{"id":30195,"date":"2014-03-31T07:45:19","date_gmt":"2014-03-31T05:45:19","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-era-de-funes\/"},"modified":"2014-03-31T07:45:19","modified_gmt":"2014-03-31T05:45:19","slug":"la-era-de-funes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-era-de-funes\/","title":{"rendered":"La era de Funes"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Funes el memorioso es un personaje de Borges que lo memorizaba absolutamente todo. Su memoria ten\u00eda tal profundidad, y tal nivel de detalle, que le permit\u00eda recordar, por ejemplo, \u201clas nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos\u201d y compararlas, sin margen de error, con las que hab\u00eda visto en otros miles de amaneceres. Este don inventado, o qui\u00e9n sabe si atestiguado, por Borges, le lleg\u00f3 a Ireneo Funes a ra\u00edz de que se cay\u00f3 de un caballo y se qued\u00f3 tullido, pero a cambio le brot\u00f3 una memoria prodigiosa. \u201cLa inmovilidad era un precio m\u00ednimo. Ahora su percepci\u00f3n y su memoria eran infalibles\u201d, nos cuenta el narrador y la imagen nos remite a esos hombres del siglo XXI, sentados, e inm\u00f3viles, frente a una pantalla de ordenador, con una memoria infalible de gigabytes, que disfrutan, como Funes, de una realidad mejorada, m\u00e1s precisa y brillante; esa realidad que los que seguimos con un pie en el siglo XX nos empe\u00f1amos en llamar \u201cvirtual\u201d, sin darnos cuenta de que ya empieza a ser m\u00e1s real que la realidad, digamos, cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>En Jap\u00f3n, un pa\u00eds que por estar m\u00e1s hacia el futuro que nosotros deber\u00edamos mirar con mucha atenci\u00f3n, el sexo va cayendo en desuso. Las estad\u00edsticas indican que el 61% de los hombres no casados, y el 49% de mujeres, entre los 18 y los 34 a\u00f1os, no tienen ning\u00fan tipo de relaci\u00f3n sentimental y, adem\u00e1s, un tercio de las personas que tienen por debajo de 30 a\u00f1os nunca han salido con nadie del sexo opuesto. Seg\u00fan el mismo estudio, que public\u00f3 el diario ingl\u00e9s The Guardian, el 45% de las mujeres que tienen entre 16 y 24 a\u00f1os no est\u00e1n interesadas en el sexo o directamente lo desprecian. En general, de acuerdo con lo que apuntan estos n\u00fameros, el sexo f\u00edsico interesa cada vez menos a la poblaci\u00f3n japonesa menor de cuarenta a\u00f1os. Se ha especulado mucho sobre las causas de esta inapetencia colectiva, que ya ha sido sintetizada en el vocablo sekkusu shinai shokogun (s\u00edndrome del celibato), pero ninguna la explica del todo; se apunta a la carest\u00eda de la vida en Jap\u00f3n, que impide vivir en pareja y, por supuesto, tener hijos, pero tambi\u00e9n se dice que el tsunami hizo ver de golpe a la juventud japonesa que las relaciones personales son ef\u00edmeras, porque est\u00e1 visto que pueden acabarse en la siguiente ola. La carest\u00eda y el tsunami explican la aprensi\u00f3n ante el futuro, pero no la inapetencia sexual porque el sexo, precisamente, suele ser un acto urgente que no admite consideraciones que vayan m\u00e1s all\u00e1 del tiempo presente.<\/p>\n<p>Otra de las causas que se apuntan es que los suced\u00e1neos del sexo, todas las variantes del sexo virtual, comienzan a ser m\u00e1s apetecibles que el sexo real. Esto, visto desde nuestro lejano siglo XX, puede parecer una barbaridad pero, a la luz del abrumador \u00e9xito que tiene el sexo on line, tendremos que admitir la posibilidad de que hay qui\u00e9n encuentre farragoso el sexo f\u00edsico, porque est\u00e1 siempre trufado de compromisos y malentendidos, y adem\u00e1s hay que invertir en \u00e9l mucho tiempo y con frecuencia dinero, a diferencia del sexo virtual, o metaf\u00edsico, que produce satisfacci\u00f3n sin compromisos y, sobre todo, que puede controlarse completamente, cosa que no sucede con el sexo cl\u00e1sico, que es normalmente incontrolable.<\/p>\n<p>Al ciudadano del siglo XXI le gusta tener el control absoluto, en la era de la seguridad y la salud, donde el m\u00e1ximo valor es estar a salvo de las enfermedades y los accidentes, el sexo virtual es un territorio seguro, como lo es beber cerveza sin alcohol, caf\u00e9 sin cafe\u00edna y leche deslactosada, o fumar cigarrillos sin tabaco ni nicotina. La cosa real est\u00e1 siempre fuera de control y lo que puede controlarse es el suced\u00e1neo.