{"id":28045,"date":"2013-02-18T09:12:21","date_gmt":"2013-02-18T07:12:21","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-lentitud\/"},"modified":"2013-02-18T09:12:21","modified_gmt":"2013-02-18T07:12:21","slug":"la-lentitud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-lentitud\/","title":{"rendered":"La lentitud"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Los hermanos Rothschild hicieron su inmensa fortuna gracias a la velocidad con que recib\u00edan y emit\u00edan informaci\u00f3n. Desde luego que tambi\u00e9n contaba su endemoniado olfato financiero, su arrojo y su legendario talento para introducirse en los c\u00edrculos del poder de medio planeta. Pero estas cualidades necesitaban de la velocidad para transfigurarse en el imperio que consiguieron forjar.<\/p>\n<p>La fortuna de los Rothschild tiene su origen en los negocios de compra-venta que hac\u00eda en Fr\u00e1ncfort el patriarca, Mayer, a mediados del siglo XVIII, pero desde 1810 la familia se dedica casi exclusivamente a comprar y vender dinero.<\/p>\n<p>Si rastreamos el origen de la crisis econ\u00f3mica que padecemos, de esas operaciones financieras instant\u00e1neas que en un momento enriquecen a un individuo y ponen en jaque a un pa\u00eds; si tiramos de ese hilo a lo largo de la historia, llegaremos a las primeras operaciones financieras de los Rothschild.<\/p>\n<p>Pongamos, como ejemplo, la batalla de Waterloo (1815). La Bolsa de Londres esperaba con nerviosismo el resultado: si ganaba Napole\u00f3n ca\u00eda el valor de los bonos consolidados ingleses y, si perd\u00eda, el precio de estos bonos aumentaba. Los Rothschild, al tanto del valor que ten\u00eda la informaci\u00f3n en las operaciones financieras y, sobre todo, de que esta ten\u00eda que llegar a toda velocidad, implementaron un sistema propio de correos, donde hab\u00eda palomas mensajeras y personas que corr\u00edan o cabalgaban o navegaban de un lugar a otro, con valiosa informaci\u00f3n en las alforjas.<\/p>\n<p>Nathan Rothschild, el hermano que llevaba los negocios en Inglaterra, fue a plantarse personalmente al puerto de Folkestone, a esperar el velero donde ven\u00eda uno de sus hombres, que hab\u00eda embarcado en Ostende, con un peri\u00f3dico holand\u00e9s, de tinta todav\u00eda fresca, que llevaba la noticia de que Napole\u00f3n hab\u00eda perdido la batalla. Nathan se desplaz\u00f3 a toda velocidad a la Bolsa de Londres y, en contra de la l\u00f3gica burs\u00e1til que imperaba entonces, procedi\u00f3 a vender esos bonos que estaban llamados a subir de precio. Como era el hombre m\u00e1s influyente del mercado financiero, un gesto suyo bastaba para hundir o levantar una emisi\u00f3n, pues todos sus colegas segu\u00edan su ejemplo. Una vez hundido el valor de los bonos, un minuto antes de que fuera demasiado tarde, Nathan compr\u00f3, por un precio irrisorio, un paquete enorme de esos bonos cuyo precio, al conocerse la noticia de la derrota de Napole\u00f3n, se ir\u00eda a las nubes.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: left;\">Los Rothchild hicieron su fortuna gracias a la rapidez en el uso de la informaci\u00f3n burs\u00e1til<\/h3>\n<p>En aquella \u00e9poca la velocidad de la informaci\u00f3n era la de los caballos, la del jinete que cabalgaba llevando la noticia, hasta que unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, tambi\u00e9n los Rothschild, comenzaron a desarrollar el ferrocarril, una m\u00e1quina m\u00e1s veloz, que en su momento fue vista con escepticismo e incluso con temor.<\/p>\n<p>El tren democratiz\u00f3 los viajes por tierra, pero antes, a pesar de esas bondades que hoy nos parecen tan evidentes, tuvo que vencer la reticencia de la gente que, como pasa c\u00edclicamente desde el principio de los tiempos, recela y hasta teme a los nuevos inventos. Pensemos, por ejemplo, en la desconfianza que produce hoy el libro electr\u00f3nico, que se parece a la que en su tiempo acompa\u00f1\u00f3 al tel\u00e9fono m\u00f3vil y al microondas, que emit\u00edan perniciosas radiaciones. Un temor fundamentado en la desconfianza que producen la ignorancia y la inexperiencia, parecido al que hoy acompa\u00f1a a los videojuegos de la Play Station: \u201cTe vas a convertir en asesino serial\u201d, \u201cte vas a volver idiota\u201d, se le augura, sin mucho fundamento, al ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Para atenuar el desconcierto que produc\u00edan los primeros trenes al pasar por los pueblos europeos, se contrataba un jinete que iba a todo galope en su caballo, quinientos metros por delante de la m\u00e1quina, avisando a gritos que ven\u00eda el tren, tocando fren\u00e9ticamente una trompeta y espantando animales y gente que todav\u00eda no asociaba los rieles con la locomotora, y a esta con un porrazo mortal.