{"id":30060,"date":"2014-03-03T09:37:29","date_gmt":"2014-03-03T07:37:29","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/historia-y-mito\/"},"modified":"2014-03-03T09:37:29","modified_gmt":"2014-03-03T07:37:29","slug":"historia-y-mito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/historia-y-mito\/","title":{"rendered":"Historia y mito"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Contin\u00faa la batalla por la historia. Y continuar\u00e1, porque, como ha escrito Richard Rorty, la lucha por el relato del pasado es la lucha por el liderazgo pol\u00edtico. Me atrever\u00eda a matizarlo: es la lucha por la legitimidad, tanto de l\u00edderes como de instituciones. Cuando la Biblia narra la creaci\u00f3n del hombre en primer lugar y de la mujer a partir de la extracci\u00f3n de una costilla suya \u2014porque \u201cno es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u201d\u2014, est\u00e1 legitimando la postergaci\u00f3n y sumisi\u00f3n del g\u00e9nero femenino; como cuando relata el pecado original est\u00e1 justificando la obligaci\u00f3n de trabajar.<\/p>\n<p>Me objetar\u00e1n: pero la Biblia no es un libro de historia; es una narraci\u00f3n legendaria, es puro mito; son hechos que no est\u00e1n avalados por evidencia alguna; aceptarlos o no es un acto de fe. De acuerdo. Pero es que el mito, no lo olvidemos, fue el origen de la historia y ha seguido estando \u00edntimamente unido a ella hasta hoy mismo \u2014y en dosis nada despreciables\u2014.<\/p>\n<p>Llamamos mito a un relato fundacional (M. Eliade), que describe \u201cla actuaci\u00f3n ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo memorable y lejano\u201d (Garc\u00eda Gual). El mito versa sobre las haza\u00f1as y penalidades de unos h\u00e9roes y m\u00e1rtires que son los padres de nuestro linaje. Su conducta encarna los valores que deben regir de manera imperecedera nuestra comunidad. No es historia, claro, porque no se basa en hechos documentados. Pero de ning\u00fan modo es un mero relato de ficci\u00f3n, al servicio del entretenimiento, pese a que su belleza formal tambi\u00e9n pueda hacerle cumplir esa funci\u00f3n. Responde, por el contrario, a una pregunta existencial (L\u00e9vi-Strauss): narra la creaci\u00f3n del mundo, el origen de la vida o la explicaci\u00f3n de la muerte. Est\u00e1 basado en oposiciones binarias: bien\/mal, dioses\/hombres, vida\/muerte. Expresa deseos \u2014que el h\u00e9roe intenta llevar a la pr\u00e1ctica\u2014, perversiones y temores \u2014encarnados en monstruos\u2014, e intenta reconciliar esos polos opuestos para paliar nuestra angustia. El mito es, en t\u00e9rminos del psic\u00f3logo Rollo May, un \u201casidero existencial\u201d, algo que explica el sentido de la vida y de la muerte. No es, en modo alguno, inocuo. Est\u00e1 cargado de s\u00edmbolos, de palabras y acciones llenas de significado. Y tiene gran inter\u00e9s, como cualquier antrop\u00f3logo sabe, para entender las sociedades humanas.<\/p>\n<p>La Historia \u2014con may\u00fascula, es decir, como rama del conocimiento, no como mera sucesi\u00f3n de hechos\u2014 es un g\u00e9nero radicalmente diferente. Porque es un saber sobre el pasado; quiere estar regida por la objetividad, alcanzar el status de ciencia, como otros campos del conocimiento humano. Nunca ser\u00e1 una ciencia dura, desde luego, comparable a la Biolog\u00eda o a la Qu\u00edmica, ni tendr\u00e1 el rigor l\u00f3gico de las Matem\u00e1ticas; ante todo, porque se basa en datos interpretables, de origen subjetivo normalmente; pero, adem\u00e1s, porque en su confecci\u00f3n misma tiene mucho de narrativa, de artificio literario (Hayden White). Quiere ser, sin embargo, una narrativa veraz, basada en pruebas documentales que se interpretan a la luz de un esquema racional. No es pura literatura de ficci\u00f3n (pese a los intentos de S. Schama).<\/p>\n<p>El mito, en cambio, no busca, ni aparenta buscar, un conocimiento contrastado de los hechos pret\u00e9ritos. Su objetivo es dar lecciones morales, ser veh\u00edculo portador de los valores que vertebran la comunidad. Desde el punto de vista pol\u00edtico, su importancia se deriva, por tanto, de que crea identidad, de que proporciona autoestima. Los individuos que sufren una amnesia total carecen de identidad. Y las comunidades humanas, cuando aceptan o interiorizan un relato sobre su pasado com\u00fan \u2014un relato cargado de s\u00edmbolos, como el mito\u2014, construyen a partir de \u00e9l todo un marco referencial, al que se llama cultura, en el que consiste su identidad colectiva y que proporciona estabilidad y seguridad a sus miembros.<\/p>\n<p>Historia y mito son, por tanto, dos formas radicalmente distintas de acercarse al conocimiento del pasado. Y, sin embargo, pese a ello, hay que reconocer, para empezar, que la historia tuvo su origen en el mito; y que, adem\u00e1s, tampoco puede evitar desempe\u00f1ar la funci\u00f3n de crear identidad y proporcionar autoestima. Porque, al relatar nuestro pasado, legitima ciertas propuestas pol\u00edticas, bien como retorno a situaciones pret\u00e9ritas idealizadas o como derecho a alcanzar antiguas promesas.