{"id":28887,"date":"2013-07-15T14:23:20","date_gmt":"2013-07-15T12:23:20","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-alma-rusa\/"},"modified":"2013-07-15T14:23:20","modified_gmt":"2013-07-15T12:23:20","slug":"el-alma-rusa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-alma-rusa\/","title":{"rendered":"El alma rusa"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Miren esa vieja mujer que acepta sin chistar el turno noche en una f\u00e1brica sovi\u00e9tica de provincias y va de m\u00e1quina en m\u00e1quina por ese taller desierto moviendo los labios inaudiblemente. \u00bfSaben qu\u00e9 est\u00e1 haciendo? Est\u00e1 recitando para s\u00ed los poemas de su marido. Eso hace hora tras hora, noche tras noche. Tiene en su cabeza m\u00e1s de mil poemas, y una sola misi\u00f3n en la vida: preservarlos en su memoria. La \u00fanica manera de mantenerse con vida que tiene la viuda de un enemigo del pueblo es hacerse invisible al largo brazo del aparato represor sovi\u00e9tico, y eso viene haciendo Nadiezhda Mandelstam desde que Stalin mand\u00f3 a su marido a morir en Siberia en 1938. No puede vivir en ninguna ciudad grande de la URSS, tiene que huir a la menor se\u00f1al de que alguien pueda denunciarla, en cada nuevo destino acepta los trabajos que nadie m\u00e1s quiere y sobrevive malamente, recitando todo el tiempo para s\u00ed, uno tras otro, los poemas de su marido.<\/p>\n<p>Parte de esta historia ya la cont\u00e9: el poeta Ossip Mandelstam compuso un epigrama vitri\u00f3lico contra Stalin, sus amigos le pidieron horrorizados que no lo repitiese m\u00e1s (\u201cEso no es un poema; es una sentencia de muerte en 16 versos\u201d), Stalin se enter\u00f3 y lo hizo encarcelar en la Lubjanka y, cuando ya se tem\u00eda lo peor, Mandelstam s\u00f3lo fue desterrado al norte, una condena \u201cvegetariana\u201d (Stalin acept\u00f3 a rega\u00f1adientes el ruego de Bujarin: \u201cHay que ser cautelosos con los poetas; la historia est\u00e1 siempre de su lado\u201d). Mandelstam parti\u00f3 al destierro con Nadiezhda, pasaron cuatro a\u00f1os de penurias, el plan era que se quebrara solo, de a poco: le imped\u00edan trabajar o le daban encargos humillantes. A fines de 1937, con la soga al cuello, acept\u00f3 lo inaceptable: se sent\u00f3 a escribir una segunda oda a Stalin. Quer\u00eda apurar su condena y quer\u00eda salvar a su mujer de la aniquilaci\u00f3n. Intent\u00f3 hacer un poema que dijese lo que era Stalin para \u00e9l y que a la vez conformara a las autoridades. \u201cTrat\u00f3 de afinarse como un instrumento, someterse con toda conciencia a la hipnosis general hasta dejarse embrujar por las palabras de la liturgia. Un salvaje experimento, por el que quiz\u00e1 yo no fui aniquilada\u201d, escribi\u00f3 Nadiezhda treinta a\u00f1os despu\u00e9s. Mandelstam logr\u00f3 entender como pocos la l\u00f3gica del aparato represivo que se estaba construyendo: ya en 1922, poco antes de que se le prohibiera publicar, hab\u00eda sido invitado por Andreiev a colaborar en \u201cla organizaci\u00f3n m\u00e1s grande y poderosa de la URSS, y todo se basar\u00e1 en la palabra, \u00bfquieres ser uno de los nuestros?\u201d. Hablaba, por supuesto, de la Cheka, que luego ser\u00eda el GPU, y luego la NKVD, y luego la KGB. \u201cHazte invisible. Si no te ven, si logras que se olviden de ti, acaso sobrevivas\u201d, le dijo Ossip a Nadiezhda antes de que se lo llevaran a Siberia. Y eso hizo ella, durante los siguientes treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Recapitulemos su vida: ten\u00eda veinte cuando se cas\u00f3 y veintid\u00f3s cuando a su marido le prohibieron publicar; durante diecisiete a\u00f1os fue la amanuense de cada poema de \u00e9l, porque Mandelstam ten\u00eda una manera muy particular de escribir, que se intensific\u00f3 cuando empezaron a perseguirlo: nunca necesit\u00f3 mesa, escrib\u00eda caminando (si pod\u00eda, al aire libre; en caso contrario, yendo y viniendo por la habitaci\u00f3n), despu\u00e9s le dictaba a Nadiezhda, despu\u00e9s escond\u00edan esas copias clandestinas con personas de su m\u00e1xima confianza, despu\u00e9s le hac\u00eda recitar a ella cada poema que se iba acumulando, porque esas copias pod\u00edan ser incautadas. Imaginen diecisiete a\u00f1os de poemas acumul\u00e1ndose y despu\u00e9s otros treinta, cuando ya era viuda, repitiendo esos poemas uno por uno, d\u00eda por d\u00eda, para que no se deshicieran en su memoria, hasta que vino el deshielo de Kruschev y los poemas de Ossip estuvieron a salvo.