<\/p>\n<p>A pesar de los gritos y las trompetas de aquellos esforzados jinetes, la prensa de la \u00e9poca arremet\u00eda con sa\u00f1a contra el nuevo invento. En Austria, por ejemplo, se aseguraba que el sistema respiratorio humano no resistir\u00eda una velocidad continuada de m\u00e1s de 15 millas por hora sin averiarse, y que los pasajeros llegar\u00edan a su destino sangrando por la nariz, los ojos y las orejas. En Francia los peri\u00f3dicos vaticinaban que las chispas que produc\u00eda la m\u00e1quina provocar\u00edan incendios devastadores que terminar\u00edan transfigurando al pa\u00eds en un desierto; o que a su paso las locomotoras generar\u00edan estampidas de ganado y que el holl\u00edn que se desprend\u00eda del humo marchitar\u00eda las flores y provocar\u00eda infecciones cut\u00e1neas en los ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">En este milenio, el viaje que hacen los peri\u00f3dicos hasta los lectores va a la velocidad del instante<\/p>\n<p>Aquel horror pas\u00f3 pronto, como pasa c\u00edclicamente con algunos inventos, y unos meses m\u00e1s tarde los trenes circulaban sin jinete por delante, sin pasajeros sangrantes y sin desertizar a su paso los campos. La humanidad digiri\u00f3 a aquel monstruo y qued\u00f3 lista para el siguiente miedo.<\/p>\n<p>Con el tren los negocios de los Rothschild adquirieron m\u00e1s velocidad, igual que la informaci\u00f3n, y que la vida misma, que a partir de entonces se desembaraz\u00f3 de la lentitud de escala humana y comenz\u00f3 a correr desaforadamente.<\/p>\n<p>En este milenio, el viaje que hacen los peri\u00f3dicos para llegar frente a los ojos del lector ha cambiado radicalmente, ha pasado de la velocidad del tren, de la furgoneta o del avi\u00f3n, a la velocidad de la Red, que es la del instante. Y cuando las noticias no tardan m\u00e1s que un instante en llegar, generan un vac\u00edo temporal \u2014ese que ocupaba su desplazamiento\u2014 que obliga a producirlas, las haya o no, a la misma velocidad. Y luego hay que sumar las noticias que van montadas en la radio o en la televisi\u00f3n, que ya nacieron as\u00ed, movi\u00e9ndose con inaplazable urgencia, a esa velocidad que tambi\u00e9n se cuela por el m\u00f3vil, por el ordenador y la tableta, y que termina contaminando todos los estratos de la vida.<\/p>\n<p>Estamos saturados de noticias veloces, que no siempre son importantes y, quiz\u00e1, ser\u00eda mejor no saberlas porque consumen un tiempo, y un espacio, que podr\u00edamos aplicar en otra cosa. \u00bfY de qu\u00e9 nos sirve a usted y a m\u00ed, personas normales que no esperamos noticias urgentes para hundir o levantar el mercado burs\u00e1til, tanta velocidad?, \u00bfa qu\u00e9 viene tanta prisa?<\/p>\n<p>En la pel\u00edcula El discreto encanto de la burgues\u00eda, del genial Luis Bu\u00f1uel, un escuadr\u00f3n militar departe en el comedor de una familia, en una casa campestre; charla animadamente mientras le van sirviendo la comida. De pronto, llega un mensaje de la comandancia que los obliga a levantarse precipitadamente de la mesa, y salir al campo a batirse a tiros con el enemigo. Ignorando la velocidad que acaba de imponerles la comandancia, el jefe del escuadr\u00f3n ordena a sus soldados que regresen a la mesa y pide a uno de ellos que cuente lo que so\u00f1\u00f3 la noche anterior. El soldado, que por lo visto posee una excepcional riqueza on\u00edrica, comienza a narrar despaciosamente su sue\u00f1o y la velocidad se interrumpe, se impone la calma, se establece un territorio en el que los soldados se refugian de la precipitaci\u00f3n y de la prisa.<\/p>\n<p>Un paisaje, un acontecimiento, una experiencia vividos a toda velocidad, son distintos si se viven con lentitud: se encuentra uno con esa experiencia como si fuera la primera vez. Para conseguir esto basta con seguir los pasos del personaje de Bu\u00f1uel, bajarse de la vida veloz y abrazar la vida lenta.<\/p>\n<p>La lentitud. El desplazamiento a escala humana nos permite practicar la arqueolog\u00eda interior, hacer un viaje hacia adentro en busca de astillas y fragmentos que nos conduzcan hasta un descubrimiento crucial que termine reorient\u00e1ndonos la vida; un descubrimiento que dif\u00edcilmente vendr\u00e1 del exterior. No s\u00e9 si sea exagerado decir que tanta velocidad nos impide conocernos.<\/p>\n<p>La vida lenta. Hacer largas caminatas mientras se ensaya esa arqueolog\u00eda interior, conversar sin prisa y de manera arborescente, contar historias alrededor del fuego, observar con mucha atenci\u00f3n, durante mucho tiempo, c\u00f3mo se mueve la hoja de un \u00e1rbol, o de qu\u00e9 forma pasa el viento sobre la hierba, porque ah\u00ed est\u00e1 la verdadera informaci\u00f3n, la verdadera noticia que es el misterio del mundo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"El Pa\u00eds\" href=\"http:\/\/elpais.com\/elpais\/2013\/02\/12\/opinion\/1360672000_171788.html\">http:\/\/elpais.com\/elpais\/2013\/02\/12\/opinion\/1360672000_171788.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los hermanos Rothschild hicieron su inmensa fortuna gracias a la velocidad con que recib\u00edan y emit\u00edan informaci\u00f3n. Desde luego que tambi\u00e9n contaba su endemoniado olfato financiero, su arrojo y su legendario talento para introducirse en los c\u00edrculos del poder de medio planeta. 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