{"id":30083,"date":"2014-03-07T08:50:26","date_gmt":"2014-03-07T06:50:26","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-sentimiento-de-culpa\/"},"modified":"2014-03-07T08:50:26","modified_gmt":"2014-03-07T06:50:26","slug":"el-sentimiento-de-culpa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-sentimiento-de-culpa\/","title":{"rendered":"El sentimiento de culpa"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Miquel Bassols es psicoanalista, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoan\u00e1lisis, vicepresidente de la Asociaci\u00f3n Mundial de Psicoan\u00e1lisis<\/p>\n<p>Jos\u00e9 R. Ubieto es psicoanalista miembro de la Asociaci\u00f3n Mundial de Psicoan\u00e1lisis y de la Escuela Lacaniana de Psicoan\u00e1lisis. Profesor de la Universitat Oberta de Catalunya<\/p>\n<p>Enric Berenguer es psicoanalista miembro de la Asociaci\u00f3n Mundial de Psicoan\u00e1lisis, de Escuela Lacaniana de Psicoan\u00e1lisis y la Nueva Escuela Lacaniana. Ha traducido los libros IV, V, VIII y X de El seminario de Jacques Lacan (Paid\u00f3s)<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se vive hoy el sentimiento de culpa, en esta \u00e9poca de esc\u00e1ndalos p\u00fablicos? \u00bfY el perd\u00f3n? \u00bfHasta qu\u00e9 punto ha cambiado nuestra noci\u00f3n de la responsabilidad, en una \u00e9poca que prima el goce y la satisfacci\u00f3n inmediata?<\/p>\n<p>El sentimiento de culpa est\u00e1 ligado, en nuestra tradici\u00f3n judeocristiana, a un obrar en oposici\u00f3n a la moral convenida que conlleva el castigo. En cuanto a la impunidad, en esta perspectiva quedaba vinculada a una vivencia clandestina y mal vista. Pero hoy el goce, satisfacci\u00f3n que empuja a su m\u00e1ximo logro, otorga otro estatuto a la impunidad. Ya no se trata de los viejos vicios privados, y discretamente practicados, que quedaban sin reprimenda. Ahora, el no ser castigado se presenta a menudo precedido de un investimento social positivo: la idolatr\u00eda de ciertos personajes \u2013algunos enjuiciados\u2013 como ejemplos p\u00fablicos resulta muy significativo al respecto.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde queda pues la culpa y que tratamientos observamos para aliviarla? Por un lado la ciencia ofrece argumentos de disculpa ligados a las explicaciones causales de muchos actos vitales (infidelidad, fracaso escolar, trastornos mentales, inversiones especulativas) que dejar\u00edan de implicar la responsabilidad del sujeto para reducirse a aspectos \u2018moleculares\u2019 (gen\u00e9tica, neurotransmisores) sobre los cuales el sujeto nada tendr\u00eda que decir. La paradoja es que ese sentimiento de culpa arrojado por la puerta, retorna por la ventana de las imputaciones hereditarias (padres con antecedentes gen\u00e9ticos).<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 la angustia la que toma el relevo de ese sentimiento de culpa y de la verg\u00fcenza que, en ocasiones, la acompa\u00f1aba? La prevalencia actual de los cuadros de angustia (desde el estr\u00e9s postraum\u00e1tico hasta el \u2018panic attack\u2019) as\u00ed parece atestiguarlo. En este dossier, tres psicoanalistas discuten estas cuestiones.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Culpa y corrupci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p> <strong> <\/strong> <\/p>\n<p><strong>Por Miquel Bassols<\/strong><\/p>\n<p>Los v\u00ednculos inconscientes que existen entre la corrupci\u00f3n y los sentimientos de culpa son m\u00e1s bien parad\u00f3jicos y fuente de toda suerte de hipocres\u00edas. Son tan secretos que terminan por ser secretos para cada uno. La historieta contada per el c\u00f3mico americano Emo Philips lo resume muy bien: \u00abCuando era peque\u00f1o sol\u00eda rezar cada noche para tener una bicicleta. Un d\u00eda me di cuenta de que Dios no funciona as\u00ed, de modo que rob\u00e9 una y rec\u00e9 para que me perdonara.