{"id":29044,"date":"2013-09-03T05:23:22","date_gmt":"2013-09-03T03:23:22","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/1813-la-guerra-contra-napoleon-deja-un-lannus-horribilisr\/"},"modified":"2013-09-03T05:23:22","modified_gmt":"2013-09-03T03:23:22","slug":"1813-la-guerra-contra-napoleon-deja-un-lannus-horribilisr","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/1813-la-guerra-contra-napoleon-deja-un-lannus-horribilisr\/","title":{"rendered":"1813, La guerra contra Napole\u00f3n deja un \u00abannus horribilis\u00bb"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Hace dos siglos, Euskal Herria iba a sufrir de manera muy directa las consecuencias de la guerra que libraban en su suelo los aliados (Inglaterra, Portugal y Espa\u00f1a) contra las tropas de Napole\u00f3n. Muertes, violaciones, Donostia saqueada y arrasada, Iru\u00f1ea hambrienta tras meses de bloqueo y un rosario de localidades incendiadas y esquilmadas fueron el balance de un 1813 que se est\u00e1 recordando de diversas maneras en diferentes puntos de la geograf\u00eda vasca.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-29040\" alt=\"1\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/1.jpg\" height=\"264\" width=\"400\" \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-29041\" alt=\"2\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/2.jpg\" height=\"287\" width=\"400\" \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-29042\" alt=\"3\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/3.jpg\" height=\"280\" width=\"400\" \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-29043\" alt=\"4\" src=\"https:\/\/nabarralde.eus\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/4.jpg\" height=\"335\" width=\"400\" \/><\/p>\n<p>En la primavera de 1813, el duque de Wellington part\u00eda de Portugal con el objetivo de expulsar a las tropas napole\u00f3nicas de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. Los primeros efectos de esa campa\u00f1a en Euskal Herria se iban a producir en territorio alav\u00e9s. A mediados de junio llegaban a las inmediaciones de Gasteiz los 78.000 soldados del mariscal Jean Baptiste Jourdan que proteg\u00edan la retirada hacia Francia del soberano sentado en el trono espa\u00f1ol por Napole\u00f3n, su hermano Jos\u00e9 Bonaparte. Pis\u00e1ndoles los talones aparec\u00edan las tropas del duque de Wellington, con las que terminaron combatiendo el 21 de junio en la Llanada alavesa y los montes que rodean la capital. Despu\u00e9s de doce horas de lucha, los aliados se impusieron a las tropas de Jourdan, que se batieron en retirada generando una aut\u00e9ntica desbandada tras dejar en el campo de batalla unas 8.000 bajas entre muertos y heridos.<\/p>\n<p>La derrota napole\u00f3nica fue contundente, pero los soldados del emperador todav\u00eda no estaban vencidos, ya que los triunfadores de la batalla de Gasteiz prefirieron hacer un buen bot\u00edn con los objetos de valor que portaban los carruajes de la comitiva del rey Jos\u00e9 I antes que dar la puntilla a su enemigo. Por lo tanto, una vez que consiguieron rehacerse de lo ocurrido, las tropas del emperador siguieron combatiendo a sus perseguidores mientras intentaban alcanzar las dos plazas fuertes que todav\u00eda estaban en su poder: Donostia e Iru\u00f1ea.<\/p>\n<p>En esa retirada, el 23 de junio tuvo lugar un choque de armas en el barrio de Senpere, en la muga entre Beasain y Lazkao, en el que las tropas del general Graham alcanzaron y batieron a un grupo de soldados napole\u00f3nicos en plena retirada y contra los que ya se hab\u00eda librado una batalla en la zona de Arrasate.