{"id":29657,"date":"2013-12-16T08:57:11","date_gmt":"2013-12-16T06:57:11","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-calor-del-pan\/"},"modified":"2013-12-16T08:57:11","modified_gmt":"2013-12-16T06:57:11","slug":"el-calor-del-pan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-calor-del-pan\/","title":{"rendered":"El calor del pan"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>En la \u00faltima noche de 1926, Joseph Roth estaba en Mosc\u00fa como periodista del Frankfurter Zeitung y pas\u00f3 el A\u00f1o Nuevo con un grupo de gente que fue llegando silenciosamente a su habitaci\u00f3n de hotel, con botellas de vodka escondidas en los bolsillos. En Mosc\u00fa, en 1926, ya hab\u00eda que cuidarse bien de lo que se dec\u00eda delante de otros, pero el vodka fue soltando las lenguas y de pronto uno dijo: \u201cEn esta habitaci\u00f3n vivi\u00f3 Kargan unos meses\u201d. Todos soltaron los comentarios de rigor (es decir, todas variantes de la palabra traidor), pero despu\u00e9s uno se anim\u00f3 a decir que lo hab\u00eda conocido en la prisi\u00f3n en Siberia, otro reconoci\u00f3 que lo hab\u00eda tratado en la clandestinidad del exilio, otro dijo que estuvo a sus \u00f3rdenes en el Soviet de Petrogrado, y de a poco empez\u00f3 a armarse ante los ojos de Roth una desordenada biograf\u00eda coral sobre aquel revolucionario ca\u00eddo en desgracia, mientras la habitaci\u00f3n de hotel se iba vaciando inadvertidamente (mejor no hablar de ciertas cosas, mejor ni siquiera o\u00edr ciertas cosas si uno quer\u00eda evitar los problemas en Mosc\u00fa en 1926).<\/p>\n<p> En los tiempos del zar, como se sabe, ca\u00eda en prisi\u00f3n un revolucionario y al tiempo se escapaban dos. Los revolucionarios dec\u00edan que las c\u00e1rceles eran sus universidades porque, en las horas muertas de encierro, los veteranos transmit\u00edan a los novatos lecciones sobre teor\u00eda y praxis de la revoluci\u00f3n. La praxis era el plan de fuga, porque la obligaci\u00f3n de cada revolucionario que ca\u00eda preso era convertir a uno y fugarse despu\u00e9s con \u00e9l. Por eso empezaron a mandarlos a Siberia. D\u00e9jenme describir Siberia tal como aquellos conjurados se la describieron a Roth en la larga noche de A\u00f1o Nuevo del \u201927: primero quedaba atr\u00e1s el ferrocarril, despu\u00e9s el barco, despu\u00e9s los carros y los caballos, despu\u00e9s los \u00e1rboles, segu\u00edan a pie hasta donde no hab\u00eda nada (ellos mismos ten\u00edan que construir sus barracas) y de pronto ve\u00edan que el cielo se combaba sobre sus cabezas como una b\u00f3veda de plomo soldada a la tierra en el horizonte. Estaban encerrados bajo el cielo. No hab\u00eda muros, no hab\u00eda rejas, no hac\u00eda falta (la ley dec\u00eda que el sitio a cumplir condena deb\u00eda estar \u201ca diez verstas de una ciudad, a diez verstas de un r\u00edo, a diez verstas de las v\u00edas del tren, a diez verstas de un camino\u201d, pero esas diez verstas terminaban siendo quinientas).<\/p>\n<p> Aun as\u00ed, los revolucionarios se segu\u00edan escapando, casi siempre de a pares. El objetivo era llegar a la frontera. Para no atraer la atenci\u00f3n iban separados y se juntaban cada tanto en un punto acordado. Entre encuentro y encuentro, la tribulaci\u00f3n por la llegada del otro era mayor, hasta que los peligros que, en la imaginaci\u00f3n de cada uno, pod\u00eda estar viviendo el otro superaban la preocupaci\u00f3n por uno mismo. La frontera se cruzaba de noche y siempre pasaba lo mismo: se llegaba al otro lado con las primeras luces, cuando todav\u00eda no hab\u00eda amanecido, y todos los fugitivos hac\u00edan lo mismo: se daban vuelta un instante en la direcci\u00f3n que hab\u00edan venido y se promet\u00edan no tener descanso hasta volver. Esa era la escuela de car\u00e1cter del revolucionario.