\u00bb As\u00ed de parad\u00f3jica es la relaci\u00f3n del sujeto de nuestro tiempo con el goce y con la culpa. El cinismo del argumento no excluye la m\u00edsera verdad escondida en la operaci\u00f3n: mejor creer en la absoluci\u00f3n de la culpa, en la impunidad del goce inmediato, que en el deseo que me har\u00eda merecer por m\u00ed mismo este objeto de goce. Es una ecuaci\u00f3n que el psicoan\u00e1lisis descubre en los entresijos del sentimiento de culpa: s\u00f3lo la certeza y la constancia de un deseo me hacen responsable de un goce que nunca obtendr\u00e9 de manera impune.<\/p>\n<p>Es sin duda una de las razones por las que, seg\u00fan los rankings internacionales, los pa\u00edses con menos corrupci\u00f3n son los m\u00e1s influidos por la tradici\u00f3n luterana, una tradici\u00f3n que no conf\u00eda en modo alguno en la simple confesi\u00f3n de los pecados para lograr la absoluci\u00f3n y la impunidad del goce. Es una tradici\u00f3n que ha criticado duramente la costumbre del tr\u00e1fico de indulgencias -la compra del perd\u00f3n-, principio de toda corrupci\u00f3n. No hay goce impune, responde el sentimiento de culpa al argumento utilitarista del c\u00f3mico americano, tu deseo de bicicleta tiene un precio que no puedes negociar. Si a este argumento a\u00f1adimos la creencia en la reciprocidad del goce -si el otro lo hace, tambi\u00e9n puedo hacerlo yo- la l\u00f3gica del virus de la corrupci\u00f3n est\u00e1 asegurada hasta en el mejor de los mundos posibles.<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar entonces que todos los historiadores del fen\u00f3meno de la corrupci\u00f3n lo conciban como un hecho irreductible e inherente al ser humano, en todas las sociedades y culturas, a veces como un mal menor, a veces como el principio mismo de su funcionamiento. La corrupci\u00f3n ser\u00eda as\u00ed \u00abun fen\u00f3meno inextirpable porque respeta de forma rigurosa la ley de reciprocidad\u00bb, tal como indica Carlo Brioschi en su Breve historia de la corrupci\u00f3n. Siguiendo esta ley, no hay ning\u00fan favor desinteresado y gozar de una prebenda quedar\u00e1 siempre justificado. A la vez, esta ley de reciprocidad autoriza a cada uno a gozar de lo que otro goza sin sentirse culpable por ello.<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed, todo parece una cuesti\u00f3n de grado, de la mayor o menor suposici\u00f3n del goce del otro, del mayor o menor intercambio rec\u00edproco de prebendas, de m\u00e1s o menos concesiones para obtener el objeto de goce, esa bicicleta que cada uno exige como derecho propio. La creencia en el Otro que perdona y en el Otro que contabiliza el goce est\u00e1 en el principio del mercantilismo y de una parte de los v\u00ednculos sociales. En realidad, es una creencia tan religiosa como cualquier otra.<\/p>\n<p>En nombre de esta creencia puede admitirse toda corrupci\u00f3n como algo relativo al tiempo y a la realidad en la que vivimos. \u00bfQui\u00e9n se atrever\u00eda a sostener hoy, por ejemplo, como pol\u00edticamente correcta la frase del gran Winston Churchill: \u00abUn m\u00ednimo de corrupci\u00f3n sirve como un lubricante ben\u00e9fico para el funcionamiento de la m\u00e1quina de la democracia\u00bb? S\u00f3lo una cuesti\u00f3n de grado la distingue de las afirmaciones que sosten\u00eda hace poco Luis Rold\u00e1n, ejemplo de corrupci\u00f3n de la sociedad espa\u00f1ola de nuestro tiempo, en una contundente entrevista: \u00abLa corrupci\u00f3n era y es estructural\u00bb.