{"id":29536,"date":"2013-11-25T08:37:35","date_gmt":"2013-11-25T06:37:35","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/joseph-conrad-el-corazon-de-las-tinieblas\/"},"modified":"2013-11-25T08:37:35","modified_gmt":"2013-11-25T06:37:35","slug":"joseph-conrad-el-corazon-de-las-tinieblas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/joseph-conrad-el-corazon-de-las-tinieblas\/","title":{"rendered":"Joseph Conrad: El coraz\u00f3n de las tinieblas"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>JOSEPH CONRAD: EL CORAZ\u00d3N DE LAS TINIEBLAS (CL\u00c1SICOS DEL SIGLO XX)<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de las tinieblas apareci\u00f3 en 1902. Una estancia de seis meses en el Congo, diezmado en esas fechas por la avaricia de Leopoldo II de B\u00e9lgica, inspir\u00f3 a Joseph Conrad, oficial de la marina mercante brit\u00e1nica, una novela breve que incluye la denuncia de un genocidio, una visi\u00f3n sombr\u00eda sobre la naturaleza humana y una reflexi\u00f3n sobre el mal desde una perspectiva metaf\u00edsica y simb\u00f3lica. El coraz\u00f3n de las tinieblas no es una novela hist\u00f3rica, sino una poderosa met\u00e1fora que trasciende las \u00e9pocas, revelando las limitaciones del lenguaje y la inteligencia humana para expresar la complejidad del mal. El odio al otro, al paria, al diferente, nace de una oscura pulsi\u00f3n que Freud consider\u00f3 un elemento esencial de nuestra vida ps\u00edquica. No es extra\u00f1o que Francis Ford Coppola se inspirara en la obra de Conrad para recrear la crudeza de la guerra en Apocalypse Now (1979), mostrando que la violencia homicida obedece a determinadas concepciones de la pol\u00edtica y la historia, pero en \u00faltimo t\u00e9rmino brota de un impulso irracional, at\u00e1vico, primitivo, que revela no ya nuestro parentesco con hipot\u00e9ticos dioses, sino con el mundo natural. El mal desborda a la raz\u00f3n y s\u00f3lo puede expresarse con una palabra: \u201cEl horror\u201d. Es lo incomprensible, lo inexpresable y tal vez lo imperdonable, pues atenta contra lo humano, despersonalizando a sus v\u00edctimas y neg\u00e1ndoles su derecho a tener un nombre y una identidad.<\/p>\n<p>A\u00d1OS DE FORMACI\u00d3N<\/p>\n<p>J\u00f3zef Teodor Konrad Korzeniowski, de origen polaco, se convirti\u00f3 en Joseph Conrad despu\u00e9s de una ni\u00f1ez desdichada y una juventud turbulenta. Aunque Berdyczew, su localidad natal, pertenece hoy en d\u00eda a Ucrania, en aquella \u00e9poca se hallaba bajo dominio ruso. Apollo, padre de J\u00f3zef, pertenec\u00eda a la peque\u00f1a nobleza rural. Su patrimonio era escaso y nunca ocult\u00f3 su desd\u00e9n por el dinero. Nacionalista polaco radical, cre\u00eda que la independencia deb\u00eda estar ligada a una profunda transformaci\u00f3n social, que contemplara la reforma agraria. Por eso militaba en la fracci\u00f3n \u201cRoja\u201d, opuesta a la fracci\u00f3n \u201cBlanca\u201d, que pretend\u00eda restablecer el r\u00e9gimen feudal. Poeta, dramaturgo y traductor al polaco de autores como Vigny, Shakespeare, Heine, V\u00edctor Hugo y Dickens, su beligerancia pol\u00edtica le costar\u00eda el exilio y la pobreza, un destino que compartir\u00eda con toda su familia. Las penalidades afectaron a la salud de su esposa, Evelina Bobrowska, que muere a los 32 a\u00f1os de tuberculosis. Cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde, muere Apollo y es enterrado en Cracovia. En su l\u00e1pida, se graba una emotiva inscripci\u00f3n: \u201cApollo Nalecz Korzeniowski, v\u00edctima de la tiran\u00eda zarista. Nacido el 21 de febrero de 1820. Muerto el 23 de mayo de 1869. Al hombre que am\u00f3 a su patria, trabaj\u00f3 y muri\u00f3 por ella. Sus compatriotas\u201d. El funeral convoca a una multitud. Trabajadores, mujeres y ni\u00f1os, saludan el paso del f\u00e9retro con respeto, humildad y fervor patri\u00f3tico. Tiempo despu\u00e9s, Conrad escribir\u00e1: \u201cFue una manifestaci\u00f3n del esp\u00edritu nacional\u201d. J\u00f3zef, que s\u00f3lo tiene doce a\u00f1os, queda bajo la tutela de su t\u00edo Tadeusz, hermano de su madre. Tadeusz es un terrateniente acomodado que costear\u00e1 sus estudios y le prodigar\u00e1 un sincero afecto. La tr\u00e1gica historia de sus padres convierte a J\u00f3zef en un joven conservador, que repudia el radicalismo revolucionario y no se hace ilusiones sobre la liberaci\u00f3n de Polonia. Eso s\u00ed, nunca se aplacar\u00e1 su hostilidad hacia Rusia, que se extiende a sus escritores, con excepci\u00f3n de Turgu\u00e9niev, que se aleja est\u00e9ticamente de novelistas como Tolstoi y Dostoievski para desplegar una sensibilidad de estilo flaubertiano. De hecho, Flaubert ser\u00e1 uno de los autores m\u00e1s admirados por Conrad, hasta el punto de que algunos cr\u00edticos se\u00f1alan que su vocaci\u00f3n literaria nace del deseo de emulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estudiar