{"id":28455,"date":"2013-04-29T08:24:56","date_gmt":"2013-04-29T06:24:56","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-paz-posible\/"},"modified":"2013-04-29T08:24:56","modified_gmt":"2013-04-29T06:24:56","slug":"la-paz-posible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-paz-posible\/","title":{"rendered":"La paz posible"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Colombia ofrece sin duda el ejemplo m\u00e1s retorcido y m\u00e1s exitoso -all\u00ed donde el \u00e9xito de las clases dominantes es indisociable de un dolor inmenso- de lo que en alguna ocasi\u00f3n he llamado la \u201cpedagog\u00eda del mill\u00f3n de muertos\u201d. Mientras que en el resto de Am\u00e9rica Latina las dictaduras militares de la segunda mitad del siglo pasado adiestraban a los ciudadanos para una futura democracia despuntada, en Colombia la democracia y la dictadura, cogidas del brazo, emprend\u00edan juntas un largo camino de fecunda convivencia asesina. La pedagog\u00eda del terror se aplicaba y se aplica al mismo tiempo y en el mismo sitio -en el aula de al lado, por decirlo as\u00ed- que los m\u00e1s altos principios del derecho y la democracia. Hab\u00eda y sigue habiendo una especie de aprendizaje autom\u00e1tico del buen uso de las leyes: la Constituci\u00f3n no impide a los colombianos defender en libertad sus ideas y sus tierras; los que las defienden -sencillamente- mueren o desaparecen. El caso muy conocido de la Uni\u00f3n Patri\u00f3tica en los a\u00f1os 80 y 90 -con m\u00e1s de 5.000 dirigentes y militantes asesinados- es la mejor ilustraci\u00f3n de ese \u201crealismo m\u00e1gico\u201d que fascina a los visitantes: un pa\u00eds anfibio, como un trit\u00f3n, en el que la democracia amamanta fusiles y cuchillos, en el que el mismo Estado que los \u201cprotege\u201d amenaza a los defensores de los derechos humanos y en el que, en definitiva, es mucho m\u00e1s peligroso hacer pol\u00edtica que luchar en la guerrilla.<\/p>\n<p>Las cifras de muertos, desaparecidos, presos y desplazados en Colombia en el \u00faltimo medio siglo, inseparables de la penetraci\u00f3n de las multinacionales, la intervenci\u00f3n de los EEUU y el enriquecimiento de la burgues\u00eda, induce a un severo realismo. Pero si hay algo m\u00e1gico -y realmente lo hay- tiene que ver con la tozuda resistencia de una parte del pueblo colombiano a extraer las correspondientes lecciones \u201cdemocratizadoras\u201d que imparte la Se\u00f1ora Muerte. No se deja educar. De la misma manera que Venezuela se sacudi\u00f3 el miedo en 1999 y demostr\u00f3 que se pod\u00eda votar a quien no se debe, una acumulaci\u00f3n dign\u00edsima de resistencias sociales y campesinas mantiene viva en Colombia desde hace sesenta a\u00f1os, en la frontera misma del terror, la mitad terrestre y humana del pa\u00eds trit\u00f3n. Este ejercicio de libertad colectiva contra todas las ense\u00f1anzas alimenta tambi\u00e9n el c\u00e1ndido aire absurdo, la atm\u00f3sfera hechizada, la irrealidad promisoria que uno percibe en Colombia: en ning\u00fan otro pa\u00eds est\u00e1 m\u00e1s presente la miseria y la violencia; pero en ning\u00fan otro pa\u00eds hay m\u00e1s zonas coloreadas -y corporeadas- por el sue\u00f1o de la liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una de estas zonas es, sin duda, la Universidad Nacional de Bogot\u00e1, donde el pasado fin de semana se celebr\u00f3 el Congreso Nacional por la Paz, convocado por el Congreso de los Pueblos y apoyado por organizaciones sociales, campesinas e ind\u00edgenas, partidos de izquierdas y personalidades intelectuales y pol\u00edticas, con el prop\u00f3sito de \u201cpromover un di\u00e1logo democr\u00e1tico entre las comunidades, las organizaciones pol\u00edticas y sociales, las insurgencias, el Estado, los poderes econ\u00f3micos, las iglesias, la comunidad internacional y los pueblos del mundo interesados en el tema\u201d. Las negociaciones que se vienen celebrando en La Habana entre el gobierno y las FARC y la marcha multitudinaria del pasado 9 de abril abren una posibilidad real de pacificaci\u00f3n que, para materializarse, debe ser sostenida, ampliada, fundamentada, exigida desde las plazas. Las m\u00e1s de 20.000 personas reunidas en el encuentro de Bogot\u00e1 proced\u00edan de todos los rincones del pa\u00eds y quer\u00edan recordar al gobierno y a la insurgencia que la paz no se puede hacer sin esa tercera fuerza, la principal, que no est\u00e1 representada todav\u00eda, o no del todo, en las mesas de di\u00e1logo: el propio pueblo colombiano, ineducable y resistente, consciente de que la paz no es \u201cel silenciamiento de los fusiles\u201d sino el establecimiento de un nuevo orden democr\u00e1tico de participaci\u00f3n