{"id":28204,"date":"2013-03-16T04:52:08","date_gmt":"2013-03-16T02:52:08","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/sueno-de-mariposa\/"},"modified":"2013-03-16T04:52:08","modified_gmt":"2013-03-16T02:52:08","slug":"sueno-de-mariposa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/sueno-de-mariposa\/","title":{"rendered":"Sue\u00f1o de mariposa"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>En este fragmento de un libro que acaba de aparecer, Slavoj Zizek avanza en una revisi\u00f3n cr\u00edtica \u2013sobre la base del psicoan\u00e1lisis\u2013 del concepto marxista de ideolog\u00eda y llega a una pregunta crucial: en qu\u00e9 consiste la diferencia, absoluta, entre el capitalismo y todos los modos de producci\u00f3n que lo precedieron en la historia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En el Seminario 11, Lacan se refiere a la paradoja muy conocida de Chuang Tzu, quien, despu\u00e9s de so\u00f1ar que era una mariposa, ya despierto se pregunta si \u00e9l no es la mariposa que sue\u00f1a ser Chuang Tzu. Seg\u00fan Lacan, \u00e9ste ten\u00eda raz\u00f3n al hacerse esa pregunta: en primer lugar, porque \u201ces lo que prueba que no est\u00e1 loco, que no se toma por alguien absolutamente id\u00e9ntico a s\u00ed mismo\u201d; en segundo lugar, porque \u201cprecisamente cuando era mariposa, se aferraba a alguna ra\u00edz de su identidad \u2013que era y es en su esencia, esa mariposa que se pinta con sus propios colores\u2013 y por esa v\u00eda, en la \u00faltima ra\u00edz, \u00e9l era Chuang Tzu\u201d. La primera raz\u00f3n corresponde a la exterioridad de la red simb\u00f3lica que determina la identidad del sujeto: Chuang Tzu es Chuang Tzu porque lo es \u201cpara los dem\u00e1s\u201d, porque esa identidad le fue conferida por la red intersubjetiva de la que \u00e9l forma parte: estar\u00eda loco si pensara que los otros lo tratan como Chuang Tzu porque \u00e9l ya es Chuang Tzu en s\u00ed mismo, independientemente de esa red simb\u00f3lica. La verdad del sujeto se decide fuera, el sujeto \u201cen s\u00ed mismo\u201d es una nada, un vac\u00edo sin ninguna consistencia.<\/p>\n<p>Ahora bien, reducir al sujeto al vac\u00edo, sin ninguna verdad m\u00e1s que la verdad exterior, \u201cdisolverlo\u201d en la red simb\u00f3lica, \u00bfes todo lo que podemos decir de \u00e9l? \u00bfAcaso el \u201ccontenido\u201d del sujeto se reduce a lo que es para los dem\u00e1s, a las determinaciones simb\u00f3licas, a los t\u00edtulos, a los mandatos que se le han conferido? El sujeto dispone, a pesar de todo, de un modo de dar consistencia a su identidad m\u00e1s all\u00e1 de los t\u00edtulos, las referencias que lo sit\u00faan en la red simb\u00f3lica universal, una manera de Ser-ah\u00ed en su car\u00e1cter \u201cpatol\u00f3gico\u201d, en su particularidad absoluta: la fantas\u00eda. En el objeto fantasm\u00e1tico, el sujeto \u201cse aferra a alguna ra\u00edz de su identidad\u201d: Chuang Tzu ten\u00eda raz\u00f3n al tomarse por una \u201cmariposa que sue\u00f1a que es Chuang Tzu\u201d, pues la mariposa es el objeto que constituye el marco, el esqueleto de su identidad fantasm\u00e1tica. En ese sue\u00f1o que llamamos la \u201crealidad\u201d sociosimb\u00f3lica, \u00e9l es Chuang Tzu, pero en lo real de su deseo es la mariposa; todo su Dasein, su existencia, consiste en \u201cser la mariposa\u201d.<\/p>\n<p>A primera vista, la paradoja de Chuang Tzu no hace sino invertir de manera sim\u00e9trica la relaci\u00f3n llamada \u201cnormal\u201d entre la vigilia y el sue\u00f1o: en lugar de Chuang Tzu que sue\u00f1a que es una mariposa, tenemos una mariposa que sue\u00f1a que es Chuang Tzu. Pero, como lo subraya Lacan, esta simetr\u00eda es enga\u00f1osa: Chuang Tzu despierto puede tomarse por el Chuang Tzu que en su sue\u00f1o es una mariposa, pero, cuando es una mariposa, no puede preguntarse \u201csi, cuando es el Chuang Tzu despierto, no es la mariposa que est\u00e1 so\u00f1ando que es\u201d (Lacan), vale decir, no puede tomarse por la mariposa que, en su sue\u00f1o, es Chuang Tzu. La ilusi\u00f3n no puede ser