{"id":28758,"date":"2013-06-17T08:32:38","date_gmt":"2013-06-17T06:32:38","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/kropotkin-el-principe-rebelde\/"},"modified":"2013-06-17T08:32:38","modified_gmt":"2013-06-17T06:32:38","slug":"kropotkin-el-principe-rebelde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/kropotkin-el-principe-rebelde\/","title":{"rendered":"Kropotkin, el pr\u00edncipe rebelde"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">El pr\u00edncipe Piotr Alex\u00e9ievich Kropotkin, naci\u00f3 en Rusia en 1842 y muri\u00f3 en 1921. Bien puede tratarse de uno de los pensadores, cient\u00edficos y revolucionarios m\u00e1s connotados de la segunda parte del siglo XIX, y de la primera del XX; no s\u00f3lo en su pa\u00eds, sino tambi\u00e9n en Europa y el resto del mundo. Lo que lo ha hecho tan atractivo para mucha gente, es que, durante d\u00e9cadas, varias de sus investigaciones cient\u00edficas como ge\u00f3logo y ge\u00f3grafo, reportes de sus viajes, algunos de sus escritos y datos biogr\u00e1ficos estuvieron ocultos, o fueron, al menos, distorsionados, para el p\u00fablico en general, por razones que nada tienen que ver con la simple nobleza del silencio de la historia. La sabidur\u00eda de esta \u00faltima es insondable, y de manera efectiva tiende a volver invisible, lo que puede perturbar el trayecto normal de aquello que las personas interesadas, o las sociedades en general, aceptan como sentido com\u00fan, o como parte de la vida cotidiana.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Kropotkin era un pr\u00edncipe, con todo lo que ello implicaba. Su familia formaba parte de lo m\u00e1s selecto de la aristocracia rusa, y estaba \u00edntimamente relacionada con la monarqu\u00eda de los Romanov, que estuvo al frente de ese inmenso pa\u00eds durante trescientos a\u00f1os. De esta forma, a simple vista, pareciera carecer de l\u00f3gica, que un arist\u00f3crata terminara vagando por los desolados yermos de Siberia, o diera tumbos en las c\u00e1rceles rusas y europeas, simplemente porque sus ideas y emociones estaban con la clase trabajadora y los desheredados en general. Su renuncia al bienestar, las comodidades, la riqueza y la buena vida que pod\u00eda proporcionarle el c\u00edrculo aristocr\u00e1tico cercano al zar, en ning\u00fan momento debe ser asumida como una pose sacrificial, similar al gesto caritativo del rico arrepentido, antes bien que a la verdadera solidaridad, sustentada en un humanismo de profundas ra\u00edces clasistas.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Con frecuencia, de nuevo, la historia registra el caso de grandes revolucionarios, hombres y mujeres portadores de un rico abanico de simpat\u00edas hacia la clase trabajadora, sin que, necesariamente, sus ra\u00edces hayan sido sembradas ah\u00ed. Y est\u00e1 el caso, tambi\u00e9n, de aquel o aquella, que se entregan por completo a su servicio. Kropotkin fue uno de ellos. Pero la lista puede ser interminable, pues registra nombres tan ilustres como el de Karl Marx (1818-1883), Frederick Engels (1820-1895), Mikhail Bakunin (1814-1876), Le\u00f3n Tolstoi (1828-1910), Rosa Luxemburgo (1871-1919), Alejandra Kollontai (1872-1952), Emma Goldman (1869-1940), Voltairine de Cleyre (1866-1912), Le\u00f3n Trotsky (1879-1940) Sim\u00f3n Bol\u00edvar (1783-1830), Jos\u00e9 de San Mart\u00edn (1778-1850) y muchos otros que, no sin contradicciones evidentes, pueden alegar en favor de sus or\u00edgenes obreros o campesinos. La educaci\u00f3n, en estos casos, ha jugado el papel de un decodificador excepcional. El acceso al aula universitaria, a la gran biblioteca, al archivo bien abastecido, o al profesor erudito y comunicativo, hacen la diferencia con el proletario, o el campesino que tiene que partirse la espalda, a veces, hasta por doce horas diarias y el cual, con serias dificultades, dispone de tiempo para comer.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Son estos ingredientes, entre otros, los que han provocado un acercamiento bastante ambiguo, de parte de ciertos intelectuales y pol\u00edticos, hacia la figura de Pedro Kropotkin. Y ni qu\u00e9 decir del antiguo r\u00e9gimen sovi\u00e9tico. En 1974, por ejemplo, de su espl\u00e9ndida autobiograf\u00eda, se extrajo la historia de su espectacular fuga de la infame prisi\u00f3n de Pedro y Pablo, donde estuvo encerrado en solitario durante dos a\u00f1os, y se realiz\u00f3 una historia para ni\u00f1os, de la cual se publicaron (en la vieja Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica) unos setecientos cincuenta mil ejemplares. Pero las \u00e1cidas cr\u00edticas de Kropotkin hacia los bolcheviques y su estado centralizado, le generaron unas simpat\u00edas bamboleantes de parte de algunos sectores del r\u00e9gimen sovi\u00e9tico, proclives hacia el control polic\u00edaco de la producci\u00f3n acad\u00e9mica y art\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">No deber\u00eda sorprender entonces que, Kropotkin, como muchos de los otros creadores que se han mencionado, haya sido \u201cinvisibilizado\u201d durante largos per\u00edodos. A\u00fan as\u00ed, hay acciones y contribuciones en favor de la humanidad que, por m\u00e1s esfuerzos que hagan las maquinarias estatales, en cualquier