<\/p>\n<p>En su camino hacia Donostia y los Pirineos, las tropas francesas alcanzaron Tolosa, dejando a su paso un rastro de saqueos y rapi\u00f1a. El 25 de junio, los 15.000 hombres del general Foy intentaron frenar el avance aliado en la citada poblaci\u00f3n, un punto estrat\u00e9gico. Sin embargo, lo ten\u00edan muy dif\u00edcil, ya que se enfrentaban a los 30.000 hombres de Graham. El general ingl\u00e9s atac\u00f3 por el camino real que enlazaba Madrid y Baiona, mientras que el militar Gabriel de Mendizabal, que ven\u00eda desde Azpeitia, ten\u00eda como objetivo Albistur y Hernialde, y el guerrillero Francisco de Longa atacaba desde Ibarra. Tras una sangrienta jornada de lucha que se cobr\u00f3 1.600 vidas, los franceses aprovecharon la noche para retirarse hacia Andoain. El camino estaba despejado para Wellington, que poco despu\u00e9s inici\u00f3 el sitio de Donostia.<\/p>\n<p>Una situaci\u00f3n parecida se viv\u00eda en el otro gran punto de resistencia francesa: Iru\u00f1ea. En la capital del todav\u00eda Reino de Nafarroa hab\u00edan recalado el rey Jos\u00e9 I y el mariscal Jourdan tras la batalla de Gasteiz antes de cruzar los Pirineos. Tras ellos, hab\u00edan penetrado en suelo navarro los soldados de Wellington, que se encontraron un panorama dantesco, ya que \u00ablos franceses, al tener que huir pr\u00e1cticamente con lo puesto, echaron mano de todos los recursos que encontraron a su paso. Arrasaron cosechas, cogieron todos los animales dom\u00e9sticos que encontraron a su paso y para hacer fuego arrancaron puertas, marcos de ventanas y vigas de los tejados. Algunos pueblos aparec\u00edan medio quemados\u00bb, seg\u00fan se\u00f1ala Carlos Santacara en su libro \u00ab1813. El pa\u00eds que vieron los soldados brit\u00e1nicos de Wellington\u00bb. Por ejemplo, en Arbizu, los franceses dieron fuego a 45 casas, la mitad de las existentes entonces, despu\u00e9s de que sus vecinos huyeran al monte, la t\u00e1ctica m\u00e1s com\u00fan entre los civiles para escapar de la lucha.<\/p>\n<p>Los 40.000 soldados que penetraron en Nafarroa fueron suprimiendo con fuego artillero los focos de resistencia francesa que encontraban en su camino hacia la capital, a la que llegaron la tarde del 24 de junio. Wellington decidi\u00f3 iniciar un bloqueo sobre Iru\u00f1ea. Esta t\u00e1ctica le permit\u00eda mantener aislada la ciudad, en la que se hab\u00eda atrincherado la guarnici\u00f3n francesa, y, al mismo tiempo, disponer de m\u00e1s tropas para el resto de frentes que segu\u00edan abiertos, especialmente Donostia. En la ciudad guipuzcoana, la guarnici\u00f3n napole\u00f3nica, integrada por unos 2.600 hombres dirigidos por el general Emmanuel Rey, desaloj\u00f3 a los afrancesados que se hab\u00edan refugiado en ella, tom\u00f3 el convento de San Bartolom\u00e9 e incendi\u00f3 las casas existentes fuera de las murallas. Por su parte, los ingleses emplazaron sus ca\u00f1ones y empezaron a castigar las defensas donostiarras hasta abrir una brecha por la que se lanz\u00f3 un primer ataque el 25 de julio que fue rechazado por los franceses y que provoc\u00f3 600 muertos.