{"id":30058,"date":"2014-03-03T09:35:56","date_gmt":"2014-03-03T07:35:56","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/poner-el-sol-a-referendum\/"},"modified":"2014-03-03T09:35:56","modified_gmt":"2014-03-03T07:35:56","slug":"poner-el-sol-a-referendum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/poner-el-sol-a-referendum\/","title":{"rendered":"Poner el sol a refer\u00e9ndum"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Podemos decir que hay dos tipos de acontecimientos, los que se repiten y los que no se repiten, y que cada uno de estos dos tipos se divide a su vez en otros dos: los que tenemos que esperar y los que podemos provocar.<\/p>\n<p>Pondr\u00e9 algunos ejemplos para que se me entienda. Un acontecimiento que se repite, pero que tenemos que esperar, es la primavera (raramente se espera el invierno) y, en general, todos los fen\u00f3menos naturales: desde el paso de un cometa, con sus largos plazos c\u00f3smicos, hasta el crep\u00fasculo y el amanecer, que se repiten todos los d\u00edas sin que podamos hacer nada, sin embargo, para anticipar o retrasar su hora. Cuando la cultura imita a la naturaleza o marca con solemnidad sus ritmos y estaciones, tenemos esos otros acontecimientos repetidos e involuntarios a los que damos el nombre de fiestas: la Navidad o el Carnaval o el 1\u00ba de Mayo, que forman parte del calendario a igual t\u00edtulo que los solsticios y los equinoccios.<\/p>\n<p>Tenemos luego los acontecimientos que ocurren una sola vez. Aquellos que no podemos provocar y que ni siquiera podemos esperar son los que dependen del azar y que, cuando son favorables, llamamos \u201cmilagros\u201d: el milagro, por ejemplo, de la reciprocidad amorosa o el de un premio de loter\u00eda o incluso el de una gran victoria deportiva. O el de esa cara que no volveremos a ver -o ese bosque rojo iluminado por la primera luz del d\u00eda y que se deshace a nuestras espaldas como un pedacito de hielo- y que nos salva de un mal pensamiento o de una decisi\u00f3n irreparable. Por otra parte, los que no se repiten y son, sin embargo, obra nuestra son como imitaciones voluntarias del \u201cmilagro\u201d, tentativas individuales de adue\u00f1arse del azar inscribi\u00e9ndolo tambi\u00e9n en el calendario: una boda, por ejemplo, o un viaje o una haza\u00f1a deportiva (o esos records absurdos que recoge el Libro Guinness, pat\u00e9tica y casi enternecedora ilusi\u00f3n de irrepetibilidad voluntaria). La m\u00e1xima expresi\u00f3n de \u201cmilagro negativo\u201d es la muerte, que nos est\u00e1 ya esperando y que nadie espera, acontecimiento que ocurre una sola vez y que, cuando es voluntario, parece querer suprimir, junto a la vida, su propio acontecimiento. El suicidio es irrepetible y trabajoso: el trabajo de destruir al mismo tiempo el objeto y al trabajador.<\/p>\n<p>Y est\u00e1n finalmente los acontecimientos repetidos y que no hace falta esperar: los que son repetibles a voluntad. \u00bfCu\u00e1les son? Los que contradicen o vencen la naturaleza: los t\u00e9cnicos o tecnol\u00f3gicos. Las m\u00e1quinas sirven, sobre todo, s\u00ed, para abolir la espera, lo que sin duda es bueno cuando se trata, por ejemplo, de construir una casa o de fabricar mantas y vacunas, pero no tanto si hay que gestar un ni\u00f1o o escribir un poema. La imagen m\u00e1s pura y precisa de esta \u201crepetici\u00f3n voluntaria\u201d es, en efecto, la f\u00e1brica, en la que un juego de palancas y pulsadores, manejados por la voluntad, producen una y otra vez, de manera potencialmente ilimitada, el mismo objeto. Pero la tecnolog\u00eda, en condiciones de mercado capitalista, ha ido mucho m\u00e1s all\u00e1 y ha reducido e incluso suprimido los acontecimientos naturales y el comp\u00e1s mismo de las estaciones. Ya no tenemos que esperar la temporada de la alcachofa o del tomate porque en cualquier momento -con aviones o mediante invernaderos- podemos llevarlos hasta nuestra mesa. Ya no tenemos que esperar el amanecer, porque hay millones de fotos y v\u00eddeos que nos lo repiten en ese horizonte estrecho -demasiado cercano- que llamamos \u201cpantalla\u201d. Ni siquiera tenemos que esperar el momento siempre azaroso, emocionante y hasta peligroso, en el que una vecina o un vecino se desnudan en la ventana de enfrente: esa ventana est\u00e1 en todo momento al alcance de un clic del ordenador.