en Lvov y Cracovia, J\u00f3zef anuncia a su t\u00edo su intenci\u00f3n de convertirse en marino. La posteridad alega que su pasi\u00f3n por la geograf\u00eda y las novelas de aventuras ambientadas en mares lejanos actuaron como principal motivaci\u00f3n, pero hay otra raz\u00f3n m\u00e1s prosaica. Viajar por rutas ex\u00f3ticas era una forma de escapar al reclutamiento forzoso en el ej\u00e9rcito ruso por un per\u00edodo de veinticinco a\u00f1os. Rusia aplicaba esa medida a los hijos de los represaliados pol\u00edticos para mantenerlos bajo control militar. A pesar de la contrariedad de su t\u00edo, J\u00f3zef se traslada a Marsella y aprende franc\u00e9s, frecuentando los caf\u00e9s donde se re\u00fanen poetas, exiliados, bohemios y lobos de mar. Participa en una expedici\u00f3n para entregar armas a los carlistas, seducido por su condici\u00f3n de causa perdida y, posteriormente, se embarca en el Mont Blanc, que realiza la ruta de la Martinica. M\u00e1s tarde, viaja en el Saint-Antoine, que recorre las costas de Colombia y Venezuela. A su regreso, contrae deudas de juego en el Casino de Montecarlo e intenta suicidarse con un disparo en el pecho. Afortunadamente, la bala atraviesa el cuerpo limpiamente, sin afectar a ning\u00fan \u00f3rgano vital. Su t\u00edo Tadeusz paga la deuda y escribe: \u201cNo es un mal muchacho, tan s\u00f3lo es extremadamente sensible, orgulloso y algo irritable\u201d. J\u00f3zef vuelve a embarcarse, esta vez en el Mavis, un barco carbonero con destino a Constantinopla y que finaliza su ruta en Lowestoft, Inglaterra. Cuando pisa tierra brit\u00e1nica por primera vez, no sabe ni una palabra de ingl\u00e9s. Nuevos viajes en buques mercantes brit\u00e1nicos le familiarizan con la lengua y le convierten en \u201cel polaco Joe\u201d. Supera las pruebas para ser oficial de segunda y despilfarra su sueldo, adquiriendo otra vez deudas de juego. Se inventa un falso naufragio para que su t\u00edo Tadeusz le ayude de nuevo. Su imaginaci\u00f3n anticipa un naufragio real. En 1897, se va a pique el Palestine, donde ejerc\u00eda de segundo oficial. El \u201cpolaco Joe\u201d asumir\u00e1 el mando de un bote salvavidas con trece marineros y consigue llegar a Mentok, en la isla Bangka, al sudeste de Sumatra, donde le recibe una multitud silenciosa. La experiencia le inspirar\u00e1 \u201cJuventud\u201d, un relato donde aparece por primera vez el personaje de Marlow, un experimentado marino que afirma: \u201cHay viajes que parecen destinados a mostrarnos qu\u00e9 es la vida: son, por tanto, como un s\u00edmbolo de la existencia\u201d.<\/p>\n<p>VIAJE AL CONGO<\/p>\n<p>En 1886 obtiene la nacionalidad inglesa y aprueba los ex\u00e1menes de capit\u00e1n de la marina mercante. A partir de entonces, se har\u00e1 llamar Joseph Conrad. Es el primer polaco que consigue esa graduaci\u00f3n en la marina brit\u00e1nica. Su nueva nacionalidad no es un gesto de oportunismo, sino una confirmaci\u00f3n de su ideolog\u00eda conservadora: \u201cInglaterra es la \u00fanica barrera frente a las presiones de las infernales doctrinas nacidas en los barrios bajos continentales\u201d. Las vivencias de su infancia le han marcado de forma irreversible, alumbrando un rechazo sin fisuras hacia el pensamiento revolucionario. De hecho, considerar\u00e1 que el anarquismo es una de las peores plagas de su \u00e9poca y nunca simpatizar\u00e1 con los movimientos obreros. En los a\u00f1os siguientes, viajar\u00e1 por Java, Singapur, Madagascar. En 1889, obtiene por primera vez el mando como capit\u00e1n de nav\u00edo. Se trata del Otago, un barco de 345 toneladas. En la isla Mauricio, se relaciona con la colonia francesa, destacando por su elegancia y modales aristocr\u00e1ticos. Sus colegas no le aprecian demasiado. Le llaman despectivamente \u201cel conde ruso\u201d, pues su atuendo habitual es un sombrero de hongo y un bast\u00f3n de contera dorada. En 1899, publica su primera novela: La locura de Almayer. El cr\u00edtico Edward Garnett aprecia de inmediato su talento y aprueba la publicaci\u00f3n del manuscrito. Despu\u00e9s de conocerse en persona e iniciar una duradera amistad, Garnett escribe: \u201cNunca hab\u00eda visto a un hombre tan completamente masculino pero a la vez de sensibilidad tan femenina\u201d. A pesar del apoyo de Garnett, Conrad alberga serias dudas sobre su carrera literaria: \u201cCreo que no volver\u00e9 a escribir \u2013le confiesa-. Es probable que pronto vuelva al mar\u201d. Su carrera como marino mercante no resulta menos incierta. A sus treinta y cuatro a\u00f1os no ha conseguido un puesto estable y s\u00f3lo ha ejercido de capit\u00e1n en el Otago. No le enorgullece que su nombramiento obedeciera a una fatalidad: el capit\u00e1n muri\u00f3 a bordo y no exist\u00eda otro oficial. Su sensaci\u00f3n de estancamiento le empuja a viajar al Congo. Gracias a su t\u00edo Tadeusz, le ofrecen reemplazar al capit\u00e1n dan\u00e9s