{"id":27683,"date":"2012-12-13T15:47:18","date_gmt":"2012-12-13T13:47:18","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/el-paisaje-la-mirada-como-derrota\/"},"modified":"2012-12-13T15:47:18","modified_gmt":"2012-12-13T13:47:18","slug":"el-paisaje-la-mirada-como-derrota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/el-paisaje-la-mirada-como-derrota\/","title":{"rendered":"El paisaje: la mirada como derrota"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Lo que define la cultura humana -he escrito a menudo- es el trabajo permanente por mantener firmes las fronteras entre tres tipos de objetos: las (cosas) de comer, las de usar y las de mirar. Pues bien, la naturaleza misma, como fuente y contrapunto de la humanidad, puede ser abordada a partir de este triple criterio seg\u00fan lo que busquemos en ella; y, en este sentido, podemos hablar, por tanto, de Naturaleza, de Territorio y de Paisaje.<\/p>\n<p>La Naturaleza es ese conjunto de leyes y fuerzas que los humanos han combatido siempre dentro y fuera de s\u00ed, como amenaza y necesidad, y cuyos ciclos, repeticiones y procesos alimentan sin distinci\u00f3n el color de las flores y el hedor de la muerte.<\/p>\n<p>El Territorio es ese pa\u00f1uelo de recursos, condici\u00f3n de la supervivencia, que los humanos se disputan entre s\u00ed con arados, perforadoras y misiles, y en el que clavan sus dientes y sus banderas.<\/p>\n<p>El combate contra la Naturaleza y la disputa del Territorio han llevado a la derrota de los procesos de la vida, a los que ahora tenemos que sostener desde fuera para que sigan sosteni\u00e9ndonos desde dentro: hasta tal punto hemos perdido el miedo a los rayos y a los leones, y a la tenia venenosa del hambre, que hemos sucumbido tambi\u00e9n a la ilusi\u00f3n de haber vencido al deseo -lo que Freud llamaba \u201cinstinto de muerte\u201d. \u201cCosa de comer\u201d y \u201ccosa de usar\u201d, la naturaleza se debilita tanto ante nuestra fuerza que s\u00f3lo demasiado tarde redescubriremos que formamos parte de ella.<\/p>\n<p>Luego est\u00e1 el Paisaje, la naturaleza -es decir- como \u201ccosa de mirar\u201d, eso que los romanos llamaban <em>mirabilia<\/em>, \u201cmaravillas\u201d, los objetos dignos de ser mirados. No est\u00e1 claro que esta forma de tratar los \u00e1rboles, las monta\u00f1as y las nubes -como una relaci\u00f3n integrada de elementos dependientes entre s\u00ed- haya sido siempre una evidencia para el ojo humano. Se dir\u00eda m\u00e1s bien que el descubrimiento del Paisaje, como el del amor, tiene una historia reciente. Se dir\u00eda -a\u00fan m\u00e1s- que la lenta formaci\u00f3n de su autonom\u00eda visual es paralela, por una paradoja nada extra\u00f1a, a la creciente centralidad del ser humano en el universo y a su control sobre los ciclos de la vida. Cuando la naturaleza era la fuente divina de todos los terrores y todas las bendiciones, nuestros antepasados rupestres, atrapados en ella, pintaban s\u00f3lo cazadores y animales. De Giotto a Rubens, en una \u00e9poca en la que el alma estaba fuera del cuerpo y el creador fuera del mundo, el Paisaje aparece por primera vez, pero s\u00f3lo como fondo o regazo divino en el que discurre la escena b\u00edblica o mitol\u00f3gica escogida por el pintor. Hay que esperar precisamente al romanticismo -inseparable de la Ilustraci\u00f3n y de la Revoluci\u00f3n Industrial- para que Friedrich, Turner o Courbet conviertan al Paisaje en el objeto mismo de la mirada. El cazador viv\u00eda en la Naturaleza; el campesino en el Territorio; el moderno burgu\u00e9s, desde el siglo XIX, en el Paisaje.<\/p>\n<p>Podemos decir, pues, que la existencia misma del Paisaje, incluso en sus expresiones m\u00e1s turbulentas o ruidosas, implica el distanciamiento y el dominio de la naturaleza. Frente a \u00e9l, como frente a la ruina pero a la inversa, sentimos toda la melancol\u00eda de nuestra victoria y toda la melancol\u00eda de la derrota del enemigo, sin el cual no podemos vivir. Lo que nos atrae ah\u00ed -contemplando el valle irregular desde la cumbre del cerro- es una p\u00e9rdida; en el Paisaje, la naturaleza s\u00f3lo se presenta en su ausencia, como nostalgia o como enigma; es decir, como belleza. \u00bfNo necesitamos este crimen? Al contrario. Hay una prueba paisaj\u00edstica de la existencia de los dioses; y hay una prueba paisaj\u00edstica de nuestra fragilidad humana; y hay una prueba paisaj\u00edstica de la realidad insuperable del cuerpo de Laura o de Jacinto.<\/p>\n<p>El problema es saber mirar. Si la mirada es una p\u00e9rdida, hay que saber conservar al menos la p\u00e9rdida misma. No podemos vivir -ni cuidar nada- sin nostalgias y sin enigmas. Y el capitalismo, que ha erosionado hasta la fusi\u00f3n la diferencia entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar y que no distingue entre una manzana, una azada, un misil y el Himalaya, ha convertido tambi\u00e9n la p\u00e9rdida de la naturaleza que llamamos Paisaje en un objeto de consumo o, lo que es lo mismo, de digesti\u00f3n banal. La victoria capitalista sobre la naturaleza conserva algunas reservas (como se habla de \u201creservas indias\u201d) en las que la naturaleza, como un lienzo, lleva impreso en el marco el t\u00edtulo que permite al turista reconocerla sin amarla o extra\u00f1arla: \u201cnaturaleza\u201d (mucho m\u00e1s sofisticado que el \u201cesto no es una pipa\u201d de Magritte). El proceso de dominio, en una \u00faltima vuelta de tuerca, acaba lejos de la melancol\u00eda como v\u00ednculo, en esas marcas y citas a pie de p\u00e1gina que jalonan el camino: \u201csendero rural\u201d para subrayar el ya-no-es-un-sendero y \u201cmirador panor\u00e1mico\u201d para formatear la mirada del hambriento y \u201cconjunto etnogr\u00e1fico\u201d para fijar para siempre la falta de vida de un molino y una casa de piedra y \u201cruta paisaj\u00edstica\u201d para que el Paisaje se convierta en su negaci\u00f3n; es decir, en el plato de un men\u00fa.<\/p>\n<p>Todo Paisaje ante nuestros ojos es destrucci\u00f3n y construcci\u00f3n. Es la destrucci\u00f3n de un v\u00ednculo animal; es la construcci\u00f3n de un v\u00ednculo visual. Lo propio de la cultura humana es luchar contra los primeros sin desengancharse jam\u00e1s; y reforzar los segundos como \u00faltimo v\u00ednculo enigm\u00e1tico -el de la belleza misma- con un mundo que depende de nosotros conservar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/descargas.localcambalache.org\/lamadeja_3.pdf\" target=\"_blank\">http:\/\/descargas.localcambalache.org\/lamadeja_3.pdf<\/a><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que define la cultura humana -he escrito a menudo- es el trabajo permanente por mantener firmes las fronteras entre tres tipos de objetos: las (cosas) de comer, las de usar y las de mirar. 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