{"id":26513,"date":"2012-05-10T19:51:57","date_gmt":"2012-05-10T17:51:57","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/pensamiento-fumaroli\/"},"modified":"2012-05-10T19:51:57","modified_gmt":"2012-05-10T17:51:57","slug":"pensamiento-fumaroli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/pensamiento-fumaroli\/","title":{"rendered":"Pensamiento Fumaroli"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>La publicaci\u00f3n de las obras de Marc Fumaroli, y su reciente visita a Espa\u00f1a para el tricentenario de la Biblioteca Nacional, ponen de actualidad a uno de los grandes intelectuales de impronta cl\u00e1sica de nuestro tiempo. El ensayista defiende calidad frente a cantidad y propone una interpretaci\u00f3n de la cultura europea a partir del concepto de la Rep\u00fablica de las Letras, comunidad espiritual por encima de diferencias nacionales y religiosas<\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong>BIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Marc Fumaroli naci\u00f3 en Marsella en 1932. Es catedr\u00e1tico de la Sorbona y del Coll\u00e8ge de France, caballero de la Legion de Honor, academico de la lengua francesa y, desde 1996, presidente de la asociacion de amigos del Museo del Louvre. Entre los premios que ha recibido figuran en Monseigneur Marcel de la Academia Francesa, el Balzan y el Combourg. Consagrado durante decenios al estudio de la cultura francesa con el tel\u00f3n de fondo de la europea, especialista en autores como La Fontaine, Montaigne o Chateaubriand, Fumaroli pas\u00f3 del universo de los estudiosos acad\u00e9micos al del debate p\u00fablico con la publicaci\u00f3n de El estado cultural. Este ensayo, aparecido en 1991 bajo el mandato de Fran\u00e7ois Mitterrand, cuestionaba el supuesto, entonces en boga, de que desde el gobierno del pa\u00eds pod\u00eda y deb\u00eda arbitrarse el transcurrir cultural, generando un amplio debate a escala europea. Actualmente dirige en el Centre Nationale de la Recherche Scientifique de Par\u00eds, junto a Antoine Compagnon, una unidad de estudio en torno al concepto de La Rep\u00fablica de las Letras<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Desde que le\u00ed la sorprendente comedia de Thomas Bernhard titulada Maestros antiguos, cada vez que pienso en Marc Fumaroli me lo imagino como un \u00e1lter ego de Reger, el protagonista del libro, sentado en un banco situado en el centro de uno de los grandes museos europeos y examinando con un mal disimulado desprecio c\u00f3mo desfila ante \u00e9l toda la caterva de personajes (turistas, gu\u00edas oficiales, profesores de universidad, cr\u00edticos, acad\u00e9micos) que la industria de la cultura ha dispuesto en torno al arte. Para m\u00ed, Fumaroli es hoy el Reger de carne y hueso. Igual que el personaje del escritor austriaco, se dir\u00eda que Fumaroli considera a la humanidad actual absolutamente insoportable. Equipado con una erudici\u00f3n impresionante, que abraza \u2014para relacionarlos entre s\u00ed\u2014 dominios como la literatura, la m\u00fasica, el arte o la historia, nuestro autor observa la ca\u00edda libre en que se precipita la  Modernidad, desde los tiempos heroicos de un Baudelaire o un Val\u00e9ry, sus verdaderos genios tutelares y ellos mismos ya profundamente desencantados del curso tomado por la falsa cultura moderna, que habr\u00eda acabado con el ocio creativo de los antiguos, el refinamiento y la sofisticaci\u00f3n de las grandes cortes europeas de la \u00e9poca cl\u00e1sica y la aristocracia espiritual del fin de siglo, substituy\u00e9ndolos por el consumo febril de pseudocultura, con su frenes\u00ed de manifiestos y movimientos art\u00edsticos y la hoguera de las vanidades de bienales de arte, inauguraciones glamurosas, exposiciones del milenio y nuevos artistas proyectados a la fama como si se tratara de futbolistas o estrellas de Hollywood, en el curso de un catastr\u00f3fico proceso de americanizaci\u00f3n global.