Johannes Freiesleben, que hab\u00eda perdido la vida a manos de los nativos. Firma un contrato de tres a\u00f1os con la Soci\u00e9t\u00e9 Anonyme Belge, pero no tarda en descubrir que casi todos los europeos regresan al continente mucho antes para no morir de fiebre o disenter\u00eda. El 12 de junio llega a Boma y se embarca hacia Matadi, recorriendo cuarenta millas del r\u00edo Congo. En Matadi, conoce al irland\u00e9s Roger Casement, cazador, explorador y diplom\u00e1tico. Inteligente y sensible, Casement le revela la situaci\u00f3n de los congole\u00f1os, explotados hasta la muerte por la corona belga. Cualquier gesto de protesta se castiga con mutilaciones, azotes o cepos. Ninguna ley protege la vida de los negros, que pueden ser asesinados impunemente. De hecho, la posteridad estimar\u00e1 que los cr\u00edmenes cometidos constituyen un aut\u00e9ntico genocidio, con dos millones de v\u00edctimas. En sus Diarios, Conrad anotar\u00e1 que Casement, con el que convivi\u00f3 dos semanas, era el hombre m\u00e1s extraordinario que hab\u00eda conocido en \u00c1frica.<\/p>\n<p>Desde Matadi viaja a pie hacia en Kinshasa en un caravana con treinta cargadores congole\u00f1os, que le relatan sus inhumanas condiciones de trabajo. En Kinshasa, discute con su superior jer\u00e1rquico, un empresario llamado Camille Decommune, con \u201cuna mirada tan cortante y pesada como un hacha\u201d. Decommune le repite varias veces su frase favorita: \u201cEl hombre que viene aqu\u00ed no debe tener entra\u00f1as\u201d y le comunica que no ser\u00e1 capit\u00e1n, sino segundo de a bordo en el Roi des Belges. El barco que deb\u00eda mandar est\u00e1 averiado y su misi\u00f3n ser\u00e1 recoger al agente comercial Georges Antoine Klein, que se encuentra gravemente enfermo. El Roi des Belges est\u00e1 al mando del dan\u00e9s Ludwig Koch y posee una tripulaci\u00f3n de trece africanos, algunos can\u00edbales. Transportar\u00e1 a cuatro pasajeros, entre ellos el propio Decommune. El barco remonta el r\u00edo Congo hasta las Cataratas de Stanley. Conrad puede comprobar con sus propios ojos el grado de barbarie de los colonizadores, que se justifican alegando que son los agentes de la civilizaci\u00f3n blanca, cristiana y occidental. El capit\u00e1n enferma durante la traves\u00eda y Conrad asume el mando de forma temporal. Georges Antoine Klein muere durante el trayecto de vuelta. Se ha dicho que Klein y Arthur Hodister, un aventuro que participa en la expedici\u00f3n y que m\u00e1s tarde ser\u00e1 devorado por los can\u00edbales, servir\u00e1n de modelo para Kurtz, pero se cree que la figura m\u00e1s influyente para construir el personaje fue Eduard Schnitzer, m\u00e9dico, pol\u00edglota, explorador, militar y cient\u00edfico.<\/p>\n<p>Conrad rompi\u00f3 su contrato y regres\u00f3 a Europa, con las secuelas de una malaria que le acompa\u00f1ar\u00eda el resto de su vida. S\u00f3lo hab\u00eda permanecido seis meses y unos d\u00edas en el continente africano, pero se hab\u00eda enfrentado a un espanto moral que desbordaba sus peores expectativas. Horrorizado, escribir\u00e1 un art\u00edculo titulado \u201cGeography and Some Explorers\u201d, donde afirma que la colonizaci\u00f3n del Congo es \u201cla m\u00e1s vil rapi\u00f1a que jam\u00e1s haya desfigurado la historia de la conciencia humana y la exploraci\u00f3n geogr\u00e1fica\u201d. En una conversaci\u00f3n con Edward Garnett, afirma que la experiencia le ha cambiado la vida: \u201cAntes del Congo yo s\u00f3lo era un animal\u201d. Desgraciadamente, su indignaci\u00f3n moral no le har\u00e1 menos conservador. En 1916, se niega a firmar un manifiesto internacional a favor de Roger Casement, condenado a la horca por el imperio brit\u00e1nico. Casement hab\u00eda apoyado a los nacionalistas irlandeses en su lucha por la independencia. Los servicios secretos ingleses publicaron unos falsos Diarios que reflejaban presuntas aventuras homosexuales. Este dato logr\u00f3 despertar una enorme antipat\u00eda en la opini\u00f3n p\u00fablica y la inhibici\u00f3n de muchos intelectuales. Es inevitable pensar en Emilio Zola, que se hizo famoso con su art\u00edculo \u201cYo acuso\u2026\u201d, proclamando la inocencia del capit\u00e1n Dreyfus, pero se neg\u00f3 a firmar una petici\u00f3n de indulgencia a favor de Oscar Wilde, condenado a dos a\u00f1os de trabajos forzados por sodom\u00eda. Lo cierto es que Conrad escribi\u00f3 El coraz\u00f3n de las tinieblas influido por Casement y por todos los que se internaron en el continente africano, buscando gloria y riquezas y s\u00f3lo hallaron codicia, hipocres\u00eda y una pavorosa crueldad. Leopoldo II era el propietario de una gigantesca compa\u00f1\u00eda que explotaba el Congo como su finca particular. Los nativos eran obligados a entregar unas cuotas abusivas de caucho, marfil y resina de copal. Se les controlaba con m\u00e9todos policiales y militares, amput\u00e1ndoles un