{"id":27610,"date":"2012-11-30T08:18:25","date_gmt":"2012-11-30T06:18:25","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-epidemia-silenciosa\/"},"modified":"2012-11-30T08:18:25","modified_gmt":"2012-11-30T06:18:25","slug":"la-epidemia-silenciosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-epidemia-silenciosa\/","title":{"rendered":"La epidemia silenciosa"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>La angustia -que no es lo mismo que el miedo, ni la depresi\u00f3n, ni siquiera el ataque de p\u00e1nico con el que a menudo se la relaciona- se propaga cual pandemia en este siglo XXI. M\u00e1s extendida de lo que podr\u00eda pensarse, tal vez, precisamente, porque se vive en silencio. Un trastorno -o quiz\u00e1s una se\u00f1al de alarma- de terapia incierta, que tiene relaci\u00f3n con el deseo, y con nuestra percepci\u00f3n del Otro<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Palpitaciones, sudor fr\u00edo, escalofr\u00edos, temblores, mareo, ahogo, nudo en el est\u00f3mago, sensaci\u00f3n de locura, de muerte inminente&#8230; Son los signos m\u00e1s visibles del cuadro cl\u00ednico denominado trastorno de ansiedad, en cuya clasificaci\u00f3n encontramos desde el panic attack, pasando por el stress, hasta las fobias m\u00e1s diversas. Se ha convertido hoy en uno de los diagn\u00f3sticos m\u00e1s comunes, asociado muchas veces al de depresi\u00f3n, hasta el punto que ha merecido el t\u00edtulo de la epidemia silenciosa del siglo XXI. Tal como nos recuerdan los gestores de la salud, es hoy una de las causas m\u00e1s frecuentes de baja laboral. Frente a su avance, tan sutil como imparable, se ha ido desplegando un amplio arsenal terap\u00e9utico: psicoterapias de diversas orientaciones, con t\u00e9cnicas de sugesti\u00f3n, ejercicios de relajaci\u00f3n y de respiraci\u00f3n, de confrontaci\u00f3n y exposici\u00f3n repetida al objeto temido&#8230; Todo ello acompa\u00f1ado de la oportuna medicaci\u00f3n con ansiol\u00edticos, cuyo consumo ha aumentado en las \u00faltimas d\u00e9cadas de modo exponencial. Resultado: si bien se consiguen por una parte algunos efectos terap\u00e9uticos, pasajeros con demasiada frecuencia, por la otra la epidemia sigue avanzando de manera impasible, desplaz\u00e1ndose de un signo a otro, como un alien que siempre sabe esconderse en alg\u00fan lado de la nave vital del sujeto para reaparecer, poco despu\u00e9s, all\u00ed donde menos se lo esperaba.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00abYa no tengo tanto miedo a volar en avi\u00f3n \u2014me dec\u00eda una joven que hab\u00eda utilizado uno de dichos m\u00e9todos\u2014, pero ahora siento un vac\u00edo tremendo cada vez que debo separarme de mi madre\u00bb. \u00abEs una espada invisible que me atraviesa el pecho\u00bb, me dec\u00eda un hombre, y era, en efecto, una espada de sinsentido que hend\u00eda cada momento de su vida cotidiana.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Constatamos entonces este hecho: cuantos m\u00e1s efectos terap\u00e9uticos se intentan producir directamente sobre los signos manifiestos de la epidemia, m\u00e1s esta retorna con signos nuevos. Y retorna para dejar al descubierto una experiencia que transcurre en silencio, una experiencia singular e intransferible que ya desde hace tiempo se ha llamado con este t\u00e9rmino: la angustia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La experiencia subjetiva de la angustia es, en efecto, distinta e irreductible a ninguno de los signos que intentan describirla y que s\u00f3lo nos indican algunas de sus manifestaciones. La experiencia subjetiva de la angustia permanece en el silencio m\u00e1s \u00edntimo del sujeto como algo indescriptible, sin concepto, no se deja atrapar por gimnasia mental alguna, por ninguna sugesti\u00f3n m\u00e1s o menos coercitiva ante el objeto que la causa. M\u00e1s all\u00e1 de los signos en los que se expande la epidemia silenciosa, el silencio de la angustia es, \u00e9l mismo, un signo fundamental que recibe el sujeto desde su fuero m\u00e1s \u00edntimo con estas preguntas: \u00bfqu\u00e9 quieres? \u00bfqu\u00e9 eres finalmente, tanto para aquellos a quien quieres como para ti mismo, una vez confrontado a ese silencio que te agita ensordecedor? El signo de la angustia toma entonces un valor de agente provocador, de esfinge que plantea a cada sujeto la pregunta m\u00e1s certera sobre su ser y su deseo. Tantos ideales largamente sostenidos y esa pregunta hab\u00eda quedado enterrada bajo su excesivo ruido.