{"id":28957,"date":"2013-08-09T05:43:53","date_gmt":"2013-08-09T03:43:53","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/urbanicida\/"},"modified":"2013-08-09T05:43:53","modified_gmt":"2013-08-09T03:43:53","slug":"urbanicida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/urbanicida\/","title":{"rendered":"Urbanicida"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Como ha sido habitual en \u00e9l, y esperable, Woody Allen ha percibido siempre, a lo largo de su carrera, alguna zona de conflicto coloc\u00e1ndole la m\u00e1scara del grotesco o del rid\u00edculo o de la autoinmolaci\u00f3n del orgullo, eso que nos cuesta tanto sacrificar. As\u00ed ha sido con el azar, la infidelidad, la muerte, la tradici\u00f3n, el amor y, para lo que me importa ahora, el cambio.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Vale la pena recordarlo porque la pel\u00edcula que trata de eso \u2013los esfuerzos por generar cambio, los delirios a que da lugar\u2013 fue en su momento objeto de arduas condenas o al menos reticencias, como si no se la pudiera aplaudir porque se atrev\u00eda a bromear con una figuraci\u00f3n sagrada: me refiero, como es f\u00e1cil suponerlo, a Bananas y, correlativamente, a Fidel Castro y a la Revoluci\u00f3n Cubana, la heroica guerrilla, en forma de parodia\/s\u00e1tira de sus pr\u00f3dromos. La idea central, el cambio, no fue muy percibida, acaso porque no estaba expuesta con los colores dram\u00e1ticos con que se la suele presentar, esas opciones tremendas que se esperan con ojos iluminados o se rechazan con temerosos argumentos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La escena no tiene desperdicio: despu\u00e9s de rid\u00edculos percances de un protagonista, el propio Allen, a quien le cuelga la ropa color verde oliva, que no tiene idea de por qu\u00e9 anda con un grupo guerrillero en un vago pa\u00eds tropical, la guerrilla triunfa porque sus antagonistas son todav\u00eda m\u00e1s rid\u00edculos que los guerrilleros cuyo jefe, orondo, orgulloso, en el puro goce del poder reci\u00e9n obtenido, hace un discurso sobre el cambio por el que han luchado y proclama que de ahora en m\u00e1s la lengua oficial del pa\u00eds ser\u00e1 el sueco. Sus compa\u00f1eros de armas, asombrados, lo \u00fanico sensato a lo que atinan es a ponerle una camisa de fuerza.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El guerrillero buscaba un cambio, no cabe duda, pero se dispar\u00f3; otros no est\u00e1n tan afectados, o de ninguna manera, para querer que las cosas cambien de modo que entre un extremo y otro se tiende un arco que, visto de cerca, constituye una historia de la civilizaci\u00f3n misma, se dir\u00eda que toda la historia es de los cambios. Seguramente se ha escrito mucho sobre este asunto, pero no est\u00e1 de m\u00e1s volver, sobre todo cuando se est\u00e1n produciendo, en el reducido \u00e1mbito de la ciudad a la que la suerte me ha arrojado, ciertos cambios que conmueven el concepto y obligan a ponerlo en duda. \u00bfUna duda final? \u00bfUna liquidaci\u00f3n del movimiento? \u00bfLa inmovilidad como porvenir?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Para no dejarse aplastar por estas ominosas perspectivas vale la pena empezar por situarse en el concepto mismo. As\u00ed, se dir\u00eda \u2013se comprende muy bien\u2013 que hay cambios no buscados, no deliberados, involuntarios \u2013el crecimiento del cuerpo y el brote de los frutos, la erupci\u00f3n de los volcanes, el choque de dos veh\u00edculos, la enfermedad\u2013 y cambios perseguidos, razonados, consolidados \u2013el cambio social, el aprendizaje, el comportamiento, las maneras, la curaci\u00f3n\u2013.