{"id":29862,"date":"2014-01-27T08:41:50","date_gmt":"2014-01-27T06:41:50","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/ila-edad-de-oro-del-periodismo\/"},"modified":"2014-01-27T08:41:50","modified_gmt":"2014-01-27T06:41:50","slug":"ila-edad-de-oro-del-periodismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/ila-edad-de-oro-del-periodismo\/","title":{"rendered":"\u00bfLa edad de oro del periodismo?"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Era el a\u00f1o 1949. Mi madre -conocida en las columnas period\u00edsticas de la \u00e9poca como \u00abla joven caricaturista de New York\u00bb- hac\u00eda bocetos teatrales por contrato para revistas y peri\u00f3dicos, incluyendo el Brooklyn Eagle. Este diario, que entonces ten\u00eda m\u00e1s de un siglo de existencia, solo dur\u00f3 unos pocos a\u00f1os m\u00e1s. El poeta Walt Whitman hab\u00eda sido su editor de 1846 a 1848. En a\u00f1os posteriores, a mi madre le encantaba contar una an\u00e9cdota sobre el editor del Eagle -de la \u00e9poca en que ella trabajaba all\u00ed. Cuando este supo que yo iba al jard\u00edn de infantes Walt Whitman, dijo en el cl\u00e1sico estilo inmortalizado en pel\u00edculas como His Girl Friday: \u00ab\u00bfTodav\u00eda se usa el nombre del viejo bastardo para llamar a las cosas?\u00bb.<\/p>\n<p>En mi ni\u00f1ez, la ciudad de New York estaba llena de peri\u00f3dicos. Entre ellos figuraban el Daily News, el Daily Mirror, el Herald Tribune, el Wall Street Journal&#8230; quiz\u00e1s hab\u00eda nueve o 10 peri\u00f3dicos importantes por d\u00eda en los quioscos y, aunque esto pueda ser visto como la edad de oro del periodismo, es bueno recordar que varios de ellos ya eran en ese momento amalgamas. El Journal-American, por ejemplo, hab\u00eda sido antes el Evening Journal y el American; de la misma manera que el World-Telegram &amp; Sun era la conjunci\u00f3n de tres diarios: el World, el Evening Telegram y el Sun. En mi casa recib\u00edamos el New York Times (que para mi desilusi\u00f3n carec\u00eda de historietas), el New York Post (que entonces no era de derecha sino liberal, con las caricaturas pol\u00edticas de Pogo y Herblock) y, a veces, el Journal-American (Believe It or Not y The Phantom).<\/p>\n<p>Luego, estaban las revistas: en mi casa, Life, Saturday Evening Post, Look y el New Yorker -mi madre tambi\u00e9n trabajaba para algunas de ellas- y qui\u00e9n sabe qu\u00e9 otra cosa en esa acumulaci\u00f3n de papel. Era un universo de papel impreso, el cambio y la competencia al m\u00e1s alto nivel flotaban en el aire. Despu\u00e9s de todo, la pantalla (televisiva) estaba entrando de manera avasallante en los hogares norteamericanos. La m\u00eda lleg\u00f3 en 1953 cuando el Post le asign\u00f3 a mi madre la tarea de hacer los bocetos de las audiencias del proceso \u00abArmy-McCarthy\u00bb, las cuales -algo nuevo bajo el sol- iban a ser televisadas en vivo por ABC.<\/p>\n<p>Pero, al menos en mi ciudad, parec\u00eda existir una edad de oro para las noticias impresas, incluso para el periodismo. Algunos podr\u00edan decir que ese r\u00f3tulo est\u00e1 reservado para la era de las rupturas, la d\u00e9cada de los sesenta, el momento en que surgi\u00f3 el Nuevo Periodismo, cuando una prensa alternativa irrumpi\u00f3 en la escena, y por un momento breve a fines de los sesenta y principios de los setenta, el viejo periodismo se enfoc\u00f3 en revelar masacres, reportando lo peor de la guerra librada por EE.UU., develando los esc\u00e1ndalos de Washington y causando la ca\u00edda de un presidente. Mientras tanto, revistas como Esquire y Harper&#8217;s se especializaron en una suerte de rebeld\u00eda fastidiosa y escritura con mucho estilo, que un d\u00eda se convertir\u00eda en la marca distintiva del mundo online y de la era del internet. (Todav\u00eda recuerdo la conmoci\u00f3n que sent\u00ed al leer la nota de Tom Wolfe \u00abThe Kandy-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby\u00bb sobre el mundo de los autos \u00abpersonalizados\u00bb por sus due\u00f1os. Hizo bramar los motores con su escritura deslumbrante.)