pie o una mano cuando se estimaba que su productividad era demasiado baja. Se quemaban las aldeas que se rebelaban y se exterminaba a sus pobladores. Las expediciones de castigo eran verdaderos actos de genocidio que arrasaban pueblos enteros. Leopoldo II se convirti\u00f3 en uno de los hombres m\u00e1s ricos de su \u00e9poca y el Congo perdi\u00f3 la mitad de su poblaci\u00f3n en apenas dos d\u00e9cadas, seg\u00fan el historiador Adam Hochschild, que investig\u00f3 sobre el alcance de las atrocidades en su obra King Leopold\u2019s Ghost. Mark Twain afirm\u00f3 que el n\u00famero de v\u00edctimas oscilaba entre cinco y ocho millones, pero su comentario es meramente especulativo, lo cual no resta horror a una matanza de proporciones desconocidas hasta entonces.<\/p>\n<p>EL HORROR, EL HORROR<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de las tinieblas se public\u00f3 por entregas en 1899 en la revista londinense Blackwood\u2019s Magazine. Tres a\u00f1os despu\u00e9s aparece como uno de los tres relatos del libro Youth; A Narrative; and Two Other Stories. Conrad recre\u00f3 su peripecia en el r\u00edo Congo, cambiando nombres y detalles geogr\u00e1ficos, pero sin ocultar su repulsa hacia la colonizaci\u00f3n belga. La narraci\u00f3n comienza en la desembocadura del T\u00e1mesis. Un grupo de hombres a bordo de la \u201cNellie\u201d, una peque\u00f1a yola de crucero, aguarda la bajada de la marea para partir. Marlow hace m\u00e1s ligera la espera, relatando su viaje al Congo. Entre sus interlocutores se halla un abogado, un contable y el capit\u00e1n. Todos son viajeros experimentados, \u201ctolerantes para con las historias, e incluso las convicciones, de cada cual\u201d, pues les une \u201cel v\u00ednculo de la mar\u201d, que implica largas separaciones de sus seres queridos, sin otro horizonte que las aguas de oc\u00e9anos, mares y r\u00edos. Esos escenarios son una excelente met\u00e1fora de la existencia humana, donde el azar y lo imprevisible compiten con la raz\u00f3n y el c\u00e1lculo. El hombre se afana en dominar los elementos, pero su lucha f\u00e1ustica no siempre desemboca en el \u00e9xito. Es tan posible llegar a puerto como naufragar. El T\u00e1mesis ha sido el punto de partida de aventureros, piratas, conquistadores y mercaderes. Marlow es un marino, con esp\u00edritu de vagabundo. Sus historias no se parecen a un serm\u00f3n, sino a una niebla que se propaga lentamente hasta el meollo de las cosas. Antes de relatar su estancia en el Congo, menciona la colonizaci\u00f3n romana de Inglaterra, se\u00f1alando que en la Antig\u00fcedad la isla no era muy distinta del continente africano, invadido por las potencias europeas. En ambos casos, se dirime el conflicto entre civilizaci\u00f3n y barbarie, pero despeja cualquier duda sobre el reparto de papeles. Los romanos no son moralmente superiores a los primitivos habitantes de Britania. De hecho, \u201cse apoderaban de todo lo que pod\u00edan por simple ansia de posesi\u00f3n, era un pillaje con violencia, un alevoso asesinato a gran escala y cometido a ciegas\u201d. La conquista de otra tierra \u201csignifica arrebat\u00e1rsela a aquellos que tienen un color de piel diferente o la nariz ligeramente m\u00e1s aplastada que nosotros\u201d. Sin embargo, admite que la colonizaci\u00f3n es el fruto de una idea, que implica fe y sacrifico. No hay que olvidar que Conrad admiraba al imperio brit\u00e1nico y comparaba a Casement con Pizarro. Ser\u00eda absurdo presentar al novelista como un anticolonialista y no ocultaba su pasi\u00f3n por la aventura de adentrarse en tierras extra\u00f1as. Ese anhelo es la principal motivaci\u00f3n del viaje al Congo de Marlow, seg\u00fan explica a sus compa\u00f1eros de la \u201cNellie\u201d. Despu\u00e9s de observar el mapa de \u00c1frica, sinti\u00f3 que el r\u00edo Congo, con su forma de serpiente desenroscada, le hechizaba, exigiendo su presencia: \u201cY el r\u00edo estaba all\u00ed, fascinante, mort\u00edfero como una serpiente\u201d. Al igual que en la realidad, Charlie Marlow consigue un puesto para reemplazar a un capit\u00e1n muerto durante un altercado con los ind\u00edgenas. Meses m\u00e1s tarde, Marlow descubrir\u00e1 el origen del incidente: un malentendido sobre dos gallinas negras. El capit\u00e1n era un hombre apacible y tranquilo, pero despu\u00e9s de dos a\u00f1os en el Congo dedicado a la \u201cnoble causa\u201d de la colonizaci\u00f3n, se convirti\u00f3 en otra persona y apale\u00f3 ferozmente al jefe de una aldea. En su opini\u00f3n, le hab\u00edan estafado, cuestionando su superioridad de hombre blanco y civilizado. Un joven intervino y le clav\u00f3 una lanza. El capit\u00e1n muri\u00f3 y los habitantes de la aldea huyeron por temor a las represalias.