<\/p>\n<p>Mientras Wellington procuraba acabar con esos dos principales focos de resistencia, Napole\u00f3n hab\u00eda reorganizado sus fuerzas con el objetivo de frenar la ofensiva aliada. Al frente de sus tropas puso al experimentado mariscal Soult, quien, a finales de julio, se sinti\u00f3 preparado para contraatacar. Sus hombres lanzaron una ofensiva masiva por Orreaga y Baztan con el fin de levantar el bloqueo de Iru\u00f1ea y m\u00e1s adelante acabar con el sitio de Donostia y empujar a Wellington m\u00e1s all\u00e1 del Ebro. 60.000 hombres divididos en dos grupos penetraron en Nafarroa el 25 de julio. La columna de Baztan fue frenada en Otsondo, mientras que los hombres de Soult avanzaron a buen ritmo hacia Iru\u00f1ea. La tarde del 27 de julio, los aliados decidieron hacer frente a los franceses en las inmediaciones de Sorauren, a nueve kil\u00f3metros de la capital y donde se present\u00f3 Wellington para tomar las riendas de su ej\u00e9rcito en retirada. Al d\u00eda siguiente, las tropas imperiales atacaron, pero no consiguieron romper la l\u00ednea de defensa aliada.<\/p>\n<p>El 29 de julio la columna de Baztan lleg\u00f3 a Ostiz, lo que incrementaba las fuerzas atacantes, pero Soult hab\u00eda decidido desistir de romper el bloqueo de Iru\u00f1ea y prefiri\u00f3 centrar sus esfuerzos en levantar el sitio de Donostia, as\u00ed que orden\u00f3 la retirada. Wellington adivin\u00f3 sus intenciones y el d\u00eda 30 lanz\u00f3 una ofensiva sobre Sorauren, que, tras dura resistencia, fue tomada por los aliados. A partir de ah\u00ed, las tropas imperiales iniciaron una retirada total hacia los Pirineos, a donde llegaron el 2 de agosto. Una semana despu\u00e9s, los franceses se encontraban en el punto de partida tras sufrir 15.000 bajas.<\/p>\n<p>Esta victoria permiti\u00f3 a Wellington centrar sus esfuerzos en Donostia, que segu\u00eda resistiendo. Sin embargo, a finales de agosto, la artiller\u00eda aliada hab\u00eda castigado suficientemente las murallas de la ciudad como para intentar un nuevo asalto. El mariscal Soult sab\u00eda que ese ataque pod\u00eda ser inminente y decidi\u00f3 intentar evitarlo lanzando una ofensiva por el monte San Marcial, mientras una parte de sus fuerzas hac\u00eda una maniobra envolvente por encima de Bera para llegar hasta Oiartzun.<\/p>\n<p>La madrugada del 31 de agosto y envueltas por la niebla, siete divisiones francesas cruzaron el Bidasoa y atacaron las posiciones aliadas en el monte San Marcial. Tras realizar dos asaltos masivos, terminaron retir\u00e1ndose sin haber logrado alcanzar la cima, lo que provoc\u00f3 tambi\u00e9n el repliegue de las tropas que hab\u00edan llegado hasta las inmediaciones de las pe\u00f1as de Aia. La retirada fue desastrosa, ya que una fuerte tormenta hizo subir el caudal del r\u00edo Bidasoa s\u00fabitamente y muchos soldados se ahogaron al intentar cruzar el curso de agua por los mismos puntos que hab\u00edan empleado a primera hora del d\u00eda.<\/p>\n<p>El ataque fue un nuevo fracaso, aunque, en realidad, la suerte de Donostia ya estaba echada. El mismo d\u00eda que se combat\u00eda por el monte San Marcial, las tropas de Wellington se lanzaban al asalto definitivo de la ciudad. \u00abLos desesperados\u00bb, una columna de voluntarios, atacaron por una de las brechas que hab\u00eda conseguido ensanchar su artiller\u00eda. Cuando alcanzaron la parte superior de la grieta, descubrieron que se encontraban a cuatro metros del suelo del interior de la ciudad, lo que gener\u00f3 un desconcierto entre sus filas que fue aprovechado por los defensores para acribillarlos. Parec\u00eda que los franceses hab\u00edan conseguido salir airosos, pero un incendio fortuito alcanz\u00f3 un dep\u00f3sito de munici\u00f3n de las tropas imperiales y la consiguiente explosi\u00f3n sembr\u00f3 el caos entre los napole\u00f3nicos, momento que fue aprovechado por los asaltantes para penetrar en la ciudad. Ante la imposibilidad de frenar esa avalancha, los soldados franceses se refugiaron en el castillo de la Mota, dejando a la poblaci\u00f3n civil a su suerte.