{"id":30173,"date":"2014-03-25T09:28:16","date_gmt":"2014-03-25T07:28:16","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/38-anos\/"},"modified":"2014-03-25T09:28:16","modified_gmt":"2014-03-25T07:28:16","slug":"38-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/38-anos\/","title":{"rendered":"38 a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Lata<\/p>\n<p>Las celdas de la prisi\u00f3n militar de Magdalena no tienen inodoro, ni lavabo, ni nada. S\u00f3lo una cama de hierro contra la pared del fondo.<\/p>\n<p>Tampoco hay mesa ni silla. Apenas una cama sin colch\u00f3n, porque los guardias los entregan a las nueve de la noche y los retiran a las seis de la ma\u00f1ana, cuando comienza el d\u00eda. Hay que sentarse en el suelo que, adem\u00e1s, varios meses al a\u00f1o est\u00e1 mojado, porque la humedad inunda esa zona baja, donde la prisi\u00f3n militar fue construida.<\/p>\n<p>Los presos pol\u00edticos est\u00e1n encerrados en esas celdas las veinticuatro horas del d\u00eda y, aunque se les niegue su condici\u00f3n, son seres humanos que entre otras cosas necesitan hacer pis y caca. Cuando les vienen ganas, tienen que gritar desde la celda para que el guardia venga, les abra la puerta y los lleve al ba\u00f1o, que est\u00e1 en un extremo del pabell\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero por m\u00e1s que los gritos perforen las paredes, los guardias no vienen. Nunca vienen. Abren la celda solamente cuando ellos lo deciden, dos veces por d\u00eda, para pasar un plato de comida, o cuando alg\u00fan oficial del Ej\u00e9rcito viene a interrogar y amenazar a los presos. Ir al ba\u00f1o es un derecho que no est\u00e1 contemplado en el reglamento. Luego de muchos reclamos, peleas y gestiones de sus familiares, las autoridades del penal deciden darles a los presos el derecho a tener en la celda una lata de leche Nido vac\u00eda para hacer sus necesidades.<\/p>\n<p>Los presos pol\u00edticos ya no tendr\u00e1n que gritar para ir al ba\u00f1o, ni sufrir\u00e1n m\u00e1s retorcijones, ni constipaciones. Cuando tengan ganas, s\u00f3lo deber\u00e1n tomar la lata y sentarse en cuclillas apuntando a su interior, al terminar la cierran y listo. Luego esperar\u00e1n a vaciarla en el ba\u00f1o, cuando les abran la celda para darles la comida, si es que el guardi\u00e1n los autoriza, claro.<\/p>\n<p>Es la felicidad completa, pueden cagar cuando quieran. Ahora hay que conseguir un frasco o lo que sea porque, como cualquiera sabe, es imposible hacer caca sin hacer pis al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Pero \u00e9sas son demasiadas demandas y deber\u00e1n arreglarse s\u00f3lo con la lata. \u201cLos subversivos son enemigos con mucha imaginaci\u00f3n, que inventen la manera\u201d, dictamina el teniente coronel Romero, director de la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p>Juanito<\/p>\n<p>Patricia se trepa a la cama cucheta de su celda para mirar por la peque\u00f1a ventana que da a la calle Berm\u00fadez. Sus ojos apuntan a la cuadra de enfrente y a los patios de esas casas bajas, en el tranquilo barrio que rodea el penal de Villa Devoto, pero sus o\u00eddos est\u00e1n atentos a los ruidos del pabell\u00f3n. Sabe que si un guardia la descubre mirando por la ventana ser\u00e1 sancionada con semanas de calabozo, y ella no se quiere perder detalle de la vida de Juanito.<\/p>\n<p>Juanito, as\u00ed lo bautiz\u00f3, es un beb\u00e9 que juega con su mam\u00e1 en uno de esos patios de la casa de enfrente. Juanito toma la teta y desde su celda Patricia puede ver su sonrisa, o escuchar sus berreos cuando est\u00e1 enojado o tiene hambre.