<\/p>\n<p> La leyenda dice que, aquella noche de A\u00f1o Nuevo de 1927, no fue el nombre de Kargan sino el de Trotski y el que origin\u00f3 las confesiones. El equ\u00edvoco lo gener\u00f3 el t\u00edtulo que le dio Roth a la novela que escribi\u00f3 al respecto: El profeta mudo. Roth no la public\u00f3 en vida: un manuscrito incompleto, pasado a m\u00e1quina y fechado en 1929, qued\u00f3 en Berl\u00edn cuando Roth huy\u00f3 de los nazis, y el resto estaba en un cuaderno, escrito a mano y fechado en 1930, que qued\u00f3 entre sus cosas en el hotel de Par\u00eds donde muri\u00f3 de cirrosis antes de que llegaran los nazis. Reci\u00e9n se juntaron ambas piezas cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, y para entonces la monumental biograf\u00eda que Isaac Deutscher escribi\u00f3 sobre Trotsky era tan famosa (tres tomazos titulados El profeta desarmado, El profeta armado y El profeta desterrado) que se decret\u00f3, y hasta el d\u00eda de hoy se acepta, que la novela de Roth era una biograf\u00eda velada del autor de Mi vida y La revoluci\u00f3n traicionada. D\u00e9jenme recordarles que esos dos libros, adem\u00e1s de ser sin discusi\u00f3n los dos mejores de Trotsky, fueron escritos ambos ya en el exilio: Roth no lleg\u00f3 a leerlos. En cambio, hab\u00eda conocido revolucionarios rusos desde su juventud: a los primeros los conoci\u00f3 exiliados, en Berl\u00edn, en Praga, en Par\u00eds o en Zurich, fraguando en la clandestinidad su retorno a la patria. Despu\u00e9s, cuando sus aventuras period\u00edsticas lo llevaron de traves\u00eda por los confines del imperio austroh\u00fangaro, los hab\u00eda visto cuando cruzaban la frontera, piel y huesos, fam\u00e9licos y enfermos, pero con la misma escalofriante electricidad en la mirada extraviada. Y, despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n, los hab\u00eda vuelto a ver en Rusia. Hab\u00edan retornado todos con Lenin en el tren blindado a Petrogrado, hab\u00edan peleado en las filas del ej\u00e9rcito rojo contra los blancos, hab\u00edan tenido tal camarader\u00eda con la muerte y el peligro, con el sacrificio y el anonimato, que ya conviv\u00edan con \u00e9l como el empleado con su rutina; en los raros momentos de sinceramiento tem\u00edan padecer \u201cel componente peque\u00f1oburgu\u00e9s del peligro\u201d.<\/p>\n<p> Luego de evitar lo que m\u00e1s tem\u00edan (que el zar pasara de emperador a administrador, a la manera del Kaiser alem\u00e1n o el emperador austroh\u00fangaro; que la autocracia cediera lugar a la burocracia), luego de lograr la Revoluci\u00f3n, llegaron del frente y descubrieron que en la nueva era los escritorios se hab\u00edan vuelto muebles m\u00e1s significativos que los tronos: abogaduchos, escribientes, contables, comerciantes y hasta suboficiales y oficiales se abalanzaban sobre las sillas vac\u00edas de las mil oficinas de la nueva burocracia. La mitad de esas oficinas estaban en las sombras, y en ellas se resolv\u00eda el destino de esos rezagados de la historia que no sab\u00edan adaptarse a los nuevos tiempos. \u201cPara hombres como nosotros, Siberia es la \u00fanica morada posible\u201d, le oy\u00f3 decir Joseph Roth a uno de esos hombres en el A\u00f1o Nuevo del \u201927 en Mosc\u00fa y por eso decidi\u00f3 escribir una novela sobre ellos: porque la historia ya se los estaba devorando de a pu\u00f1ados sin escupir el carozo, como habr\u00eda de pasarles a \u00e9l y a los de su clase en Alemania y el resto de Europa poco despu\u00e9s.<\/p>\n<p> Uno de los conjurados de aquella noche le cont\u00f3 un di\u00e1logo que hab\u00eda tenido con un compa\u00f1ero en Siberia, el compa\u00f1ero con el cual emprender\u00eda la fuga despu\u00e9s. Echados uno contra el otro en el barrac\u00f3n, para resguardarse del fr\u00edo, uno preguntaba en la oscuridad: \u201c\u00bfCon qu\u00e9 est\u00e1s so\u00f1ando?\u201d. El otro contestaba: \u201cCon panes. Con el aroma del pan que se sent\u00eda al pasar frente a una panader\u00eda\u201d. S\u00ed, sobre todo de noche, dec\u00eda el otro. Y especialmente en invierno: te llegaba de pronto un calor animal a los s\u00f3tanos del alma. Un calor de pan. Por eso estamos aqu\u00ed, dec\u00eda entonces el que so\u00f1aba: porque no todos los hombres tienen pan. Y agregaba: \u201cAs\u00ed de simple es, en el fondo. Somos como el hombre que no sabe nadar pero igual se tira al agua a salvar al que se est\u00e1 ahogando, y se va al fondo. A veces consigue salvar al otro pero igual se va al fondo. Y nadie sabe si en ese \u00faltimo instante se siente una felicidad intensa o una rabia amarga\u201d.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la \u00faltima noche de 1926, Joseph Roth estaba en Mosc\u00fa como periodista del Frankfurter Zeitung y pas\u00f3 el A\u00f1o Nuevo con un grupo de gente que fue llegando silenciosamente a su habitaci\u00f3n de hotel, con botellas de vodka escondidas en los bolsillos. 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