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Y es que, muy probablemente, el verdadero centro neur\u00e1lgico del pensamiento y de la obra de Fumaroli, miembro numerario de la Academia francesa y profesor de la  Sorbona y del Coll\u00e8ge de France, sea esta querella que enfrenta, ya desde hace siglos, a antiguos y modernos, objeto de una de sus publicaciones m\u00e1s notorias, Las ara\u00f1as y las abejas (2005). Seg\u00fan sostiene Fumaroli, la derrota hist\u00f3rica del bando de los antiguos (abejas, que elaboran su saber y sus obras libando en las flores del pasado) frente a los modernos (ara\u00f1as, que pretenden extraer todo su conocimiento de s\u00ed mismos) habr\u00eda comportado en \u00faltimo t\u00e9rmino la destrucci\u00f3n de la tradici\u00f3n en beneficio, primero, de la todopoderosa Raz\u00f3n, y, m\u00e1s tarde, del consumismo y el confort peque\u00f1oburgueses, en una espiral descendente que arranca, aproximadamente, de la Revoluci\u00f3n de 1789.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ahora bien, \u00bfen qu\u00e9 consiste, m\u00e1s precisamente, esta tradici\u00f3n? Tal y como afirma Fumaroli, aqu\u00ed y all\u00e1, en varios de sus libros, dicha tradici\u00f3n \u2014heredera de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica y su concepto central de otium y que se prolonga a trav\u00e9s del studium medieval y del sistema ilustrado de las Academias\u2014 considera que aquella vida consagrada a la adquisici\u00f3n de un conocimiento no operativo, al goce de las obras de arte y a las formas m\u00e1s eminentes de sociabilidad (del di\u00e1logo filos\u00f3fico a la conversaci\u00f3n cortesana), es la mejor de las formas de vida posibles, por delante de todas las modalidades de vida activa, incluidas la ciencia y la pol\u00edtica. Un tal ideal de vida encuentra en las obras de arte su decantaci\u00f3n perfecta, y constituye el objetivo final de toda educaci\u00f3n en el sentido m\u00e1s alto del t\u00e9rmino. Esta toma de posici\u00f3n moral se articula hist\u00f3ricamente a trav\u00e9s de una serie de g\u00e9neros e instituciones, desde la Academia plat\u00f3nica a sus hom\u00f3logas de las cortes europeas posteriores al Renacimiento, pasando por las Universidades medievales, y desde el di\u00e1logo socr\u00e1tico hasta el ensayo moderno en Montaigne, de acuerdo con las singularidades de cada pa\u00eds pero con una fuerte comunidad de intereses a lo ancho de toda Europa y con una posici\u00f3n preeminente reservada para Francia debido a sus peculiares circunstancias hist\u00f3ricas (de la falta de un estado de opini\u00f3n un\u00e1nime, al principio, que servir\u00eda para afilar los recursos de la elocuencia, al papel rector del Estado absoluto en la persona de Luis XIV en la gesti\u00f3n de la vida cultural) pero tambi\u00e9n al reconocimiento internacional otorgado a dicha naci\u00f3n (a la Sorbona medieval, primero, a la lengua francesa como lengua de la diplomacia y del conocimiento, ya en la Europa ilustrada). He aqu\u00ed la tesis del formidable La diplomacia del ingenio. De Montaigne a La Fontaine (1998), volumen que cierra la extraordinaria trilog\u00eda consagrada a reconstruir el episodio franc\u00e9s de esta tradici\u00f3n transnacional, en su doble vertiente literaria (L&#8217;\u00e2ge de l&#8217;\u00e8loquence, 1980) y art\u00edstica (L&#8217;\u00e9cole du silence, 1994). Y es que la literatura y las bellas artes de la gran tradici\u00f3n europea comparten, a decir de Fumaroli, algo que es al mismo tiempo un horizonte ideal y un instrumental, a saber: la ret\u00f3rica o el arte de persuadir y transmitir una fe o una convicci\u00f3n a trav\u00e9s de gestos o palabras, dispuestos a tal efecto de manera agradable a la sensibilidad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ahora bien, cuando las bellas artes abandonan dicha pretensi\u00f3n, que no es puramente informativa sino m\u00e1s bien formativa, sus productos son objeto, seg\u00fan Fumaroli, de