parte del mundo, siempre terminan por aflorar para gloria y satisfacci\u00f3n de los seres humanos que todav\u00eda creen en las utop\u00edas y en las posibilidades de un futuro mejor. El heroico enfrentamiento de Kropotkin contra el mastodonte estatal del zarismo en Rusia, basta para recordarlo como uno de los grandes pensadores del tr\u00e1nsito entre el siglo XIX y el XX. Porque ese tr\u00e1nsito, precisamente, le permiti\u00f3 vivir una de las experiencias revolucionarias m\u00e1s enriquecedoras de todos los tiempos. La vida de Kropotkin transcurri\u00f3 a todo lo largo de las l\u00edneas maestras que condicionaron el auge y la ca\u00edda del imperio de los Romanov. En un gigantesco pa\u00eds de campesinos como Rusia, en ese momento, con grandes extensiones de su geograf\u00eda, todav\u00eda desconocidas en la segunda mitad del siglo XIX, sujeto de una revoluci\u00f3n industrial, mayormente, inducida desde afuera, por capital alem\u00e1n, franc\u00e9s, japon\u00e9s e ingl\u00e9s, y que arrastraba un legado medieval, del cual ya se hab\u00edan despojado Inglaterra en el siglo XVII y Francia en el siglo XVIII, las vivencias de Kropotkin en su mansi\u00f3n principesca, reun\u00edan toda la parafernalia y los rituales de la heredad enormemente enriquecida, propietaria de grandes fincas pero, sobre todo, due\u00f1a de las vidas de miles de personas, que no imaginaban la posibilidad de una existencia diferente.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Puede ser cierto que la vida de Kropotkin en la mansi\u00f3n de sus padres, no haya sido la misma que exhiben los ricos personajes de la caba\u00f1a del T\u00edo Tom, pero las relaciones de servidumbre reposaban sobre el mismo entramado: un sistema econ\u00f3mico que aprovechaba sus excoriaciones hist\u00f3ricas m\u00e1s lamentables, para crecer y expandirse sin l\u00edmites de ninguna especie. No pod\u00eda haber contradicci\u00f3n m\u00e1s indescifrable que la presencia de la esclavitud o de la servidumbre en el r\u00e9gimen capitalista, pero, se trataba de una contradicci\u00f3n que rend\u00eda jugosos r\u00e9ditos a familias como las aristocr\u00e1ticas en Rusia y el sur de los Estados Unidos. Una contradicci\u00f3n que solo sangrientas y crueles revoluciones han podido, parcialmente, resolver. Y Kropotkin vivi\u00f3 todo eso. Vivi\u00f3 las glorias y quebrantos de sus padres, la muerte de su madre, la llegada de una madrastra, la intensa actividad cotidiana de la familia, la cual viv\u00eda del trabajo de mil doscientos siervos, la atenci\u00f3n de varias fincas en diferentes partes de Rusia, el trasiego de peones y campesinos para alimentar a los habitantes de una mansi\u00f3n que costaba, endiabladamente, mantener caliente en los feroces inviernos rusos.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Disfrut\u00f3 tambi\u00e9n de tiernas, leales y c\u00e1lidas relaciones con su hermano Alexander, a quien am\u00f3 con profundo poder fraternal, hasta el final de sus d\u00edas. Los bailes, las comilonas, el intenso movimiento de la llegada y de la partida de cientos de invitados, la pr\u00e1ctica de la cacer\u00eda, tan denunciada por Turguenev, el ir y venir de coches, trineos y cabriol\u00e9s, los juegos de los ni\u00f1os que, raramente, eran considerados personas; todo esto form\u00f3 parte de un escenario al que Kropotkin recordar\u00eda con nostalgia, pero jam\u00e1s con remordimiento. De su mano, en su deliciosa autobiograf\u00eda, entramos en el mundo privado, lleno de frustraciones, sue\u00f1os y anhelos de los siervos de su casa, con los cuales hizo amistad r\u00e1pidamente, siendo todav\u00eda un adolescente. Muchas de estas amistades, perdurar\u00edan a todo lo largo de su juventud. \u00a1C\u00f3mo aprendi\u00f3 Kropotkin, durante esos a\u00f1os!<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">No fue solamente un aprendizaje acad\u00e9mico, repleto de libros, tutores, instrumentos matem\u00e1ticos, o idiomas extranjeros, sino un aprendizaje en el que la realidad cotidiana tuvo mucho que ver. La presencia de ayas, matronas, cocineros, le\u00f1adores, y trabajadores de toda estirpe, le enriquecieron la existencia de forma irreversible, con leyendas, cuentos, consejas y otras especies de cultura popular, de tal profundidad y enraizamiento, que Kropotkin, a lo largo de su vida, en los peores momentos de sus encierros en Siberia, Rusia y Francia, las recordar\u00e1 entra\u00f1ablemente. Pero hizo lo mismo con sus tutores. Aquellos dedicados a ense\u00f1arle idiomas, matem\u00e1ticas, geograf\u00eda y otras disciplinas, son tambi\u00e9n rememorados por \u00e9l con ternura y gratitud. Las dificultades del pr\u00edncipe, para ser aceptado en el c\u00edrculo interior del zarismo, estuvieron menos relacionadas con su capacidad de aprendizaje que con sus ideas m\u00e1s profundas, y sus simpat\u00edas pol\u00edticas menos evidentes. Porque, a pesar de un posible dise\u00f1o previo de su existencia, producto de la supuesta procedencia de clase, la cual se met\u00eda hasta los resquicios m\u00e1s \u00edntimos de la existencia vocacional de los j\u00f3venes aristocr\u00e1ticos, cuyo destino era servir sin contemplaciones al zarismo, el pr\u00edncipe Kropotkin empez\u00f3, en su juventud temprana, a relacionarse con gente que no obedec\u00eda ciegamente tales condicionamientos.