una maldici\u00f3n china que dice \u201cOjal\u00e1 te toquen vivir tiempos interesantes\u201d, y as\u00ed fueron los tiempos que le tocaron vivir al franc\u00e9s Victor Segalen cuando lleg\u00f3 a Pek\u00edn en 1908. 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Volvi\u00f3 a Par\u00eds a estudiar chino y logr\u00f3 un a\u00f1o despu\u00e9s que la Marina francesa lo enviara a Pek\u00edn a continuar sus estudios.","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/no-me-decepciones\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/nabarralde.eus\/no-me-decepciones\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/no-me-decepciones\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"No me decepciones"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#website","url":"https:\/\/nabarralde.eus\/","name":"Nabarralde","description":"Kultur Ekimenak eta Sustapenak","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/nabarralde.eus\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/nabarralde.eus\/#\/schema\/person\/597064be2999f8f5251a2dd9bd90ac56","name":"Nabarralde","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/eb923fe5afac9095da877b906a6d3b9e9a55a2361912ca85b1232801e983cef8?s=96&d=mm&r=g","caption":"Nabarralde"},"url":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/author\/nagusia\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30826","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30826"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30826\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30826"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30826"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30826"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}