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La angustia se manifiesta entonces como el signo de un exceso, de un demasiado lleno en el que vive el sujeto de nuestro tiempo, inundado por la serie de objetos propuestos a su deseo. Es el signo de que hace falta un poco de vac\u00edo, de que hace falta la falta, como dec\u00eda hace tiempo el psicoanalista Jacques Lacan en su seminario dedicado por entero a ese extra\u00f1o afecto, La angustia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es interesante subrayar que la ciencia de nuestro tiempo ha detectado este exceso por su otra cara, m\u00e1s bien como un defecto, como una insuficiencia. Lo ha detectado en el denominado retraso gen\u00f3mico del ser humano, como la raz\u00f3n \u00faltima de los crecientes signos de su ansiedad. \u00bfEn qu\u00e9 consistir\u00eda este retraso? La civilizaci\u00f3n humana habr\u00eda transformado el mundo con tal rapidez que nuestro soporte gen\u00e9tico no habr\u00eda dispuesto de tiempo suficiente para adaptarse a \u00e9l. El reloj de nuestro organismo tendr\u00eda as\u00ed un retraso gen\u00e9tico, anclado como estar\u00eda en sus respuestas a una realidad que ya no existe. Diremos por nuestra parte que s\u00f3lo puede entenderse este retraso si lo consideramos con respecto al tiempo subjetivo que podemos definir como el tiempo de lo simb\u00f3lico, el tiempo de una civilizaci\u00f3n que exige una satisfacci\u00f3n inmediata de las pulsiones, el tiempo de un mundo que exige cada vez m\u00e1s rapidez, m\u00e1s satisfacci\u00f3n inmediata, siempre un poco m\u00e1s&#8230; \u00abDios m\u00edo, dame un poco de paciencia, \u00a1pero que sea ahora mismo!\u00bb, dec\u00eda una historia que sigue la misma l\u00f3gica que el sujeto que llega hoy angustiado a nuestras consultas. Este rasgo de urgencia temporal, de ahora mismo, tiene su traducci\u00f3n en un rasgo espacial, en un demasiado lleno. La realidad de la angustia es as\u00ed una realidad a la que parece faltarle el vac\u00edo necesario para que este exceso no termine con su propia existencia, con su cohorte de objetos virtuales donde todo debe estar al alcance de la mano, s\u00ed, ahora mismo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Deber\u00edamos entender entonces el efecto llamado retraso gen\u00f3mico m\u00e1s bien como un efecto invertido de este exceso, producto \u00e9l mismo de nuestra civilizaci\u00f3n, de su maquinaria simb\u00f3lica. Es a este exceso de ruido al que responde el silencio ensordecedor de la angustia de un modo singular en cada sujeto. Y ante \u00e9l, parece tan in\u00fatil huir como intentar adaptarse con formas m\u00e1s o menos coercitivas, m\u00e1s o menos sugestivas, que lo desplazan siempre hacia otro lugar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La angustia, inevitable, hay que saber atravesarla tom\u00e1ndola como signo de la pregunta radical del deseo de cada sujeto sobre el sentido m\u00e1s ignorado de su vida. Pero para responder a esta pregunta, primero hay que saber dar la palabra al silencio de la angustia, hay que hacerla hablar en cada sujeto, uno por uno. Cosa nada f\u00e1cil en un momento en el que sobran consignas y protocolos para silenciarla de nuevo. Solamente desde ah\u00ed, sin embargo, la angustia nos librar\u00e1 el sabio secreto del que es respuesta, aunque siempre sea con su tiempo de urgencia precipitada.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Miquel Bassols<\/p>\n<p>Es psicoanalista, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoan\u00e1lisis, vicepresidente de la Asociaci\u00f3n Mundial de Psicoan\u00e1lisis y autor de &#8216;Llull con Lacan. El amor, la palabra y la letra en la psicosis&#8217; (Gredos, 2010), &#8216;Lecturas de la p\u00e1gina en blanco&#8217; (Miguel G\u00f3mez Ed., 2011), &#8216;Tu yo no es tuyo. Lo real del psicoan\u00e1lisis en la ciencia&#8217; (Tres Haches, 2011)<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"La Vanguardia \" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20121128\/54355912682\/epidemia-silenciosa.html\">http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20121128\/54355912682\/epidemia-silenciosa.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La angustia -que no es lo mismo que el miedo, ni la depresi\u00f3n, ni siquiera el ataque de p\u00e1nico con el que a menudo se la relaciona- se propaga cual pandemia en este siglo XXI. M\u00e1s extendida de lo que podr\u00eda pensarse, tal vez, precisamente, porque se vive en silencio. 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