<\/p>\n<p>Entonces comenz\u00f3 un tr\u00e1gico episodio que hoy en d\u00eda sigue generando controversia. Durante los siguientes seis d\u00edas, las tropas aliadas camparon a sus anchas por la ciudad saqueando, violando y dando muerte a muchos de sus habitantes. Y se desat\u00f3 un incendio tan pavoroso que solo se salvaron de las llamas las 35 casas y las dos parroquias existentes en la calle Trinidad, el lugar donde se encontraban alojados los oficiales brit\u00e1nicos y portugueses mientras preparaban el ataque al castillo, que terminar\u00eda rindi\u00e9ndose el 8 de setiembre. El resultado final de la \u00abliberaci\u00f3n\u00bb de Donostia fue abrumador: toda la ciudad destruida salvo la calle que en estos momentos se conoce como 31 de agosto en recuerdo de lo ocurrido, y la muerte de unas 1.200 personas.<\/p>\n<p>Con Donostia ya tomada, los aliados centraron su atenci\u00f3n en Iru\u00f1ea, donde continuaba el bloqueo a la guarnici\u00f3n francesa. El paso del tiempo y la falta de alimentos hab\u00edan generado una situaci\u00f3n dantesca en el interior de la ciudad, donde se hab\u00eda llegado a comer caballos, perros, gatos, ratas y todas las hierbas que se pod\u00edan encontrar. Finalmente y en vista de que ya nadie aparecer\u00eda para socorrerles, el 31 de octubre, los 3.500 soldados imperiales dirigidos por el general Cassan se rindieron a los 12.000 hombres de las tropas espa\u00f1olas que los hab\u00edan mantenido sitiados durante tres meses.<\/p>\n<p>Con los \u00faltimos focos de resistencia eliminados en Hego Euskal Herria, el 10 de noviembre Wellington lanz\u00f3 una gran ofensiva al norte de los Pirineos con 90.000 hombres y que gener\u00f3 un amplio frente de lucha que iba entre Donibane Lohizune y Donibane Garazi. Durante los siguientes meses, la guerra se cebar\u00eda con Ipar Euskal Herria, donde las tropas imperiales resistir\u00edan los sucesivos ataques de los aliados, como en el bloqueo de Baiona, hasta que a primeros de abril de 1814, con sus enemigos atac\u00e1ndole por diferentes flancos, Napole\u00f3n abdic\u00f3. As\u00ed se pon\u00eda un primer final a su imperio y a un largo conflicto que hab\u00eda dejado una Euskal Herria muy castigada por los desastres de la guerra.<\/p>\n<p>En la primavera de 1813, el duque de Wellington part\u00eda de Portugal con el objetivo de expulsar a las tropas napole\u00f3nicas de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. Los primeros efectos de esa campa\u00f1a en Euskal Herria se iban a producir en territorio alav\u00e9s. A mediados de junio llegaban a las inmediaciones de Gasteiz los 78.000 soldados del mariscal Jean Baptiste Jourdan que proteg\u00edan la retirada hacia Francia del soberano sentado en el trono espa\u00f1ol por Napole\u00f3n, su hermano Jos\u00e9 Bonaparte. Pis\u00e1ndoles los talones aparec\u00edan las tropas del duque de Wellington, con las que terminaron combatiendo el 21 de junio en la Llanada alavesa y los montes que rodean la capital. Despu\u00e9s de doce horas de lucha, los aliados se impusieron a las tropas de Jourdan, que se batieron en retirada generando una aut\u00e9ntica desbandada tras dejar en el campo de batalla unas 8.000 bajas entre muertos y heridos.