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Entre la inactividad militar y la pasividad administrativa del cuerpo de pajes del zarismo, al cual estaba destinado el pr\u00edncipe Kropotkin, y la vida excitante, llena de aventuras y retos del viajero, del explorador cient\u00edfico, \u00e9l escogi\u00f3 esta \u00faltima. Una escogencia que, para algunos, s\u00f3lo es el indicio de una evasi\u00f3n inconsciente, nada culposa, ante los llamados perentorios de sus or\u00edgenes de clase. Mientras que para otros, es solamente la incitaci\u00f3n aprensiva de una vocaci\u00f3n cient\u00edfica que lo llevar\u00e1 a realizar, algunos de los mejores trabajos de geograf\u00eda f\u00edsica y geolog\u00eda de principios del siglo XX, en Finlandia, Siberia y partes extremas de Asia oriental. Su amplio manejo de varios idiomas europeos, sus conocimientos matem\u00e1ticos, y sus investigaciones geogr\u00e1ficas lo pusieron en contacto con las sociedades cient\u00edficas m\u00e1s prestigiosas del momento.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Fue la geograf\u00eda, precisamente, la que le facilit\u00f3 el contacto con la gente. En el levantamiento de mapas, y en las detalladas y comprensivas descripciones geogr\u00e1ficas de Siberia, as\u00ed como de algunos de los r\u00edos y monta\u00f1as de Finlandia, el pr\u00edncipe Kropotkin entabl\u00f3 amistades, hizo amigos inolvidables, y se vio involucrado en hechos y accidentes que perfilar\u00edan con agudeza su vulnerabilidad pol\u00edtica y social. La vida del explorador cient\u00edfico estaba m\u00e1s en relaci\u00f3n con sus aspiraciones antropol\u00f3gicas, que con sus posibles coqueteos con el fr\u00edvolo militarismo del cuerpo de pajes del zarismo. De hecho, en varias ocasiones le hab\u00eda confesado a su querido hermano Alexander, que la carrera militar no le llamaba la atenci\u00f3n para nada.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">No es extra\u00f1o, entonces, que alguien haya pensado alguna vez, que el pr\u00edncipe Kropotkin era una especie de \u201crevolucionario converso\u201d, quien tuvo que esperar el toque m\u00e1gico de la ciencia para darse cuenta de que el futuro de la humanidad estaba en manos de los trabajadores, y no de los grandes propietarios u hombres de negocios. Tales conversiones solo pueden producir desconfianza, en el coraz\u00f3n y la cabeza de quien cree que los escenarios revolucionarios de la Europa decimon\u00f3nica deber\u00edan ser tomados en cuenta, como ingredientes ineludibles en el desarrollo de la consciencia de un hombre verdaderamente bueno. Ese cruce de bondad, lucidez e inteligencia, con vectores sociales realmente conflictivos, como aquellos que estaba viviendo Europa, durante los a\u00f1os cuarenta del siglo XIX, remonta los estrechos esquemas clasistas que pudieran aplic\u00e1rsele a una supuesta conversi\u00f3n revolucionaria.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">El liberalismo subterr\u00e1neo, de factura rom\u00e1ntica, penetr\u00f3 a diversos sectores de la burgues\u00eda en ascenso, as\u00ed como a una aristocracia envilecida y taciturna, para abrirle paso a ideas frescas y novedosas, pero que todav\u00eda no alcanzaban a despojarse del pegoste del republicanismo constitucionalista de procedencia francesa que recorr\u00eda toda Europa. En un principio, esa matriz ideol\u00f3gica, o ese esp\u00edritu de la \u00e9poca, o como quiera llam\u00e1rsele, era el punto de partida de la solidaridad que el pr\u00edncipe Kropotkin dejaba entrever, cuando lo impactaban profundamente los anhelos libertarios de las revueltas en Polonia, contra la opresi\u00f3n rusa, durante los a\u00f1os sesenta. Lo mismo sucedi\u00f3, cuando la liberalizaci\u00f3n de los siervos, inicialmente formulada en 1861, se prolong\u00f3, se saque\u00f3 y se merode\u00f3 hasta 1867, para volverla inoperante e improductiva. De tal manera que los siervos liberados, al empezar la d\u00e9cada siguiente, eran m\u00e1s bien siervos endeudados, que hab\u00edan postergado su manumisi\u00f3n a cambio de no morirse de hambre, con una libertad en las manos de la que no sab\u00edan disponer.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">El pr\u00edncipe Kropotkin lleg\u00f3 a conocer con fluidez no s\u00f3lo los mecanismos de producci\u00f3n de ideolog\u00eda de la autocracia rusa, sino tambi\u00e9n los instrumentos utilizados para reprimir todo intento de opon\u00e9rsele. No deja de ser asombroso c\u00f3mo Piotr Alex\u00e9ievich no fue seducido por los ofrecimientos y tentaciones de una forma de vida que, en su momento, se encontraba en decadencia, y, ni remotamente, se planteaba la posibilidad de readecuarse, de actualizarse, para poder sobrevivir, como hubieran hecho las otras monarqu\u00edas europeas. Se trataba de una decadencia que no se expresaba \u00fanicamente en la descomposici\u00f3n institucional del zarismo, sino en la forma en que \u00e9ste hab\u00eda ido, progresivamente, perdiendo todo contacto con el pueblo, los campesinos, los obreros, los hombres de negocios e incluso con aquellos que, en otras circunstancias, podr\u00edan haber sido sus propios ide\u00f3logos.