<\/p>\n<p>Sin embargo, tuvo que llegar el siglo veintiuno para cambiar dr\u00e1sticamente el mundo period\u00edstico de los cincuenta y llevarlo al basurero de la historia. Me refiero a los a\u00f1os en que redujeron la pantalla, y la pusieron, primero en tu escritorio; luego en tus manos y posteriormente en tu bolsillo, y en un d\u00eda no muy lejano, la pondr\u00e1n en tus lentes -una pantalla hecha de tal forma que te conecte con todas y cada una de las personas del planeta y ellos -ya sea como amigos, enemigos, curiosos, voyeurs, vendedores o compradores corporativos o esp\u00edas de la NSA. Solo entonces se hizo evidente que, a lo largo de la era de la imprenta, en todos estos a\u00f1os de imprimir peri\u00f3dicos y de canillitas y de quioscos de venta de diarios, desde Walt Whitman hasta Woodward y Bernstein, el peri\u00f3dico hab\u00eda recibido un nombre err\u00f3neo. [Nota de la traductora: La palabra en ingl\u00e9s para \u00abperi\u00f3dico\u00bb, es newspaper, que significa literalmente \u00abpapel de noticias\u00bb.]<\/p>\n<p>El amor propio de los periodistas impidi\u00f3 una evaluaci\u00f3n clara de qu\u00e9 era exactamente un peri\u00f3dico. Solo entonces [en el siglo XXI] fue completamente evidente que desde el principio, deber\u00eda haberse llamado \u00abadpaper\u00bb (papel de anuncios). Cuando la corporaci\u00f3n y sus \u00abMad Men\u00bb [N. de la T.: referencia a la serie televisiva sobre las agencias de publicidad en la d\u00e9cada de los cincuenta y sesenta en EE.UU.] que trabajaban en ellos espiaron en internet y vieron cuan conveniente era agrupar audiencias y lo que se pod\u00eda aprender de sus vidas, preferencias y h\u00e1bitos \u00edntimos de compra, sobre las maneras de que se puede escudri\u00f1ar datos demogr\u00e1ficos para identificar clientes potenciales detr\u00e1s de la pantalla omnipresente, los anuncios comenzaron a huir de los medios impresos hacia el mundo online. Fue entonces, por supuesto, que los peri\u00f3dicos (al igual que las revistas) quedaron con redacciones reducidas, extenuadas de trabajo, con fondos que se evaporaban, y las noticias sin anuncios empezaron a reducirse y en algunos casos, a colapsar (lo que no habr\u00eda sucedido si las noticias hubieran huido).<\/p>\n<p>New York todav\u00eda tiene cuatro diarios (el Post de Murdoch, el Daily News, el New York Times y el Wall Street Journal). Sin embargo, en a\u00f1os recientes, muchas ciudades con dos peri\u00f3dicos, como Denver y Seattle, pasaron a tener un \u00fanico y debilitado diario, cuando expiraron el Rocky Mountain News y el Seattle Post-Intelligencer (o pasaron a tener una vida exclusivamente digital). Mientras tanto, el Detroit News y el Detroit Free Press cambiaron a una edici\u00f3n impresa de tres d\u00edas a la semana al igual que el Times Picayune de Nueva Orle\u00e1ns (antes de retornar a cuatro d\u00edas a la semana como Picayune y tres d\u00edas a la semana en el formato de tabloide en 2013). El Christian Science Monitor dej\u00f3 de publicar un ejemplar semanal. Y as\u00ed muchos otros. En esos a\u00f1os, los anuncios en los peri\u00f3dicos recibieron un fuerte golpe, la circulaci\u00f3n baj\u00f3, a veces estrepitosamente, y las bancarrotas estuvieron a la orden del d\u00eda.<\/p>\n<p>Las secciones con menor auto-financiamiento, como las rese\u00f1as de libros, simplemente se evaporaron y en el diario de importancia donde qued\u00f3 la rese\u00f1a de libros, el New York Times, fue de forma reducida. Las revistas dominicales se achicaron. Algunos multimillonarios comenzaron a comprar peri\u00f3dicos a precio de remate, como por capricho. Se recortaron dr\u00e1sticamente los puestos de trabajo en las redacciones (al igual que en los noticieros televisivos, por ejemplo, el programa Nightly News with Brian Williams de NBC, en el que a menudo uno tiene la impresi\u00f3n de que el respetable Richard Engel, con el t\u00edtulo de jefe de corresponsales en el extranjero es el \u00fanico \u00abcorresponsal en el extranjero\u00bb que sigue en el trabajo, y que est\u00e1 continuamente viajando de un sitio en conflicto a otro a trav\u00e9s del mundo).