una lenta decadencia hasta que, finalmente, lejos del elemento vital de la verosimilitud y las mediaciones, languidecen y mueren (L&#8217;\u00e9cole du silence. Le sentiment des images au XVIIe si\u00e8cle). Algo de esto le ha sucedido tambi\u00e9n al arte moderno, ya a partir de los tiempos de Manet -\u00faltimo de los pintores antiguos, seg\u00fan el c\u00e9lebre juicio de Baudelaire- y, sobre todo, de las primeras vanguardias, con Duchamp a la cabeza. Son justamente los herederos bastardos de Duchamp o Warhol quienes, seg\u00fan Fumaroli, han precipitado el arte contempor\u00e1neo al abismo de la vulgaridad y la fatuidad m\u00e1s extremas, que ya los proyectos de la abstracci\u00f3n y el dada\u00edsmo permit\u00edan adivinar. La libertad y la igualdad jacobinas, tan irreales como destructoras de la aut\u00e9ntica sociabilidad ya en el terreno pol\u00edtico, trasladadas al dominio del arte han producido \u2014una vez aplicadas de manera industrial, siguiendo las estrategias del taylorismo y la publicidad, a la manera barnumiana\u2014 lo que para Fumaroli constituye el yermo absoluto de la as\u00ed denominada posmodernidad. Tal vendr\u00eda a ser la tesis del sensacional ensayo camuflado de dietario Par\u00eds-Nueva York-Par\u00eds. Viaje al mundo de las artes y las im\u00e1genes (2009), ya rese\u00f1ado en su d\u00eda en estas p\u00e1ginas (26\/01\/11). Las im\u00e1genes art\u00edsticas del pasado son, de acuerdo con todo ello, inseparables del tiempo lento del ocio contemplativo y de un sentido de la transcendencia de todo lo material, introducido en la cultura europea por el cristianismo y su dogma de la encarnaci\u00f3n. Bien al contrario, las im\u00e1genes del arte contempor\u00e1neo \u2014no en vano coet\u00e1neas de la fotograf\u00eda\u2014 se limitan a provocar un impacto inmediato y a plasmar \u00fanicamente la superficie de los fen\u00f3menos. As\u00ed resulta imposible aquel paso de lo visible a lo invisible a trav\u00e9s del cual el gran arte cl\u00e1sico nos proporciona un consuelo efectivo a la ca\u00edda en el tiempo y obra una especie de redenci\u00f3n de la carne, amplificando de este modo el alcance del dogma cristiano. Y todo ello, sin embargo, para Fumaroli, ha sido arrasado por la gran org\u00eda de las im\u00e1genes t\u00e9cnicamente reproducibles (como ya anunciaron en su d\u00eda Baudelaire, Val\u00e9ry o Benjamin), que nos asaltan desde cada rinc\u00f3n del mundo actual.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Francia, la encarnaci\u00f3n durante tantos siglos del m\u00e1s genuino esp\u00edritu europeo, podr\u00eda ofrecer todav\u00eda una alternativa consistente a esta degradaci\u00f3n global del arte y de las im\u00e1genes. Y, no obstante, seg\u00fan argumenta Fumaroli en su pol\u00e9mico libro El Estado cultural. Ensayo sobre una religi\u00f3n moderna (1991), el dirigismo estatal, la protecci\u00f3n institucional a la as\u00ed llamada excepci\u00f3n francesa y la pol\u00edtica de subvenciones a la creaci\u00f3n habr\u00edan convertido tambi\u00e9n en Francia a la cultura y las artes en una especie de sucursal continental de Las Vegas. En materia cultural \u2014aduce Fumaroli\u2014, la \u00fanica creatividad es la que surge libremente, por s\u00ed sola y como respuesta a una necesidad sentida espont\u00e1neamente como tal, y nunca la que pretenden imponer las autoridades administrativas a base de un equivalente de los planes quinquenales en materia de cultura.