<\/p>\n<p>Cuando Marlow acude por fin a firmar el contrato, se encuentra en la sala de espera con dos ancianas tejiendo con \u201clana negra\u201d. Su aspecto se corresponde con la \u201cprofunda oscuridad\u201d y el \u201csilencio sepulcral\u201d del barrio. No parecen dos mujeres realizando una actividad intrascendente, sino las guardianas de \u201cla puerta de las Tinieblas\u201d, tejiendo \u201cun c\u00e1lido pa\u00f1o mortuorio\u201d. Conrad explota los mitos (las dos ancianas pueden ser las Moiras o Parcas, a punto de cortar el hilo de la vida) y el contraste entre la luz y la oscuridad, pero sin manique\u00edsmos que escamotean la ambivalencia de la naturaleza humana, donde conviven el bien y el mal, mezcl\u00e1ndose, separ\u00e1ndose y enred\u00e1ndose en un juego sin fin. La \u201clana negra\u201d s\u00f3lo puede interpretarse como un sombr\u00edo presagio, pues en la mitolog\u00eda griega y romana la \u201clana negra\u201d de las Moiras o las Parcas simboliza la tristeza y el infortunio.\u00a0 Marlow inicia el viaje y apenas atisba la costa africana siente la fascinaci\u00f3n de \u201cuna jungla colosal, de un verde tan oscuro que era casi negro\u201d. Sabe que se acerca a un espacio desconocido, que perturba a los hombres y, en ocasiones, les hace perder la raz\u00f3n. No puede explicarse de otro modo que un barco de guerra franc\u00e9s bombardee la maleza, disparando contra un enemigo invisible. El m\u00e9dico que le examin\u00f3 antes de partir le midi\u00f3 la cabeza por curiosidad cient\u00edfica. Le explic\u00f3 que lo hac\u00eda con todos los que part\u00edan hacia la costa africana. Marlow pregunt\u00f3 si proced\u00eda de esa manera para comprobar los cambios que se produc\u00edan en los individuos. El doctor le contest\u00f3 que los cambios no eran visibles, pues se produc\u00edan por dentro y que \u00e9l se limitaba a esbozar una teor\u00eda sobre cuestiones generales. El comportamiento del barco de guerra franc\u00e9s sugiere que la empresa de la colonizaci\u00f3n deviene en locura colectiva. De hecho, su tripulaci\u00f3n ha sido diezmada por la fiebre y podr\u00eda extinguirse, transformando la embarcaci\u00f3n en un buque fantasma. Conrad adopta un tono que recuerda a Melville, cuando describe la locura de Ahab, luchando contra una Naturaleza hostil. El ballenero que persigue a Moby Dick deambula por un escenario de pesadillas. El cachalote blanco es un monstruo tan inaccesible como la jungla, que impone la ley de la muerte sin esfuerzo. Cuando Marlow sube a un peque\u00f1o vapor para llegar a su destino, el capit\u00e1n le advierte que uno de sus \u00faltimos pasajeros se ahorc\u00f3 al poco de desembarcar: \u201cDemasiado sol para \u00e9l, o el pa\u00eds, quiz\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>Si la jungla desprende \u201cuna atm\u00f3sfera tel\u00farica, inm\u00f3vil como la de una catacumba caldeada\u201d, la estaci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda que ha contratado a Marlow no parece menos irracional que el barco franc\u00e9s, lanzando proyectiles contra una aldea imaginaria. Una multitud de nativos desnudos se pasean entre hierros retorcidos mientras se vuelan rocas al azar, con el pretexto de abrir un camino al ferrocarril. Una hilera de seis negros con los cuellos unidos por una ominosa cadena a\u00f1ade una nota de crueldad a la locura reinante. Un blanco con rifle y uniforme les vigila. Al descubrir a Marlow, le sonr\u00ede como si fuera su socio. Los dos son europeos y, al margen de sus actos, ambos participan en la misma ignominia. No s\u00e9 hasta qu\u00e9 punto experiment\u00f3 Conrad la sensaci\u00f3n de implicarse en algo moralmente inaceptable, pues nunca abomin\u00f3 del imperialismo brit\u00e1nico, pero su retrato del hombre blanco no puede ser m\u00e1s desfavorable. Bajo \u201cla luz cegadora\u201d de \u00c1frica, el colonizador europeo s\u00f3lo es \u201cun demonio fl\u00e1cido, pretencioso y de ojos apagados, de una locura rapaz y despiadada\u201d. La basura de la civilizaci\u00f3n industrial se extiende por \u00c1frica como una plaga. Un estrecho barranco aloja tubos de desag\u00fce rotos. Cerca, hay sombras acurrucadas, con \u201ctodas las posturas del dolor, el abandono y la desesperaci\u00f3n\u201d. Son los nativos que ya no pueden trabajar y se han retirado a morir en el improvisado vertedero. Marlow se pregunta si ha \u201cpenetrado en el tenebroso c\u00edrculo de alg\u00fan Infierno\u201d. Los congole\u00f1os mueren en \u201cpenumbra verdusca\u201d. Su agon\u00eda es la \u00fanica oportunidad de descanso que se les concede, sin que nadie se preocupe de aliviar su sufrimiento. De repente, advierte la cercan\u00eda de un rostro. Los ojos desfallecientes de un muchacho, casi un ni\u00f1o, le sobrecogen, despertando su piedad. Aunque le entrega una galleta, el joven se limita a cerrar la mano lentamente, sin hacer adem\u00e1n de com\u00e9rsela.