<\/p>\n<p>No existe la menor duda de que si eres un reportero establecido de una cierta edad o cualquier otra persona que trabaje en una sala de redacci\u00f3n, pod\u00edas constatar que esta es la \u00abedad de aluminio\u00bb del periodismo. Tu trabajo podr\u00eda estar en riesgo, probablemente igual que tu pensi\u00f3n. En esos a\u00f1os, impactados por lo que les estaba sucediendo, la administraci\u00f3n de los peri\u00f3dicos se qued\u00f3 paralizada, como el proverbial venado ante las luces enceguecedoras, cuando el barullo del internet los apabull\u00f3, convirtiendo sus p\u00e1ginas de opini\u00f3n en las hermanas no queridas del mundo de la lectura. Luego, en la carrera ciega para salvar lo que sea posible salvar, recapturar los anuncios, o buscar cualquier otro camino hacia un nuevo modelo que de ganancias, desde la publicidad digital (decepcionante) hasta pagar por \u00abparedes\u00bb (con resultados mixtos), los peri\u00f3dicos lanzaron ediciones online. En el proceso, duplicaron el trabajo de los periodistas y editores que quedaron, que ahora ten\u00edan que producir el viejo y el nuevo peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>El peor de los tiempos&#8230; el mejor de los tiempos<\/p>\n<p>De muchas maneras, ha sido y sigue siendo una triste, e incluso horrorosa, cr\u00f3nica de una p\u00e9rdida. (Algo similar con lo que ocurre con el libro impreso, cuya \u00fanica ventaja fue la de carecer de publicidad que se fuera de ellos, pero sufri\u00f3 de igual manera &#8211; expulsado de los peri\u00f3dicos como un producto que no da ganancias y sumido en estado de inconciencia por un bombardeo de nuevas opciones de lectura y entretenimiento. Y digo esto como alguien que ha pasado la mayor parte de su vida como editor de libros impresos.) Los lamentos y el duelo sobre la ca\u00edda del periodismo en los medios impresos duraron a\u00f1os. Es una situaci\u00f3n que representa -dependiendo de qui\u00e9n cuenta la historia- el fin de una era, la ca\u00edda de todos los est\u00e1ndares o la p\u00e9rdida del esp\u00edritu c\u00edvico y de una suerte de reportaje investigativo que podr\u00eda encauzar hacia un comportamiento honesto a m\u00e1s pol\u00edticos y ejecutivos de corporaciones, y etc\u00e9tera, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Debemos admitir que los pecados del internet son numerosos y bien conocidos: los programas masivos de vigilancia gubernamental; la vigilancia corporativa; la p\u00e9rdida de privacidad; los fraudes y trolls; las teor\u00edas conspiracionistas; los hombres furiosos y los personajes raros a los que les otorga un momento de fama aparentemente interminable; y la manera, entre otras cosas, que tiende a reforzar con un \u00ablike\u00bb (\u00abme gusta\u00bb) una cadena de opini\u00f3n. S\u00ed, s\u00ed, es cierto, es terrible, te destruye los nervios.<\/p>\n<p>Como editor de TomDispatch.com, he pasado la \u00faltima d\u00e9cada sumergido en ese mundo, a menudo con gente cuya edad era la mitad de la m\u00eda e incluso m\u00e1s j\u00f3venes. No uso Twitter. No tengo un Kindle ni ning\u00fan otro equivalente. Ni siquiera tengo un tel\u00e9fono inteligente ni un tablet ni nada por el estilo. Cuando algo, cualquier cosa, no funciona bien en mi computadora me siento como un condenado en un universo for\u00e1neo, extra\u00f1ando la \u00faltima m\u00e1quina que entend\u00ed (una m\u00e1quina de escribir), y a merced de la ayuda de mi hija.