{"id":28683,"date":"2013-06-05T09:51:21","date_gmt":"2013-06-05T07:51:21","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/presentes\/"},"modified":"2013-06-05T09:51:21","modified_gmt":"2013-06-05T07:51:21","slug":"presentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/presentes\/","title":{"rendered":"Presentes"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>En el a\u00f1o 213 el emperador de la China emiti\u00f3 un edicto condenando a la hoguera el Libro de la Poes\u00eda, el Libro de la Historia y los discursos de las Cien Escuelas; es decir, todo el saber de la tradici\u00f3n china. Al mismo tiempo, sentenci\u00f3 a muerte a todos aquellos que se atrevieran a dialogar en p\u00fablico en torno a los libros prohibidos, una vez entregados a las autoridades y destruidos: \u201clos que se sirvan de la antig\u00fcedad para denigrar los tiempos presentes\u201d, dice el decreto, \u201cser\u00e1n ejecutados junto con sus parientes\u201d. Como sabemos, las sociedades antiguas se viv\u00edan a s\u00ed mismas como alej\u00e1ndose a la deriva, a favor de la corriente, de un pasado glorioso respecto del cual todo presente -todo gobierno presente- no era m\u00e1s que una degeneraci\u00f3n o una degradaci\u00f3n; el gesto del emperador trataba as\u00ed de legitimar su poder impidiendo que sus s\u00fabditos recordaran tiempos mejores y dinast\u00edas m\u00e1s humanas o se dejaran enga\u00f1ar, como tantas veces ocurre, por los espejismos de la memoria.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos decir que, bajo el capitalismo, no hace falta ning\u00fan decreto contra la memoria porque la propia consistencia del mercado borra permanentemente el pasado, como antigualla o escoria, en favor de un presente superior. Vivimos, se dice, en el presente, en la intensidad de las emociones inmediatas, de los sobresaltos sincr\u00f3nicos. Pero no es verdad. La inversi\u00f3n capitalista del modelo antiguo respeta en realidad la misma l\u00f3gica, en virtud de la cual o todo ha pasado ya o nada ha pasado todav\u00eda: si los chinos cre\u00edan que lo mejor hab\u00eda quedado atr\u00e1s, los consumidores -tambi\u00e9n los consumidores fallidos- creemos que lo mejor est\u00e1 por llegar. La idea de progreso, estrechamente vinculada a la novedad mercantil y tecnol\u00f3gica, implica la ilusi\u00f3n, incluso en tiempos de crisis, de que puede haber remansos en la corriente, breves estancamientos o remolinos, pero jam\u00e1s reflujos y mucho menos retrocesos definitivos. En China el pasado imped\u00eda percibir los logros de la nueva dinast\u00eda; bajo el capitalismo es el futuro el que impide reconocer como propios, como reales, los abismos del presente.<\/p>\n<p>El presente es una cosa muy dif\u00edcil. Hablar de \u201ctiempos presentes\u201d requiere el cumplimiento de dos condiciones que raramente se dan. La primera es que est\u00e9 presente el sujeto, como cuando se pasa lista en los cuarteles y las escuelas (Santiago Alba Rico: \u00a1presente!) o se moviliza a un muerto para que nos consuele o nos ayude (Ch\u00e9 Guevara: \u00a1presente!). En general ocurre -digamos- que est\u00e1n ah\u00ed presentes las monta\u00f1as, los \u00e1rboles, los ni\u00f1os, los libros, y tambi\u00e9n las guerras y las ruinas y las llagas, pero nosotros no hemos llegado a\u00fan, nos hemos entretenido por el camino, estamos \u201cdistra\u00eddos\u201d en la fatiga del trabajo o en el aturdimiento del ocio proletarizado; las cosas nos esperan, vibrando en su aura de impaciencia, pero nosotros llegamos a destiempo -en otro tiempo- o no llegamos nunca.<\/p>\n<p>La segunda condici\u00f3n es que est\u00e9 presente el contenido mismo del tiempo. Porque a veces sucede, en cambio, que estamos presentes sin que ninguna rosa y ning\u00fan viento haya gritado nuestro nombre; estamos ah\u00ed, volcados hacia el mundo, sin que nadie nos pase lista y nuestra atenci\u00f3n se pierde en un desag\u00fce de colores sin fundamento y cuerpos sin ninguna ra\u00edz. Hay cuerpos que se secan a la espera del amor; mentes infinitas a las que no se ofrece nada que morder; campesinos sin olivos, escaladores sin monta\u00f1as, violinistas m\u00e1s grandes que Paganini o Sarasate que jam\u00e1s han visto un viol\u00edn.