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En todo caso, lo primero que se puede pensar para entender las respuestas que tienen los seres humanos a uno u otro tipo de cambio es que frente a los primeros puede haber prevenci\u00f3n antes de que se produzcan, cuidado cuando se producen o resignaci\u00f3n cuando los resultados del cambio son fatales. Habr\u00eda mucho que decir respecto de cada una de estas situaciones, desde lo m\u00e9dico hasta lo pol\u00edtico, pero todo eso se sabe. En cuanto a los otros, los buscados, se los puede clasificar: por de pronto est\u00e1 el discurso de los que expresan su voluntad y la reacci\u00f3n de quienes son sus receptores, que aceptan con entusiasmo o porque no hay m\u00e1s remedio, o desconf\u00edan porque no convienen, o los consideran razonablemente o los rechazan dogm\u00e1ticamente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Hay de todo en este campo que es, sin duda, el m\u00e1s interesante porque, considerando la posici\u00f3n de quienes formulan tales necesidades, dan lugar a figuras que a veces alcanzan dimensiones hist\u00f3ricas: los profetas, los caudillos, los ide\u00f3logos y\/o fil\u00f3sofos, los m\u00e9dicos. Est\u00e1 claro que estas figuras no surgen todos los d\u00edas: todos los d\u00edas, en cambio, tenemos a los practicantes y a los militantes, por supuesto a los revolucionarios, ya sea los comprometidos, ya, par\u00f3dicamente, los de caf\u00e9, peluquer\u00edas y taxis.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ya en esta direcci\u00f3n se podr\u00eda a\u00f1adir que hay cambios necesarios y otros, opuestos sem\u00e1nticamente, innecesarios. Los primeros van tomando forma en zonas de las conciencias y quien los reconoce y se propone consumarlos adquiere un estatuto de una indiscutible dignidad. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda negarle m\u00e9ritos al que descubri\u00f3 la rueda o al legislador que orden\u00f3 el tr\u00e1nsito en las calles colocando sem\u00e1foros? La lista de esos genios es interminable, mientras que la de los que promovieron cambios innecesarios es seguramente m\u00e1s sucinta, pero no menos rica, aunque no son tan perdurables sus promotores; permite, al menos, una somera clasificaci\u00f3n de las motivaciones, o sea de lo que llev\u00f3 y lleva a quienes se empe\u00f1an en realizarlos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pero si este binarismo puede ser condenado podemos salvarnos se\u00f1alando que hay cambios que son al mismo tiempo innecesarios, seg\u00fan los afectados y\/o perjudicados, y necesarios, seg\u00fan los afectantes y\/o beneficiarios. Me refiero al cambio de precios de los alimentos, de las tasas impositivas, de los honorarios m\u00e9dicos y profesionales, de las ocurrencias de los bancos, de las tarifas de los servicios p\u00fablicos, de los medicamentos, de la televisi\u00f3n y el cine, en suma, cambios que son sentidos como innecesarios porque antes todo estaba bien, pero que los que los imponen consideran indiscutiblemente necesarios s\u00f3lo porque quieren ganar m\u00e1s dinero, temerosos del futuro propio, no del de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Volviendo a los innecesarios, que suelen ser deliberados, est\u00e1n ante todo en un lugar de privilegio los cambios por ostentaci\u00f3n, lo propio de los nuevos ricos o de los sujetos, mujeres y hombres, que quieren exhibirse, con ropa de marca, con lo caro expl\u00edcito, en evidente contraste con su condici\u00f3n anterior.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Enseguida los cambios que suponen una mejora en el orden narcis\u00edstico, nariz y pechos, cirug\u00edas varias, incrustaciones en las orejas, exhalaciones capilares, decoraciones en la piel.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Luego, los que se realizan por fatiga \u2013tirar aparatos y comprar nuevos en lugar de arreglar los antiguos\u2013, o por odio, contra otros \u2013no doy m\u00e1s, dicen los despechados y se consiguen amantes o prostitutas o bien asesinan a sus c\u00f3nyuges o a quien se les cruza por el camino\u2013 o contra s\u00ed mismos \u2013se emborrachan o van a las carreras o al casino o se drogan o se suicidan\u2013, vaya uno a saber d\u00f3nde termina esta lista.