{"id":28653,"date":"2013-05-31T07:42:23","date_gmt":"2013-05-31T05:42:23","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-normalidad-y-la-excepcionalidad\/"},"modified":"2013-05-31T07:42:23","modified_gmt":"2013-05-31T05:42:23","slug":"la-normalidad-y-la-excepcionalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-normalidad-y-la-excepcionalidad\/","title":{"rendered":"La normalidad y la excepcionalidad"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Una de las primeras cosas que aprend\u00ed de mi oficio de soci\u00f3logo fue que lo m\u00e1s interesante \u2013y m\u00e1s complicado\u2013 de explicar era la normalidad. El ejemplo que utilizaba P.L. Berger en su ya cl\u00e1sica Invitaci\u00f3n a la sociolog\u00eda era sobre el matrimonio y el divorcio, siempre con aquel punto de iron\u00eda tan propio. Dec\u00eda Berger que lo que realmente necesita explicaci\u00f3n sociol\u00f3gica no es por qu\u00e9 algunos se divorcian \u2013cosa que parece bastante f\u00e1cil de entender\u2013, sino por qu\u00e9 la mayor\u00eda de gente se casa e incluso repiten despu\u00e9s del divorcio. Esta perspectiva es radicalmente contraria a la l\u00f3gica period\u00edstica, siempre atenta a la excepcionalidad, a lo que altera la normalidad esperada. Es el t\u00f3pico del perro que muerde a la persona y de la persona que muerde al perro. El periodista no ve ning\u00fan aliciente en que todo funcione seg\u00fan lo previsto, y es una evidencia que las buenas noticias \u2013en el sentido de las cosas que marchan sin problemas\u2013 no son, realmente, una noticia buena.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Probablemente, esta tensi\u00f3n entre la mirada del soci\u00f3logo y la del periodista es la que explica el recelo con el que leo aquellas noticias que, centradas, como debe ser, en la excepci\u00f3n, adem\u00e1s de relatar los hechos se afanan en convertir esta anormalidad en un s\u00edntoma de lo que es general. La cuesti\u00f3n es que, como seres sociales que somos, nos cuesta resignarnos a admitir que pueda haber rupturas en nuestra normalidad cotidiana y, por lo tanto, nos vemos obligados a hacer grandes ejercicios ret\u00f3ricos para reintegrar nuevamente las excepciones en aquello que querr\u00edamos previsible. En su momento ya discutimos el caso del dram\u00e1tico asesinato masivo en Noruega de setenta y siete personas. La necesidad de encontrar alg\u00fan sentido a aquel acto de barbarie m\u00e1xima perpetrado per el joven Anders Behring Breivik nos hizo dar por buenas las interpretaciones de car\u00e1cter ideol\u00f3gico, atribuy\u00e9ndolo a la extrema derecha y a la xenofobia en contra del islam. Es cierto que este individuo se hab\u00eda movido en entornos pol\u00edticos de ultraderecha y que as\u00ed justific\u00f3 su acci\u00f3n. Pero su explicaci\u00f3n \u2013desde mi punto de vista\u2013 no formaba parte de las razones del crimen masivo, sino del propio desequilibrio mental que lo empuj\u00f3 a actuar de aquella manera. Ya s\u00e9 que la sentencia lo consider\u00f3 responsable, pero la Fiscal\u00eda y los informes forenses, adem\u00e1s del criterio de psic\u00f3logos expertos, dec\u00edan lo contrario.