{"id":26847,"date":"2012-07-16T17:09:31","date_gmt":"2012-07-16T15:09:31","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/reivindicacion-de-la-deuda\/"},"modified":"2012-07-16T17:09:31","modified_gmt":"2012-07-16T15:09:31","slug":"reivindicacion-de-la-deuda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/reivindicacion-de-la-deuda\/","title":{"rendered":"Reivindicaci\u00f3n de la deuda"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>De alg\u00fan modo, el concepto de \u201cdeuda\u201d ha organizado tradicionalmente todos los intercambios econ\u00f3micos y simb\u00f3licos en la mayor parte de las sociedades hist\u00f3ricas conocidas. Vinculado a la idea de \u201cdeber\u201d u \u201cobligaci\u00f3n\u201d (a partir del lat\u00edn <em>debitum<\/em>), su forma masculina es \u201cdeudo\u201d, t\u00e9rmino que designa a los miembros de una misma familia o parientes. La relaci\u00f3n de parentesco, y de manera particular la relaci\u00f3n paterno-filial, delimita, en efecto, el \u00e1mbito tradicional de las obligaciones rec\u00edprocas y el modelo molecular de un v\u00ednculo crediticio de desigualdad sin equilibrio posible: los hijos est\u00e1n en deuda permanente con los padres y por eso est\u00e1n obligados a compensar sus desvelos y cuidados prest\u00e1ndoles obediencia y atenciones hasta su muerte. Este modelo, extrapolado a los otros campos, ha acabado por legitimar toda clase de relaciones desiguales de poder. Fuentes fraudulentas de centralizaci\u00f3n y distribuci\u00f3n de todos los bienes, los amos, los patrones y los reyes se han presentado siempre como acreedores de una deuda imposible de satisfacer: los esclavos adeudan su vida, los asalariados su trabajo, los s\u00fabditos el conjunto de sus propiedades materiales y simb\u00f3licas.<\/p>\n<p>Si interpretamos la deuda no como el gesto decisivo -el de la moral en una encrucijada angustiosa- sino como la b\u00fasqueda de una reciprocidad inalcanzable, podemos afirmar que la deuda es el eje mismo de la regulaci\u00f3n social. Cada ceremonia, cada intercambio, cada reconocimiento del otro, dentro o fuera del mercado, se basan en esta tentativa de establecer una equivalencia siempre inestable y siempre aplazada en el tiempo. En todo momento, en el amor y en los negocios, estamos <em>en deuda<\/em> con alguien, y todos nuestros gestos est\u00e1n encaminados a restaurar un orden ideal de equilibrio cuya consumaci\u00f3n, parad\u00f3jicamente, entra\u00f1ar\u00eda la disoluci\u00f3n de todos los v\u00ednculos. Los enamorados permanecen en deuda el uno con el otro mientras se aman; y el fin de todas las obligaciones es el fin mismo de la relaci\u00f3n. Incluso el \u201cregalo\u201d, como demostr\u00f3 Mauss en su famoso ensayo de 1925, desencadena un mecanismo infinito de devoluciones a gran escala que, en algunas sociedades del Pac\u00edfico, era inseparable del funcionamiento de las instituciones culturales: el matrimonio, las alianzas pol\u00edticas, las solidaridades de grupo. Una sociedad no es m\u00e1s que el conjunto integrado y completo -en un momento determinado- de las relaciones cruzadas entre acreedores y deudores; por eso, como revelan las utop\u00edas religiosas, la condonaci\u00f3n de todas las deudas (\u201cperd\u00f3nanos, se\u00f1or, nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores\u201d) s\u00f3lo puede situarse fuera del tiempo, en un universo post-social sin desigualdades y sin emociones.<\/p>\n<p>El modelo hist\u00f3rico que ha identificado don, deuda y culpa es el de las religiones monote\u00edstas y particularmente el del cristianismo. Al pecado original que nos expuls\u00f3 del para\u00edso se a\u00f1ade luego la deuda eterna frente al regalo de Cristo, que dio su vida -sin equivalente posible- por unas criaturas que adem\u00e1s no lo merec\u00edan. Ni nuestra existencia biol\u00f3gica ni la salvaci\u00f3n de nuestra alma nos pertenecen y, si Dios puede reclamarnos ambas en cualquier momento, su sacrificio nunca ser\u00e1 suficiente para saldar la deuda contra\u00edda. En este sentido, el cristianismo no hace sino llevar al extremo, desplaz\u00e1ndola fuera del mundo, la l\u00f3gica del contrato social, que es en s\u00ed misma \u201creligiosa\u201d (<em>religio: \u201c<\/em>v\u00ednculo\u201d y tambi\u00e9n \u201cescr\u00fapulo\u201d y \u201cdelicadeza\u201d).