<\/p>\n<p>As\u00ed pasa algunas ma\u00f1anas y muchas tardes, trepada a su cama cucheta, mientras Juanito crece y con los a\u00f1os cambia sus h\u00e1bitos y sus juegos.<\/p>\n<p>Patricia sufre durante esos a\u00f1os varios cambios de celda, y un par de veces pierde de vista a Juanito.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de extra\u00f1ar el olor a lluvia, a caf\u00e9, el cielo, el sol y la luz del d\u00eda. Adem\u00e1s de extra\u00f1ar la m\u00fasica, los besos de su compa\u00f1ero, los libros, los diarios y el dulce de leche, Patricia extra\u00f1a a Juanito.<\/p>\n<p>Cuando no puede ver ese patio, espera ansiosa la mudanza que la devuelva a su lugar de t\u00eda imaginaria. Y un d\u00eda Juanito va al colegio, y otro ya lleva el guardapolvo blanco y la mochila, y otro toma la primera comuni\u00f3n, y otras tardes de otros a\u00f1os Juanito festeja su cumplea\u00f1os con amigos del barrio y la escuela.<\/p>\n<p>Todo eso mira Patricia, que de verdad se siente t\u00eda, desde la ventana de su celda.<\/p>\n<p>Hasta que en noviembre del \u201983 un guardia grita su nombre y sale en libertad, diez a\u00f1os despu\u00e9s de que la detuvieran y nueve a\u00f1os despu\u00e9s del d\u00eda en que naci\u00f3 Juanito.<\/p>\n<p>Sus familiares la esperan en la calle y hay muchos abrazos que la asfixian. Cuando se desprende de ellos, y sin decirle nada a nadie, cruza la calle y toca el timbre de la casa de Juanito para contarle todo a su mam\u00e1. La se\u00f1ora tiene casi la misma edad que ella y tambi\u00e9n la abraza fuerte cuando termina el relato.<\/p>\n<p>Hoy, casi treinta a\u00f1os despu\u00e9s, Juanito, que en realidad se llama Nicol\u00e1s, sigue festejando su cumplea\u00f1os en la misma casa de la calle Berm\u00fadez. La t\u00eda Patricia es la que siempre se encarga de hacerle la torta y ayudarlo a apagar las velitas.<\/p>\n<p>La Negra<\/p>\n<p>Hace cuatro a\u00f1os que Viviana Begu\u00e1n, La Negra, vive en la celda 90 del tercer piso de la planta 5, en el penal de Villa Devoto. Pero en septiembre de 1977 esos a\u00f1os, de pronto, se multiplican.<\/p>\n<p>Stella, una compa\u00f1era, recibe la visita de sus tres hijas. A trav\u00e9s del vidrio del locutorio, las ni\u00f1as le cuentan que luego del asesinato de su padre, el Piky Pujol, ellas se hab\u00edan quedado viviendo con otra compa\u00f1era, Alejandra Renou, y un matrimonio mayor que ten\u00eda una hija presa. Alejandra fue secuestrada junto al matrimonio, y ellas tres abandonadas en la casa por los militares luego del allanamiento. Las ni\u00f1as tienen cuatro, diez y doce a\u00f1os.<\/p>\n<p>Viviana Begu\u00e1n presiente lo peor y pide algunos detalles que llegan en la pr\u00f3xima visita. Los ojos azules de su pap\u00e1, las pecas de su mam\u00e1 y el inconfundible tono cordob\u00e9s de ambos no dejan lugar a dudas. Viviana llora el secuestro de sus padres en el hombro de Nora Savoy, su compa\u00f1era de celda.<\/p>\n<p>Pasan seis a\u00f1os hasta que la Negra Begu\u00e1n sale en libertad condicional. La Negra sale a buscar los rastros de sus padres desaparecidos y viaja a Santa Fe para hablar con las ni\u00f1as, que ya son adolescentes.