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ahora tenemos ante nosotros el caso del militar asesinado en Londres. En este crimen, la manera de domesticar la barbaridad \u2013que period\u00edsticamente ha tenido la fuerza de unas im\u00e1genes impactantes\u2013 ha sido vincul\u00e1ndolo al terrorismo isl\u00e1mico. Y ha sido la extrema derecha brit\u00e1nica, con un gran peso electoral en Londres \u2013donde m\u00e1s de la mitad de su poblaci\u00f3n procede de la inmigraci\u00f3n\u2013, la que se ha sumado con entusiasmo a esa interpretaci\u00f3n pol\u00edtica. Estamos ante un caso que, por el hecho de tener como protagonista a un hijo de antiguos inmigrantes, escolarizado en el Reino Unido, hay quien tiene la tentaci\u00f3n de considerar que pone en cuesti\u00f3n el modelo brit\u00e1nico de integraci\u00f3n. Y para darle m\u00e1s verosimilitud, se compara con los atentados de julio del 2005. Pongamos que, efectivamente, el asesinato de esta semana se haya inspirado en una determinada ideolog\u00eda. Pero eso todav\u00eda no ser\u00eda la causa del crimen. En todo caso, con mirada de soci\u00f3logo, el acento lo pondr\u00edamos en los miles y miles de hijos de antiguos inmigrantes \u20134 millones de extranjeros en Inglaterra y Gales, y m\u00e1s de dos millones setecientos mil musulmanes\u2013 que en ning\u00fan caso han cometido ni cometer\u00e1n ning\u00fan atentado de esta naturaleza. Para m\u00ed, eso es lo verdaderamente sorprendente. Por lo tanto, si alguna cosa deber\u00eda merecer nuestro inter\u00e9s \u2013desde el punto de vista sociol\u00f3gico\u2013 ser\u00eda cu\u00e1les son las bases del \u00e9xito de la incorporaci\u00f3n social de tantas personas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No es muy diferente el caso de los suicidios asociados a los desahucios. No puedo pronunciarme de manera rotunda porque no lo he estudiado a fondo. Pero antes de establecer seg\u00fan qu\u00e9 tipo de relaciones de causa y efecto, que pol\u00edticamente pueden ser muy \u00fatiles, habr\u00eda que tener cifras exactas sobre si la tasa de suicidios entre el grupo de desahuciados es o no superior a la de la totalidad de la poblaci\u00f3n de las mismas caracter\u00edsticas. Y lo mismo valdr\u00eda para el an\u00e1lisis de una agresi\u00f3n de unos padres a una maestra, para los casos de acoso escolar infantil o para determinadas formas de violencia dom\u00e9stica. En definitiva, situaciones dram\u00e1ticas todas ellas y de las que nos resulta pr\u00e1cticamente imposible aceptar su posibilidad si no tenemos a un culpable o no podemos establecer una causa clara o disponer de una teor\u00eda general que las haga razonables. Es decir, alteraciones de la normalidad para las cuales necesitamos una explicaci\u00f3n que, aunque ya no pueda evitar el desastre, cuando menos, nos d\u00e9 la impresi\u00f3n de que servir\u00e1 para evitar futuros dramas. Lisa y llanamente: necesitamos alg\u00fan tipo de interpretaci\u00f3n que aten\u00fae nuestra ansiedad ante lo imprevisible, y el periodismo intenta proporcionarla.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre sociolog\u00eda y periodismo es fascinante siempre que se mantenga clara la distinci\u00f3n y, por lo tanto, la tensi\u00f3n entre las distintas perspectivas. La sociolog\u00eda convierte en noticia aquello que se ajusta a las expectativas creadas, con una mirada que fuerza la capacidad de sorprenderse ante lo que es ordinario. Por su parte, el periodismo tiene una imperiosa necesidad de convertir la excepcionalidad en la manifestaci\u00f3n de una normalidad oculta que pretende descubrir. Son diferentes estrategias de conocimiento para diferentes papeles sociales.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/index.html\">http:\/\/www.lavanguardia.com\/index.html<\/a><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de las primeras cosas que aprend\u00ed de mi oficio de soci\u00f3logo fue que lo m\u00e1s interesante \u2013y m\u00e1s complicado\u2013 de explicar era la normalidad. El ejemplo que utilizaba P.L. Berger en su ya cl\u00e1sica Invitaci\u00f3n a la sociolog\u00eda era sobre el matrimonio y el divorcio, siempre con aquel punto de iron\u00eda tan propio. 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