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Una de las primeras expresiones de ese hiato, de ese aislamiento que hab\u00eda venido contaminando todas las esferas institucionales e ideol\u00f3gicas de la autocracia, fue el levantamiento de los decembristas, el 14 de diciembre de 1825. En apariencia una rebeli\u00f3n palaciega, posibilit\u00f3 que liberales como Alexander Herzen, y otros de la misma contextura intelectual, fundaran revistas, peri\u00f3dicos e hicieran circular hojas sueltas, al interior de un organismo que no estaba capacitado para tolerar la oposici\u00f3n, la cr\u00edtica o la reflexi\u00f3n independiente. Los rebeldes, Best\u00fazhev, Kajovski, P\u00e9stel, Ril\u00e9iev, y Mur\u00e1viov-Ap\u00f3stol, fueron hombres que creyeron factibles algunos ajustes en el funcionamiento, no tanto de la pol\u00edtica imperial rusa, como de la corona misma, de sus funcionarios y del aparato represivo sobre el cual se apoyaba. Nicol\u00e1s I termin\u00f3 ahorc\u00e1ndolos, pero Kropotkin comprendi\u00f3 que levantamientos como el citado, fueron los primeros pasos hacia revelaciones m\u00e1s crudas que estaban por venir, sobre la vida cotidiana de la autocracia y c\u00f3mo \u00e9sta deso\u00eda con prepotencia y desenfado las advertencias de moderaci\u00f3n, que alguna burgues\u00eda en ciernes les hac\u00eda, siguiendo de cerca el ejemplo que los franceses ya le hab\u00edan dado al mundo. No en vano Inglaterra y Rusia, fueron dos de los m\u00e1s feroces enemigos, de la Francia revolucionaria primero y napole\u00f3nica despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Que la vida era un perfecto carnaval, donde s\u00f3lo los bailes, la diversi\u00f3n y la frivolidad contaban, fue algo que pudo vivir Kropotkin en carne propia. Durante a\u00f1os pas\u00f3 los fines de semana en casa de su t\u00eda la princesa Mirskaia, porque su prima era una joven encantadora de diecinueve a\u00f1os, a la que todos sus primos adoraban. Pero el pr\u00edncipe Mirskin, s\u00f3lo pensaba en pasarla bien, sin darle mucha importancia a las actividades en que se involucraba su mujer, quien hizo todo el esfuerzo posible por casar a su hija con uno de sus primos, algo totalmente prohibido por la iglesia rusa. Sin embargo, fue en esa casa donde el pr\u00edncipe Kropotkin escuch\u00f3, por primera vez, algunas de las ideas constitucionalistas y republicanas m\u00e1s seductoras. A escondidas \u00e9l y su prima le\u00edan la revista La estrella polar de Herzen, en la que se hac\u00edan cr\u00edticas inmisericordes a la forma de vida, al despilfarro y a la rampante corrupci\u00f3n que ten\u00eda atrapada a la aristocracia zarista.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Habr\u00eda que argumentar, por otra parte, que el zarismo no era corrupto por autocr\u00e1tico, era autocr\u00e1tico por corrupto, con lo cual se abre un espacio de an\u00e1lisis en el que la corrupci\u00f3n del zarismo era el dispositivo legitimador de su autocracia. Formar parte de esa maquinaria de chantaje, soborno, despotismo y arbitrariedad era simplemente una tragedia, para quien, como el pr\u00edncipe Kropotkin, era de los pocos que hab\u00eda tomado consciencia de lo que estaba sucediendo en su pa\u00eds con la monarqu\u00eda y el imperio. Cuando se dio el debate por la liberaci\u00f3n de los siervos, un sector de la nobleza, que hab\u00eda evitado, hasta donde le fue posible, la contaminaci\u00f3n autocr\u00e1tica, vio el asunto como la posibilidad real de modernizar la monarqu\u00eda y de sacarla del marasmo de mediocridad, oscurantismo y atraso en el que hab\u00eda ca\u00eddo, con relaci\u00f3n a las otras monarqu\u00edas europeas. Esta conducta, de parte de ciertas familias afortunadas en Rusia que, junto a la de Kropotkin, buscaban la modernizaci\u00f3n de su pa\u00eds, ya fuera abri\u00e9ndolo hacia las actividades comerciales, industriales y financieras de Europa occidental, o hacia su influencia pol\u00edtica y cultural, no era nueva y m\u00e1s bien, a partir del levantamiento de 1825, recogi\u00f3 un conjunto de ingredientes que estaban por brotar con toda su virulencia, en el momento en que se dieran las circunstancias. La familia de Alexander Herzen, la de Iv\u00e1n Turgueniev, la de Nicolas Gogol, y muchas otras eran sumamente proclives a las ideas radicales, en virtud de las posibilidades que se les ofrecieron, al entrar en contacto con el invasor napole\u00f3nico. Los rebeldes decembristas, eran precisamente eso: militares que hab\u00edan combatido en la gran guerra patria contra Napole\u00f3n Bonaparte en 1812. Lo que estaban reclamando era una apertura pol\u00edtica que la autocracia zarista no estaba dispuesta a conceder.