{"id":29914,"date":"2014-02-04T09:24:31","date_gmt":"2014-02-04T07:24:31","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/leer-a-herodoto\/"},"modified":"2014-02-04T09:24:31","modified_gmt":"2014-02-04T07:24:31","slug":"leer-a-herodoto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/leer-a-herodoto\/","title":{"rendered":"Leer a Her\u00f3doto"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Leer Her\u00f3doto no es, de ninguna manera, repasar fantas\u00edas ingenuas de un viajero griego de hace cerca de veinticinco siglos: es volver a los fundamentos primeros de nosotros mismos, los europeos, en tanto que gente que hemos heredado y hemos desarrollado una cierta manera de ver el mundo y de entender la vida en sociedad.<\/p>\n<p>Leer a Her\u00f3doto (por ejemplo, en la traducci\u00f3n de mi amigo y antiguo disc\u00edpulo Rub\u00e9n Monta\u00f1\u00e9s) es volver a convivir con los primeros que observaron el mundo con ojos curiosos, cr\u00edticos y reflexivos, y los primeros que entendieron, tambi\u00e9n, que la libertad es madre de muchas bondades. El fundador de la historia como disciplina y como actitud ante los hechos del pasado, era un buen hombre que com\u00eda pan con queso y aceitunas, y que se pas\u00f3 la vida rondando por caminos y ciudades preguntando e inform\u00e1ndose, tomando notas no sabemos muy bien c\u00f3mo, o reteni\u00e9ndolo todo en la memoria, y que acabando escribi\u00f3 una obra prodigiosa, como nunca se hab\u00eda escrito, sobre las guerras que los persas hicieron contra los griegos, incluido el detalle, ahora de moda en el cine, de los trescientos espartanos de las Term\u00f3pilas.<\/p>\n<p>Pero Her\u00f3doto no se dedic\u00f3 \u00fanicamente a recoger informaciones infinitas, contarnos historias llegadas de punta a punta del mundo que \u00e9l conoc\u00eda: se dedic\u00f3 tambi\u00e9n a pensar, a buscar explicaciones, a comparar, y a sacar algunas conclusiones muy importantes. Por ejemplo esta: \u00abLos atenienses, pues, fueron a m\u00e1s, es evidente que la isegoria es una importante posesi\u00f3n, no por un solo motivo sino en todos los aspectos: si los atenienses, cuando viv\u00edan bajo la tiran\u00eda, nunca superaron en asuntos de guerra a los que los rodeaban, al quedar libres de tiran\u00eda se convirtieron, con mucho, en los primeros. Tal cosa evidencia que, oprimidos, actuaban con deliberada inoperancia, como el esclavo que faena para un due\u00f1o, mientras que, una vez liberados, cada uno se apresur\u00f3 a trabajar para \u00e9l mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Isegoria, nos recuerda el traductor, significa \u00abigualdad de expresi\u00f3n p\u00fablica\u00bb, y Herodoto la considera fundamento incluso del poder militar. Una peque\u00f1a idea, tal vez, pero con resultados revolucionarios ya para los siglos de los siglos, hasta los siglos nuestros. Y nos lo cuenta Herodoto, por primera vez en la historia. Nos lo puede explicar -esto y un sinf\u00edn de hechos y de reflexiones- porque, adem\u00e1s de ser inteligente, curioso y buen escritor, Her\u00f3doto era griego. El hecho, quiz\u00e1 milagroso y en cualquier caso extraordinario por completo, es que en alg\u00fan momento, en un lugar del Mediterr\u00e1neo oriental, un peque\u00f1o pueblo insignificante (\u00bfqu\u00e9 eran aquellos marineros pobres, campesinos de tierra seca, artesanos, frente a Babilonia, Persia o Egipto?, pensar\u00eda Her\u00f3doto, tal como pensamos ahora nosotros), decidi\u00f3 dotarse de asambleas donde el debate ser\u00eda abierto y libre, donde habr\u00eda discursos y posiciones contrarias, y el voto que lo resolver\u00eda.<\/p>\n<p>Una novedad muy peligrosa, un principio destructivo, si no existe al mismo tiempo la convicci\u00f3n de formar entre todos una comunidad, un cuerpo pol\u00edtico, y si al lado del principio de ciudadan\u00eda no hay tambi\u00e9n un sentimiento de phil\u00eda, de amistad, que es un principio tan cl\u00e1sico, tan hel\u00e9nico y tan olvidado. Es cierto que, en Atenas y en otras ciudades griegas, unos eran m\u00e1s \u00abiguales\u00bb que otros, que las mujeres, los forasteros y los esclavos no pod\u00edan hablar en la asamblea, ni votaban, ni eran parte del Estado. Pero la idea ya estaba inventada, funcionaba, y eso es lo que cuenta por encima de todo: era nuestro futuro. Lo que Her\u00f3doto no pod\u00eda saber, y que no puede olvidarse. La ciudad, o la comunidad, o la p\u00f3lis como espacio de la ciudadan\u00eda, fue un invento griego, quiz\u00e1s el m\u00e1s grande de todos, del que vivimos todav\u00eda.<\/p>\n<p>Para los griegos de la p\u00f3lis, lo esencial de la vida de un ciudadano libre no era el trabajo ni el dinero, ni los bancos ni la empresa, sino la vida pol\u00edtica: un hombre se med\u00eda con los otros en la plaza, por los debates en las asambleas, por la conversaci\u00f3n en los banquetes. Esto quiere decir que todo el inter\u00e9s de la vida, lo que hace la dignidad del ciudadano, y de la persona, es justamente lo que no es utilitario. Tambi\u00e9n para los romanos, al menos para los del buen tiempo republicano, contaba m\u00e1s el &#8216;otium&#8217; que el &#8216;negotium&#8217;.<\/p>\n<p>Pero los romanos hicieron muchos m\u00e1s negocios que los griegos: un rico en Roma era un rico de verdad, a menudo fastuosamente rico, como un rico de Babilonia. Un rico en Atenas hac\u00eda una vida modesta, en una casa poco decorada y casi sin muebles. Es una diferencia, y a menudo pienso que, en esto, somos m\u00e1s romanos que atenienses, o al menos lo queremos ser. No s\u00e9 qu\u00e9 hubiera dicho Herodoto de los romanos ya ricos y poderosos de algunos siglos m\u00e1s tarde, si les hubiera visitado. No s\u00e9 qu\u00e9 dir\u00eda de nosotros.<\/p>\n<p>EL TEMPS<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer Her\u00f3doto no es, de ninguna manera, repasar fantas\u00edas ingenuas de un viajero griego de hace cerca de veinticinco siglos: es volver a los fundamentos primeros de nosotros mismos, los europeos, en tanto que gente que hemos heredado y hemos desarrollado una cierta manera de ver el mundo y de entender la vida en sociedad. 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