<\/p>\n<p>El aspecto de los africanos contrasta con el de los europeos, atildados y relucientes hasta la ostentaci\u00f3n: chaquetas de alpaca, pantalones blancos, cuellos almidonados. Esa diferencia es el obsceno reflejo de un comercio asim\u00e9trico: marfil a cambio de abalorios y alambre de lat\u00f3n. El jefe de contabilidad de la estaci\u00f3n menciona por primera vez al se\u00f1or Kurtz, \u201cuna persona fuera de lo normal\u201d. Kurtz es el mejor agente de la compa\u00f1\u00eda. Sus env\u00edos de marfil superan largamente a los de cualquier otro. Intrigado por la fama de Kurtz, Marlow prosigue su viaje a pie, con una caravana compuesta por 70 hombres. El trayecto es desolador: aldeas vac\u00edas, granjas abandonadas, porteadores que enferman o mueren y son arrojados a un lado del camino, como fardos inservibles, africanos con un balazo en la frente, tambores lejanos que insin\u00faan la existencia de una cultura profunda e incomprensible para el hombre blanco. Marlow llega a la Estaci\u00f3n Central, donde le espera el vapor y el director, un vulgar comerciante que no repara en cuestiones morales ni sentimentales. Le informa de que el vapor est\u00e1 averiado y Kurtz enfermo. Debe subir r\u00edo arriba y recogerlo para enviarlo a un hospital, pero las reparaciones retrasar\u00e1n la partida varios meses. Durante ese tiempo, Marlow observa la selva, \u201calgo grandioso e invencible, como el mal o la verdad, esperando pacientemente a que pasara esta fant\u00e1stica invasi\u00f3n\u201d. Al mismo tiempo, su curiosidad por Kurtz no deja de crecer. Uno de los agentes conserva un peque\u00f1o boceto al \u00f3leo en una tabla que representa a una mujer con los ojos vendados y una antorcha avanzando sobre un fondo oscuro. Es una obra incompleta de Kurtz y su significado es incierto. Al igual que el r\u00edo y la selva, Kurtz ejerce una poderosa fascinaci\u00f3n. \u201cTodo esto era grandioso, expectante, mudo, mientras aquel hombre farfullaba acerca de s\u00ed mismo. Yo me preguntaba si la quietud en la faz de la inmensidad que nos miraba [\u2026] significaba una llamada o una amenaza. \u00bfQu\u00e9 \u00e9ramos nosotros que nos hab\u00edamos extraviado all\u00ed? \u00bfpodr\u00edamos dominar aquella cosa muda o nos dominar\u00eda ella a nosotros? Sent\u00ed lo grande, lo malditamente grande que era aquella cosa que no pod\u00eda hablar y que tal vez era tambi\u00e9n sorda. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda all\u00ed dentro?\u201d.<\/p>\n<p>\u201cVivimos igual que so\u00f1amos: solos\u201d, comenta Marlow, se\u00f1alando que es imposible explicar ciertas vivencias, particularmente cuando se parecen a un sue\u00f1o, con su mezcla de \u201cabsurdo, sorpresa y aturdimiento\u201d. En la oscuridad, Marlow es poco m\u00e1s que una voz. No parece una observaci\u00f3n pueril, pues Kurtz, ausente durante casi toda la narraci\u00f3n, es descrito como una voz, un hombre con el don de convertir sus palabras en un \u201cpalpitante torrente de luz\u201d, pero no se trata de la luz de la raz\u00f3n, sino del fuego del visionario. Marlow comienza a subir el r\u00edo, con su peque\u00f1o vapor reci\u00e9n reparado, que parece \u201cun perezoso escarabajo por el suelo de un grandioso p\u00f3rtico\u201d. La precariedad de la embarcaci\u00f3n produce una angustiosa sensaci\u00f3n de peque\u00f1ez y vulnerabilidad. \u201c\u00c9ramos vagabundos en tierra prehist\u00f3rica, en una tierra que ten\u00eda el aspecto de un planeta desconocido. Pod\u00edamos haber so\u00f1ado que \u00e9ramos los primeros hombres que tomaban posesi\u00f3n de una herencia maldita\u201d. En la tripulaci\u00f3n, hay algunos nativos que han practicado el canibalismo. Son hombres sencillos, elementales, que no se plantean dilemas morales. Sin embargo, sobrellevan las penalidades con m\u00e1s dignidad y entereza que los blancos que viajan a bordo, aficionados a disparar contra la selva con cualquier pretexto y a quejarse de las moscas, el calor y la escasez de provisiones. Marlow admite que los contrastes culturales rebasan sus posibilidades de comprensi\u00f3n: \u201cLa esencia de este mundo yac\u00eda bastante por debajo de su superficie, m\u00e1s all\u00e1 de mi alcance, y m\u00e1s all\u00e1 de mi poder de intromisi\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Marlow ansia cada vez m\u00e1s el encuentro con Kurtz, pese a que todo augura una confrontaci\u00f3n violenta. Cuando se hallan cerca de su destino, escuchan gritos espeluznantes y el r\u00edo se llena de troncos que dificultan la navegaci\u00f3n, presagiando el ataque. Poco despu\u00e9s, se desata una lluvia de flechas sobre el vapor y una lanza acaba con la vida del timonel. El vapor sigue su marcha y llega a la estaci\u00f3n, donde les recibe un hombre estrafalario, con una indumentaria parecida a la de un arlequ\u00edn. Sus ropas, llenas de remiendos azules, rojos y amarillos, agudizan sus rasgos infantiles, de joven imberbe con la nariz pelada. Se trata de un aventurero ruso que ha servido en barcos ingleses y ha vagabundeando por el r\u00edo hasta topar con Kurtz, apreciando de inmediato su genio y su mirada visionaria. \u201cA ese hombre no se le habla, se le escucha. [\u2026] Me hizo ver cosas, cosas\u201d, exclama exaltado. \u201cEse hombre ha ensanchado mi esp\u00edritu. [\u2026] Tendr\u00eda que haberle o\u00eddo recitar poes\u00eda; era suya adem\u00e1s; \u00e9l me lo dijo. \u00a1Poes\u00eda!