{"id":28763,"date":"2013-06-17T08:39:50","date_gmt":"2013-06-17T06:39:50","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-origen\/"},"modified":"2013-06-17T08:39:50","modified_gmt":"2013-06-17T06:39:50","slug":"el-origen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-origen\/","title":{"rendered":"El origen"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Dos oficiales se allegaron hasta la tienda del general Roca y pidieron hablar con \u00e9l. Bajo su orden, les permitieron la entrada.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013Digan \u2013seco Roca, sin mirarlos. A la luz de una l\u00e1mpara estudiaba unos mapas.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013Se trata de dos caciques, general. Vinieron en son de paz.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Roca los mir\u00f3. Los oficiales quedaron helados por la fijeza de esa mirada, de esos ojos claros y feroces hechos para el mando, para la sumisi\u00f3n de los otros.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013\u00bfPaz? \u00bfSon idiotas ustedes? No hay paz para los salvajes. \u00bfLo saben o no? De saberlo, me habr\u00edan tra\u00eddo sus cabezas.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013Se ofrecieron como rastreadores \u2013dijo el oficial m\u00e1s decidido. Acaso el que menos miedo le ten\u00eda al general. El \u00fanico que habr\u00eda de tener el coraje de afrontar esa conversaci\u00f3n con \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013Dicen conocer hasta el \u00faltimo cascote de este territorio. Pensamos que ese conocimiento podr\u00eda interesarle a usted. Por eso a\u00fan conservan sus cabezas, general.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013Tr\u00e1iganlos.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Los caciques eran altos, fuertes, con ropa limpia, el orgullo intacto.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013No me interesa conocer cascotes \u2013dijo Roca. \u2013Vine aqu\u00ed a cazar indios. A matarlos. A limpiar el territorio porque el progreso tiene sus leyes. La primera es terminar con la barbarie.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013Nosotros podemos ayudarlo, general. Hace unos a\u00f1os estuvimos en Buenos Aires. Sabemos qu\u00e9 es la civilizaci\u00f3n. Sabemos el derecho que tienen los hombres ilustrados para expandirla en estos territorios salvajes. No somos traidores. Somos distintos.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Llevaron a cabo una tarea eficaz y devastadora. Le se\u00f1alaron a Roca hasta los escondites m\u00e1s inhallables de los indios que el general ten\u00eda necesidad de matar para saciar su sed, que era la del progreso. Al terminar la campa\u00f1a, Roca los premi\u00f3 con tierras generosas, extensas.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u2013Se las ganaron \u2013dijo el general. Y hasta les estrech\u00f3 las manos.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Cada uno se construy\u00f3 una casa. Previamente se dividieron la tierra. Lo mismo para los dos, hasta el \u00faltimo cent\u00edmetro. Ser justos entre ellos los volvi\u00f3 amigos, pero no socios. Uno se dedic\u00f3 a la cr\u00eda de ganado. El otro, a nada. Un hecho inesperado (que supo presentir) le cambi\u00f3 la vida. A las ma\u00f1anas, el sol parec\u00eda obstinarse en caer sobre un mont\u00edculo, darle calor y sacarle unos brillos extravagantes. El cacique se dijo que eso era una se\u00f1al de los dioses. Lo hab\u00edan bendecido y \u00e9l sabr\u00eda aprovechar esa generosidad, s\u00ed. Lo que brillaba en el mont\u00edculo era oro. Empez\u00f3 a cavar y descubri\u00f3 que el oro no s\u00f3lo estaba sobre el mont\u00edculo, sino que se hund\u00eda en lo profundo y no parec\u00eda terminar nunca. Era rico.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Esa noche se emborrach\u00f3. Bail\u00f3 como el guerrero que hab\u00eda sido. Bail\u00f3 bajo la luna y elev\u00f3 un canto de gratitud a los dioses. Entonces lo vio. El otro cacique lo miraba sin entender, pero sospechando. Le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 tanta alegr\u00eda. Y el pobre indio, de borracho que estaba, de bendecido por la suerte que se sent\u00eda, y hasta de querido y cobijado por los dioses, le dijo la verdad. Que era rico. Que en su tierra hab\u00eda oro. Que conchabar\u00eda gente en el pueblo m\u00e1s cercano y har\u00eda una mina. Que en menos de un a\u00f1o tendr\u00eda tanto dinero que se ir\u00eda a vivir a Buenos Aires, ya que ah\u00ed pertenec\u00eda, ah\u00ed hab\u00eda vivido y ah\u00ed le gustaba vivir, como un hombre ilustrado, un hombre del progreso. El otro lo escuchaba en silencio, ni una palabra dec\u00eda. S\u00f3lo lo miraba, apenas eso. La luna estaba muy alta, era circular y helada. Algunas nubes la oscurec\u00edan y echaban sombras sobre la tierra. El cacique sigui\u00f3 bailando y sigui\u00f3 bebiendo ese aguardiente \u00e1spero, que lo pon\u00eda cada vez m\u00e1s turbio, vulnerable. El otro le hundi\u00f3 el pu\u00f1al en medio del pecho cuatro, cinco y hasta seis veces. Despu\u00e9s lo enterr\u00f3 lejos, donde nadie que no fuera \u00e9l podr\u00eda encontrarlo.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Lo que el muerto quer\u00eda hacer lo hizo \u00e9l. Conchab\u00f3 gente en el pueblo, construy\u00f3 una mina y se hizo rico. Tambi\u00e9n se hizo una casa suntuosa, para no irse nunca, para vivir ah\u00ed toda su vida, que ser\u00eda larga. No quer\u00eda asentarse en Buenos Aires. Siempre ser\u00eda un indio, nunca un ilustrado, nunca un hombre del progreso. Eso les dejar\u00eda como legado a sus herederos. Porque tendr\u00eda hijos. Porque se traer\u00eda de Buenos Aires una mujer blanca, hermosa. Se casar\u00eda con ella y con ella tendr\u00eda sus hijos. Sus herederos vivir\u00edan en esa Buenos Aires que a \u00e9l \u2013lo sab\u00eda bien\u2013 le estaba negada. \u201cNo importa. Voy a fundar una dinast\u00eda, los m\u00edos tendr\u00e1n poder, indios con tierras y con dinero no son indios, son ciudadanos\u201d, se dijo, sentado en una silla de mimbre en la galer\u00eda de su mansi\u00f3n, con una felicidad calma, algo adormecido, para siempre saciado, el cacique Patoruz\u00fa, rastreador de Roca, traidor a los suyos, asesino de su compadre, explotador de esos pobres hombres que trabajaban de sol a sol en su mina de oro inagotable, infinita como la perversidad de su alma.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\"><a title=\"Pagina 12\" href=\"http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-222372-2013-06-16.html\">http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-222372-2013-06-16.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos oficiales se allegaron hasta la tienda del general Roca y pidieron hablar con \u00e9l. 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