doble, sim\u00e9trica, porque en ese caso estar\u00edamos en la situaci\u00f3n insensata descripta por Alphonse Allais: Raoul y Margherite, los amantes, se dan cita en el baile de m\u00e1scaras; estando en el baile creen reconocerse y buscan intimidad en un rinc\u00f3n apartado, se quitan las m\u00e1scaras y, \u00a1sorpresa!, \u201clos dos lanzan al mismo tiempo un grito de estupor. Ninguno de los dos reconoce al otro. El no era Raoul y ella no era Margherite\u201d. (Encontramos la misma paradoja en varias historias de ciencia ficci\u00f3n contadas desde el punto de vista del protagonista, quien descubre gradualmente que todas las personas que lo rodean no son seres humanos sino aut\u00f3matas con apariencia de personas; el golpe de efecto final consiste en que el h\u00e9roe termina descubriendo que \u00e9l mismo tambi\u00e9n es un aut\u00f3mata.)<\/p>\n<p>El psicoan\u00e1lisis est\u00e1, por lo tanto, lejos de la ideolog\u00eda del \u201csue\u00f1o universalizado\u201d en el sentido de \u201cla realidad entera no es m\u00e1s que una ilusi\u00f3n\u201d; el psicoan\u00e1lisis insiste en ese resto, esa roca, ese \u201cn\u00facleo duro\u201d que escapa al espejismo universalizado de las apariencias; la \u00fanica diferencia con el \u201crealismo\u201d ingenuo que cree en la \u201crealidad dura de los hechos\u201d estriba en que, seg\u00fan la teor\u00eda anal\u00edtica, ese \u201cn\u00facleo duro\u201d se anuncia justamente en el sue\u00f1o. Unicamente en el sue\u00f1o uno se acerca a lo real, a esa Cosa traum\u00e1tica que es el objeto causa del deseo, es decir, solo en el sue\u00f1o uno est\u00e1 al borde de la vigilia y se despierta justamente para poder continuar durmiendo, para evitar el encuentro con lo real. Al despertar, uno se dice \u201cera s\u00f3lo un sue\u00f1o\u201d, ceg\u00e1ndose al hecho decisivo de que, precisamente, como seres despiertos, no somos m\u00e1s que \u201cla conciencia de ese sue\u00f1o\u201d (Lacan).<\/p>\n<p>Lo mismo puede decirse del famoso \u201csue\u00f1o ideol\u00f3gico\u201d: uno intenta en vano salir de ese sue\u00f1o abriendo los ojos a la realidad, porque justamente, en cuanto sujetos de una mirada que llamamos \u201cobjetiva\u201d, \u201cdesideologizada\u201d, \u201cliberada de las ilusiones ideol\u00f3gicas\u201d, sobria, la que \u201ctoma los hechos tales como son\u201d, no somos m\u00e1s que la conciencia de su sue\u00f1o ideol\u00f3gico. La \u00fanica manera de salirse es confrontarse con lo real que se anuncia en \u00e9l; por ejemplo, no \u201cliber\u00e1ndose de los prejuicios contra los jud\u00edos\u201d y \u201cmir\u00e1ndolos tales como son en realidad\u201d \u2013la v\u00eda m\u00e1s segura para seguir siendo, sin advertirlo, prisionero de esos prejuicios\u2013, sino interrog\u00e1ndose sobre la manera en que esa figura del jud\u00edo toca cierto conflicto irresuelto de lo real de nuestro deseo.<\/p>\n<p>Esta cuesti\u00f3n nos impone redefinir radicalmente el concepto de ideolog\u00eda. En la perspectiva marxista predominante, la ideolog\u00eda se entiende como \u201cfalsa conciencia\u201d, invertida, que disimula la esencia efectiva de las relaciones sociales que est\u00e1n detr\u00e1s de ella; se busca la esencia oculta, las relaciones sociales efectivas (por ejemplo, las relaciones de clase disimuladas por el universalismo de los derechos formales burgueses). Pero si uno concibe el campo social como una estructura que se articula alrededor de su propia imposibilidad, est\u00e1 obligado a definir la ideolog\u00eda como un edificio simb\u00f3lico que oculta, no una esencia social escondida, sino el vac\u00edo, lo imposible alrededor de lo cual se estructura el campo social. Es por ello que la \u201ccr\u00edtica de la ideolog\u00eda\u201d ya no intenta penetrar hasta la esencia oculta: subvierte un edificio ideol\u00f3gico a fin de denunciar, entre sus elementos, el que representa su propia imposibilidad. En la perspectiva marxista predominante, la mirada ideol\u00f3gica es una mirada parcial que ciega a la totalidad de las relaciones sociales, mientras que, en la perspectiva anal\u00edtica, la ideolog\u00eda denuncia, antes bien, una totalidad que quiere borrar las huellas de su imposibilidad. No hace falta subrayar que esta diferencia corresponde a la que separa el concepto marxista del concepto freudiano del fetichismo: en el marxismo, el fetiche disimula la red positiva de las relaciones sociales, en tanto que en Freud el fetiche disimula la falta (la \u201ccastraci\u00f3n\u201d), alrededor de la cual se articula la red simb\u00f3lica.