<\/p>\n<p>Es, me dir\u00e1n, s\u00f3lo un problema de lenguaje, de la significaci\u00f3n que demos a las palabras para sentirnos m\u00e1s confortables en la justificaci\u00f3n intelectual del fen\u00f3meno de la corrupci\u00f3n. Pero entonces, ser\u00e1 m\u00e1s cierta todav\u00eda aquella afirmaci\u00f3n de Jacques Lacan: \u00abEl m\u00e1s corruptor de los conforts es el confort intelectual, del mismo modo que la peor corrupci\u00f3n es la del mejor\u00bb. Lo que quiere decir tambi\u00e9n que la primera corrupci\u00f3n a la que cedemos es la corrupci\u00f3n del lenguaje que modula y determina nuestros deseos. Porque a todo esto \u00bfpor qu\u00e9 y para qu\u00e9 quer\u00eda usted una bicicleta?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Culpa, verg\u00fcenza y perd\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p> <strong> <\/strong> <\/p>\n<p><strong>Por Jos\u00e9 R. Ubieto<\/strong><\/p>\n<p>La culpa tiene diversas causas, la primera es la que los cl\u00e1sicos resaltaron: el dolor de existir. A\u00fan sin haber pedido venir al mundo, parad\u00f3jicamente, nos sentimos culpables de habitarlo. Freud habl\u00f3 luego del sentimiento de culpa por gozar y transgredir los l\u00edmites, sea bajo la forma de una compulsi\u00f3n, una infidelidad o un desaf\u00edo.<\/p>\n<p>Lacan a\u00f1adi\u00f3 otra vertiente de la culpa, m\u00e1s compleja pero m\u00e1s actual, ahora que los l\u00edmites se difuminan: la culpa por no gozar lo suficiente, por no ser felices con todos los objetos que pueblan nuestra existencia.<\/p>\n<p>El mito del padre ed\u00edpico, agente de la prohibici\u00f3n, ya no sirve para explicar el hecho de que uno se siente culpable de gozar poco, lo que obliga al sujeto a hacerse cargo de esa falta sin poder culpar al otro castrador de esa insuficiencia. El goce est\u00e1 limitado al hombre por su condici\u00f3n de ser hablante -ya Hegel se refiri\u00f3 al lenguaje como asesinato de la cosa- y la respuesta a esta falta de gozar es la culpa que deviene as\u00ed estructural. El nothing is impossible, lema global, vela esa imposibilidad con su ilusoria promesa.<\/p>\n<p>Culpa secreta y causa del imperativo superyoico que exige de nosotros un esfuerzo m\u00e1s y un sacrificio que hoy toma formas diversas, muchas de ellas ligadas a la gesti\u00f3n xtreme de los cuerpos. Informaciones recientes de The New York Times nos hablan de que el 35 por ciento de los estudiantes universitarios toman psicoestimulantes para combatir el estr\u00e9s de los periodos de ex\u00e1menes y circunstancias similares. Otros consumos compulsivos (t\u00f3xicos, cibersexo, comida) muestran como ese empuje al \u00ab\u00a1Goza!\u00bb (Enjoy!) certifica que lo que no est\u00e1 prohibido es obligatorio, en la b\u00fasqueda imposible de ese goce perdido cuya culpa (falta) no cesa de agitar al sujeto.<\/p>\n<p>El reverso de todo ello es la prevalencia actual de la angustia como pathos. Basta como muestra los 500.000 soldados americanos (de los dos millones desplazados a Iraq y Afganist\u00e1n) que padecen secuelas graves postraum\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Diversidad de la culpa a la que corresponden tambi\u00e9n modos distintos de tratarla. Uno es el autocastigo, fijaci\u00f3n a un s\u00edntoma que nos produce malestar consciente si bien implica un alivio de esa culpa inconsciente. \u00bfCu\u00e1ntos varones infieles se hacen castigar por ello de diferentes maneras? \u00bfCu\u00e1ntos conductores demasiado veloces se hacen multar o limitar por otros motivos?