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por fin, aunque debe haber otras motivaciones de la innecesariedad, los cambios por demencia, que son bien interesantes; b\u00e1sicamente consisten en lo que va de un equilibrio ps\u00edquico m\u00e1s o menos fr\u00e1gil, como el que nos permite vivir en sociedad sin romper todo, a una expansi\u00f3n del deseo en estado puro, sin l\u00edmites ni autorrepresi\u00f3n; se podr\u00eda decir, en una exhalaci\u00f3n, \u00a1eso s\u00ed que es un cambio!, tanto m\u00e1s cuanto que el sujeto en cuesti\u00f3n ni siquiera piensa que lo es aunque, por respeto hay que decirlo, tambi\u00e9n hay depresivos y locos tranquilos, que se aferran a lo poco que tienen de relaci\u00f3n con el mundo y no quieren que eso se altere, ni siquiera con cambios necesarios como ser\u00eda, por ejemplo, alg\u00fan principio de curaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De todas estas caprichosas e imperfectas taxonom\u00edas \u2013involuntarios y deliberados, necesarios e innecesarios, inmotivados y motivados? se podr\u00edan sacar conclusiones en lo individual \u2013que cada cual, advertido de esta compleja realidad, lo haga o lo desde\u00f1e, nada cambia demasiado\u2013, pero tambi\u00e9n en lo p\u00fablico que tiene, obviamente, otro car\u00e1cter. Uno que no podr\u00eda dejar de hacerse ata\u00f1e a la ciudad en la que esto se est\u00e1 escribiendo y cuyos cambios est\u00e1n a la vista.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El razonamiento precedente \u2013las sedicentes taxonom\u00edas\u2013 puede ayudar a comprender qu\u00e9 sentido tienen y a d\u00f3nde van. As\u00ed, por empezar, acotar calles estrechas para bicicletas como si los porte\u00f1os estuvieran en Beijing, peatonalizar cuadras y cuadras del centro, como si se tratara de la Big Apple, cambiar la direcci\u00f3n del tr\u00e1nsito en calles y avenidas como si no hubiera gente, derribar \u00e1rboles se\u00f1eros, como si sobrara el aire, construir un egipcio metrob\u00fas en donde la vista se perd\u00eda, como si esta ciudad fuera Berl\u00edn, todo al mismo tiempo \u00bfera necesario o innecesario? Que esos cambios fueron deliberados no cabe duda, pero tampoco que son definitivos, modifican una fisonom\u00eda de la ciudad y bloquean o eliminan sus viejos encantos, ese misterio que la hizo tan particular pese a su juventud. M\u00e1s que un cambio, que responder\u00eda a una l\u00f3gica de mejoramiento y cuyas ventajas podr\u00edan discutirse, pareciera tratarse de un verdadero urbanicidio, cometido con alevos\u00eda y premeditaci\u00f3n. \u00bfY d\u00f3nde residir\u00eda la motivaci\u00f3n? Me da la impresi\u00f3n de que en una s\u00edntesis de las cuatro enumeradas, todas en una armoniosa s\u00edntesis: ostentaci\u00f3n \u2013querer mostrar galas de nuevos ricos\u2013, narcisismo \u2013pretender que la ciudad se vea a s\u00ed misma disfrutable y hermosa\u2013, odio y demencia, demoler sin piedad \u00e1rboles y agarr\u00e1rselas con espacios como si les tuviera encono.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Cambios, por supuesto, m\u00e1s o menos como los que proclamaba en el momento del triunfo el guerrillero de Woody Allen. Tal vez la relaci\u00f3n no sea tan caprichosa: Buenos Aires como ciudad europea, tal vez como Estocolmo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p> <a title=\"P\u00e1gina 12\" href=\"http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-226164-2013-08-07.html\">http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-226164-2013-08-07.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como ha sido habitual en \u00e9l, y esperable, Woody Allen ha percibido siempre, a lo largo de su carrera, alguna zona de conflicto coloc\u00e1ndole la m\u00e1scara del grotesco o del rid\u00edculo o de la autoinmolaci\u00f3n del orgullo, eso que nos cuesta tanto sacrificar. 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