{"id":28498,"date":"2013-05-06T08:18:50","date_gmt":"2013-05-06T06:18:50","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/drones-y-ollas\/"},"modified":"2013-05-06T08:18:50","modified_gmt":"2013-05-06T06:18:50","slug":"drones-y-ollas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/drones-y-ollas\/","title":{"rendered":"Drones y ollas"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Hay algo verdaderamente odioso en el gesto de los hermanos Tsarnaev, los dos terroristas chechenos que atentaron contra los corredores de la marat\u00f3n de Boston el pasado 18 de abril: no s\u00f3lo causaron muerte y mutilaciones con poco dinero sino que lo hicieron adem\u00e1s mediante los enseres m\u00e1s dom\u00e9sticos y m\u00e1s antiguos, los que asociamos a la alimentaci\u00f3n, el calor del hogar y la reproducci\u00f3n de la vida. Matar con ollas -llenas de clavos y no de jud\u00edas- es como insultar con flores o ensuciar con nieve: una contradicci\u00f3n dolorosa que hace m\u00e1s dolorosa y terrible su acci\u00f3n. Es, por as\u00ed decirlo, un atentado tambi\u00e9n contra las ollas, contra la idea de \u201colla\u201d y todas sus blanduras adyacentes. <\/p>\n<p> Matar con poco dinero y matar con menaje de cocina -un atentado, pues, de andar por casa- da a ese gesto un aura particularmente b\u00e1rbara que desmiente, por lo dem\u00e1s, el paralelismo en el que los dos hermanos quer\u00edan apoyar su injustificable atentado: \u201ces lo que viven todos los d\u00edas los habitantes de Iraq y Afganist\u00e1n\u201d. No es verdad. Los habitantes de Iraq y de Afganist\u00e1n no mueren como consecuencia de un atentado contra una olla dom\u00e9stica; son asesinados desde el aire, mediante la m\u00e1s cara y sofisticada tecnolog\u00eda, en un rel\u00e1mpago que es imposible atribuir a una voluntad y mucho menos a una \u201ccontradicci\u00f3n antropol\u00f3gica\u201d. Los bombardeos a\u00e9reos, lo he dicho muchas veces, tienen algo ol\u00edmpico y metaf\u00edsico; son la ejecuci\u00f3n sumar\u00edsima e impersonal, casi autom\u00e1tica, de la justicia divina. El hecho de que la muerte llegue a trav\u00e9s de un soporte tecnol\u00f3gico y con una intervenci\u00f3n m\u00ednima de la mano, convierte su advenimiento en algo tan natural como la ca\u00edda de la nieve y en algo tan inocente como la deposici\u00f3n de una paloma. Al contrario de lo que ocurre con el atentado de Boston, cuyas v\u00edctimas se\u00f1alan a sus autores como culpable fuente subjetiva, las v\u00edctimas de los bombardeos son se\u00f1aladas por la mirilla del avi\u00f3n como objetivos \u201cobjetivos\u201d y, por lo tanto, como origen pecaminoso de la acci\u00f3n. Nos impresionan mucho las muertes a cuchillo y odiamos mucho a los degolladores; nos impresionan mucho las muertes baratas contenidas en ollas dom\u00e9sticas y odiamos mucho, por tanto, a los chechenos (o a los palestinos o a los talib\u00e1n o a los yihadistas de Al-Qaeda). Nos impresionan muy poco, en cambio, aunque sean m\u00e1s numerosas, las muertes caras y sofisticadas producidas por los aviones; y odiamos mucho menos -o incluso admiramos- a los que las planean y ejecutan. <\/p>\n<p> Este retroceso de la mano aplicado a la tecnolog\u00eda de guerra ha alcanzado su colof\u00f3n con los llamados \u201cdrones\u201d, esos pterod\u00e1ctilos o d\u00edgitos alados, pegasos e insectos teledirigidos, que pueden recabar informaci\u00f3n y eventualmente asesinar a miles de kil\u00f3metros sin necesidad de un piloto. Como sabemos, el n\u00famero de bombardeos mediante drones se ha multiplicado durante el gobierno Obama, quien ha realizado y sigue realizando operaciones cotidianas no s\u00f3lo en Iraq y Afganist\u00e1n sino tambi\u00e9n en Yemen, Somalia y Pakist\u00e1n. A trav\u00e9s de los \u201cbombardeos no tripulados\u201d la naturalizaci\u00f3n de la tecnolog\u00eda, y la despersonalizaci\u00f3n de la destrucci\u00f3n, alcanza cotas dif\u00edcilmente imaginables para esos humanos antiguos -la mayor parte de nosotros- que seguimos represent\u00e1ndonos secuencias causales muy rudimentarias: de hombre a hombre, de hombro a hombro, de martillo a escombro. La posibilidad de desmigajar una aldea desde un sill\u00f3n situado a miles de kil\u00f3metros, mientras se toma un caf\u00e9 y se fija una cita telef\u00f3nica con el m\u00e9dico o con la novia, a\u00f1ade a la desproporci\u00f3n entre cielo y tierra y a la desigualdad entre \u201cmirones\u201d y \u201cmirados\u201d un nuevo abismo: el que