<\/p>\n<p>Me he sentido abrumado, especialmente en el punto crucial de los a\u00f1os de Bush, con los mensajes electr\u00f3nicos enviados en cadena -a veces, cientos de ellos- con tono amenazante. He recibido muchas amenazas. He recibido e-mails \u00abcr\u00edticos\u00bb (abusivos), descargas de ira que impactar\u00edan a cualquier persona, porque el internet, seg\u00fan mi experiencia, hace que la gente pierda las inhibiciones, elimina tab\u00faes y estimula un sentido de anonimato, caracter\u00edsticas que hubieran sido imposibles en el viejo mundo de la palabra impresa, cartas o reuniones en persona. He visto muchas cosas perturbadoras. Bueno, se podr\u00eda pensar que dada mi edad, mi experiencia y mi vida actual, yo podr\u00eda extra\u00f1ar y sufrir por todo lo que hemos perdido.<\/p>\n<p>Pero, sin embargo, debo admitir que tengo otra percepci\u00f3n, a un nivel puramente personal, por sobretodo lo que he mencionado arriba. Creo que nunca hubo un momento experimental como este, en t\u00e9rminos de periodismo, de expresi\u00f3n, de reportaje de calidad y de escritura excelente, de un amplio rango de noticias, opiniones, perspectivas y puntos de vista sobre lugares, mundos y fen\u00f3menos que no hubiera conocido de otra manera. Estoy deslumbrado. A pesar de todo, a pesar de las intenciones malignas que usan el internet, yo lo considero una maravilla de nuestra era. S\u00ed, quiz\u00e1s sea la era infernal para los reporteros (y editores) tradicionales que trabajan doble jornada, en las ediciones online e impresa, para los peri\u00f3dicos que est\u00e1n tambaleando, pero para los lectores, \u00bfpuede existir alguna duda de que es ahora -y no en las d\u00e9cadas de 1840 ni 1930 ni 1960- la edad de oro del periodismo?<\/p>\n<p>Lo podemos visualizar como el hermano mellizo positivo de la vigilancia de la NSA. As\u00ed como la NSA puede llegar hasta todos, as\u00ed tambi\u00e9n de una manera diferente t\u00fa tambi\u00e9n puedes hacerlo. Esto significa, que si tienes un sitio web, cualquiera podr\u00eda, al menos te\u00f3ricamente, hallarte y leer tus noticias. (Y en mi propia experiencia, a menudo me siento maravillado de quienes pueden hacerlo y lo hacen!) Y t\u00fa, lector, tienes acceso a una cantidad de textos del m\u00e1s alto nivel de todo el planeta. Puedes leer escritos de todo el mundo casi sin l\u00edmites, seguir a tus escritores favoritos hasta el \u00faltimo rinc\u00f3n de la Tierra.<\/p>\n<p>El problema de este momento no es demasiado peque\u00f1o. No es un mundo en colapso. Es demasiado grande. Estos d\u00edas, de una manera previamente imposible de imaginar, es posible ahogarse en art\u00edculos y reportajes con ideas estimulantes y clarificadoras. De hecho, te desaf\u00edo a que en 2014, cualquiera sea tu t\u00f3pico de inter\u00e9s y tu nivel de experiencia, sigas trabajando en ello.<\/p>\n<p>El auge de los lectores<\/p>\n<p>En la \u00abedad de oro del periodismo\u00bb, esto es lo que hac\u00eda: En los sesenta y principios de los setenta, le\u00eda el New York Times (como lo sigo haciendo con la edici\u00f3n impresa a diario), varias revistas desde el New Yorker y Ramparts hasta peri\u00f3dicos \u00abunderground\u00bb como el Great Speckled Bird cuando lo hallaba a mano, y el I. F. Stone&#8217;s Weekly (al que ten\u00eda una suscripci\u00f3n), al igual que Hard Times de James Ridgeway y Andrew Kipkind y otros m\u00e1s. Tambi\u00e9n ten\u00eda una suscripci\u00f3n a una publicaci\u00f3n semanal que inclu\u00eda lo mejor del Guardian, el Washington Post y Le Monde. Eso cubr\u00eda un amplio rango.<\/p>\n<p>Pero los l\u00edmites de esa \u00e9poca de \u00aboro\u00bb no podr\u00edan ser m\u00e1s obvios en la actualidad. Hoy, despu\u00e9s de todo, si quisiera podr\u00eda leer cada palabra del Guardian, el Washington Post y Le Monde (aunque mi franc\u00e9s sea muy endeble para hacerlo). Y esto podr\u00eda hacerlo cada d\u00eda, y esto a su vez, es nada.