<\/p>\n<p>La derrota napole\u00f3nica fue contundente, pero los soldados del emperador todav\u00eda no estaban vencidos, ya que los triunfadores de la batalla de Gasteiz prefirieron hacer un buen bot\u00edn con los objetos de valor que portaban los carruajes de la comitiva del rey Jos\u00e9 I antes que dar la puntilla a su enemigo. Por lo tanto, una vez que consiguieron rehacerse de lo ocurrido, las tropas del emperador siguieron combatiendo a sus perseguidores mientras intentaban alcanzar las dos plazas fuertes que todav\u00eda estaban en su poder: Donostia e Iru\u00f1ea.<\/p>\n<p>En esa retirada, el 23 de junio tuvo lugar un choque de armas en el barrio de Senpere, en la muga entre Beasain y Lazkao, en el que las tropas del general Graham alcanzaron y batieron a un grupo de soldados napole\u00f3nicos en plena retirada y contra los que ya se hab\u00eda librado una batalla en la zona de Arrasate.<\/p>\n<p>En su camino hacia Donostia y los Pirineos, las tropas francesas alcanzaron Tolosa, dejando a su paso un rastro de saqueos y rapi\u00f1a. El 25 de junio, los 15.000 hombres del general Foy intentaron frenar el avance aliado en la citada poblaci\u00f3n, un punto estrat\u00e9gico. Sin embargo, lo ten\u00edan muy dif\u00edcil, ya que se enfrentaban a los 30.000 hombres de Graham. El general ingl\u00e9s atac\u00f3 por el camino real que enlazaba Madrid y Baiona, mientras que el militar Gabriel de Mendizabal, que ven\u00eda desde Azpeitia, ten\u00eda como objetivo Albistur y Hernialde, y el guerrillero Francisco de Longa atacaba desde Ibarra. Tras una sangrienta jornada de lucha que se cobr\u00f3 1.600 vidas, los franceses aprovecharon la noche para retirarse hacia Andoain. El camino estaba despejado para Wellington, que poco despu\u00e9s inici\u00f3 el sitio de Donostia.<\/p>\n<p>Una situaci\u00f3n parecida se viv\u00eda en el otro gran punto de resistencia francesa: Iru\u00f1ea. En la capital del todav\u00eda Reino de Nafarroa hab\u00edan recalado el rey Jos\u00e9 I y el mariscal Jourdan tras la batalla de Gasteiz antes de cruzar los Pirineos. Tras ellos, hab\u00edan penetrado en suelo navarro los soldados de Wellington, que se encontraron un panorama dantesco, ya que \u00ablos franceses, al tener que huir pr\u00e1cticamente con lo puesto, echaron mano de todos los recursos que encontraron a su paso. Arrasaron cosechas, cogieron todos los animales dom\u00e9sticos que encontraron a su paso y para hacer fuego arrancaron puertas, marcos de ventanas y vigas de los tejados. Algunos pueblos aparec\u00edan medio quemados\u00bb, seg\u00fan se\u00f1ala Carlos Santacara en su libro \u00ab1813. El pa\u00eds que vieron los soldados brit\u00e1nicos de Wellington. Por ejemplo, en Arbizu, los franceses dieron fuego a 45 casas, la mitad de las existentes entonces, despu\u00e9s de que sus vecinos huyeran al monte, la t\u00e1ctica m\u00e1s com\u00fan entre los civiles para escapar de la lucha.<\/p>\n<p>Los 40.000 soldados que penetraron en Nafarroa fueron suprimiendo con fuego artillero los focos de resistencia francesa que encontraban en su camino hacia la capital, a la que llegaron la tarde del 24 de junio. Wellington decidi\u00f3 iniciar un bloqueo sobre Iru\u00f1ea. Esta t\u00e1ctica le permit\u00eda mantener aislada la ciudad, en la que se hab\u00eda atrincherado la guarnici\u00f3n francesa, y, al mismo tiempo, disponer de m\u00e1s tropas para el resto de frentes que segu\u00edan abiertos, especialmente Donostia. En la ciudad guipuzcoana, la guarnici\u00f3n napole\u00f3nica, integrada por unos 2.600 hombres dirigidos por el general Emmanuel Rey, desaloj\u00f3 a los afrancesados que se hab\u00edan refugiado en ella, tom\u00f3 el convento de San Bartolom\u00e9 e incendi\u00f3 las casas existentes fuera de las murallas. Por su parte, los ingleses emplazaron sus ca\u00f1ones y empezaron a castigar las defensas donostiarras hasta abrir una brecha por la que se lanz\u00f3 un primer ataque el 25 de julio que fue rechazado por los franceses y que provoc\u00f3 600 muertos.