\u201d Cuando le refieren el ataque en el r\u00edo, el joven explica que han sido los nativos: \u201cNo quieren que \u00e9l se vaya. [\u2026] Le adoran\u201d. Marlow observa con sus prism\u00e1ticos una hilera de postes rodeando la ruinosa vivienda de Kurtz. Espantado, descubre que los postes est\u00e1n rematados con cabezas humanas. Todas las cabezas miran a la casa, salvo una, orientada hacia el exterior. El joven ruso excusa a Kurtz: \u201cNo se le puede juzgar como se juzga a un hombre vulgar\u201d. Marlow estima que Kurtz se ha vuelto loco y se ha encaramado en un trono de sangre: \u201c\u2026la selva le hab\u00eda cautivado, le hab\u00eda amado, le hab\u00eda abrazado, hab\u00eda penetrado en sus venas, consumido su carne y unido su alma a la suya, por medio de inconcebibles ceremonias de alg\u00fan tipo de iniciaci\u00f3n demon\u00edaca\u201d. Sin embargo, su barbarie no puede atribuirse exclusivamente a un entorno primitivo. \u201cSu madre era medio inglesa, su padre medio franc\u00e9s. Toda Europa contribuy\u00f3 a hacer a Kurtz\u201d. De hecho, escribi\u00f3 diecisiete p\u00e1ginas por encargo de la Sociedad Internacional para la Supresi\u00f3n de las Costumbres Salvajes. Su conclusi\u00f3n era aterradora: \u201c\u00a1Exterminad a todos los salvajes!\u201d. Por supuesto, en nombre de la civilizaci\u00f3n y el progreso. Por fin, aparece Kurtz. Est\u00e1 muy enfermo y un grupo de nativos le transporta en parihuelas. No sin dificultades, consiguen subirlo al vapor. Mientras se alejan, una mujer llena de abalorios, hermosa y con la dignidad de una princesa, levanta los brazos hacia el cielo, sin mascullar ni proferir un quejido. El silencio, agravado por la actitud de los nativos que se esconden en la maleza, produce una mezcla de asombro, solemnidad y tragedia.<\/p>\n<p>Kurtz agoniza durante el trayecto de vuelta. Apenas farfulla unas frases: \u201cTen\u00eda planes inmensos\u2026 Estaba en el umbral de grandes cosas\u201d. Sus \u00faltimas palabras resumen su peripecia en \u00c1frica: \u201c\u00a1El horror! \u00a1El horror!\u201d. Marlow entiende su lucha interior, pues \u201cla vida es una bufonada [\u2026] y lo m\u00e1s que se puede esperar de ella es un cierto conocimiento de uno mismo \u2013que llega demasiado tarde- y una cosecha de remordimientos inextinguibles\u201d. Marlow visita a la mujer que esperaba desposarse con Kurtz. No es joven y, menos a\u00fan, insensata, pero necesita algo para continuar viviendo, un recuerdo que le permita sobrellevar su p\u00e9rdida. Por eso, cuando le pregunta cu\u00e1les fueron las \u00faltimas palabras de Kurtz, Marlow vence su repugnancia a la mentira y le dice que muri\u00f3 pronunciando su nombre. En su interior, sin embargo, aparece la mujer africana, que se despidi\u00f3 de Kurtz con una silenciosa dignidad. Las dos son figuras tr\u00e1gicas, pero encarnan mundos opuestos.<\/p>\n<p>EL CORAZ\u00d3N DE UNA INMENSA OSCURIDAD<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de las tinieblas es un alegato contra la colonizaci\u00f3n belga, pero no contra el imperialismo. De hecho, la obra muestra en muchos momentos los prejuicios de una \u00e9poca que justificaba la pol\u00edtica exterior de las potencias europeas con el resto de los continentes. La mujer de los amuletos que contempla con impotencia la marcha de Kurtz pertenece a \u201cla corriente de las tinieblas\u201d. Por el contrario, la novia blanca encarna el dolor racional, elaborado, civilizado. Los can\u00edbales que viajan en el vapor ans\u00edan comerse a los que les arrojan flechas desde la maleza. Los blancos se conforman con matarlos. La selva incita las pasiones m\u00e1s oscuras y, aunque no se menciona expl\u00edcitamente, se presupone que las grandes ciudades son espacios de ilustraci\u00f3n y progreso. A pesar de estos contrastes, Conrad no oculta la degradaci\u00f3n del hombre blanco, que abusa de su poder militar y tecnol\u00f3gico para exterminar a otros pueblos y robarles sus recursos. Ese hecho pone de manifiesto que el mal no es algo ancestral y arcaico, sino una pulsi\u00f3n humana universal y atemporal, agravada por las ideolog\u00edas que dividen a la humanidad en salvajes y civilizados.