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">De esta manera, la idea de la revoluci\u00f3n entra en la historia econ\u00f3mica, social y pol\u00edtica de Rusia, de la mano de aquellos que ten\u00edan un acceso efectivo a la cultura, a los idiomas extranjeros, y a las inversiones de poderosos empresarios franceses, alemanes, ingleses y norteamericanos. Con particular originalidad hist\u00f3rica, la crisis de la aristocracia rusa, a todo lo largo del siglo XIX, no fue tanto la crisis de una estructura de la producci\u00f3n, como la crisis de una forma de vida, que se estaba replegando para abrirle paso a una nueva. Pero habr\u00eda que se\u00f1alar las insuficiencias de aquellas explicaciones orientadas a demostrar los complejos de culpa en los que caer\u00edan hombres como Kropotkin. El argumento de que la culpabilidad es un ingrediente esencial para comprender su conducta, o la de otros hombres como Le\u00f3n Tolstoi (1828-1910) por ejemplo, nos deja en el limbo con relaci\u00f3n a la radicalidad de algunas de sus posiciones. Porque ese ser\u00eda tambi\u00e9n el caso de sujetos como Lampedusa o Proust, quienes describieron con brillo, melancol\u00eda y gusto la ca\u00edda de la aristocracia guillermina. Aunque Kropotkin no tuvo los altibajos morales o pol\u00edticos de su compatriota, no fueron sus escr\u00fapulos morales, por la riqueza y la abundancia en la que vivi\u00f3 la mayor parte del tiempo su familia, los que permitieron contar con un retrato m\u00e1s complejo y enriquecido de sus convicciones y de sus acciones.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Junto a la experiencia de haber tenido una vida principesca, en la que la abundancia en todos los terrenos era la norma, estuvo tambi\u00e9n la fibra moral, el temple \u00e9tico de un ser humano que al entrar en contacto con los sufrimientos de los dem\u00e1s, sus limitaciones y sus necesidades, desarroll\u00f3 una percepci\u00f3n de la vida, la sociedad y la espiritualidad, muy por encima de los rituales oficiados en el interior de su clase, para rendirle pleites\u00eda a la abundancia. Porque el zarismo, las monarqu\u00edas europeas del momento, gozaban de arcas y bodegas plet\u00f3ricas de lujos, diversi\u00f3n y comida. Entre tanto, los campesinos, los artesanos y los obreros, apenas sobreviv\u00edan. Tomar consciencia de esta situaci\u00f3n, y tratar de cambiarla, desde un sitial de absoluto privilegio, requer\u00eda un coraje que no es de curso corriente. Porque las renuncias que supon\u00eda, estaban en relaci\u00f3n directa con el simulacro, el maltrato y el escarnio que le propinaba quien consideraba que ese desfase clasista era un gesto imperdonable. La aristocracia no perdonaba la traici\u00f3n. Mucho menos si la misma supon\u00eda una toma de partido que no reposaba sobre los lazos de sangre, sino por lo que consideraba una sensibler\u00eda pasajera. Los lazos consangu\u00edneos, unidos a la convicci\u00f3n ancestral de haber sido escogidos por fuerzas divinas para dirigir una naci\u00f3n, un estado, una instituci\u00f3n, o una familia, hac\u00edan que los arist\u00f3cratas estimaran como criminal al tr\u00e1nsfuga que renegaba de ellos, arguyendo en su favor una nueva visi\u00f3n del mundo, porque no hay ninguna superior a la promovida por la aristocracia. Esa superioridad era parad\u00f3jicamente biol\u00f3gica y divina. De tal forma que quien atentaba contra ese principio vertebral, deb\u00eda ser encerrado, criminalizado y, finalmente, aniquilado.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">El zar, el arist\u00f3crata y el cortesano asum\u00edan como un hecho incontrovertible que el pa\u00eds les pertenec\u00eda, que era de su propiedad personal; tal fue la actitud de reyes como Luis XIV en la Francia del siglo XVII. Esta percepci\u00f3n se extend\u00eda, de forma vertical, hasta el m\u00e1s desamparado de los arist\u00f3cratas, cuya visi\u00f3n del mundo reposaba y reproduc\u00eda el conjunto de valores jer\u00e1rquicos que su clase consideraba eternos, a pesar de la evidencia contundente, que la revoluci\u00f3n industrial ofreci\u00f3 durante el siglo XIX, de una crisis devastadora de la aristocracia rusa, crisis apuntalada por la tecnolog\u00eda y la llegada al escenario social de nuevos grupos humanos con la vocaci\u00f3n de disputarles el poder. El saber no produce cambios biol\u00f3gicos o gen\u00e9ticos, apunta un soci\u00f3logo alem\u00e1n, puede desaparecer con los cambios revolucionarios. De tal forma que fueron muy pocos los privilegiados conscientes de ello, y trataron de participar de los saltos cualitativos eclosionados por las revoluciones. De sujeto pasivo del \u201cmanual del cortesano\u201d, obediente y sumiso siervo de los rituales en los que su clase quiso incrustarlo, el revolucionario al estilo de Kropotkin o Tolstoi, remont\u00f3 los l\u00edmites espaciales de su enclaustramiento, y busc\u00f3 comprender y participar de lo que estaba aconteciendo a su alrededor, haciendo frente a todos los riesgos implicados.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">No es la \u00e9poca la que hace al hombre, sino el hombre el que hace a la \u00e9poca, dice un historiador. Las grandes mansiones aristocr\u00e1ticas, sostenidas con el trabajo de otros, es decir, una clase no trabajadora que sac\u00f3 lo mejor de la vida, a costa de aquellos que realizaban el trabajo, ya fuera en Europa o en las colonias, llegaron a ser las responsables de la ca\u00edda de la clase regia. Este proceso hacia la ruina de s\u00f3lidas y longevas familias de la nobleza, en Francia, Inglaterra y en Rusia, no fue \u00fanicamente el producto de la imbricaci\u00f3n de transformaciones provocadas por los revolucionarios al frente de un cambio de \u00e9poca, como podr\u00eda creerse, sino, en gran medida, del deterioro de las relaciones, establecidas por siglos, entre esas familias mismas, que hab\u00edan desarrollado poca tolerancia para aceptar la llegada del supuesto advenedizo, adinerado y poderoso: esto es, el burgu\u00e9s aristocratizado.