<\/p>\n<p>Del hecho de que lo real sea lo que siempre retorna en el mismo lugar surge adem\u00e1s otra diferencia, no menos decisiva, entre las dos perspectivas. Desde el punto de vista marxista, el procedimiento ideologizante por excelencia es el de la eternizaci\u00f3n y de la universalizaci\u00f3n falsa: una coyuntura que depende de la constelaci\u00f3n hist\u00f3rica concreta se presenta como condici\u00f3n eterna, universal, o bien, un inter\u00e9s particular se presenta como inter\u00e9s universal. El procedimiento cr\u00edtico ideol\u00f3gico debe precisamente denunciar esta falsa universalidad, detectar en el Hombre en general al hombre burgu\u00e9s; en los derechos burgueses universales, la forma que hace posible la explotaci\u00f3n capitalista; en la familia nuclear patriarcal, una forma hist\u00f3ricamente limitada y de ninguna manera una constante universal, etc\u00e9tera. No obstante, parece que, en la perspectiva anal\u00edtica, uno deber\u00eda, antes bien, cambiar los t\u00e9rminos y definir el procedimiento ideol\u00f3gico m\u00e1s \u201castuto\u201d como el de la historizaci\u00f3n apresurada. La apuesta \u00faltima de la cr\u00edtica y la relativizaci\u00f3n hist\u00f3rica de lo que llamamos la \u201cfamilia patriarcal\u201d, del \u201cedipismo\u201d y del \u201cfamiliarismo\u201d anal\u00edticos, \u00bfno es justamente permitirnos eludir el \u201cn\u00facleo duro\u201d de la familia que se anuncia en esas formas, lo real de la Ley, la roca de la castraci\u00f3n? Dicho de otro modo, si la universalizaci\u00f3n apresurada propone una Imagen casi universal cuya funci\u00f3n es cegarnos a su determinaci\u00f3n historico-simb\u00f3lica, la historizaci\u00f3n apresurada nos ciega al n\u00facleo real que retorna como lo mismo a trav\u00e9s de las diversas historizaciones\/simbolizaciones.<\/p>\n<p>Por consiguiente, lo que falla en el edificio te\u00f3rico marxista, centrado en la lectura sintom\u00e1tica del texto ideol\u00f3gico, es la dimensi\u00f3n de lo real. Trataremos de demarcar esa falta a partir de los callejones sin salida del concepto marxista de la plusval\u00eda.<\/p>\n<p>Plus de gozar y plusval\u00eda<\/p>\n<p>La prueba de la pertinencia del gesto de Lacan que model\u00f3 el concepto de plus de gozar a partir del concepto marxista de la plusval\u00eda, es decir, la prueba de que la plusval\u00eda de Marx efectivamente anuncia la l\u00f3gica del objeto a (min\u00fascula) en cuanto plus de gozar, es ya la f\u00f3rmula clave mediante la cual Marx, en el tercer tomo de El capital, trata de fijar el l\u00edmite l\u00f3gico hist\u00f3rico del capitalismo: \u201cEl l\u00edmite del capital es el capital mismo, vale decir, el modo de la producci\u00f3n capitalista\u201d.<\/p>\n<p>Esta f\u00f3rmula abre dos posibilidades de lectura. La primera, habitual, historicista evolucionista, entiende este l\u00edmite en el nivel del modelo desafortunado de la dial\u00e9ctica de las fuerzas productivas y de las relaciones de producci\u00f3n como la dial\u00e9ctica del \u201ccontenido\u201d y de la \u201cforma\u201d (v\u00e9ase el \u201cPrefacio\u201d a la Cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica). Ese modelo sigue la met\u00e1fora de la serpiente que, de cuando en cuando, se de-sembaraza de su piel, demasiado estrecha y adherida: se propone como m\u00f3vil \u00faltimo del desarrollo social, como su constante, por decirlo as\u00ed, natural, autom\u00e1tica, el crecimiento incesante de las fuerzas productivas (en la regla reducida al desarrollo de las t\u00e9cnicas), al cual suceden, con un retraso mayor o menor, como momento inerte, las relaciones de