{"id":28160,"date":"2013-03-11T08:28:16","date_gmt":"2013-03-11T06:28:16","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/cerdos-y-ninos\/"},"modified":"2013-03-11T08:28:16","modified_gmt":"2013-03-11T06:28:16","slug":"cerdos-y-ninos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/cerdos-y-ninos\/","title":{"rendered":"Cerdos y ni\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>La primera vez que vi matar a un cerdo ten\u00eda 11 a\u00f1os. Llevaba varios d\u00edas jugando con el animal, que me pareci\u00f3 m\u00e1s interesante que los perros semisalvajes que le gru\u00f1\u00edan en torno. Era el primer cerdo vivo que ve\u00eda en mi vida \u2014en el oriente de Cuba\u2014 y fue cuesti\u00f3n de d\u00edas el paso abrupto de una imagen del animal domesticado a otra de su cuerpo abierto en canal y colgando de un \u00e1rbol.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La vulgata psicol\u00f3gica de Occidente asegura que ciertos recuerdos de infancia son capaces de ocasionar un trauma, una herida interior, que activa a su vez una suerte de mecanismo de defensa para archivarlo en un lugar rec\u00f3ndito de la memoria. Pero esta escena de mi infancia no parece reunir los requisitos para ser llamada, con propiedad, \u201ctraum\u00e1tica\u201d. Por el contrario, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, tengo bien presentes los detalles b\u00e1sicos de la ceremonia, donde al cuchillo le segu\u00eda la evisceraci\u00f3n, la recogida de la sangre, el ba\u00f1o con agua hirviente, el cuidadoso afeitado sobre una tarima de madera\u2026<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El sacrificio del cerdo era un ritual masculino y solitario: las matronas de la casa pod\u00edan ocuparse de estrangular una gallina con singular destreza, pero el destino de aquel animal se le confiaba a un solo hombre, que deb\u00eda soportar las bromas sobre su impericia, trufadas con numerosas an\u00e9cdotas de fracasos previos, escenas en las que alg\u00fan animal hab\u00eda echado a correr tras la primera cuchillada, desangr\u00e1ndose entre alaridos hasta que alguien corr\u00eda a solventar el problema con un mazo o un machete. Pero no pasaban de ser bromas, porque aquel hombre era sin duda un experto en su oficio: dar muerte por sorpresa, con eficacia recompensada en especie. Entre el primer alarido y el estertor definitivo, despu\u00e9s lo supe, s\u00f3lo transcurr\u00edan unos minutos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Yo escuchaba las chanzas y ve\u00eda los preparativos con una mezcla de incredulidad y curiosidad. Sent\u00eda compasi\u00f3n por aquel animal. Me estremec\u00ed ante el grito casi humano de aquel primer cerdo. En ese sentido, los fil\u00f3sofos tienen raz\u00f3n al buscar en la piedad hacia los animales la primera prueba de una moral elemental, casi instintiva. Pero a\u00fan as\u00ed, ese d\u00eda y los siguientes com\u00ed de aquel cerdo. Y hubo muchos despu\u00e9s de aqu\u00e9l. Contemplar el sacrificio no anul\u00f3 mi condici\u00f3n carn\u00edvora. He preguntado desde entonces a muchas personas, y siempre llegamos al mismo punto: ninguno se ha vuelto vegetariano tras asistir al espect\u00e1culo de un cerdo sacrificado. Por el animal hay piedad, pero no solidaridad: la e-moci\u00f3n es pasiva, no nos con-mueve hasta el punto de la objeci\u00f3n moral pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tal es el quid de una larga serie de disquisiciones en contra del sacrificio animal, desde el famoso manifiesto de Peter Singer hasta las agudas observaciones de Elizabeth Costello, el personaje de J. M. Coetzee en Las vidas de los animales: \u00bfen qu\u00e9 medida podemos identificarnos o solidarizarnos con el animal sacrificado para ser comido? Todas las culturas muestran ejemplos de piedad o empat\u00eda ante el sufrimiento animal. Y tal l\u00e1stima no impide que el animal sea sacrificado para ser comido. La reacci\u00f3n que sentimos ante el sacrificio de bestias como alimento ronda a veces ese \u201csentimiento de lo insoportable\u201d al que se refer\u00eda Kant. Pero tambi\u00e9n tiene raz\u00f3n el fil\u00f3sofo cuando reprocha a dicho sentimiento una falta de car\u00e1cter universal, ese plus que convertir\u00eda una acci\u00f3n moral en obligatoria.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>He rememorado mi temprana iniciaci\u00f3n al sacrificio del cerdo mientras le\u00eda Comer animales, ensayo-reportaje de Jonathan Safrar Foer dedicado a la industria (norteamericana) de la alimentaci\u00f3n de origen animal. El libro es pr\u00f3digo en ejemplos acusatorios de maltrato, desplegados ante quienes incluimos en nuestra dieta cualquier tipo de carne o pescado. Pero creo que fracasa como alegato filos\u00f3fico porque est\u00e1 propulsado por una intenci\u00f3n moral con la que nos cuesta identificarnos: una argumentaci\u00f3n que no diferencia entre la piedad ante el sufrimiento del animal, o incluso el \u201csentimiento de lo insoportable\u201d, y la norma universal que nos obligar\u00eda a transformar esos datos en una \u00e9tica vegan, excluy\u00e9ndonos de la crueldad sistem\u00e1tica.