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">En las sociedades preindustriales, la riqueza m\u00e1s estimada era aquella que uno no hab\u00eda trabajado y para la cual no necesitaba hacerlo, es decir, la riqueza heredada, principalmente las percepciones de la renta proveniente de una propiedad rural heredada. No el trabajo en cuanto tal, sino el trabajo para ganar dinero, as\u00ed como la posesi\u00f3n misma del dinero trabajado se cotizaban muy bajo en la bolsa de valoraciones de las capas cortesanas de las sociedades preindustriales i . La familia de Kropotkin, heredera de los grandes pr\u00edncipes de Smolensk, reun\u00eda esas caracter\u00edsticas. Su padre sosten\u00eda que los privilegios de que gozaban, eran una ley de la naturaleza. En esta atm\u00f3sfera, la prepotencia y el desapego del progenitor eran la nota predominante, en contraste con la dulzura y cercan\u00eda de la madre. Junto a ello, la cruel tiranizaci\u00f3n de los siervos fue una constante en el desarrollo personal del joven pr\u00edncipe, quien lleg\u00f3 un momento en que sacrific\u00f3 incluso su carrera cient\u00edfica como ge\u00f3grafo y ge\u00f3logo, para dedicarse de lleno a la liberaci\u00f3n revolucionaria de los despose\u00eddos, de los trabajadores, de los campesinos, de las mujeres y de todos aquellos quienes, por razones de discriminaci\u00f3n social, pol\u00edtica e ideol\u00f3gica llenaban las c\u00e1rceles no s\u00f3lo de Rusia, sino tambi\u00e9n de otros pa\u00edses europeos. As\u00ed que, mirar a Kropotkin como un converso quien de la noche a la ma\u00f1ana decide dejar su vida principesca por una de limitaciones a favor de los pobres, tiene toda la tonalidad de una explicaci\u00f3n \u201cfranciscana\u201d, pero no se ajusta a la realidad dura y concreta de una vocaci\u00f3n revolucionaria que se gesta, tal vez no desde la infancia, pero s\u00ed desde su temprana juventud ii .<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">El padre se volvi\u00f3 a casar, dos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de su esposa, cuyo progresivo deterioro y fallecimiento por tuberculosis Kropotkin expone con dolor y profundo sufrimiento en sus memorias, pues ese ser\u00eda uno de los acontecimientos que m\u00e1s definir\u00eda su vida, en vista del inmenso amor que \u00e9l y su hermano Alexander ten\u00edan por su madre, una mujer tolerante y provista de talentos art\u00edsticos irrepetibles en la mansi\u00f3n familiar. Su calidez y su discreta presencia eran un tesoro para los siervos, propiedad de la familia, quienes siempre la recordaron con una frase dirigida a los ni\u00f1os, mientras crec\u00edan: \u201c\u00bfVais a ser tan buenos como vuestra madre, verdad?\u201d Obsesionado con las actividades, la disciplina y las aventuras del ej\u00e9rcito ruso, el padre de Kropotkin, sin embargo, pod\u00eda recordar solamente una participaci\u00f3n destacable en Turqu\u00eda en 1828, por la cual recibi\u00f3 la medalla de Santa Ana al valor, sin haber salido nunca de la oficina del comandante, dec\u00eda el mismo Kropotkin.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Cuando los ni\u00f1os trataban de recordarle al viejo militar aquella historia, el resultado era siempre decepcionante, pues, en realidad, quien hab\u00eda sido el h\u00e9roe era su asistente. En cierta ocasi\u00f3n, varias casas en un poblado turco alzaron fuego, y uno de los ni\u00f1os se hab\u00eda quedado atrapado. El viejo sirviente Frol, se lanz\u00f3 dentro de la casa en llamas, y por esa acci\u00f3n el padre de Kropotkin recibi\u00f3 la medalla de honor, y una espada con empu\u00f1adura de oro, que llev\u00f3 toda su vida. \u00a1Era uno de mis hombres!, reclamaba el hombre, para desilusi\u00f3n de los peque\u00f1os que lo escuchaban insumisos. En otra participaci\u00f3n intranscendente, en Polonia en 1831, el padre de Kropotkin conoci\u00f3 a la que ser\u00eda su esposa, la hija menor del general Sulima. Alta, esbelta, con abundante cabello casta\u00f1o oscuro, ojos marr\u00f3n oscuro y una boca peque\u00f1a, parec\u00eda que fuese a cobrar vida en un retrato al \u00f3leo que hab\u00eda sido pintado con amore por un artista de buena t\u00e9cnica. Siempre alegre y, por lo general, carente de preocupaciones, le gustaba mucho bailar, y las campesinas de nuestro pueblo nos contaban c\u00f3mo admiraba desde un balc\u00f3n sus danzas, acompasadas y armoniosas, para acabar uni\u00e9ndose a ellas: pose\u00eda la naturaleza de una artista. Fue en un baile donde cogi\u00f3 el catarro que le produjo la inflamaci\u00f3n de los pulmones que la llev\u00f3 a la tumba iii . La madrastra, otra joven hija de un militar, parece no haber jugado ning\u00fan papel de relevancia en la vida de Pedro y de su hermano Alejandro. Kropotkin s\u00f3lo recuerda el lujo y la pompa con que se realiz\u00f3 esa boda, pero nada m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Verdaderamente, el padre de Kropotkin era de esa clase de militares enamorados del uniforme, de la disciplina de cuartel, de las marchas