<\/p>\n<p>Digamos que no hay m\u00e1s que un verdadero acontecimiento y lo llamamos \u201cbelleza\u201d. O digamos, a\u00fan mejor, que s\u00f3lo hay verdadero acontecimiento en la belleza y que bello es precisamente lo inesperado o lo que se hace esperar -porque hay siempre algo inesperado en que vuelve a ocurrir lo mismo tras una larga espera: la fruta y el beso. Bella es la independencia del mundo. Por eso, la tecnolog\u00eda, tan necesaria para repetir las condiciones mismas de la vida material, no puede introducir voluntad mecanizada, al menos en el marco del consumo capitalista, sin atentar tambi\u00e9n contra la independencia del mundo, reduciendo con ello cada vez m\u00e1s el campo de los acontecimientos o convirtiendo -m\u00e1s radicalmente- los acontecimientos en no-acontecimientos. La alcachofa, por ejemplo, ya no es un acontecimiento. El tomate no es un acontecimiento. Tampoco el crep\u00fasculo. Tampoco el cuerpo. El acceso tecnol\u00f3gico al mundo, que queda ahora fuera de la experiencia, como un puro residuo <em>previo<\/em>, destruye recursos para la supervivencia y destruye la propia naturaleza, pero adem\u00e1s destruye la independencia misma del mundo, los f\u00e9rtiles tiempos de espera en los que germinan los acontecimientos.<\/p>\n<p>Esta doble agresi\u00f3n, natural y cultural, se resume muy bien en una noticia reciente, parcialmente falsa, seg\u00fan la cual \u201cel gobierno chino retransmite el amanecer en pantallas gigantes a causa de la contaminaci\u00f3n de Beijing\u201d. La noticia es falsa porque no es una iniciativa del gobierno chino. Pero es s\u00f3lo parcialmente falsa porque lo cierto es que la contaminaci\u00f3n asfixiante de Beijing no permite ya ver la salida del sol; y porque una organizaci\u00f3n ambiental ha instalado una pantalla gigante para retransmitir el acontecimiento, residuo de un mundo anterior en el que el amanecer se repet\u00eda, al margen de la voluntad, a la vista de todos los seres humanos. La contaminaci\u00f3n, resultado de la agresi\u00f3n productiva y tecnol\u00f3gica contra las condiciones materiales de la vida, obliga adem\u00e1s a convertir el acontecimiento del amanecer en un no-acontecimiento tecnol\u00f3gico. Se retransmite. Se repite a voluntad. Y la pantalla es ahora el horizonte en el que los chinos ven la salida del sol. Podr\u00eda salir diez veces. Podr\u00eda salir de noche. A\u00fan m\u00e1s, podr\u00eda desaparecer el sol -si no fuese condici\u00f3n de supervivencia- y los chinos seguir\u00edan vi\u00e9ndolo salir en Beijing tantas veces como decidiese el gobierno o una empresa de publicidad. La soluci\u00f3n tecnol\u00f3gica a la contaminaci\u00f3n tecnol\u00f3gica ha suprimido el acontecimiento del amanecer, que ahora es s\u00f3lo otro producto de f\u00e1brica o, si se prefiere, una mercanc\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<p>Es un indicio, un modelo. El mercado debilita la independencia del mundo y adem\u00e1s desprestigia su belleza. \u00bfA qui\u00e9n le importa el amanecer? Si el sol fuera prescindible, si hubiera un dios creador y si pusiera a referendum su existencia (la del sol), mucho me temo que muchos consumidores elegir\u00edan la pantalla gigante. \u00bfC\u00f3mo decirlo? Entre el sol y el amanecer, elegir\u00edan sin duda el amanecer. Con mando a distancia y \u201cme gusta\u201d en facebook.<\/p>\n<p>La Calle del Medio<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Podemos decir que hay dos tipos de acontecimientos, los que se repiten y los que no se repiten, y que cada uno de estos dos tipos se divide a su vez en otros dos: los que tenemos que esperar y los que podemos provocar. Pondr\u00e9 algunos ejemplos para que se me entienda. 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