{"id":29427,"date":"2013-11-04T09:10:52","date_gmt":"2013-11-04T07:10:52","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-amenaza-de-los-conocidos\/"},"modified":"2013-11-04T09:10:52","modified_gmt":"2013-11-04T07:10:52","slug":"la-amenaza-de-los-conocidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-amenaza-de-los-conocidos\/","title":{"rendered":"La amenaza de los conocidos"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Cuando \u00e9ramos ni\u00f1os se nos ense\u00f1aba a \u201cdesconfiar de los desconocidos\u201d. Los \u201cdesconocidos\u201d, por lo general, presentaban un perfil lombrosiano que los identificaba con las clases m\u00e1s pobres y con los extranjeros. \u201cDesconocidos\u201d eran sobre todo los que no vest\u00edan a la moda, no iban bien afeitados y exhib\u00edan teces morenas, cicatrices faciales y cuerpos mal alimentados; y desde luego los gitanos, los drogadictos y los negros. Las clases medias capitalistas han desarrollado durante siglos un instinto clasificatorio fundado en la sedimentaci\u00f3n de esta imagen del \u201cdesconocido\u201d amenazador, procedente del espacio exterior, al que se reconoce por un conjunto de rasgos f\u00edsicos inequ\u00edvocos: muy grandes o muy peque\u00f1os, torpes, sucios, atezados, aristados, barbudos, peludos, muy t\u00edmidos o muy agresivos; es decir, pobres. Lo peor que puede decirse de esta memoria social del estereotipo, que confunde clase y raza, desdicha y maldad, es que no es propiamente capitalista sino que conserva -y \u00e9sa es la acusaci\u00f3n- lo peor, y s\u00f3lo lo peor, de la humanidad milenaria. El extremo ideal y caricaturesco de este clich\u00e9 dominante -el \u201cdesconocido\u201d &#8211; es el ogro o la bruja de los cuentos cl\u00e1sicos y, en nuestro mundo contempor\u00e1neo, el \u201cextraterrestre\u201d, cuya genealog\u00eda paralela e inquietante se refleja en su extravagante anatom\u00eda, inhumana e irracional, y en el concomitante deseo de conquistar la tierra.<\/p>\n<p>Naturalmente este terror al \u201cdesconocido\u201d sigue existiendo, complicado ahora por la promiscuidad cosmopolita de las grandes ciudades y el car\u00e1cter casi atmosf\u00e9rico del llamado \u201cterrorismo\u201d, pero se est\u00e1 produciendo una revoluci\u00f3n o, al menos, una subversi\u00f3n imaginaria en la memoria social de los estereotipos. Es un cambio muy inquietante que extiende el terror y enra\u00edza las amenazas en el interior, en el terreno de esa vida privada -c\u00e1lido refugio burgu\u00e9s- donde hasta ahora nos sent\u00edamos protegidos y seguros.<\/p>\n<p>Me ha llamado la atenci\u00f3n el n\u00famero de noticias que en las \u00faltimas semanas alimentan esta subversi\u00f3n de los clich\u00e9s: la abogada rica que mata a su hija de doce a\u00f1os, la pareja insospechable que treinta a\u00f1os antes hab\u00eda matado a sus ex-esposos y a sus hijos, el profesor de religi\u00f3n que asesina, trocea y congela a su hermano, el vecino amable que hab\u00eda secuestrado y violado a tres chicas durante veinte a\u00f1os&#8230; Es verdad que noticias como \u00e9stas han hecho siempre las delicias de un p\u00fablico aficionado a las golosinas truculentas (una extra\u00f1a necesidad del alma), pero el placer se asociaba a su car\u00e1cter excepcional. Ahora se est\u00e1 dibujando y estabilizando algo as\u00ed como una nueva norma. Cuando se pregunta a los amigos o a los vecinos de los asesinos, todos coinciden en declaraciones que tienen tambi\u00e9n ya la frecuencia y el peso de los \u201cep\u00edtetos\u201d (\u201cUlises, el de los pies ligeros\u201d , \u201cAquiles, fecundo en ardides\u201d, \u201cNY la gran manzana\u201d, etc): \u201cnadie lo hubiera sospechado\u201d, \u201cera un buen vecino\u201d, \u201cuna persona normal\u201d. De pronto nuestro deformado instinto clasificatorio, que asociaba clase y raza, amenazas y rasgos f\u00edsicos, ya no nos sirve para orientarnos. Hay que desconfiar tambi\u00e9n de las personas \u201cnormales\u201d; los m\u00e1s \u201cdesconocidos\u201d son, en realidad, nuestros \u201cconocidos\u201d. Como en el caso del extraterrestre, el cine ha jugado un papel fundamental en la sedimentaci\u00f3n de esta nueva memoria estereot\u00edpica que rompe asociaciones centenarias. Pensemos, por ejemplo, en Funny Games, de Michael Haneke, donde los asesinos que violan el recinto dom\u00e9stico son rubios, blancos, angelicales, los novios so\u00f1ados para nuestras hijas, a los que se deja entrar en casa precisamente por eso; o en la serie de \u00e9xito Breaking Bad, en la que un profesor de qu\u00edmica que adora a su familia tiene una vida paralela de feroz adrenalina criminal. \u201cEstoy casada con un asesino\u201d, \u201cmi padre es un criminal\u201d, \u201cmi t\u00edo es un violador\u201d, \u201cmi profesor es un mafioso\u201d.<\/p>\n<p>No es que estas cosas no ocurran. Ocurren. Las estad\u00edsticas demuestran, por ejemplo, que la mayor parte de los abusos sexuales se cometen dentro de casa. Pero el sentido com\u00fan -digamos- siempre atribu\u00eda estas conductas a una desviaci\u00f3n patol\u00f3gica; es decir, era la conducta misma la que convert\u00eda al delincuente en un repentino \u201cdesconocido\u201d. Ahora sucede m\u00e1s bien lo contrario: a fuerza de acumular noticias y disociar clich\u00e9s, se genera la ilusi\u00f3n de que es la normalidad misma, como antes la \u201canormalidad\u201d, la que amenaza y mata; de que cuanto m\u00e1s normal parece nuestro marido o nuestro vecino m\u00e1s peligroso es en realidad; de que las amenazas m\u00e1s serias proceden de los m\u00e1s pr\u00f3ximos o de los m\u00e1s conocidos. Este desplazamiento y desorientaci\u00f3n estereot\u00edpica no puede dejar de relacionarse con la subversi\u00f3n antropol\u00f3gica de una sociedad que descompone todos los v\u00ednculos para desprender, como su ideal econ\u00f3mico y cultural, un individuo consumidor encerrado en un caparaz\u00f3n blindado, amenazado por todos los otros individuos consumidores, amenazador \u00e9l mismo para todos los dem\u00e1s, unos y otros aterrorizados por igual en nuestros peque\u00f1os t\u00f3rax revueltos -im\u00e1genes, tentaciones, fantasmas- mientras nos dirigimos, volviendo a derecha e izquierda la cabeza, capaces de cualquier crimen, al supermercado. El terror, y no el placer, es el mejor est\u00edmulo al consumo y el m\u00e1s poderoso sost\u00e9n psicol\u00f3gico del mercado.<\/p>\n<p>Si no hubiera otros motivos, habr\u00eda que reprochar tambi\u00e9n al capitalismo este gran fracaso antropol\u00f3gico: en lugar de extender la confianza a los desconocidos, como han so\u00f1ado durante siglos religiones y utop\u00edas, ha contra\u00eddo la desconfianza tambi\u00e9n hasta los conocidos. No s\u00f3lo los gitanos, los negros, los extranjeros, los pobres, son peligrosos. Cualquiera -incluso t\u00fa mismo- puede ser un monstruo. La normalidad misma es monstruosa. No confiemos en nadie, no nos casemos, no tengamos hijos, no invitemos a cenar a los amigos, no tengamos amigos. Gastemos todo nuestro dinero en m\u00e1quinas y guardaespaldas -preferiblemente no humanos.<\/p>\n<p>De esta subversi\u00f3n de la vieja y clasista memoria estereot\u00edpica de la humanidad deber\u00edamos al menos sacar una alerta provechosa. Porque, en efecto, los hombres m\u00e1s da\u00f1inos para la humanidad, los m\u00e1s destructivos, los m\u00e1s criminales, no son pobres ni gitanos ni barbudos: van bien vestidos, bien afeitados, bien peinados; elegantes, bronceados, desenvueltos, despiertan respeto y admiraci\u00f3n. No deber\u00edamos poner nuestras vidas en sus manos. Se llaman banqueros, empresarios, ministros, generales. \u201cMi marido es directivo de Monsanto\u201d, \u201cmi padre trabaja en el Pent\u00e1gono\u201d, son golosinas truculentas, abismos deliciosos de terror, que ni el cine ni los peri\u00f3dicos han explotado todav\u00eda.<\/p>\n<p>La Calle del Medio<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando \u00e9ramos ni\u00f1os se nos ense\u00f1aba a \u201cdesconfiar de los desconocidos\u201d. 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