y de \u201cromper la madera de los fusiles\u201d cuando se realizaban exhibiciones de fuerza y de armas. Pero su participaci\u00f3n en acciones de guerra, en expediciones o movilizaciones para la conquista de otras regiones o pa\u00edses, se redujo al papeleo y a la consejer\u00eda marginal. Donde el hombre ejerc\u00eda su autoridad con virulencia y f\u00e9rrea demanda de obediencia era en su casa. El castigo f\u00edsico a los siervos, una de las manifestaciones m\u00e1s humillantes de su condici\u00f3n social, era practicado por el padre de Kropotkin con cierta regularidad. En otras ocasiones involucraba a las autoridades del pueblo, quienes proced\u00edan con el linchamiento de forma natural, como algo ampliamente aceptado por todo el mundo. Pues el padre de Kropotkin era en realidad un hombre muy rico. Con propiedades en tres provincias distintas, m\u00e1s de mil \u201calmas\u201d, es decir siervos varones, pues las mujeres no contaban, cincuenta sirvientes en Mosc\u00fa, y otros veinticinco en la propiedad campestre, cuatro cocheros a cargo de una docena de caballos, cinco cocineros y doce camareros, as\u00ed como un sinf\u00edn de doncellas para atender los m\u00e1s m\u00ednimos detalles de la vida familiar, obligaban al ilustre militar a mantener el nivel, cada vez que la casa se llenaba de hu\u00e9spedes, disponiendo de banquetes, luces, instrumentos musicales y una orquesta, para diversi\u00f3n de las visitas que le encantaban al padre de Kropotkin.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">En la mansi\u00f3n de los Kropotkin el franc\u00e9s era el idioma con el que casi todos se comunicaban. Si la familia dec\u00eda contar con ancestros que se remontaban a los siglos anteriores a la llegada de los Romanov al poder en Rusia, cuando \u00e9stos se propusieron unificar al estado y meter a su pa\u00eds en el proceso de la modernidad, la lengua vern\u00e1cula tuvo que ser dejada de lado, y el franc\u00e9s lleg\u00f3 a convertirse en la lengua no solo de la corte y de la nobleza, sino tambi\u00e9n de lo que podr\u00eda llamarse clases cultas, es decir la burgues\u00eda ennoblecida avituallada de modos y maneras que a veces no comprend\u00eda por completo; tambi\u00e9n de los intelectuales y de los oficiales de gobierno. El grueso de la correspondencia de palacio se redactaba en ese idioma, y la mayor\u00eda de los funcionarios y bur\u00f3cratas ten\u00edan que dominarlo como si fuera el suyo. Pedro Kropotkin tuvo excelentes maestros y tutores en su casa, que lo introdujeron en la cultura francesa de forma irreversible. Las representaciones teatrales y la memorizaci\u00f3n de obras de autores franceses, eran uno de los componentes habituales en la educaci\u00f3n y la cotidianidad de la ense\u00f1anza de los ni\u00f1os en casa de los pr\u00edncipes Kropotkin. Claro est\u00e1 que los maestros del pensamiento revolucionario franc\u00e9s s\u00f3lo se consegu\u00edan de manera clandestina.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Sin embargo, la ense\u00f1anza no estaba completa si no se contaba con un excelente profesor de literatura rusa, adem\u00e1s de otros idiomas como el alem\u00e1n o el ingl\u00e9s. Los tutores en lengua rusa deb\u00edan escamotear las tremendas dificultades que la censura aplicaba sin misericordia, contra lo mejor de las tradiciones culturales nacionales. Durante la feroz dictadura de Nicol\u00e1s I por ejemplo, los grandes maestros en lengua rusa estaban prohibidos, o se editaban mutilados, de tal manera que algunos de los maestros de Pedro Kropotkin le abrieron las puertas a su pupilo, sirvi\u00e9ndose de obras que ellos mismos hab\u00eda le\u00eddo, de forma ilegal, mientras fueron estudiantes. Era frecuente en las familias adineradas, contar con estudiantes que a\u00fan no hab\u00edan completado su educaci\u00f3n universitaria, para que atendieran los requerimientos acad\u00e9micos de disc\u00edpulos de menos edad; con frecuencia ni\u00f1os y ni\u00f1as que ten\u00edan muy poco inter\u00e9s en el aprendizaje y convert\u00edan al tutor en el hazmerre\u00edr de la casa. Ese no fue el caso de los Kropotkin, donde Pedro y sus hermanos, Nicol\u00e1s y Alexander, siempre apuntaron la entra\u00f1able gratitud que les deb\u00edan a sus primeros maestros.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">La educaci\u00f3n, sus m\u00e9todos, limitaciones y proyectos, fue un tema recurrente en los c\u00edrculos ilustrados de la Rusia zarista, durante casi todo el siglo XIX. Ser\u00e1 porque la gente sencilla ten\u00eda tantas dificultades en ese sentido, sobre todo la poblaci\u00f3n campesina y artesanal, pero el asunto lleg\u00f3 a ser casi una obsesi\u00f3n, no s\u00f3lo en los grupos liberales, sino tambi\u00e9n en los m\u00e1s radicales de la \u00e9poca. Con frecuencia el siervo que mostrara iniciativas, independencia y aspiraciones era bloqueado de muchas formas, ya fuera oblig\u00e1ndolo a casarse o abrum\u00e1ndolo con trabajo. Kropotkin cuenta historias en que algunos terratenientes, amigos de su padre, lo increpaban porque su \u201cpoblaci\u00f3n de almas\u201d crec\u00eda muy lentamente. Eso se deb\u00eda, le dec\u00edan, a que no fomentas los casamientos con la fuerza debida. La prole de siervos era de importancia vital para los grandes propietarios de tierras.