{"id":27139,"date":"2012-09-06T08:50:35","date_gmt":"2012-09-06T06:50:35","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/turquia-1929-1933-1935-1947\/"},"modified":"2012-09-06T08:50:35","modified_gmt":"2012-09-06T06:50:35","slug":"turquia-1929-1933-1935-1947","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/turquia-1929-1933-1935-1947\/","title":{"rendered":"Turqu\u00eda: 1929-1933; 1935-1947"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>El doctor Kien, personaje principal de Autodafe, la novela de El\u00edas Canetti que le vali\u00f3 el Premio Nobel, es sin\u00f3logo, lo mismo que el doctor Albert, personaje secundario de \u201cEl jard\u00edn de senderos que se bifurcan\u201d, narraci\u00f3n de Borges incluida en Ficciones. La novela de Canetti es del \u201931, el cuento de Borges del \u201941, pero no creo que haya entre ambas ideas acerca de la profesi\u00f3n de los respectivos personajes nada m\u00e1s que una semejanza, a ambos les debe haber resultado atractiva esa curiosa especialidad tal vez porque en ambos casos se trata de bibliotecas. El doctor Kien tiene una muy impresionante, lo mismo que el doctor Albert: el tema, la biblioteca, promete una infinitud, y en la cultura china es insondable y los libros que la recogen son m\u00faltiples. Borges, es notorio, asimila la biblioteca al laberinto, pero tambi\u00e9n la imagina como modelo del mundo y, se podr\u00eda a\u00f1adir, como destino: basta recordar su primer empleo, en una biblioteca modesta, y luego, en la Nacional, una mucho mayor, de vastos anaqueles y de resonancias incesantes. Canetti no va tan lejos en su novela, simplemente vincula la obsesi\u00f3n bibliotecaria con una curiosa idea de alienaci\u00f3n. Y en eso consiste su relato: el doctor Kien es expulsado de su casa, y de su precisa biblioteca, por una mujer terrible pero, en su kafkiano vagar, se lleva en la cabeza todos sus libros.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me quedo ahora s\u00f3lo con esta imagen: tener en la cabeza todos los libros. Pero, aparte del doctor Kien, \u00bfqui\u00e9n puede lograrlo? Y, m\u00e1s a\u00fan, \u00bfqu\u00e9 ocurre cuando se quiere escribir y no se tiene ni siquiera los necesarios, no ya todos, para hacerlo? En ese caso se apela, no hay otra posibilidad, a la memoria que, salvo el doctor Kien, no puede aspirar a una totalidad (es el caso del com\u00fan de los mortales); el escritor, entonces, extrae de ella, modestamente, algo, no mucho, de lo que le ha quedado. As\u00ed, pues, renunciando a la imposible totalidad, la literatura toma esos restos, los utiliza y los transforma y con ellos, modestamente, ha logrado sin embargo memorables obras.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Escribir sin libros para consultar cuando se intenta mostrar datos o emitir juicios: el historiador no podr\u00eda hacerlo, el escritor s\u00ed. Hay casos. Uno muy notorio es el de Sarmiento que, exiliado en Chile, careciendo de documentos y de libros apel\u00f3 a tradiciones orales, a informaciones epistolares y, por supuesto, a los libros que guardaba en su memoria, los llevaba consigo en su cabeza no tan obsesivamente como el doctor Kien pero m\u00e1s o menos; el resultado, como es notorio, no se resiente de esa falta y, al contrario, rinde un lleno que todav\u00eda permite pensar y disfrutar. Eso es Facundo, un texto tan vibrante, tan plet\u00f3rico de vida que nos hace dejar de lado ese aspecto, aunque a uno de sus m\u00e1s distinguidos cr\u00edticos, don Valent\u00edn Alsina, se le ocurri\u00f3 mencionarlo y aun calificarlo. Pero hay m\u00e1s casos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Creo observar una coincidencia, que me parece evidente entre Le\u00f3n Trotski y Erich Auerbach, dos despojados de sus bibliotecas y teniendo notoriamente que trabajar con ellas. Ambos exiliados en Turqu\u00eda, el primero por las maquinaciones de Stalin a partir de 1929, el segundo por el antisemitismo de Hitler, hacia 1935. Trotski permaneci\u00f3 hasta 1933, Auerbach hasta 1947, aceptados y hasta protegidos por el legendario Kemal Pash\u00e1, apellidado Atat\u00fcrk, primer presidente y fundador de la Rep\u00fablica, que hab\u00eda modernizado Turqu\u00eda y hab\u00eda occidentalizado un poco por la fuerza, pero de manera duradera, los restos del Imperio Otomano que ten\u00eda en su haber el genocidio de los armenios ejecutado pocos a\u00f1os antes as\u00ed como diversas derrotas militares. No poco m\u00e9rito el de Atat\u00fcrk, pues recibir a Trotski implicaba desafiar a Stalin, aunque seguramente \u00e9ste no dej\u00f3 de presionar hasta lograr, como ocurrir\u00eda luego en Noruega, que el bolchevique emigrara, y a Hitler que, en pleno apogeo, empezaba a arrojar a los jud\u00edos a los cuatro vientos, cuando lograban escapar, o a los campos de concentraci\u00f3n cuando no.