<\/p>\n<p>Mientras Wellington procuraba acabar con esos dos principales focos de resistencia, Napole\u00f3n hab\u00eda reorganizado sus fuerzas con el objetivo de frenar la ofensiva aliada. Al frente de sus tropas puso al experimentado mariscal Soult, quien, a finales de julio, se sinti\u00f3 preparado para contraatacar. Sus hombres lanzaron una ofensiva masiva por Orreaga y Baztan con el fin de levantar el bloqueo de Iru\u00f1ea y m\u00e1s adelante acabar con el sitio de Donostia y empujar a Wellington m\u00e1s all\u00e1 del Ebro. 60.000 hombres divididos en dos grupos penetraron en Nafarroa el 25 de julio. La columna de Baztan fue frenada en Otsondo, mientras que los hombres de Soult avanzaron a buen ritmo hacia Iru\u00f1ea. La tarde del 27 de julio, los aliados decidieron hacer frente a los franceses en las inmediaciones de Sorauren, a nueve kil\u00f3metros de la capital y donde se present\u00f3 Wellington para tomar las riendas de su ej\u00e9rcito en retirada. Al d\u00eda siguiente, las tropas imperiales atacaron, pero no consiguieron romper la l\u00ednea de defensa aliada.<\/p>\n<p>El 29 de julio la columna de Baztan lleg\u00f3 a Ostiz, lo que incrementaba las fuerzas atacantes, pero Soult hab\u00eda decidido desistir de romper el bloqueo de Iru\u00f1ea y prefiri\u00f3 centrar sus esfuerzos en levantar el sitio de Donostia, as\u00ed que orden\u00f3 la retirada. Wellington adivin\u00f3 sus intenciones y el d\u00eda 30 lanz\u00f3 una ofensiva sobre Sorauren, que, tras dura resistencia, fue tomada por los aliados. A partir de ah\u00ed, las tropas imperiales iniciaron una retirada total hacia los Pirineos, a donde llegaron el 2 de agosto. Una semana despu\u00e9s, los franceses se encontraban en el punto de partida tras sufrir 15.000 bajas.<\/p>\n<p>Esta victoria permiti\u00f3 a Wellington centrar sus esfuerzos en Donostia, que segu\u00eda resistiendo. Sin embargo, a finales de agosto, la artiller\u00eda aliada hab\u00eda castigado suficientemente las murallas de la ciudad como para intentar un nuevo asalto. El mariscal Soult sab\u00eda que ese ataque pod\u00eda ser inminente y decidi\u00f3 intentar evitarlo lanzando una ofensiva por el monte San Marcial, mientras una parte de sus fuerzas hac\u00eda una maniobra envolvente por encima de Bera para llegar hasta Oiartzun.<\/p>\n<p>La madrugada del 31 de agosto y envueltas por la niebla, siete divisiones francesas cruzaron el Bidasoa y atacaron las posiciones aliadas en el monte San Marcial. Tras realizar dos asaltos masivos, terminaron retir\u00e1ndose sin haber logrado alcanzar la cima, lo que provoc\u00f3 tambi\u00e9n el repliegue de las tropas que hab\u00edan llegado hasta las inmediaciones de las pe\u00f1as de Aia. La retirada fue desastrosa, ya que una fuerte tormenta hizo subir el caudal del r\u00edo Bidasoa s\u00fabitamente y muchos soldados se ahogaron al intentar cruzar el curso de agua por los mismos puntos que hab\u00edan empleado a primera hora del d\u00eda.