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Uno de los cap\u00edtulos del libro describe la visita del autor a una especie de matadero mod\u00e9lico, el Paradise Locker Meats, donde se sacrifican cerdos en un r\u00e9gimen diferente al de los mataderos industriales. All\u00ed el sacrificio del cerdo es una ceremonia casi secreta, en la que se usa una pistola de perno cautivo, que supuestamente deja inconsciente al animal antes de ser desangrado y descuartizado. Se aplica al pie de la letra una Ley Humanitaria de M\u00e9todos en Mataderos: el animal tiene que estar medio atontado antes de morir. La raz\u00f3n no es s\u00f3lo humanitaria: los cerdos tienen una notable tendencia al estr\u00e9s y est\u00e1 comprobado que tal nerviosismo empeora la calidad de la carne, pues produce un \u00e1cido que corroe el m\u00fasculo del animal. Por eso en estos lugares abundan las cortinas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El libro de Safran Foer me hizo evocar un pasaje de Mencio, fil\u00f3sofo chino del siglo IV a.n.E. Un rey tiene dudas sobre su capacidad para hacer el bien, y un sabio, para reconfortarlo, le recuerda que mientras se hallaba en audiencia, el soberano vio pasar al pie de las gradas un buey que era conducido al sacrificio. Al no poder soportar el aspecto temerosos del animal conducido al suplicio, ordena que sea liberado\u2026 y que se sustituya al buey por un cordero.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El sabio explica: si el rey propuso sustituir al buey por un cordero es porque hab\u00eda visto el aspecto temeroso del buey. Ha sido testigo personal del terror de uno, mientras que la suerte del otro animal queda s\u00f3lo como una idea abstracta sin consecuencia moral directa. Ese intercambio bastar\u00eda, seg\u00fan el sabio, para demostrar la virtud del gobernante.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Con su libro lleno de referencias siniestras (y verdaderas) a las atrocidades que sustentan nuestra dieta Safran Foer pretende que veamos, como el rey de Mencio, todo lo malo que hay detr\u00e1s del actual modelo de alimentaci\u00f3n y que se abra un debate sobre un sistema que afecta al medioambiente, la sanidad, los derechos laborales, etc\u00e9tera. Resulta revelador saber c\u00f3mo tuvo el escritor su propia iluminaci\u00f3n: \u201cLa llegada al mundo de mi hijo\u201d, dice en una entrevista, \u201cpensar en el ejemplo que quer\u00eda darle y en su porvenir me sirvi\u00f3 una de esas contadas oportunidades que te da la vida para cambiar de una vez por todas\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Al querer controlar todo lo que pueda afectar a su descendencia, estos padres de nueva hornada incurren en un puritanismo rid\u00edculo: aquel que separa a los hijos de cualquier idea de violencia o de sufrimiento, aunque sea una violencia por animal (comido) interpuesto. Al pensar en el mundo en el que vivir\u00eda su hijo, Safran Foer se dio cuenta de que hab\u00eda vivido en pecado. Pero tal vez no se haya dado cuenta de la tremenda soberbia que implica su voluntad de \u201cdar el ejemplo\u201d: eliminar para su prole cualquier posibilidad de forjar su propia conciencia moral en contacto con el mundo real. Todo ese deseo de mostrar lo que no vemos para convencernos y proteger una virtud nonata proceder\u00eda, en \u00faltima instancia, de un af\u00e1n por preservar la ignorancia y mostrar una naturaleza domesticada, de juguete.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Comer carne animal no es, como sostiene Peter Singer, un mero capricho, aunque tampoco sea, ya est\u00e1 probado, un imperativo alimentario. Pero la comida no es solo para alimentarse, de la misma manera en que el sexo no es solo para procrear. Este neopuritanismo contempor\u00e1neo que se disfraza de racionalismo contable supone una perspectiva reduccionista de lo humano. El placer ritual implica siempre gasto, dilapidaci\u00f3n. El culinario no es la excepci\u00f3n a esta regla.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ni las razones morales ni las econ\u00f3micas parecen suficientes para inducir al vegetarianismo. S\u00ed las religiosas. Aunque hay bestias m\u00e1s o menos puras, en todas las religiones el animal es parte de un orbe sagrado, de un significado que excede el orden de la Naturaleza. All\u00ed los hombres y los animales somos partes solidarias de un cosmos, ni\u00f1os que contemplamos con temor y temblor algo que sabemos mucho m\u00e1s grande que nosotros. Pero en la vida real estamos condenados al apetito, al descubrimiento de una solidaridad esencial entre la vida y la muerte, de la cual la comida no es m\u00e1s que una met\u00e1fora cotidiana.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ernesto Hern\u00e1ndez Busto es ensayista (premio Casa de Am\u00e9rica 2004). Desde 2006 edita el blog de asuntos cubanos PenultimosDias.com.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"El Pais\" href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2013\/02\/28\/opinion\/1362078369_787293.html\">http:\/\/elpais.com\/elpais\/2013\/02\/28\/opinion\/1362078369_787293.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera vez que vi matar a un cerdo ten\u00eda 11 a\u00f1os. Llevaba varios d\u00edas jugando con el animal, que me pareci\u00f3 m\u00e1s interesante que los perros semisalvajes que le gru\u00f1\u00edan en torno. 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