<\/p>\n<p>Lo del sekkusu shinai shokogun japon\u00e9s puede parecer monstruoso, pero no lo es menos esa nueva tendencia occidental a preferir la imitaci\u00f3n que, desde cierto \u00e1ngulo, es tambi\u00e9n un s\u00edndrome del celibato; la tendencia del hombre contempor\u00e1neo a vivir sin m\u00e1cula, en un ambiente de pureza en el que los venenos del milenio anterior han sido sustituidos por sustancias inocuas, por vicios virtuales. Existe una sinton\u00eda entre la compulsi\u00f3n por la salud y la seguridad, y la posibilidad de control total que nos ofrece el universo, brillante y perfecto, que desfila por las pantallas.<\/p>\n<p>El ciudadano del siglo XXI ya no tiene \u00e1lbum de fotos, sino miles de fotograf\u00edas en la memoria de su ordenador. Tampoco se expone a los caprichos de los programadores de la televisi\u00f3n porque mira lo que quiere, cuando quiere, en su tableta, ni tiene que soportar las excentricidades de los m\u00fasicos porque no compra discos completos, solo los pedazos que le gustan y que se avienen con la edici\u00f3n personal de obras electr\u00f3nicas que colecciona en su iPad: una edici\u00f3n de la cosa original que \u00e9l pueda controlar con mucha m\u00e1s facilidad.<\/p>\n<p>La cosa real est\u00e1 fuera de control y estar expuestos a la realidad sin filtros es un asunto de los promiscuos del siglo pasado.<\/p>\n<p>Mirar el mundo y registrarlo a trav\u00e9s del ojo electr\u00f3nico de la c\u00e1mara o del tel\u00e9fono, para despu\u00e9s publicarlo en una red social, o mirarlo en la intimidad, o simplemente para tener las im\u00e1genes almacenadas, es una costumbre que empieza a convertirse, a una velocidad vertiginosa, en una forma de vida. En el espect\u00e1culo infantil de fin de a\u00f1o de cualquier colegio, todos los padres, casi sin excepci\u00f3n, miran a trav\u00e9s del ojo electr\u00f3nico del tel\u00e9fono y registran cada movimiento de su hijo en una serie de decenas de fotograf\u00edas: en lugar de mirar y recordar, fotograf\u00edan cada instante y as\u00ed controlan el recuerdo; en vez de la memoria de toda la vida echan mano de los gigabytes de su tarjeta de memoria, y lo mismo pasa, con distintas intensidades, en un estadio de futbol, en el discurso de una figura p\u00fablica o durante un vistoso atardecer, no memorable sino fotografiable.<\/p>\n<p>Esta man\u00eda de fotografiarlo todo ha dado origen a los lifeloggers, esas personas que van haciendo un diario fotogr\u00e1fico de todos los instantes de su vida, con una c\u00e1mara que se cuelgan al cuello, o enganchan al bolsillo de la camisa. La c\u00e1mara va haciendo autom\u00e1ticamente varias fotograf\u00edas por minuto y al final del d\u00eda, antes de echarse a dormir, el autor de este minucioso diario visual puede revisar para ver la cara de alguien con qui\u00e9n habl\u00f3, la matr\u00edcula de un autom\u00f3vil que estaba en tal esquina, o las nubes del atardecer que el Funes de Borges memorizaba sin ayuda de la tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p>Los lifeloggers tienen una vida paralela, una vida c\u00e9libe y totalmente controlada, archivada en esos millones de fotograf\u00edas que son el registro minucioso de cada uno de sus d\u00edas, en tiempo pr\u00e1cticamente real. Pero hay otros que llevan la c\u00e1mara en las gafas, y que adem\u00e1s de fotografiar, o hacer un v\u00eddeo, de cada instante del d\u00eda, podr\u00e1n, muy pronto, invertir el proceso: proyectar, en vez de fotografiar, para cambiar el aspecto de las cosas, el color de una pared, la textura del suelo y, con el tiempo, los rasgos de la mujer amada o los miembros del propio cuerpo. Todo suceder\u00e1 exclusivamente en las gafas y sin embargo, a pesar de su virtualidad, suceder\u00e1. La m\u00e1xima \u201cver para creer\u201d est\u00e1 a punto de llegar a su l\u00edmite: si lo veo \u00bfexiste?<\/p>\n<p>El narrador del cuento de Borges nos da una pista cuando dice: \u201csospecho, sin embargo, que (Funes) no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer\u201d. Vamos entrando pues a la era de Funes, en la que el almacenamiento de im\u00e1genes y datos en la memoria es m\u00e1s importante que el pensamiento. El pensamiento es sucio, ca\u00f3tico y desordenado, y encima echa mano de la memoria, que es caprichosa y tornadiza, y tiende a magnificar o a minimizar los recuerdos. Tenemos ya un pie en la nueva era, nos acercamos a gran velocidad a ese mundo de pureza, de vicios inocuos, de sexo sin contacto, de memoria electr\u00f3nica al detalle, un mundo en el que los gigabytes ir\u00e1n quitando espacio al pensamiento.<\/p>\n<p>EL PAIS<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Funes el memorioso es un personaje de Borges que lo memorizaba absolutamente todo. 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