<\/p>\n<p>La cr\u00edtica de Marx a la sociedad capitalista sigue movi\u00e9ndose en el \u00e1mbito de la \u201cdeuda\u201d y su denuncia de la religi\u00f3n sigue teniendo un fondo felizmente religioso. Toda la actividad te\u00f3rica de la Ilustraci\u00f3n consisti\u00f3, no en negar el v\u00ednculo crediticio, sino en presentarlo en el orden correcto: son los amos, los patrones y los reyes los que <em>est\u00e1n en deuda<\/em> con los esclavos, los asalariados y los ciudadanos, de los que proceden, mediante el trabajo, los bienes que convierten en digna la vida de un ser humano. Pero todos, al mismo tiempo, estamos en deuda -no con Dios- con la Naturaleza, \u201cverdadera fuente de toda riqueza\u201d (como escrib\u00eda Marx), la cual adem\u00e1s no es Padre sino Madre, desplazamiento de g\u00e9nero que invierte tambi\u00e9n la l\u00f3gica del <em>deudo<\/em>: los ni\u00f1os no adeudan nada a sus parientes sino que los ni\u00f1os mismos se convierten en objeto de una religi\u00f3n; es decir, de un v\u00ednculo y una delicadeza. La sociedad socialista, porque es sociedad y no utop\u00eda m\u00edstica, es tambi\u00e9n un conjunto de relaciones entre acreedores y deudores, con un equilibrio imposible siempre aplazado en el tiempo, pero definido institucionalmente a partir del regalo y del amor -aunque se viva d\u00eda a d\u00eda, a nivel individual, en el ego\u00edsmo y la indiferencia.<\/p>\n<p>Un autor italiano, Maurizio Lazzarato, ha escrito recientemente un libro de mucho \u00e9xito, <em>La f\u00e1brica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condici\u00f3n neoliberal<\/em>, en el que trata de demostrar que el sujeto de las sociedades capitalistas avanzadas est\u00e1 configurado en su conciencia misma por la maquinaria infinita de la deuda econ\u00f3mica, causa y consecuencia de la crisis financiera. Creo que se equivoca completamente. En las sociedades cl\u00e1sicas la deuda econ\u00f3mica formaba parte de un bastidor de fibras y cadenas, algunas muy crueles y casi todas enga\u00f1osas, en el que, en todo caso, los seres humanos se sent\u00edan <em>obligados en el tiempo<\/em>; en las econom\u00edas capitalistas, la deuda financiera, que deja a los ciudadanos en paro, sin cuidados sanitarios o al borde de la muerte, discurre en paralelo a los moldes de construcci\u00f3n del deseo y la imaginaci\u00f3n. La \u201cdeuda\u201d pertenece al mundo antiguo; y pertenece tambi\u00e9n al de la modernidad que lo criticaba y trataba de transformarlo. Pertenece, en todo caso, a un universo antropol\u00f3gico que, al menos en los grandes centros urbanos capitalistas, ya no existe. El empleado de Madrid que pidi\u00f3 un cr\u00e9dito hace 15 a\u00f1os para comprar una casa y que hoy se ha quedado sin empleo y est\u00e1 amenazado de desahucio no mantiene con el banco la relaci\u00f3n que manten\u00eda un prisionero por deudas del Londres de 1835 con su acreedor; tampoco la que manten\u00eda un s\u00fabdito encerrado en la Bastilla con su monarca o la que manten\u00eda un monje carmelita en 1570 con su Dios. No hay \u201chombres endeudados\u201d en occidente sino -como dir\u00eda Zygmunt Bauman- \u201cconsumidores fallidos\u201d. Durante los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os los europeos no han formado su conciencia ni en la iglesia ni en la f\u00e1brica ni en el parlamento, pero tampoco en el banco; la han formado en el mercado, donde no hay deudas sino mercanc\u00edas y donde -para la minor\u00eda que puede especular con t\u00edtulos y obligaciones- la deuda misma es una mercanc\u00eda; es decir, una fuente inmediata de ganancias o de p\u00e9rdidas. Los sujetos, en definitiva, no se miden a s\u00ed mismos por lo que deben sino por lo que todav\u00eda pueden obtener con un billete o una tarjeta de cr\u00e9dito o por lo que <em>podr\u00edan<\/em> obtener de poseer una.<\/p>\n<p>El concepto de deuda implica, como hemos dicho, la idea de <em>obligaci\u00f3n en el tiempo<\/em>, de compromiso temporal con el otro, de b\u00fasqueda imposible de un equilibrio. Ninguna de estas cosas est\u00e1 presente en el mercado -ni en el de electrodom\u00e9sticos ni en el de bonos basura. El dominio real o virtual del consumo sit\u00faa al individuo <em>fuera del tiempo<\/em>, en un mundo m\u00edstico sin deudas ni v\u00ednculos ni culpas. Como la deuda, en cualquier caso, existe y la estamos pagando nosotros (y no los verdaderos deudores, que son nuestros acreedores) es probable que, a medida que se profundice la crisis, acabemos reparando en todo lo que nos han quitado y en todo lo que se nos debe. Y luchemos entonces para restablecer un mundo de deudores y acreedores, verdaderamente digno, en el que siempre adeudemos a\u00fan, y nos adeuden, una caricia, un insomnio, una manzana, un libro.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=152858\"><br \/><\/a><\/p>\n<p> <a title=\"Rebeli\u00f3n\" href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=152858\">http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=152858<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De alg\u00fan modo, el concepto de \u201cdeuda\u201d ha organizado tradicionalmente todos los intercambios econ\u00f3micos y simb\u00f3licos en la mayor parte de las sociedades hist\u00f3ricas conocidas. Vinculado a la idea de \u201cdeber\u201d u \u201cobligaci\u00f3n\u201d (a partir del lat\u00edn debitum), su forma masculina es \u201cdeudo\u201d, t\u00e9rmino que designa a los miembros de una misma familia o parientes. 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