separa radicalmente los cuerpos de las tecnolog\u00edas. El simple hecho de tener cuerpo, de conservar un cuerpo -all\u00ed donde el consumo de mercanc\u00edas parece haber dejado atr\u00e1s, en una polvareda de im\u00e1genes, la mortalidad misma- es casi un llamado al bombardeo y, en todo caso, una justificaci\u00f3n de sus efectos: los que siguen siendo mortales (todos esos pueblos y clases inferiores sin acceso a los mercados) deben morir. Tienen cuerpo, luego son fr\u00e1giles; luego hay que romperlos. <\/p>\n<p> Podemos decir sin exagerar que el objetivo de los bombardeos son los cuerpos; su radical antihumanismo no apunta a los civiles o a los enemigos sino, m\u00e1s all\u00e1, a la idea misma de fragilidad. Quiz\u00e1s no es verdad que no haya ning\u00fan paralelismo entre el atentado de Boston y los bombardeos de Iraq o Afganist\u00e1n. Quiz\u00e1s sin saberlo la acci\u00f3n monstruosa de los hermanos Tsarnaev constituye una cr\u00edtica radical de esa monstruosa civilizaci\u00f3n cuya m\u00e1xima aspiraci\u00f3n material es el retroceso definitivo de la mano y la superaci\u00f3n mercantil de la mortalidad. Quiz\u00e1s los hermanos Tsarnaev escogieron el escenario de su atentado porque estaba lleno de inocentes, s\u00ed, como los mercados de Kabul o los barrios de Faluya. Pero en todo caso una marat\u00f3n es sobre todo un acontecimiento \u201ccorporal\u201d, uno de los pocos lugares a\u00fan modernos donde los participantes son convocados como \u201ccuerpos\u201d, donde los seres humanos comparecen como \u201canti-drones\u201d: tripulados por ellos mismos, coincidentes con sus propios pies. La olla asesina, metonimia de todos los cuidados dom\u00e9sticos, devuelve a las v\u00edctimas sus piernas -en el momento de arranc\u00e1rselas. El atentado de Boston, como el memento mori de la antig\u00fcedad, recuerda a los estadounidenses y a los occidentales en general lo que procuran olvidar por todos los medios: ten\u00e9is cuerpo, luego sois fr\u00e1giles, luego hay que romperos. La conclusi\u00f3n de este silogismo, por supuesto, deber\u00eda ser \u201cluego hay que cuidaros\u201d, pero es la propia civilizaci\u00f3n del dron, que no siente piedad por los afganos y los iraqu\u00edes, la que ha quebrado toda coherencia antropol\u00f3gica. <\/p>\n<p> En este juego de r\u00e9plicas -o de potlachs en un espejo negro- a alguno de estos \u201clobos solitarios\u201d, como se complacen en llamarlos los peri\u00f3dicos, se le ocurrir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda llevar la paradoja hasta el extremo. Pondr\u00e1 ollas explosivas no en el camino de los corredores de una marat\u00f3n sino en las camas de los enfermos estadounidenses, en los cartones de los pobres estadounidenses y en los sillones de los viejos estadounidenses. Nos sentiremos horrorizados y con raz\u00f3n, pero ese monstruo podr\u00eda pensar que matarlos a ollazos -a ellos, \u00faltimos refugios de los cuerpos, negados y despreciados- es la \u00fanica forma de hacerlos aparecer. Estamos a punto de llegar a esa escala \u201cideal\u201d invertida en la que rematar a las v\u00edctimas del mercado ser\u00e1 la \u00fanica manera de acusar a los verdugos y reivindicar su dolor. En cuanto a las v\u00edctimas de los drones, no pueden ni siquiera aspirar a emitir la luz final de una revelaci\u00f3n. <\/p>\n<p> Si no queremos reducir las relaciones humanas a una guerra desigual y feroz entre drones y ollas, es necesario transformar de manera urgente las condiciones de la econom\u00eda y la tecnolog\u00eda, para que los cuerpos y las cocinas restablezcan la posici\u00f3n a que estaban destinadas en el orden antropol\u00f3gico de la humanidad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=167686\">http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=167686<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay algo verdaderamente odioso en el gesto de los hermanos Tsarnaev, los dos terroristas chechenos que atentaron contra los corredores de la marat\u00f3n de Boston el pasado 18 de abril: no s\u00f3lo causaron muerte y mutilaciones con poco dinero sino que lo hicieron adem\u00e1s mediante los enseres m\u00e1s dom\u00e9sticos y m\u00e1s antiguos, los que asociamos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[82],"tags":[],"class_list":["post-28498","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-munduanbarna"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.7 - 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