<\/p>\n<p>En el mundo contempor\u00e1neo, el posterior a las revoluciones liberal-democr\u00e1ticas, el sujeto de la soberan\u00eda por excelencia ha sido la naci\u00f3n. Consecuentemente, los libros de Historia se han reorientado para hacerlos girar en torno al sujeto nacional. Porque los Estados hoy existentes se consideran encarnaci\u00f3n de esa naci\u00f3n o comunidad ideal y, para legitimarse, proyectan hacia atr\u00e1s la existencia de aquella mucho m\u00e1s de lo que una mente cr\u00edtica aceptar\u00eda. En el caso espa\u00f1ol, en los manuales escolares de Historia que se usaban cuando la gente de mi edad \u00e9ramos ni\u00f1os ense\u00f1aban que Viriato hab\u00eda luchado por la \u201cindependencia de Espa\u00f1a\u201d frente a las legiones romanas, en el siglo II antes de Cristo, o que, por esa misma causa y en \u00e9poca cercana, los habitantes de Sagunto y Numancia hab\u00edan preferido suicidarse colectivamente a rendirse, ante la aplastante superioridad de los sitiadores cartagineses o romanos, los cuales, al entrar, solo encontraron cad\u00e1veres y cenizas. No importaba que Sagunto fuera una colonia griega ni que ninguna fuente hist\u00f3rica directa testimonie la muerte de todos sus habitantes; Tito Livio, al rev\u00e9s, consigna que An\u00edbal tom\u00f3 la ciudad al asalto y Polibio dice que consigui\u00f3 en ella \u201cun gran bot\u00edn de dinero, esclavos y riquezas\u201d. En cuanto a los numantinos, resistieron, seg\u00fan Estrab\u00f3n, heroicamente, \u201ca excepci\u00f3n de unos pocos que, no pudiendo m\u00e1s, entregaron la muralla al enemigo\u201d. Tampoco suele dedicarse un instante a reflexionar sobre si Viriato, \u201cpastor lusitano\u201d, podr\u00eda comprender el significado del concepto de \u201cindependencia\u201d, ni aun el de la palabra \u201cEspa\u00f1a\u201d, porque, en sus monta\u00f1as de la hoy frontera portuguesa, dif\u00edcilmente habr\u00eda visto un mapa global ni tenido idea de que viv\u00eda en una pen\u00ednsula.<\/p>\n<p>El historiador nacionalista \u2014dan ganas de poner comillas al primero de estos dos t\u00e9rminos\u2014 deja de lado todos esos datos porque lo \u00fanico que le importa es demostrar la existencia de un \u201ccar\u00e1cter espa\u00f1ol\u201d, marcado por un valor indomable y una invencibilidad derivada de su predisposici\u00f3n a morir antes que rendirse, persistente a lo largo de milenios. Y digo bien milenios, porque el salto habitual, desde Numancia y Sagunto, suele darse hasta Zaragoza y Gerona frente a las tropas napole\u00f3nicas; y vade retro a aquel que se atreva a objetar, por ejemplo, que todo el territorio \u201cespa\u00f1ol\u201d \u2014godo\u2014 se abri\u00f3 sin ofrecer una resistencia digna de menci\u00f3n ante los musulmanes, tras una \u00fanica batalla junto al Estrecho. Al historiador nacionalista le importa, en definitiva, dejar sentado, por usar t\u00e9rminos que gustan al actual presidente del Gobierno, que Espa\u00f1a es \u201cla naci\u00f3n m\u00e1s antigua de Europa\u201d; o del mundo.<\/p>\n<p>Como la imaginaci\u00f3n de la que estamos dotados los humanos es, desgraciadamente, bastante limitada (pobres de nosotros de haberse hecho realidad aquello de \u201cla imaginaci\u00f3n al poder\u201d), los topoi mitol\u00f3gicos son relativamente pocos; y se repiten. Volviendo a Sagunto y Numancia, hay que recordar que el caso can\u00f3nico, mucho m\u00e1s conocido que el espa\u00f1ol, sobre una ciudad sitiada que decide inmolarse ante el imparable ataque enemigo, es el de la fortaleza jud\u00eda de Masada, cuyos defensores se dieron muerte antes que rendirse a los romanos. El relato de Josefo, \u00fanica fuente directa sobre el tema, menciona, de todos modos, algunas excepciones a aquel suicidio colectivo; y la evidencia arqueol\u00f3gica no ha aportado prueba alguna de la hecatombe. Pero no terminan aqu\u00ed las imitaciones. Dos Historias de Galicia de mediados del XIX, las de Jos\u00e9 Verea y Aguiar y Benito Vicetto, incluyeron el episodio del Monte Medulio, donde los celta-galaicos, tras resistir heroicamente frente a la abrumadora superioridad romana, acabaron entreg\u00e1ndose tambi\u00e9n a la org\u00eda suicida. Eran los m\u00e1rtires que el galleguismo necesitaba en su despertar nacionalista.<\/p>\n<p>Pero las otras versiones ib\u00e9ricas de la mitolog\u00eda nacionalista que se disfraza de historia, tantas veces mimetizadas de la espa\u00f1olista, pueden dejarse para otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>LA CUARTA P\u00c1GINA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contin\u00faa la batalla por la historia. Y continuar\u00e1, porque, como ha escrito Richard Rorty, la lucha por el relato del pasado es la lucha por el liderazgo pol\u00edtico. Me atrever\u00eda a matizarlo: es la lucha por la legitimidad, tanto de l\u00edderes como de instituciones. 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