pol\u00edtica y justicia social: \u201cmandato, mandato, mandato popular\u201d, era la consigna coreada durante la instalaci\u00f3n del Congreso entre los acordes de la Internacional y los del himno nacional. Tanto los debates como la declaraci\u00f3n final insistieron en la necesidad de apoyar las negociaciones entre el Estado y las FARC, as\u00ed como en ampliarla al ELN (organizaci\u00f3n que hizo llegar un pronunciamiento ratificando la voluntad de di\u00e1logo al tiempo que algunos despachos de prensa anunciaban la instalaci\u00f3n en mayo de una mesa de conversaciones para la que se habr\u00edan ya nombrado las delegaciones); pero los participantes insistieron sobre todo en la necesidad de resolver las causas sociales del conflicto para garantizar \u201clos derechos humanos, econ\u00f3micos, laborales y ambientales\u201d de los individuos y de las comunidades.<\/p>\n<p>No es la primera vez que Colombia asiste esperanzada a unas negociaciones de paz. Pero la sociedad civil \u201cde abajo\u201d -como repite Fran\u00e7ois Houtart para distinguirla de la de \u201carriba\u201d, bien representada en La Habana a trav\u00e9s de la clase empresarial- conoce ahora por experiencia todos los peligros que pueden hacer fracasar las conversaciones o dejar sin efecto un eventual acuerdo. Es el propio Fran\u00e7ois Houtart el que nos recuerda uno de esos peligros: la burgues\u00eda colombiana, \u201cla m\u00e1s inteligente y la m\u00e1s c\u00ednica y dura del continente\u201d, guiada por el presidente Santos, es consciente de la necesidad de crear un nuevo consenso social en torno a la paz, anhelo popular que puede ser \u201crecuperado\u201d en favor de los intereses de esas mismas clases dominantes que hasta ahora apostaban por la guerra.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Otro peligro -quiz\u00e1s m\u00e1s inmediato- es el de ese sector de la burgues\u00eda, encabezado por el expresidente Uribe, que se opone a las negociaciones y que est\u00e1 dispuesto a cualquier cosa con tal de hacerlas fracasar. La fuerza del uribismo en el ej\u00e9rcito y entre el paramilitarismo a\u00fan activo, junto a su total falta de escr\u00fapulos, no permite descartar un sabotaje violento con los mismos procedimientos \u201cpedag\u00f3gicos\u201d usados durante d\u00e9cadas: acciones armadas o asesinatos pol\u00edticos selectivos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Estos dos peligros s\u00f3lo pueden ser conjurados por el \u201cmandato popular\u201d y el acompa\u00f1amiento internacional. Esta evidencia es la que llev\u00f3 a la movilizaci\u00f3n del 9 de abril y a la convocatoria, largamente preparada en las comunidades y organizaciones, de este Congreso Nacional por la Paz. S\u00f3lo la presi\u00f3n permanente de la \u201csociedad civil de abajo\u201d puede garantizar el \u00e9xito de las conversaciones, la aplicaci\u00f3n de los acuerdos y la gestaci\u00f3n de un proceso a largo plazo que enra\u00edce la paz en la autodeterminaci\u00f3n democr\u00e1tica de los pueblos y la gesti\u00f3n soberana de los territorios y los recursos. Pero esta presi\u00f3n popular se ve amenazada asimismo por otro peligro, no menos grave, aunque esta vez de car\u00e1cter interno: la divisi\u00f3n de la izquierda colombiana, minada por fricciones de estrategia y de liderazgo. Por eso, el \u201cmandato popular\u201d coreado por los movimientos sociales y comunidades campesinas presentes en la Universidad de Bogot\u00e1 iba dirigido no s\u00f3lo al gobierno y a las insurgencias sino a todo el arco pol\u00edtico de la izquierda nacional, al que se reclama, hoy m\u00e1s que nunca, responsabilidad, generosidad y unidad. Sin esa unidad, Colombia estar\u00e1 condenada una vez m\u00e1s a repetir, con el gran poeta cartagenero Jorge Artel, su canto de melancol\u00eda:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cTe amamos, paz<\/p>\n<p>en la presunta llama<\/p>\n<p>que s\u00f3lo enciende el beso,<\/p>\n<p>en la ma\u00f1ana pura<\/p>\n<p>que aflora tras los ojos de los ni\u00f1os:<\/p>\n<p>en ese silencio azul<\/p>\n<p>donde las olas lavan sus estrellas.<\/p>\n<p>Te amamos, paz,<\/p>\n<p>y t\u00fa no llegas\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p> <a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=167274\">http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=167274<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Colombia ofrece sin duda el ejemplo m\u00e1s retorcido y m\u00e1s exitoso -all\u00ed donde el \u00e9xito de las clases dominantes es indisociable de un dolor inmenso- de lo que en alguna ocasi\u00f3n he llamado la \u201cpedagog\u00eda del mill\u00f3n de muertos\u201d. 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