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La creaci\u00f3n de un Estado cultural franc\u00e9s por los sucesivos gobiernos del pa\u00eds a partir de Malraux ha violado el principio fundamental que garantizaba, a lo largo de los siglos, la supervivencia de una cultura verdaderamente org\u00e1nica, dotada de un tejido vigoroso: la independencia del studium con respecto al sacerdocium i al imperium, es decir, la autonom\u00eda del aut\u00e9ntico cultivo del esp\u00edritu frente a las instituciones religiosas y el gobierno del Estado. Tal y como concluye el propio Fumaroli, \u00abel sentido m\u00e1s profundo de la palabra cultura, tanto para los hombres como para las plantas, consiste en orientarse hacia la luz, a crecer en ella. Si estimamos la libertad ello es porque nos deja hallar la luz para nosotros mismos, y crecer en ella. Recae en el Estado no oponer un muro a la llamada de la luz. Ya no se le pide [&#8230;](&#8230;) que la dispense. Bastante se ha visto que no ofrece nada m\u00e1s que sunlights\u00bb. As\u00ed, al fin y al cabo, la verdadera modernidad es aquella posici\u00f3n cr\u00edtica respecto a las estrategias de racionalizaci\u00f3n, uniformizaci\u00f3n a la baja y banalizaci\u00f3n universal, que caracterizar\u00edan a la Modernidad capitalista y tecnol\u00f3gica. Justamente, la posici\u00f3n de las principales autoridades de referencia para Fumaroli: de Baudelaire a Val\u00e9ry, con especial atenci\u00f3n a Chateaubriand, a quien ha dedicado uno de sus \u00faltimos ensayos (Chateaubriand. Po\u00e9sie et Terreur, 2003), y su amigo Antoine Compagnon, el autor del l\u00facido Los antimodernos (2005), donde se nos hace totalmente expl\u00edcito el curso que gu\u00eda de manera impl\u00edcita el pensamiento de Fumaroli, y que constituye el complemento perfecto de su lectura.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Primero en impugnar, ya en su temprano y visionario ensayo sobre las revoluciones pol\u00edticas de 1797, el reciente episodio revolucionario franc\u00e9s, Chateaubriand representa para Fumaroli el prototipo del moderno malgr\u00e9 lui, del moderno a pesar suyo. Con Rousseau, ponderadamente elogiado en las p\u00e1ginas finales de La diplomacia del ingenio, el autor de Genio del cristianismo ha abominado de los excesos igualitarios de sus contempor\u00e1neos y propuesto el retorno a las fuentes originarias de la tradici\u00f3n, encarnada en este caso por el cristianismo institucional. Tambi\u00e9n Fumaroli, responsable de una obra cr\u00edtica que puede ser le\u00edda como de genuina creaci\u00f3n, igual que las cr\u00edticas musicales del Reger de Maestros antiguos, mira hacia atr\u00e1s con esperanza, mantiene su esperanza depositada en el pasado. Es s\u00f3lo de su esp\u00edritu, del esp\u00edritu de los maestros antiguos, que puede llegar el remedio que cauterice los excesos de la moderna industria de la cultura, democr\u00e1tica y global hasta el paroxismo. Mientras tanto, sentado en su museo imaginario, contempla con una sonrisa los actuales excesos del mundo del arte, sin dejar de mirar de reojo El hombre de la barba blanca, de Tintoretto, elogiando la actitud de aquellos que, como estos maestros antiguos, siempre y en todo momento se han consagrado a saber bien lo que uno sabe, a hacer bien lo que uno hace, a amar bien lo que uno ama, tanto da si se sabe poco, si se hace algo modesto y si lo que se ama no posee ning\u00fan atractivo excepto para uno mismo. Para Fumaroli, siempre ser\u00e1 mejor esto que la agitaci\u00f3n estrepitosa y generalmente gratuita de los modernos. Su reivindicaci\u00f3n de la tradici\u00f3n y la Academia no deja de sonar hoy a intempestiva, altamente provocadora. Pero, sin lugar a dudas, sus fundamentadas cr\u00edticas a los excesos pueriles de la Modernidad no deber\u00edan dejar indiferente a nadie.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p> <a title=\"La Vanguardia\" href=\"http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20120509\/54291176333\/pensamiento-fumaroli.html\">http:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20120509\/54291176333\/pensamiento-fumaroli.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La publicaci\u00f3n de las obras de Marc Fumaroli, y su reciente visita a Espa\u00f1a para el tricentenario de la Biblioteca Nacional, ponen de actualidad a uno de los grandes intelectuales de impronta cl\u00e1sica de nuestro tiempo. 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