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Su paso por el cuerpo de pajes al servicio del zar, tuvo todos los encantos y amarguras que pod\u00eda reunir una carrera militar no aceptada totalmente, pero, debido a que su padre deseaba que sus hijos tuvieran un entrenamiento s\u00f3lido y disciplinado en el ej\u00e9rcito imperial, las consecuencias financieras para los hermanos hubieran sido inciertas en caso de no reconocer la voluntad del padre. Durante mucho tiempo la dependencia de los recursos pecuniarios que \u00e9ste pod\u00eda proveer fue una situaci\u00f3n tolerada con desgano, mientras las circunstancias cambiaban. Y empezaron a girar positivamente, cuando al fin pudieron graduarse como oficiales del cuerpo de pajes. En ese instante, muchas de las inquietudes del pr\u00edncipe Kropotkin emergieron con fluidez, en direcci\u00f3n a los llamados de su vocaci\u00f3n cient\u00edfica. Estar\u00eda cinco a\u00f1os en Siberia a cargo de investigaciones geogr\u00e1ficas y geol\u00f3gicas de gran importancia. Pero la experiencia fue esencial, no tanto en el nivel del conocimiento, como en el aprendizaje social, antropol\u00f3gico y pol\u00edtico. Dej\u00f3 San Petersburgo en 1862 para hacerse cargo de una serie de labores, al servicio de un regimiento muy joven y descuidado por las autoridades militares de la capital. Para \u00e9l, no obstante, salir de la ciudad era decisivo, pues la ola reaccionaria hac\u00eda imposible respirar los aires de cambio que empezaba a necesitar urgentemente.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Sus expediciones por Siberia, las planicies del Amur, el contacto con los cosacos de la zona, los acercamientos a Manchuria, y las investigaciones en Finlandia, le permitieron a Kropotkin realizar comparaciones entre la vida y las actividades de los campesinos de estas regiones y aquellos que pose\u00eda su familia. Aunque muchos de ellos hab\u00edan sido liberados, segu\u00edan tan pobres como siempre, en virtud de las limitaciones que el edicto de liberaci\u00f3n de 1861 hab\u00eda dejado sin resolver, y que los propietarios hab\u00edan aprovechado gustosos. Algunos de los siervos pod\u00edan contar con tierras de labranza, pero carec\u00edan de la tecnolog\u00eda b\u00e1sica para ponerlas a producir, lo que presagiaba hambrunas devastadoras, como hab\u00eda sucedido en 1876, 1884, 1895 y 1898.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Estas demoledoras experiencias, lo mismo que haber sido testigo de la salvaje represi\u00f3n contra los polacos en 1863 y 1866, cuando muchos de sus dirigentes m\u00e1s nobles e ilustrados fueron enviados a trabajar a las minas de sal en Siberia, camposanto de los muertos vivos, como le dec\u00edan entonces, removieron en Kropotkin los \u00faltimos vestigios de sus dudas acerca de ad\u00f3nde estaba realmente su destino pol\u00edtico. La informaci\u00f3n que, a\u00fan en la aislada Siberia, le llegaba de los levantamientos que condujeron al ba\u00f1o de sangre de la Comuna de Par\u00eds en 1871, terminaron por clausurar un ciclo en la vida de Kropotkin, lleno de las inquietudes reformistas de un joven arist\u00f3crata con inclinaciones de solidaridad social, pero que a\u00fan no manifiestan la articulaci\u00f3n de una propuesta revolucionaria acabada, algo que se iniciar\u00e1 con sus primeras salidas a la Europa Occidental, y su contacto con los grupos de emigrados rusos en Suiza, Alemania, Inglaterra y Francia.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\" lang=\"en-GB\">Notas:<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\" lang=\"en-GB\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\"><span lang=\"en-GB\">i Norbert Elias. <\/span>La sociedad cortesana   (M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. 1982. Traducci\u00f3n de Guillermo Hirata) P. 99.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">ii Ver sobre todo el cap\u00edtulo III del excelente libro de George Woodcock e Iv\u00e1n Avakumovic. <span lang=\"en-GB\">Peter Kropotkin. From Prince to Rebel (Canada: Black Rose Books. <\/span>1990).<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">iii Piotr Alex\u00e9ievich Kropotkin. Memorias de un revolucionario   (Oviedo, Espa\u00f1a: KRK Editores. 2005. Traducci\u00f3n de Pablo Fern\u00e1ndez Casta\u00f1\u00f3n-Ur\u00eda e Introducci\u00f3n de T.S. Norio) P. 110.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">Rodrigo Quesada (1952) es historiador, escritor, catedr\u00e1tico jubilado costarricense. Premio (1998) de la Academia de Geograf\u00eda e Historia de su pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\"><a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=169715\">http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=169715<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pr\u00edncipe Piotr Alex\u00e9ievich Kropotkin, naci\u00f3 en Rusia en 1842 y muri\u00f3 en 1921. Bien puede tratarse de uno de los pensadores, cient\u00edficos y revolucionarios m\u00e1s connotados de la segunda parte del siglo XIX, y de la primera del XX; no s\u00f3lo en su pa\u00eds, sino tambi\u00e9n en Europa y el resto del mundo. 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