<\/p>\n<p>S\u00f3lo podemos hablar de presente, por tanto, cuando ocurre que se presentan al mismo tiempo, en el mismo lugar, las dos presencias; cuando levanto la cabeza y est\u00e1 ah\u00ed la monta\u00f1a levant\u00e1ndose para mirarme desde arriba. A eso los paganos lo llamamos amor y sucede, por ejemplo, cuando dos cuerpos est\u00e1n presentes el uno frente al otro y, porque se han esperado siempre, ninguno se ha adelantado o retrasado: \u00a1han llegado <em>justo a tiempo<\/em> para el otro! Eso es lo que los cient\u00edficos llaman conocimiento, que no es m\u00e1s que el presente de un \u00e1tomo o una mol\u00e9cula -o de un concepto- en el pensamiento: la felicidad del sabio es en realidad una extra\u00f1a \u201ccoincidencia\u201d. Pero eso es tambi\u00e9n lo que en la tradici\u00f3n cristiana se llama \u201crevelaci\u00f3n\u201d para tratar de explicar ese descenso vertical de la gracia, puntual como un rel\u00e1mpago, despu\u00e9s del cual nada puede seguir siendo lo mismo. La revelaci\u00f3n m\u00e1s conocida dentro de nuestra tradici\u00f3n es la famosa ca\u00edda de San Pablo camino de Damasco, hasta el punto de que la expresi\u00f3n \u201ccamino de Damasco\u201d se aplica a todos los campos y todos los avatares de la vida, con independencia de su fuente religiosa. San Pablo, verdadero fundador del cristianismo, estaba ah\u00ed al mismo tiempo que Dios y ese choque lo derrib\u00f3 del caballo. Cuando se levant\u00f3 se dio la vuelta y dio la vuelta, como a un calcet\u00edn, a su existencia misma.<\/p>\n<p>En realidad este choque que llamamos \u201cpresente\u201d se conoce tambi\u00e9n con otro nombre: conciencia. Como en la frase \u201ctomar conciencia de (un error, un objeto, una injusticia)\u201d. Es la cosa m\u00e1s rara que existe. \u00bfO no? Quiz\u00e1s San Pablo se hab\u00eda ca\u00eddo del caballo todas las veces que hab\u00eda pasado por el camino de Damasco y no hab\u00eda tenido valor. Quiz\u00e1s lo que caracteriza a la normalidad no es la ausencia de conciencia sino la insistencia en ignorarla. Quiz\u00e1s todos hemos sufrido alguna ca\u00edda camino de Damasco. De hecho todos los d\u00edas, camino de Damasco, nos caemos del caballo. Sabemos qu\u00e9 est\u00e1 pasando, qui\u00e9n nos llama, qu\u00e9 quieren de nosotros. Pero fingimos que se trata tan solo de un accidente; nos incorporamos, nos sacudimos la ropa, saltamos de vuelta sobre la montura y reemprendemos el camino como si nada hubiese ocurrido. Eso es lo normal: caerse del caballo y no hacer caso. Lo sobrenatural no es la revelaci\u00f3n ni tampoco la inteligencia para interpretarla -ninguna revelaci\u00f3n lo es de verdad si no es indubitable-; lo sobrenatural es la fuerza para responder a su llamada.<\/p>\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1ntas horas al d\u00eda, pero me temo que todos vivimos a menudo en el presente. Estamos ah\u00ed y est\u00e1n ah\u00ed las monta\u00f1as, los \u00e1rboles, los ni\u00f1os, los libros; y tambi\u00e9n las guerras, las ruinas y las llagas. Pero no respondemos. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPor qu\u00e9 no tenemos esa fuerza? Creo que por dos motivos. El primero es que, ausentes del presente, en las fatigas del trabajo o en el aturdimiento del ocio proletarizado, encontramos siempre algo de felicidad o hasta de justicia y nos acomodamos. La segunda es mucho m\u00e1s importante. Cuando de pronto se produce el choque -tres veces al d\u00eda- y nos caemos del caballo (\u00a1al mismo tiempo que todos los dem\u00e1s!), no sabemos qu\u00e9 hacer, a d\u00f3nde ir, a qui\u00e9n unirnos. Nos levantamos todos del suelo, nos sacudimos el polvo mir\u00e1ndonos de soslayo con verg\u00fcenza y reemprendemos solos -y enfadados- el \u00fanico camino que conoce de memoria nuestro caballo.<\/p>\n<p>El mercado, como el emperador en China, proh\u00edbe en Europa el choque del presente. Pero la crisis nos lo va revelando. Para negar una revelaci\u00f3n hace falta mucha c\u00f3lera, mucha violencia, un chivo expiatorio: algo parecido al fascismo. Para responder a una revelaci\u00f3n hace falta siempre una revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=169159\">http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=169159<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 213 el emperador de la China emiti\u00f3 un edicto condenando a la hoguera el Libro de la Poes\u00eda, el Libro de la Historia y los discursos de las Cien Escuelas; es decir, todo el saber de la tradici\u00f3n china. 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