<\/p>\n<p>Viviana les hace mil preguntas y arma el rompecabezas. Por los datos conseguidos, la casa estaba pasando el Riachuelo, cerca de una plaza, a dos cuadras de una avenida. El n\u00famero de la direcci\u00f3n empezaba con uno, dice la m\u00e1s grande, y la casa era baja y no ten\u00eda rejas porque se escapaban por ella para jugar en la calle, completa la menor. Con un mapa desplegado frente a ellas, sus tres gu\u00edas se esfuerzan y la orientan. Marcan una, dos, tres calles posibles y la Negra empieza a recorrerlas todos los fines de semana, junto a su pareja de entonces, Juan Mart\u00edn Guevara, el hermano del Che. Camina la calle al cien, pero m\u00e1s camina las cuadras al mil o al mil quinientos, porque all\u00ed llegaba la v\u00eda.<\/p>\n<p>Hasta que una ma\u00f1ana Viviana se para frente a una puerta y le dice a Juan Mart\u00edn, \u201ces \u00e9sta\u201d. Viviana mira hacia arriba y dice de nuevo: \u201cNo hay dudas, es \u00e9sta\u201d. All\u00e1 arriba, en la terraza, asoman los geranios que amaba su mam\u00e1. Viviana tiembla, pero consigue apuntar y sacar una foto. Cuando la ven, las ni\u00f1as confirman: es \u00e9sa la casa, es \u00e9sa.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente la Negra y Juan Martin vuelven. La casa est\u00e1 desocupada desde hace a\u00f1os, \u201cdesde que hicieron un operativo y se llevaron a la gente que viv\u00eda ac\u00e1\u201d, dice un vecino. Otro les abre la puerta de la casa de al lado y los dos saltan el muro que las separa. Entran.<\/p>\n<p>Ah\u00ed, en el piso, a\u00fan hay algunos diarios del 77 bajo la puerta, boletas de impuestos, una camisa de su pap\u00e1 y el documento de su mam\u00e1 tirado en el medio del parquet, levantado por el agua de una vieja filtraci\u00f3n.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, la Negra supo que sus padres fueron fusilados en Campo de Mayo, luego de ser ferozmente torturados.<\/p>\n<p>Viviana nunca pudo vivir en esa casa de Avellaneda, sac\u00f3 de all\u00ed algunas pocas pertenencias y la planta de geranios que amaba su madre ahora ilumina el patio de su casa. \u201cLa voy cuidando todos los a\u00f1os \u2013cuenta Viviana\u2013, y siempre florece en primavera.\u201d<\/p>\n<p>Los chicos<\/p>\n<p>Lo cuenta Angela Urondo Raboy, en la p\u00e1gina noventa y uno de su imprescindible libro \u00bfQui\u00e9n te cre\u00e9s que sos?.<\/p>\n<p>\u201cEl 12 de junio de 1976, Josefina, que ten\u00eda cinco a\u00f1os, fue secuestrada con su mam\u00e1, su hermanita y una compa\u00f1era de militancia de la mam\u00e1, que se encontraba con sus dos hijitos beb\u00e9s. Un episodio muy violento, con tantos chicos. En el D2 (de Mendoza) fue privada, como todos los dem\u00e1s, de comida, agua, dignidad. La llevaron a la sala de torturas, donde fue desvestida y manoseada sexualmente bajo una luz intensa, para que su padre (Jorge Vargas, que estaba secuestrado y todav\u00eda contin\u00faa desaparecido) la viera sometida, desde la oscuridad. En otra oportunidad la condujeron a la terminal de \u00f3mnibus, donde los polic\u00edas le pidieron que se\u00f1alara si conoc\u00eda alg\u00fan \u2018t\u00edo\u2019. Ella debe haber sido consciente de la gravedad de la situaci\u00f3n, porque al volver a la celda con su madre solamente ped\u00eda perd\u00f3n, como si se sintiese responsable de lo ocurrido. Luego de unos d\u00edas fue liberada y devuelta a sus abuelos. Dos meses despu\u00e9s, Josefina muri\u00f3 de un disparo que se dio ella misma con un rev\u00f3lver que encontr\u00f3 en una mesa de luz.\u201d<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lata Las celdas de la prisi\u00f3n militar de Magdalena no tienen inodoro, ni lavabo, ni nada. S\u00f3lo una cama de hierro contra la pared del fondo. Tampoco hay mesa ni silla. 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