<\/p>\n<p>El ataque fue un nuevo fracaso, aunque, en realidad, la suerte de Donostia ya estaba echada. El mismo d\u00eda que se combat\u00eda por el monte San Marcial, las tropas de Wellington se lanzaban al asalto definitivo de la ciudad. \u00abLos desesperados\u00bb, una columna de voluntarios, atacaron por una de las brechas que hab\u00eda conseguido ensanchar su artiller\u00eda. Cuando alcanzaron la parte superior de la grieta, descubrieron que se encontraban a cuatro metros del suelo del interior de la ciudad, lo que gener\u00f3 un desconcierto entre sus filas que fue aprovechado por los defensores para acribillarlos. Parec\u00eda que los franceses hab\u00edan conseguido salir airosos, pero un incendio fortuito alcanz\u00f3 un dep\u00f3sito de munici\u00f3n de las tropas imperiales y la consiguiente explosi\u00f3n sembr\u00f3 el caos entre los napole\u00f3nicos, momento que fue aprovechado por los asaltantes para penetrar en la ciudad. Ante la imposibilidad de frenar esa avalancha, los soldados franceses se refugiaron en el castillo de la Mota, dejando a la poblaci\u00f3n civil a su suerte.<\/p>\n<p>Entonces comenz\u00f3 un tr\u00e1gico episodio que hoy en d\u00eda sigue generando controversia. Durante los siguientes seis d\u00edas, las tropas aliadas camparon a sus anchas por la ciudad saqueando, violando y dando muerte a muchos de sus habitantes. Y se desat\u00f3 un incendio tan pavoroso que solo se salvaron de las llamas las 35 casas y las dos parroquias existentes en la calle Trinidad, el lugar donde se encontraban alojados los oficiales brit\u00e1nicos y portugueses mientras preparaban el ataque al castillo, que terminar\u00eda rindi\u00e9ndose el 8 de setiembre. El resultado final de la \u00abliberaci\u00f3n\u00bb de Donostia fue abrumador: toda la ciudad destruida salvo la calle que en estos momentos se conoce como \u00ab31 de agosto\u00bb en recuerdo de lo ocurrido, y la muerte de unas 1.200 personas.<\/p>\n<p>Con Donostia ya tomada, los aliados centraron su atenci\u00f3n en Iru\u00f1ea, donde continuaba el bloqueo a la guarnici\u00f3n francesa. El paso del tiempo y la falta de alimentos hab\u00edan generado una situaci\u00f3n dantesca en el interior de la ciudad, donde se hab\u00eda llegado a comer caballos, perros, gatos, ratas y todas las hierbas que se pod\u00edan encontrar. Finalmente y en vista de que ya nadie aparecer\u00eda para socorrerles, el 31 de octubre, los 3.500 soldados imperiales dirigidos por el general Cassan se rindieron a los 12.000 hombres de las tropas espa\u00f1olas que los hab\u00edan mantenido sitiados durante tres meses.<\/p>\n<p>Con los \u00faltimos focos de resistencia eliminados en Hego Euskal Herria, el 10 de noviembre Wellington lanz\u00f3 una gran ofensiva al norte de los Pirineos con 90.000 hombres y que gener\u00f3 un amplio frente de lucha que iba entre Donibane Lohizune y Donibane Garazi. Durante los siguientes meses, la guerra se cebar\u00eda con Ipar Euskal Herria, donde las tropas imperiales resistir\u00edan los sucesivos ataques de los aliados, como en el bloqueo de Baiona, hasta que a primeros de abril de 1814, con sus enemigos atac\u00e1ndole por diferentes flancos, Napole\u00f3n abdic\u00f3. As\u00ed se pon\u00eda un primer final a su imperio y a un largo conflicto que hab\u00eda dejado una Euskal Herria muy castigada por los desastres de la guerra.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 fue destruida Donostia?<\/p>\n<p>Doscientos a\u00f1os despu\u00e9s, la destrucci\u00f3n de Donostia sigue generando dimes y diretes, ya que existen varias teor\u00edas que intentan explicar por qu\u00e9 la ciudad guipuzcoana termin\u00f3 arrasada por aquellos que quer\u00edan \u00abliberarla\u00bb. Algunos estudiosos se\u00f1alan que en esa \u00e9poca, el asalto de ciudades sol\u00eda derivar habitualmente en un aut\u00e9ntico saqueo por parte de las tropas asediantes, que aprovechaban el momento para hacerse con un bot\u00edn mientras sus mandos miraban para otro lado.