producci\u00f3n. As\u00ed, hay \u00e9pocas en las que las relaciones se equilibran con las fuerzas; luego, cuando las fuerzas se desarrollan y superan el marco de las relaciones, ese marco llega a ser un obst\u00e1culo a su desarrollo ulterior hasta que la revoluci\u00f3n vuelve a equilibrar las relaciones y las fuerzas reemplazando las antiguas relaciones por otras nuevas, correspondientes al nuevo estado de las fuerzas. Vista en esta perspectiva, la f\u00f3rmula del capital entendido como su propio l\u00edmite significar\u00eda, sencillamente, que las relaciones de producci\u00f3n capitalistas, que primeramente hab\u00edan hecho posible el desarrollo r\u00e1pido de las fuerzas productivas, han llegado a ser en cierto punto un impedimento para su desarrollo ulterior, que esas fuerzas han crecido m\u00e1s all\u00e1 de su marco y exigen una nueva forma de relaciones sociales.<\/p>\n<p>El mismo Marx est\u00e1 lejos, por supuesto, de semejante representaci\u00f3n vulgar evolucionista; para comprobarlo, basta con examinar los pasajes de El capital donde trata la relaci\u00f3n entre la subsunci\u00f3n formal y la subsunci\u00f3n real del proceso de producci\u00f3n bajo el capital: la subsunci\u00f3n formal precede a la real, es decir, el capital subsume primero el proceso de producci\u00f3n tal como lo ha encontrado (el artesanado, etc\u00e9tera) y solo despu\u00e9s, sobre esa base, cambia gradualmente las fuerzas productivas, d\u00e1ndoles la estructura que le conviene; contrariamente a la llamada representaci\u00f3n vulgar, es, pues, la forma de las relaciones de producci\u00f3n lo que impulsa el desarrollo de las fuerzas productoras de su \u201ccontenido\u201d.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed habr\u00eda que hacerse una pregunta completamente ingenua: \u00bfd\u00f3nde se encuentra ese punto \u2013aunque ideal\u2013 a partir del cual se puede decir que las relaciones de producci\u00f3n capitalista se han convertido en un impedimento al desarrollo de las fuerzas productivas? O bien, el reverso de la misma pregunta: \u00bfcu\u00e1ndo se puede hablar de que hay una concordancia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producci\u00f3n en el marco del modo de producci\u00f3n capitalista? Un an\u00e1lisis severo nos lleva a una sola respuesta posible: nunca. En esto precisamente difiere el capitalismo de los modos de producci\u00f3n previos; en estos \u00faltimos, uno puede hablar de per\u00edodos de \u201cacuerdo\u201d durante los cuales el proceso de la producci\u00f3n y de la reproducci\u00f3n se desarrolla seg\u00fan un movimiento circular apacible, y per\u00edodos durante los cuales la contradicci\u00f3n entre las fuerzas y las relaciones se agrava; mientras que en el capitalismo esta contradicci\u00f3n, la discordia fuerzas\/relaciones, forma parte de su \u201cconcepto mismo\u201d (con la forma de la contradicci\u00f3n entre el modo social de producci\u00f3n y el modo individual, privado, de apropiaci\u00f3n). Esta contradicci\u00f3n es lo que obliga al capital a ampliar permanentemente su reproducci\u00f3n, a de-sarrollar incesantemente sus condiciones de producci\u00f3n, a diferencia de los modos de producci\u00f3n previos cuya (re)producci\u00f3n, en su estado \u201cnormal\u201d, tiene la forma de un movimiento circular. Pues bien, si esto es as\u00ed, la lectura evolucionista de la f\u00f3rmula del capital entendido como su propio l\u00edmite no alcanza: no se trata de ninguna manera de que, en cierto punto, el marco de las relaciones de producci\u00f3n frenen el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas, sino que, por el contrario, ese l\u00edmite inmanente, esa \u201ccontradicci\u00f3n interior\u201d es lo que impulsa al capitalismo a desarrollarse permanentemente. El movimiento \u201cnormal\u201d del capitalismo es revolucionar permanentemente sus condiciones de existencia: desde el comienzo, \u201ccorrompe\u201d, est\u00e1 marcado por una contradicci\u00f3n, por una distorsi\u00f3n, un de-sequilibrio inmanente y, por esta raz\u00f3n misma, cambia y se desarrolla sin cesar; el desarrollo incesante es la \u00fanica manera de soportar, de resolver cada d\u00eda, nuevamente, la contradicci\u00f3n fundamental, constitutiva, que lo caracteriza. Lejos de frenarlo, su l\u00edmite se vuelve, pues, el m\u00f3vil de su desarrollo. He aqu\u00ed la paradoja del capitalismo, su recurso \u00faltimo; es capaz de transformar su dificultad, su impotencia misma, en fuente de poder y de crecimiento; cuanto m\u00e1s \u201ccorrompe\u201d, tanto m\u00e1s se agrava su contradicci\u00f3n inmanente y tanto m\u00e1s debe revolucionarse para sobrevivir.