{"id":28487,"date":"2013-05-03T08:09:21","date_gmt":"2013-05-03T06:09:21","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/que-tenia-en-su-cabeza\/"},"modified":"2013-05-03T08:09:21","modified_gmt":"2013-05-03T06:09:21","slug":"que-tenia-en-su-cabeza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/que-tenia-en-su-cabeza\/","title":{"rendered":"Qu\u00e9 ten\u00eda en su cabeza"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Un auto cruza Estados Unidos de costa a costa. En \u00e9l viajan dos hombres y el cerebro de Einstein. El que maneja no importa; es s\u00f3lo el chofer en esta historia. El que va sentado a su lado se llama Thomas Harvey, tiene ochenta a\u00f1os y fue el m\u00e9dico forense que hizo la autopsia de Einstein. Su destino es Berkeley, California, el lugar donde vive Evelyn Einstein, la nieta o quiz\u00e1 hija del gran cient\u00edfico (en los papeles figura como adoptada por Hans Albert, el primog\u00e9nito de Einstein, pero dice la leyenda que en realidad era la hija de la vejez del genio). Evelyn es desprogramadora de sectas, pero Thomas Harvey no lo sabe, ni le har\u00eda diferencia: lo \u00fanico que le importa es decidir qu\u00e9 hacer con el cerebro de Einstein. Lleva cuarenta y cinco a\u00f1os de celosa custodia y sabe (no hace falta ser forense para notarlo) que no le queda mucho m\u00e1s tiempo de residencia en la Tierra. Por eso ha aceptado el ofrecimiento del joven periodista que maneja a su lado y se deja llevar en coche de un extremo al otro de Estados Unidos, para decidir el destino de los dos tupperwares que van en el ba\u00fal.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El d\u00eda que los \u00edntimos de Albert Einstein esparcieron sus cenizas en un recodo del r\u00edo Delaware, fuera de la vista de prensa y curiosos, creyeron que all\u00ed se iba todo lo que quedaba en este mundo de su querido pariente o amigo. Pero en realidad el cerebro de Einstein hab\u00eda quedado en la sala de autopsias del Hospital de Princeton. El forense que deb\u00eda realizar la autopsia era el neoyorquino Harry Zimmerman, m\u00e1xima autoridad en el mundo en el rubro patolog\u00eda y viejo amigo de Einstein, pero inconvenientes de \u00faltimo momento le impidieron acercarse hasta Nueva Jersey. Para su fortuna, el pat\u00f3logo residente en el Hospital de Princeton era un joven disc\u00edpulo suyo, Thomas Harvey, que acept\u00f3 gustoso la tarea. Zimmerman orden\u00f3 a Harvey retirar el cerebro de Einstein y envi\u00e1rselo al prestigioso Centro Montefiore en Nueva York para someterlo a estudios pero, al enterarse las autoridades de Princeton, dijeron de ac\u00e1 Einstein no se va. Mientras empezaba un litigio de guante blanco, el director del hospital orden\u00f3 a Harvey que entregara el cerebro, pero \u00e9ste se mantuvo fiel a su mentor y se neg\u00f3. El director pidi\u00f3 entonces junta m\u00e9dica e hizo despedir a Harvey, acto que el joven forense contest\u00f3 llev\u00e1ndose el cerebro a su casa, y no hubo c\u00f3mo reclam\u00e1rselo: la orden de Zimmerman hab\u00eda sido oral, en los registros de la autopsia no se mencionaba la disecci\u00f3n y el cuerpo de Einstein ya hab\u00eda sido cremado, raz\u00f3n por la cual Harvey pudo abandonar el campus de Princeton en su coche sin obst\u00e1culos legales, con dos tupperwares en el ba\u00fal donde los hemisferios cerebrales de Einstein flotaban en formol.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>As\u00ed comienza el derrumbe de la hasta entonces impecable carrera m\u00e9dica de Thomas Harvey. Despedido de Princeton, ignorado por Zimmerman (que se ha desentendido del tema con atendible motivo: est\u00e1 agonizando en un hospital de Nueva York), abandonado por su esposa y sus hijos (que culpan al cerebro de Einstein de haberles arruinado la vida), perseguido por abogados de la Universidad Hebrea de Jerusal\u00e9n (beneficiaria del legado de Einstein), Thomas Harvey va rebotando de ciudad en ciudad: donde consigue trabajo como m\u00e9dico se queda, hasta que se corre la voz de que es el loco que tiene el cerebro de Einstein. Cada puesto es peor que el anterior, el \u00faltimo es en la prisi\u00f3n de Leavenworth, despu\u00e9s ya ni como m\u00e9dico: termina trabajando como operario en una f\u00e1brica de pl\u00e1stico y viviendo en un monoambiente con cama plegable en un pueblo llamado Lawrence, en Kansas. Un d\u00eda va a avisarle al vecino que