<\/p>\n<p>Desde la Asociaci\u00f3n de Historiadores Guipuzcoanos, Miguel de Aramburu, Carlos Rilova Jeric\u00f3 y \u00c1lvaro Arag\u00f3n Ruano ahondan en esa tesis, pero a\u00f1adi\u00e9ndole una motivaci\u00f3n de corte comercial en el caso donostiarra. De acuerdo con su teor\u00eda, los oficiales brit\u00e1nicos no habr\u00edan frenado el frenes\u00ed saqueador de sus hombres para as\u00ed \u00abacabar con un competidor comercial y con un puerto que en un futuro inmediato volver\u00eda a ser aliado franc\u00e9s y enemigo de la flota de su Brit\u00e1nica Majestad\u00bb. En su modo de proceder, habr\u00edan influido el hecho de que Donostia se entreg\u00f3 a las tropas francesas durante la Guerra de la Convenci\u00f3n (1794-95) sin ofrecer la m\u00e1s m\u00ednima resistencia y las intensas relaciones comerciales entre la ciudad y Baiona, que se habr\u00edan visto fortalecidas si Hego Euskal Herria hubiera pasado a formar parte de la Francia napole\u00f3nica.<\/p>\n<p>Esos v\u00ednculos comerciales y la citada sinton\u00eda con la Administraci\u00f3n gala tambi\u00e9n son sacados a colaci\u00f3n por los defensores de otra teor\u00eda que explica el saqueo y la quema de la ciudad como una venganza espa\u00f1ola. La iniciativa Donostia Sutan 1813-2013 asegura que los generales espa\u00f1oles Casta\u00f1os, especialmente, y \u00c1lava (que en junio hab\u00eda evitado el saqueo de Gasteiz tras su batalla) habr\u00edan fomentado la destrucci\u00f3n de la urbe como escarmiento por haberse alineado con la Francia revolucionaria.<\/p>\n<p>Para sostener esta tesis se basan en 79 testimonios recogidos durante los meses siguientes al asalto del 31 de agosto y en los que los testigos aseguran haber o\u00eddo a los soldados que \u00abten\u00edan orden del general Casta\u00f1os de arrasar la ciudad y pasar a cuchillo a sus habitantes\u00bb. Las tropas inglesas y portuguesas habr\u00edan cumplido a conciencia con ese mandato, ya que en sus relatos, los donostiarras narran \u00abel asesinato de personas indefensas, la violaci\u00f3n de mujeres sin distinci\u00f3n de edad, de hijas sobre el cad\u00e1ver de sus madres, saqueo de todos los bienes, incendio premeditado casa por casa&#8230;\u00bb, recuerdan desde esta iniciativa.<\/p>\n<p>Donostia Sutan a\u00f1ade que \u00ablos generales espa\u00f1oles \u00c1lava y Casta\u00f1os, responsables de la masacre, y el brit\u00e1nico duque de Wellington negaron su implicaci\u00f3n en los hechos y echaron la culpa a los propios donostiarras y a las tropas francesas que hab\u00edan ocupado la ciudad durante cinco a\u00f1os\u00bb. Cuando qued\u00f3 en evidencia que el saqueo hab\u00eda sido realizado por las tropas anglo-portuguesas, tampoco se compens\u00f3 a la ciudad por lo sucedido e incluso durante un periodo de tres a\u00f1os las autoridades espa\u00f1olas no permitieron la reconstrucci\u00f3n que quer\u00edan realizar los donostiarras, una an\u00f3mala forma de proceder que vendr\u00eda a reforzar la tesis de la venganza. P.G.<\/p>\n<p>Pello Guerra \u00b7 Naiz<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace dos siglos, Euskal Herria iba a sufrir de manera muy directa las consecuencias de la guerra que libraban en su suelo los aliados (Inglaterra, Portugal y Espa\u00f1a) contra las tropas de Napole\u00f3n. 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