<\/p>\n<p>De esto se desprende claramente el v\u00ednculo entre la plusval\u00eda \u2013\u201ccausa\u201d que pone en movimiento el proceso de producci\u00f3n capitalista\u2013 y el plus de gozar, objeto-causa del deseo: la topolog\u00eda parad\u00f3jica del movimiento del capital, el bloqueo fundamental que se resuelve y se reproduce a trav\u00e9s de una actividad fren\u00e9tica, la potencia excesiva como la forma misma de una impotencia fundamental, ese paso inmediato, esas coincidencias del l\u00edmite y el exceso, de la falta y el excedente, \u00bfno son las del objeto-causa del deseo, ese excedente, ese resto que traduce una falta constitutiva?<\/p>\n<p>Todo esto Marx \u201clo sabe perfectamente, pero aun as\u00ed\u201d: de todas maneras, en el pasaje decisivo del \u201cPrefacio\u201d a la Cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica, hace como si no lo supiera al describir el paso del capitalismo al socialismo en los t\u00e9rminos de la mencionada dial\u00e9ctica vulgar de las fuerzas productivas y las relaciones de producci\u00f3n; cuando las fuerzas se desarrollan por encima de cierta medida, las relaciones capitalistas pasan a ser el obst\u00e1culo de su de-sarrollo ulterior, lo que pone en el orden del d\u00eda la revoluci\u00f3n socialista que debe volver a establecer relaciones que concuerden con las fuerzas, reestablecer las relaciones de producci\u00f3n que hagan posible un desarrollo acelerado de las fuerza productoras como fin en s\u00ed mismo. \u00bfC\u00f3mo no detectar en esto el hecho de que tampoco Marx lograba dominar las paradojas del plus de gozar? Y la venganza ir\u00f3nica de la historia para este fracaso es que hoy existe una sociedad para la que parece valer aquella dial\u00e9ctica evolucionista de las fuerzas y de las relaciones: el \u201csocialismo real\u201d. \u00bfNo es ya, en efecto, un lugar com\u00fan decir que el \u201csocialismo real\u201d ha hecho posible el proceso de industrializaci\u00f3n r\u00e1pida pero que, desde el momento en que las fuerzas productivas alcanzaron cierto grado de desarrollo (el que necesit\u00f3 el paso a lo que se llama la \u201csociedad posindustrial\u201d), las relaciones del \u201csocialismo real\u201d comenzaron a frenar el crecimiento?<\/p>\n<p><strong>*<\/strong> Fragmento de El m\u00e1s sublime de los hist\u00e9ricos, que distribuye en estos d\u00edas ed. Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"P\u00e1gina 12\" href=\"http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/psicologia\/9-215739-2013-03-14.html\">http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/psicologia\/9-215739-2013-03-14.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este fragmento de un libro que acaba de aparecer, Slavoj Zizek avanza en una revisi\u00f3n cr\u00edtica \u2013sobre la base del psicoan\u00e1lisis\u2013 del concepto marxista de ideolog\u00eda y llega a una pregunta crucial: en qu\u00e9 consiste la diferencia, absoluta, entre el capitalismo y todos los modos de producci\u00f3n que lo precedieron en la historia. \u00a0 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[82],"tags":[],"class_list":["post-28204","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-munduanbarna"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.7 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Sue\u00f1o de mariposa - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Fragmento de El m\u00e1s sublime de los hist\u00e9ricos, que distribuye en estos d\u00edas ed. 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