{"id":29616,"date":"2013-12-09T08:39:32","date_gmt":"2013-12-09T06:39:32","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-secreto-del-mundo\/"},"modified":"2013-12-09T08:39:32","modified_gmt":"2013-12-09T06:39:32","slug":"el-secreto-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-secreto-del-mundo\/","title":{"rendered":"El secreto del mundo"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>El ac\u00e1pite de novela m\u00e1s extraordinario que le\u00ed en mi vida dice: \u201cEl roble es un \u00e1rbol. La rosa es una flor. El ciervo es un animal. La golondrina es un p\u00e1jaro. Rusia es nuestra patria. La muerte es inevitable\u201d. Son palabras de un tal Piotr Smirnovsky y, si le creemos a Nabokov, vienen de un manual de gram\u00e1tica rusa que se usaba para educar a los ni\u00f1os en Berl\u00edn durante la primera gran oleada de la emigraci\u00f3n, despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n bolchevique. Hab\u00eda muchos rusos que tomaban estas palabras como un dogma de fe en aquellos tiempos. Bajaban a caminar por la calle en Berl\u00edn y esperaban encontrarse con el oto\u00f1o en San Petersburgo. Si se sub\u00edan a un tranv\u00eda y se les ca\u00eda un guante por la ventanilla, tiraban el otro para que quien lo encontrara tuviera el par, aunque no les quedara en los bolsillos ni una moneda para tabaco, carb\u00f3n o t\u00e9. Todos eran escritores, todos cre\u00edan tener algo que decir porque les dol\u00eda Rusia. Le\u00edan los peri\u00f3dicos de la emigraci\u00f3n como si leyeran a Tolstoi y los escrib\u00edan como si fueran Pushkin. No s\u00f3lo no entend\u00edan la revoluci\u00f3n que los hab\u00eda expulsado de su mundo id\u00edlico; tampoco les entraba en la cabeza que la edad de oro de la literatura rusa (ese medio siglo de Pushkin a Tolstoi) hubiera dejado su lugar a la edad de plata (Ajm\u00e1tova, Maiacovski, Blok). Para ellos no hab\u00eda terminado todav\u00eda: continuaba en ellos. Hab\u00edan tenido delante de sus narices a los acme\u00edstas y a los futuristas y a los imaginistas, antes de abandonar la patria, pero segu\u00edan pensando que la literatura rusa la hac\u00edan ellos, en salones prestados en Berl\u00edn.<\/p>\n<p>Hab\u00eda un muchacho que iba a esos salones, uno de \u201cesos j\u00f3venes rusos en Berl\u00edn que vend\u00edan pobremente las sobras de su educaci\u00f3n aristocr\u00e1tica dando lecciones particulares de ingl\u00e9s, boxeo y tenis\u201d. El tambi\u00e9n llevaba a Rusia en el coraz\u00f3n. De hecho, se cre\u00eda con m\u00e1s derecho que todos esos vejestorios de sal\u00f3n a sentir que Pushkin y Tolstoi corr\u00edan por su sangre, porque en su caso el parentesco no s\u00f3lo era metaf\u00f3rico, sino sangu\u00edneo: el joven Nabokov se cre\u00eda el pr\u00edncipe heredero de la literatura rusa, y un poco as\u00ed lo trataban esos vejestorios (a fin de cuentas, su padre hab\u00eda muerto por la patria poco antes, poni\u00e9ndole el pecho a las balas que pretend\u00edan asesinar a Kerensky a la salida de un mit\u00edn pol\u00edtico en Berl\u00edn). El joven Nabokov asist\u00eda a aquellas veladas con el cuello de la camisa abierto y zapatillas de tenis sin medias, el rostro y las manos y los tobillos siempre bronceados y una inalterable indiferencia en su expresi\u00f3n hel\u00e9nica, pero por dentro se sent\u00eda \u201ccomo una casa a la que han privado de su piano de cola\u201d. En sus prolongados ratos libres entre clase y clase, le\u00eda a Pushkin como si lo inhalara (\u201cEl lector de Pushkin siente que su capacidad pulmonar crece\u201d). Lo hac\u00eda como entrenamiento, pero no para escribir poemas: sab\u00eda ya que sus poemas pod\u00edan enga\u00f1ar a otros pero a \u00e9l no; necesitaba encontrar otro envase para la voz que ten\u00eda adentro. Y, as\u00ed como descubri\u00f3 temprano frente a un tablero de ajedrez que no ten\u00eda pasta de gran maestro pero s\u00ed ten\u00eda un talento tan endiablado como elegante para inventar problemas que vend\u00eda despu\u00e9s a la revista 8&#215;8, supo en aquellos tiempos en Berl\u00edn (cuando una muchacha hermosa que se convertir\u00eda en la mujer de su vida le dijo: \u201cMe gustan tus poemas pero las palabras parecen un talle m\u00e1s peque\u00f1o de lo que deber\u00edan ser\u201d) que la \u00fanica manera que ten\u00eda de ser poeta era disfraz\u00e1ndose de novelista.