se vuelve a sus pagos de Nueva Jersey: ya no tiene trabajo en la f\u00e1brica, y una vieja novia de all\u00e1 lo ha invitado a vivir con \u00e9l. El vecino en cuesti\u00f3n es William Burroughs, el legendario escritor beat, el drog\u00f3n m\u00e1s c\u00e9lebre del mundo. Es igual de viejo que Harvey, vive en una casa igual de rasposa s\u00f3lo que m\u00e1s grande, recibe a periodistas de todo el mundo sentado en una silla de pl\u00e1stico en medio de un living sin otros muebles, con un secretario que cada tanto le acerca un platito de caviar y le inyecta metadona. A uno de esos periodistas le habla, en uno de sus voluptuosos soliloquios, del Hombre Que Tiene El Cerebro De Einstein. El periodista se interesa. Consigue que el secretario le d\u00e9 un n\u00famero de tel\u00e9fono de Nueva Jersey y un a\u00f1o despu\u00e9s est\u00e1 al volante de su auto, con el viejo Harvey a su lado, haciendo los ocho mil kil\u00f3metros que hay de la desangelada costa de Nueva Jersey a las puestas de sol californianas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El periodista cree que tiene la historia de su vida, pero al doctor Harvey no le gusta mucho conversar, el trato es que le haga de chofer, sin reciprocidades de ning\u00fan tipo, y tampoco es que haya mucho que contar: en esos cuarenta a\u00f1os, Harvey se carte\u00f3 con pat\u00f3logos de distintas partes del mundo, les envi\u00f3 peque\u00f1as muestras del cerebro, pero ninguno de los resultados obtenidos lo convenci\u00f3 de desprenderse del venerable objeto de su custodia. Poco a poco, el periodista descubre que el viejo Harvey es como el viejo Burroughs (me falt\u00f3 decir que el viaje a Berkeley tiene paradas intermedias, el doctor aprovecha para visitar a cierta gente en el camino, Burroughs es uno de ellos). Cuando, en medio de la visita, Harvey le pregunta si empez\u00f3 a drogarse por dolor, Burroughs contesta: \u201cMe gustar\u00eda decir que fue por dolor pero no, me hice adicto porque quer\u00eda m\u00e1s de la vida. Y ahora me ayuda a esperar menos de la muerte\u201d. D\u00edas m\u00e1s tarde, cuando ven asomar el mar de California en el horizonte, Harvey rompe el silencio y comenta que en unas vacaciones con sus hijos encontr\u00f3 un delf\u00edn muerto en la playa y que, para estupor de sus hijos (un buen pat\u00f3logo siempre lleva consigo su kit), procedi\u00f3 ah\u00ed mismo a abrirle la cabeza y sacarle el cerebro. \u201cEra un ejemplar magn\u00edfico. Las circunvoluciones eran asombrosas, mucho m\u00e1s complejas que las de un cerebro humano. Hab\u00eda un secreto all\u00ed que me superaba.\u201d Y vuelve a sumirse en silencio mientras el periodista siente con escalofr\u00edos que esos dos cerebros se han vuelto uno para el viejo doctor.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El encuentro con Evelyn Einstein fue un fracaso. Harvey se arrepinti\u00f3 a \u00faltimo momento y ella tambi\u00e9n ten\u00eda sus reticencias a recibirlo. Harvey tambi\u00e9n dej\u00f3 plantado al periodista y se volvi\u00f3 a Nueva Jersey en tren, con los dos tupperwares en un bolso. Un a\u00f1o despu\u00e9s lo llam\u00f3 en medio de la noche y le pregunt\u00f3 sin pre\u00e1mbulos si \u00e9l tambi\u00e9n hab\u00eda tenido esa sensaci\u00f3n cuando vieron el Pac\u00edfico, la de haber ido de un oc\u00e9ano a otro, un rar\u00edsimo instante de uni\u00f3n con cada uno de las personas y paisajes y restaurantes y moteles y peajes del camino. \u201cSiempre viajamos con nuestros secretos ocultos en el ba\u00fal\u201d, agreg\u00f3, y despu\u00e9s cort\u00f3. Un par de d\u00edas despu\u00e9s, el pat\u00f3logo residente del Hospital de Princeton le avis\u00f3 al periodista que acababa de recibir en forma an\u00f3nima dos tupperwares que conten\u00edan el cerebro de Einstein. El periodista llam\u00f3 insistentemente al n\u00famero que ten\u00eda de Harvey en Nueva Jersey, pero nadie contest\u00f3 el tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"Pagina 12\" href=\"http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-219190-2013-05-03.html\">http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-219190-2013-05-03.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un auto cruza Estados Unidos de costa a costa. En \u00e9l viajan dos hombres y el cerebro de Einstein. El que maneja no importa; es s\u00f3lo el chofer en esta historia. 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