<\/p>\n<p>Otro modo cl\u00e1sico, y hoy de renovada actualidad, es pedir perd\u00f3n y mostrar arrepentimiento. Lo practican pol\u00edticos, l\u00edderes religiosos, empresarios e incluso pa\u00edses enteros. Algunos -no todos- a\u00f1aden a la petici\u00f3n los signos de otro afecto: sentir verg\u00fcenza por sus actos. Otra manera de dar salida a la culpa, que implica un grado de subjetivaci\u00f3n mayor que el simple perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Que extra\u00f1as suenan hoy las palabras de Vatel, cocinero del Gran Cond\u00e9: \u00abSe\u00f1or, no sobrevivir\u00e9 a esta desgracia. Tengo honor y una reputaci\u00f3n que perder\u00bb. Pronunciadas como preludio de su posterior suicidio, al no poder cumplir con sus obligaciones en el fest\u00edn con el que el pr\u00edncipe quer\u00eda seducir al rey franc\u00e9s, evocan el afecto de la verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>Pretender hacerse perdonar por los da\u00f1os causados implica la existencia de un discurso moral, te\u00f1ido de religiosidad, que busca m\u00e1s la absoluci\u00f3n del pecador que su rectificaci\u00f3n efectiva. El problema es que esa petici\u00f3n de perd\u00f3n no es seguro que confronte al sujeto con su responsabilidad. Y si no lo hace sabemos que la \u00fanica consecuencia posible ser\u00e1 la repetici\u00f3n de ese exceso. Es lo que la cl\u00ednica nos ense\u00f1a: cuando un sujeto no elabora la culpa respondiendo de sus actos, queda entonces fijado a la b\u00fasqueda de ese perd\u00f3n sin que su posici\u00f3n se modifique lo m\u00e1s m\u00ednimo. La responsabilidad queda entonces del lado del Otro que es quien puede\/debe perdonar.<\/p>\n<p>\u00abLo que t\u00fa haces sabe lo que eres\u00bb, aseveraci\u00f3n de Lacan que indica que un sujeto \u00e9tico no es aquel que se disculpa sino el que testimonia de lo \u00edntimo de su ser que se halla comprometido en sus actos y decide qu\u00e9 hacer con ello, lo cual no va sin una p\u00e9rdida, sea en bienes, en imagen, en afectos. Cuando el sujeto no consiente a esa p\u00e9rdida, y si adem\u00e1s se trata de un personaje p\u00fablico, el mensaje que transmite es la impunidad por el goce obtenido.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p> <strong> <\/strong> <\/p>\n<p><strong>Culpa y responsabilidad en el tiempo de la ciencia<\/strong><\/p>\n<p> <strong> <\/strong> <\/p>\n<p><strong>Por Enric Berenguer<\/strong><\/p>\n<p>De leer un d\u00eda en el diario que alguien importante se mat\u00f3 tras ser acusado de corrupto, \u00bfqu\u00e9 dir\u00edamos? \u00bfQue era un enfermo, con una grave depresi\u00f3n m\u00e1s o menos latente? Quiz\u00e1s alguien precisara, alegando datos sobre tiempos mejores del finado, que era bipolar. Anta\u00f1o se hubiera hablado del honor perdido.<\/p>\n<p>Hoy los hechos predominan sobre las palabras. Y \u00bfqu\u00e9 es el honor, sino una palabra? Reducido todo a puro hecho, la transgresi\u00f3n de una ley es un tema pr\u00e1ctico: importa si hay una condena, si grande o peque\u00f1a, la fianza. El condenado, si lo es, saldr\u00e1 de prisi\u00f3n, vender\u00e1 sus memorias.<\/p>\n<p>En un mundo objetivado, cierto discurso sobre la ciencia tiene mucho peso. Claro, no se trata de la ciencia misma, a la que esto no le importa, sino de un uso que de ella se hace en la construcci\u00f3n de una racionalidad hoy imperante.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esta, la culpa y la responsabilidad no son relevantes, son sentimientos y como tales no importan tanto. Si uno est\u00e1 sano, son pasajeros. Si le duran o le pesan demasiado, deber\u00eda medicarse. Cosa de autoestima y de serotonina.<\/p>\n<p>Le\u00edmos hace poco este descubrimiento: \u00abCient\u00edficos comprueban por qu\u00e9 los hombres son infieles\u00bb. Argumentos as\u00ed, buenas coartadas, quiz\u00e1s lleguen a ser plausibles en una discusi\u00f3n de pareja. Ya se sabe&#8230; O quiz\u00e1s se olviden hasta la pr\u00f3xima gran noticia.