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pero la vigorosa occidentalizaci\u00f3n que Atat\u00fcrk hab\u00eda promovido y logrado no hab\u00eda alcanzado todav\u00eda a las bibliotecas, de manera que para seguir en sus proyectos ambos debieron recurrir a las que hab\u00edan abandonado, o sea a su memoria, y con ello deb\u00edan arreglarse. \u00a1Y c\u00f3mo lo hicieron! Auerbach escribi\u00f3 entre 1943 y 1945 M\u00edmesis y Trotski termin\u00f3 Mi vida poco despu\u00e9s de llegar, pero luego sigui\u00f3 escribiendo infatigablemente. Como lo recuerda Gabriel Garc\u00eda Higueras en el pr\u00f3logo a la nueva edici\u00f3n, argentina, de Mi vida, para escribirlo, as\u00ed como sucedi\u00f3 en Alma Ata, la imposibilidad de recurrir a bibliotecas y archivos lo llev\u00f3 a indagar en sus archivos, a activar su correspondencia \u2013notoria es la carta que le env\u00eda a su primera mujer pidi\u00e9ndole que ella a su vez recuerde\u2013 y, por supuesto, \u00e9l mismo record\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ambos libros, acerca de cuya importancia no hay mucho que a\u00f1adir, fueron publicados casi enseguida. El de Trotski, en alem\u00e1n, en 1929 y en varios idiomas, ruso, franc\u00e9s, ingl\u00e9s y en espa\u00f1ol, al a\u00f1o siguiente. El de Auerbach en 1946 y, muy pronto para estas cosas, en espa\u00f1ol en 1950 en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Se sabe bastante acerca de la persona Trotski y del papel hist\u00f3rico que le toc\u00f3 desempe\u00f1ar, lo cual, unido al hecho de la persecuci\u00f3n de que fue objeto \u2013implacable y hasta su asesinato\u2013 permite comprender por qu\u00e9 su autobiograf\u00eda fue tomada tan pronto; poco acerca de la persona Auerbach, salvo que fue un prominente fil\u00f3logo cuyos trabajos sobre el Dante, previos al exilio, le hab\u00edan valido reconocimientos acordes con los rigurosos par\u00e1metros cient\u00edficos de la universidad alemana, antes de ser devastada por el monoman\u00edaco asesino: vivi\u00f3 en Estambul, trabaj\u00f3 en la universidad, y en 1947 emigr\u00f3 a los Estados Unidos. Su realidad es su libro, un impresionante recorrido por toda la literatura occidental, desde los primitivos griegos hasta los naturalistas del siglo XIX, articulado por la idea de la \u201crepresentaci\u00f3n\u201d y sus variantes y evoluciones: imprescindible.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En cuanto a c\u00f3mo vivi\u00f3 cotidianamente e incluso c\u00f3mo compuso ese libro, que en s\u00ed mismo es un s\u00edmil de la biblioteca, tal como la pensaba Borges, carezco de informaci\u00f3n: quiz\u00e1 la modestia universitaria, el silencio del estudio, el ruido de los estudiantes y, sin duda, el resplandor de los restos de los diversos pasados del Asia Menor, que eso es Turqu\u00eda. Y no mucho m\u00e1s. Lo contrario de Trotski.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Instalado en la isla de Prinkipo, a orillas del Mar de M\u00e1rmara, que en ese momento era algo as\u00ed como un limitado para\u00edso: \u201cNo hay teatros ni cinemat\u00f3grafos. Los autom\u00f3viles est\u00e1n prohibidos. \u00bfHay muchos lugares como \u00e9ste en el mundo? Nuestra casa no tiene tel\u00e9fono. El rebuzno del asno es un sedante para los nervios. Ni por un instante se puede olvidar que Prinkipo es una isla, porque el mar se ve desde la ventana y no hay lugar desde donde no se le vea\u201d, escribe Trotski a modo de despedida seg\u00fan cita Garc\u00eda Higuera. Un ideal para un intelectual que no tuviera que tener precauciones, pero \u00e9l deb\u00eda tenerlas, o que se hubiera propuesto la gigantesca tarea de recuperar el sentido inicial que hab\u00eda tenido esa Revoluci\u00f3n traicionada. La isla es hoy un centro tur\u00edstico, la casa que Trotski habit\u00f3, descrita por Van Eijenoort (Con Trotski: de Prinkipo a Coyoac\u00e1n, de 1979), uno de sus secretarios m\u00e1s duraderos, es dif\u00edcil de ubicar pero ah\u00ed est\u00e1, melanc\u00f3licamente abandonada y semi en ruinas, aunque todav\u00eda subsiste el sendero que Trotski segu\u00eda para ir a pescar, seguido por sus perros.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Valga la coincidencia entre dos escritores instalados en la historia del siglo XX: un mismo lugar en un momento muy particular de un pa\u00eds cambiante, una severa limitaci\u00f3n de recursos para proseguir una obra, dos libros imprescindibles, una paralela causalidad de exilio y, lo esencial, la p\u00e9rdida de la biblioteca y su compensaci\u00f3n en una memoria fiel y obsesiva.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pero de una manera u otra, de todos estos rasgos uno es determinante: el exilio, o sea el principio de las carencias. C\u00f3mo se lo vive en relaci\u00f3n con la tarea es lo fascinante del asunto o, dicho de otro modo, en t\u00e9rminos m\u00e1s altisonantes, el cumplimiento de un destino o de una misi\u00f3n. Algunos \u2013es el caso\u2013 lo han enfrentado; otros se dejaron ganar por la p\u00e9rdida, quiz\u00e1 no ten\u00edan biblioteca para guardar en la cabeza, quiz\u00e1 no ten\u00edan escritura para realizar sin ella. Deriva caprichosa, tema abierto, da para conjeturas y exclamaciones. Pero a algo se aproxima, no lo s\u00e9 muy bien.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"Pagina 12\" href=\"http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-202620-2012-09-05.html\">http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-202620-2012-09-05.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El doctor Kien, personaje principal de Autodafe, la novela de El\u00edas Canetti que le vali\u00f3 el Premio Nobel, es sin\u00f3logo, lo mismo que el doctor Albert, personaje secundario de \u201cEl jard\u00edn de senderos que se bifurcan\u201d, narraci\u00f3n de Borges incluida en Ficciones. 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