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, cuando ya hab\u00eda escrito todas sus fabulosas novelas en ingl\u00e9s, dijo que s\u00f3lo se hab\u00eda limitado a aplicar la idea que se le ocurri\u00f3 en ruso, en aquellos tiempos en Berl\u00edn: la de enmascarar la poes\u00eda en la prosa, la idea de que la gran narrativa es \u201cpoes\u00eda inadvertida\u201d, opera sin hacerse evidente. Todos esos a\u00f1os de indolencia en Berl\u00edn, Nabokov estuvo en realidad entrenando el instrumento, escribi\u00f3 primero siete novelitas una tras otra para ir familiariz\u00e1ndose con el formato, y despu\u00e9s puso sobre la mesa el libro que quer\u00eda escribir desde un principio: la biograf\u00eda de la mente de un escritor. Puso todo ah\u00ed: el Berl\u00edn opaco, la a\u00f1oranza permanente de Rusia, las enfermas rivalidades literarias, las mujeres, las estrecheces econ\u00f3micas y tambi\u00e9n los delirios de grandeza de ese joven escritor, la manera en que va escribiendo su vida en la cabeza mientras tanto. Fue la \u00faltima novela que escribi\u00f3 en ruso; despu\u00e9s se pas\u00f3 al ingl\u00e9s y, si se fijan un poco, repiti\u00f3 la t\u00e1ctica: un pu\u00f1ado de novelitas para ir tom\u00e1ndole el punto al idioma y entonces los grandes libros, Lolita, P\u00e1lido fuego, Habla memoria, Mira los arlequines.<\/p>\n<p>Nina Berberova, que ten\u00eda la misma edad que Nabokov, dijo que cuando ley\u00f3 La d\u00e1diva en Par\u00eds en 1939 sinti\u00f3 \u201cque toda mi generaci\u00f3n hab\u00eda sido justificada, est\u00e1bamos salvados, ten\u00edamos sentido\u201d. Pero el resto de la emigraci\u00f3n detest\u00f3 el libro y se sinti\u00f3 ultrajada. Nadie quiso pagarle la publicaci\u00f3n, Nabokov termin\u00f3 encontrando un editor alem\u00e1n de poca monta que dej\u00f3 morir al libro, y despu\u00e9s, cuando logr\u00f3 cruzar a salvo hasta Estados Unidos huyendo de los nazis, no confiaba en nadie para que la tradujera, y \u00e9l mismo no se decid\u00eda a hacerlo porque le resultaba demasiado doloroso tener que enfrentar en ingl\u00e9s los dilemas estil\u00edsticos que tan bien hab\u00eda sabido resolver en ruso, de manera que La d\u00e1diva (que en su lengua original se llama Dar, un t\u00edtulo que habr\u00eda sido perfecto para su traducci\u00f3n al castellano) durmi\u00f3 el sue\u00f1o de los justos durante a\u00f1os y a\u00f1os, y todav\u00eda hoy es un libro semiolvidado: las editoriales que publican con ping\u00fces ganancias a Nabokov lo tienen fuera de cat\u00e1logo, es una haza\u00f1a conseguir un ejemplar, sea en castellano o en ingl\u00e9s, para no hablar del ruso.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tanto que ofend\u00eda en La d\u00e1diva a los emigrados rusos en Berl\u00edn (y a los de Praga y a los de Par\u00eds, que participaban a la distancia), fue tal la catarata de cartas quej\u00e1ndose a los diarios sobre distintos momentos del libro, que nadie se sinti\u00f3 escarnecido por una escena en que el joven protagonista compara la vida de los rusos en Berl\u00edn con un cuento de los muchos que le hizo su padre (muerto, como el de Nabokov, e idealizado como el de Nabokov): en los confines de Chang, durante un incendio, un viejo chino tira agua sin cansarse al reflejo de las llamas en las ventanas de su casa, convencido de que la est\u00e1 salvando. Otro de los personajes de La d\u00e1diva dice en cierto momento: \u201cLa vida como viaje es una ilusi\u00f3n est\u00fapida. No hay viaje, no vamos a ninguna parte, estamos sentados en casa y el otro mundo nos rodea, siempre\u201d. Los rusos de Berl\u00edn evitaban en lo posible el trato con los \u201cabor\u00edgenes\u201d (ajj, krautz), desconfiaban y evitaban a los nuevos rusos que llegaban (esp\u00edas, todos esp\u00edas) y segu\u00edan tirando agua contra el reflejo de un fuego en el vidrio. No hab\u00eda mundo m\u00e1s peque\u00f1o. Y sin embargo, en el centro mismo de La d\u00e1diva una voz dice estas fabulosas palabras: \u201cNo es f\u00e1cil de entender pero si lo entiendes lo entender\u00e1s todo y saldr\u00e1s de la prisi\u00f3n de la l\u00f3gica: el todo es igual a la m\u00e1s peque\u00f1a parte del todo, la suma de las partes es igual a una de las partes de la suma. Ese es el secreto del mundo\u201d.<\/p>\n<p>PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ac\u00e1pite de novela m\u00e1s extraordinario que le\u00ed en mi vida dice: \u201cEl roble es un \u00e1rbol. La rosa es una flor. El ciervo es un animal. La golondrina es un p\u00e1jaro. Rusia es nuestra patria. La muerte es inevitable\u201d. 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