<\/p>\n<p>La peripecia de Kurtz recuerda las tesis de Freud sobre la cultura. El hombre oscila como un p\u00e9ndulo entre Eros y T\u00e1natos. No es un fen\u00f3meno cultural, sino la tensi\u00f3n primordial de su vida ps\u00edquica. Eros simboliza la libido, el instinto sexual, y T\u00e1natos, el instinto de muerte, que se proyecta sobre el otro, pero tambi\u00e9n sobre el propio yo. La mitolog\u00eda griega representa a T\u00e1natos como un joven alado con una tea en la mano. La tea alienta una llama, pero el fuego est\u00e1 a punto de apagarse. Freud entendi\u00f3 esta imagen como una met\u00e1fora de la nostalgia por el no ser, por la existencia mineral, inerte o post mortem, pero mezcl\u00f3 esta pulsi\u00f3n nihilista con la furia de las Keres, diosas de la muerte violenta. Aunque el padre del psicoan\u00e1lisis no mencion\u00f3 a esas horribles divinidades (\u201cdeseosas de beber la sangre oscura de los hombres\u201d, seg\u00fan El escudo de Heracles), T\u00e1natos y Keres son figuras complementarias, pues el desprecio de la propia vida y el odio hacia el otro se comunican de forma inevitable, engendrando un magma confuso, donde el ser humano libera sus pasiones m\u00e1s destructivas. Matar puede interpretarse como un gesto de poder, que expande el yo y le acerca al pante\u00f3n de las viejas divinidades, donde lo sagrado no est\u00e1 asociado a la piedad y la misericordia, sino a lo desmesurado y terrible. Aquiles mata a H\u00e9ctor y arrastra su cad\u00e1ver por el campo de batalla durante nueve d\u00edas. En el mundo antiguo, no es un monstruo, sino un h\u00e9roe. Su comportamiento es el privilegio de los vencedores. La \u00e9tica que precede al cristianismo no reprueba esa conducta, pero advierte que la ebriedad de humillar y ultrajar al enemigo desemboca en la hybris o exceso. Kurtz sucumbir\u00e1 a ese exceso, ignorando que el poder ilimitado sobre los otros deviene en impotencia y soledad. Cuando el otro es un objeto, que se puede descuartizar y exponer como un trofeo, no hay posibilidad de philia, de amor fraterno y el yo se despe\u00f1a por la locura.<\/p>\n<p>\u00bfSe puede identificar a Kurtz con el superhombre de Nietzsche? Su rebeli\u00f3n contra la moral tradicional puede asociarse a una racionalidad que se ahoga en sus propios l\u00edmites y desea alumbrar una nueva \u00e9tica o, por utilizar una expresi\u00f3n de Georges Bataille, \u201cuna hipermoral\u201d. \u201cS\u00f3lo la acci\u00f3n tiene los derechos\u201d, escribe Bataille en La literatura y el Mal (1957). Creo que puedo utilizar algunas frases del fil\u00f3sofo franc\u00e9s para esbozar una interpretaci\u00f3n de los actos de Kurtz. En los cr\u00edmenes de Kurtz \u201chay una voluntad decidida de ruptura con el mundo, para abarcar mejor la vida en su plenitud\u201d. Su org\u00eda de violencia es un regreso al \u201creino de la infancia\u201d, donde la voluntad es soberana e ilimitada. Kurtz no claudica ante el Mal, sino que elige el Mal y \u201cacepta las consecuencias m\u00e1s terribles de su desaf\u00edo\u201d. Su profundo sufrimiento refleja \u201cel horror de la libertad\u201d. Sus excesos son \u201cuna mala nueva\u201d que recuerda al Nietzsche solar y tr\u00e1gico. Eso s\u00ed, el superhombre de Nietzsche es un ni\u00f1o que juega y no un ser atormentado. Kurtz intenta ser ese ni\u00f1o, pero no lo consigue, pues la moral de superhombre prescinde del otro, rebajado a simple objeto para obtener el placer de humillar y dominar. La filosof\u00eda de Nietzsche y Sade naufragan al olvidar la dial\u00e9ctica del amo y el esclavo. El amo se deshumaniza tanto como el esclavo, pues la humanidad no puede surgir sin reciprocidad. Tal vez para comprender el fondo \u00faltimo de El coraz\u00f3n de las tinieblas, es necesario tener la intuici\u00f3n de un poeta. En 1926, T. S. Elliot escribi\u00f3 el poema The Hollow Men (Los hombres huecos), que Marlon Brando leer\u00eda en una escena memorable de Apocalypse Now. Escribe Elliot: \u201cSomos los hombres huecos\u2026 \/ [\u2026] los que han cruzado con ojos ardientes al otro Reino de la Muerte, \/ nos recuerdan \u2013si es que nos recuerdan- \/ no como almas extraviadas y violentas \/ sino como los hombres huecos\u201d.\u00a0 El poema finaliza con dos versos desoladores: \u201cY as\u00ed acaba el mundo. \/ No con un estallido, sino con un sollozo\u201d. Dos versos son suficientes para sentir la respiraci\u00f3n de un texto saturado de pesimismo antropol\u00f3gico. Conrad anticip\u00f3 el desenga\u00f1o que prosper\u00f3 en la sociedad europea despu\u00e9s de las dos guerras mundiales, particularmente cuando las sombras escu\u00e1lidas de Auschwitz y la carne quemada de Hiroshima vaciaron al ser humano de esperanzas y creencias. Estamos en el siglo XXI y el mundo no ha acabado, pero se escucha su sollozo. El progreso, lejos de impulsar un avance moral, nos ha convertido en hombres huecos y no se cansa de maltratar a la Naturaleza. Quiz\u00e1s el horror no es el grito que surge de lo m\u00e1s profundo de la selva, sino del coraz\u00f3n de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JOSEPH CONRAD: EL CORAZ\u00d3N DE LAS TINIEBLAS (CL\u00c1SICOS DEL SIGLO XX) El coraz\u00f3n de las tinieblas apareci\u00f3 en 1902. 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