<\/p>\n<p>Y entonces, cuando ten\u00eda sesenta y siete a\u00f1os, y pesaba apenas cuarenta y cinco kilos, y ten\u00eda que subir cada ma\u00f1ana cinco pisos por escalera los baldes de agua que necesitara esa jornada, Nadiezhda Mandelstam se sent\u00f3 a escribir sus memorias, su versi\u00f3n de los hechos, un revelamiento asombroso de lo que hab\u00eda ocurrido en Rusia en todos esos a\u00f1os (en qu\u00e9 resquicios se refugiaba la dignidad cuando todo incitaba a la indignidad) y, a la vez, un testimonio extraordinario de lo que es vivir al lado de un poeta, respirar el aire que respira, asistir al momento en que una vibraci\u00f3n interna pone en movimiento sus labios y sus piernas y no cesa hasta que el poema encuentra sus palabras definitivas y se desprende de su creador. Mandelstam dec\u00eda que las alucinaciones auditivas eran una especie de enfermedad profesional para el poeta. Tambi\u00e9n dec\u00eda: \u201cCanto cuando la conciencia no me hace trampa\u201d. Por eso sus poemas son todos tan breves, y tan musicales tambi\u00e9n, como si cada uno de ellos existiera de antes, como si se tratara nom\u00e1s de captar cada una de sus l\u00edneas con suma atenci\u00f3n, encontrar las palabras precisas que los formaban y luego eliminar hasta el \u00faltimo vestigio de hojarasca, para que el poema fuera imposible de olvidar.<\/p>\n<p>Cuando Nadiezhda pudo volver a Mosc\u00fa y dejar de ser invisible, en los a\u00f1os en que escrib\u00eda sin decirle a nadie las seiscientas p\u00e1ginas de sus memorias (que titul\u00f3 Contra toda esperanza: contra toda esperanza de que sus compatriotas alcanzaran a ver alguna vez la enormidad de lo que hab\u00edan padecido), se le empezaron a acercar t\u00edmidamente personas que hab\u00edan guardado clandestinamente originales de Mandelstam que en su momento hab\u00edan sido rechazados en revistas y editoriales. Tambi\u00e9n se le acercaron sobrevivientes del gulag, que hab\u00edan visto a su marido antes de que muriera en Siberia. Uno de ellos le cont\u00f3 que, en el calabozo de los condenados a muerte en Kolym\u00e1, estaban ara\u00f1adas en la pared dos l\u00edneas de un poema suyo y que Mandelstam estuvo \u201ccontento y tranquilo unos d\u00edas\u201d cuando lo supo. Nadiezhda le pide al veterano de Kolym\u00e1 que repita los versos. \u201c\u00bfSer\u00e1 posible que yo a\u00fan exista realmente \/ que esto que llega es la muerte verdadera?\u201d, recita \u00e9l. Nadiezhda entiende al instante la reacci\u00f3n de su marido: ella tambi\u00e9n ha sentido alivio al constatar que el poema no hab\u00eda padecido las deformaciones habituales que produc\u00eda el boca en boca. Poco antes, en sus memorias, cuenta que iba en un colectivo lleno en Mosc\u00fa que salt\u00f3 al pasar por un pozo; ella se agarr\u00f3 del brazo de la persona que ten\u00eda al lado para no caerse y, al darse cuenta de que era otra viejita igual de esmirriada e inmaterial que ella, le pidi\u00f3 perd\u00f3n con verg\u00fcenza, pero la otra viejita le contest\u00f3: \u201cNo es nada. Las mujeres como usted y como yo somos de hierro\u201d. Dice Joseph Brodsky, que lleg\u00f3 a conocerla bien en esa \u00e9poca, que la \u00faltima vez que la vio fue sentada fumando en un rinc\u00f3n de la \u00ednfima cocina que habitaba en Mosc\u00fa: \u201cEra invierno y estaba haci\u00e9ndose de noche a las tres de la tarde y lo \u00fanico que se llegaba a ver era el leve resplandor de la brasa de su cigarrillo y de sus ojos. El resto, el diminuto cuerpo encogido bajo un chal, el \u00f3valo p\u00e1lido de su rostro y su cabello ceniciento estaban sumidos en la oscuridad. Recordaba a los restos de un gran incendio, unas ascuas que se encienden si las tocas\u201d.<\/p>\n<p> PAGINA 12<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miren esa vieja mujer que acepta sin chistar el turno noche en una f\u00e1brica sovi\u00e9tica de provincias y va de m\u00e1quina en m\u00e1quina por ese taller desierto moviendo los labios inaudiblemente. \u00bfSaben qu\u00e9 est\u00e1 haciendo? Est\u00e1 recitando para s\u00ed los poemas de su marido. Eso hace hora tras hora, noche tras noche. 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