<\/p>\n<p>Se trata de todo lo que existe a tu alcance. La mayor\u00eda de los diarios y revistas del mundo, publicaciones especializadas, propaganda, boletines del Pent\u00e1gono, blogs con opiniones radicales, sitios web especializados, sitios web personales de expertos, sitios web para todas las \u00e1reas, desde historia, teolog\u00eda, filosof\u00eda, hasta tecnolog\u00eda y literatura, y tambi\u00e9n sobre periodismo. Puedes leer toda la prensa de EE.UU. y del mundo. [&#8230;]<\/p>\n<p>Podr\u00edas, esencialmente, armar tu propio peri\u00f3dico (o revista) una vez o dos, tres, seis veces al d\u00eda. O -una ventaja particular en este oc\u00e9ano de palabras- puedes dejarle esta tarea a un nuevo grupo de gente que tiene una capacidad especial para recolectar informaci\u00f3n valiosa y una fascinante perspectiva editorial. Hablo de equipos -que yo llamo \u00absitios insurreccionales\u00bb -por la profusi\u00f3n de titulares que exhiben como Antiwar.com (donde no pasa desapercibido ning\u00fan art\u00edculo que merezca ser le\u00eddo sobre alg\u00fan conflicto) o Real Clear Politics (sobre noticias internacionales, tecnolog\u00eda, energ\u00eda, etc., etc., etc.). Es posible subscribirse a un casi ilimitado abanico de boletines en internet enfocados en t\u00f3picos espec\u00edficos, como el \u00abresumen de la ma\u00f1ana\u00bb, que recibo diariamente con recomendaciones de notas sobre la guerra cibern\u00e9tica, el terrorismo o la vigilancia de sitios como el Center on National Security at Fordham Law School. Y para qu\u00e9 hablar de la versi\u00f3n online de tu revista favorita o de revistas online como Salon.com, o los innumerables sitios web que leo con frecuencia como Truthout, Alternet, Commondreams y Truthdig.<\/p>\n<p>De hecho, nunca hubo un momento como este en lo que respecta al periodismo y al reportaje mundial. Punto. Por primera vez en la historia, t\u00fa y yo tenemos la posici\u00f3n de editor de un peri\u00f3dico. Hemos dejado de ser lectores pasivos sujetos a la idea de otra persona sobre c\u00f3mo reportar o c\u00f3mo organizar una publicaci\u00f3n y sus numerosas partes. En un grado u otro, seg\u00fan el tiempo, la curiosidad o la energ\u00eda que cada uno tenga, todos tenemos la oportunidad de moldear, reimaginar y entender el mundo desde nuevas perspectivas.<\/p>\n<p>S\u00ed, es un universo period\u00edstico infernal, una verdadera pesadilla; y sin embargo, es tambi\u00e9n un mundo experimental, algo emocionante, inesperadamente nuevo bajo el sol. Para el lector, ha surgido una nueva Era de la Palabra, que es extra\u00f1amente democr\u00e1tica e igualitaria. Es ca\u00f3tica; es demasiado; y no nos equivoquemos, tambi\u00e9n es una mezcla inestable que podr\u00eda transformarse en qui\u00e9n sabe qu\u00e9. Pero, quiz\u00e1s alg\u00fan d\u00eda, a pesar de sus horrores y fallos, ser\u00e1 recordada, al menos por un breve momento hist\u00f3rico, como la edad de oro del lector, una \u00e9poca en que todas las palabras que pudieras necesitar estaban disponibles gratis para armar tus propias lecturas. Tenlo en cuenta. No lo olvides.<\/p>\n<p>Tom Engelhardt, es co-fundador de American Empire Project y autor de The United States of Fear al igual que de The End of Victory Culture , una historia de la Guerra Fr\u00eda; dirige el blog del Instituto de The Nation, TomDispatch.com . Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050 se titula su \u00faltimo libro, escrito con Nick Turse.<\/p>\n<p>TomDispatch<\/p>\n<p>Copyright 2014 Tom Engelhardt<\/p>\n<p>Traducido para Rebeli\u00f3n por Silvia Arana<\/p>\n<p>Fuente: http:\/\/www.tomdispatch.com\/blog\/175796\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era el a\u00f1o 1949. Mi madre -conocida en las columnas period\u00edsticas de la \u00e9poca como \u00abla joven caricaturista de New York\u00bb- hac\u00eda bocetos teatrales por contrato para revistas y peri\u00f3dicos, incluyendo el Brooklyn Eagle. Este diario, que entonces ten\u00eda m\u00e1s de un siglo de existencia, solo dur\u00f3 unos pocos a\u00f1os m\u00e1s. 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