<\/p>\n<p>Descubren la sopa de ajo cada semana, pero no es novedad: el ya se sabe existi\u00f3 siempre. Y, como m\u00ednimo desde el siglo XVIII, la divulgaci\u00f3n de la ciencia tuvo un lugar notable en la producci\u00f3n de yasesabes para todos los gustos.<\/p>\n<p>Desde entonces toda una reflexi\u00f3n, inspirada en la ciencia, sobre lo que era lo real se volvi\u00f3 un argumento autorizado para decir c\u00f3mo deben ser las cosas. As\u00ed lo \u00e9tico tiende a reducirse a un \u00abdebe ser como es realmente m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias\u00bb. Es una creencia en la naturaleza: de un modo u otro, el ser humano debe adaptar su comportamiento a sus leyes ineludibles.<\/p>\n<p>Una de las realidades que se quiso fundamentar enseguida en tal apetito cient\u00edfico generalizado fue la del mercado. Tanto es as\u00ed, que se dijo pod\u00eda ser objeto de una ciencia econ\u00f3mica. Bentham consider\u00f3 al inter\u00e9s motor de todo lo humano susceptible de c\u00e1lculo, como la gravedad, al modo de Newton. Ciencia supuesta en cuyo nombre luego se ha querido acabar con la pol\u00edtica. Que se haya diluido la responsabilidad (por ejemplo, con la responsabilidad limitada de las corporaciones y los accionistas) y que esto haya contribuido a la extensi\u00f3n de la impunidad no es un hecho casual: est\u00e1, perm\u00edtanme la met\u00e1fora cient\u00edfica, en el ADN del invento del mercado.<\/p>\n<p>Mas, curiosamente, el sentimiento de culpa no desaparece. Se transforma, se desplaza, se niega, se proyecta. Persiste en expresiones que surgen, tambi\u00e9n del inconsciente, como cuando alguien dice, o piensa: \u00absi le ocurre esto a mi hijo no es por mi culpa, son los genes de mi marido\u00bb. La negaci\u00f3n apasionada de la culpa, en cosas en las que nadie ha dicho que la haya, lleva a cosas extra\u00f1as, como la culpa gen\u00e9tica. Fantas\u00eda sin consecuencias en una pareja, si quien la tiene puede escucharse y acaba ri\u00e9ndose de lo que dice. Pero socialmente es m\u00e1s complicado y ha demostrado a qu\u00e9 conduce. La culpa vuelve tozudamente, m\u00e1s cuando nadie es responsable. Vuelve por donde menos se piensa: por ejemplo, se dice que todo es por las leyes del mercado&#8230; pero sean austeros, vivieron por encima de sus posibilidades. Y en todo caso&#8230; \u00a1la culpa es del Otro! \u00a1Que pague!<\/p>\n<p>\u00a1Arrepent\u00edos! \u00bfLes suena? Ahora parece que les toca a las mujeres, tambi\u00e9n a los m\u00e9dicos que las ayuden en un momento tan dif\u00edcil de sus vidas. Quiz\u00e1s dentro de poco haya mujeres expiando con su dolor qui\u00e9n sabe qu\u00e9 cr\u00edmenes de otros. Y m\u00e1s buenos m\u00e9dicos en la c\u00e1rcel que malos banqueros.<\/p>\n<p>El discurso de la ciencia, la ciencia hecha discurso, nos desresponsabiliza. Todo se da por leyes de las que no tenemos culpa. Pero los fundamentalismos, que siempre andan cerca, ya se encargan de poner los puntos sobre las \u00edes. Quiz\u00e1s el uno y los otros formen, sin saberlo, una extra\u00f1a pareja.<\/p>\n<p> Leer m\u00e1s: http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20140305\/54402802835\/el-sentimiento-de-culpa.html#ixzz2v5Ccikov<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miquel Bassols es psicoanalista, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoan\u00e1lisis, vicepresidente de la Asociaci\u00f3n Mundial de Psicoan\u00e1lisis Jos\u00e9 R. Ubieto es psicoanalista miembro de la Asociaci\u00f3n Mundial de Psicoan\u00e1lisis y de la Escuela Lacaniana de Psicoan\u00e1lisis. 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