{"id":26150,"date":"2012-03-05T16:52:22","date_gmt":"2012-03-05T14:52:22","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-soledad-de-america-latina\/"},"modified":"2012-03-05T16:52:22","modified_gmt":"2012-03-05T14:52:22","slug":"la-soledad-de-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-soledad-de-america-latina\/","title":{"rendered":"La soledad de Am\u00e9rica Latina*"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompa\u00f1\u00f3 a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribi\u00f3 a su paso por nuestra Am\u00e9rica meridional una cr\u00f3nica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginaci\u00f3n. Cont\u00f3 que hab\u00eda visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos p\u00e1jaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parec\u00edan una cuchara. Cont\u00f3 que hab\u00eda visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Cont\u00f3 que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdi\u00f3 el uso de la raz\u00f3n por el pavor de su propia imagen.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los g\u00e9rmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio m\u00e1s asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro pa\u00eds ilusorio tan codiciado, figur\u00f3 en mapas numerosos durante largos a\u00f1os, cambiando de lugar y de forma seg\u00fan la fantas\u00eda de los cart\u00f3grafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el m\u00edtico Alvar N\u00fa\u00f1ez Cabeza de Vaca explor\u00f3 durante ocho a\u00f1os el norte de M\u00e9xico, en una expedici\u00f3n ven\u00e1tica cuyos miembros se comieron unos a otros, y s\u00f3lo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un d\u00eda salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. M\u00e1s tarde, durante la colonia, se vend\u00edan en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvi\u00f3n, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio \u00e1ureo de nuestros fundadores nos persigui\u00f3 hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misi\u00f3n alemana encargada de estudiar la construcci\u00f3n de un ferrocarril interoce\u00e1nico en el istmo de Panam\u00e1, concluy\u00f3 que el proyecto era viable con la condici\u00f3n de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la regi\u00f3n, sino que se hicieran de oro.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La independencia del dominio espa\u00f1ol no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio L\u00f3pez de Santa Anna, que fue tres veces dictador de M\u00e9xico, hizo enterrar con funerales magn\u00edficos la pierna derecha que hab\u00eda perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general Gabriel Garc\u00eda Morena gobern\u00f3 al Ecuador durante 16 a\u00f1os como un monarca absoluto, y su cad\u00e1ver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hern\u00e1ndez Mart\u00ednez, el d\u00e9spota te\u00f3sofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza b\u00e1rbara a 30 mil campesinos, hab\u00eda inventado un p\u00e9ndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado p\u00fablico para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Moraz\u00e1n, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en Par\u00eds en un dep\u00f3sito de esculturas usadas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Hace once a\u00f1os, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, ilumin\u00f3 este \u00e1mbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces tambi\u00e9n en las malas, han irrumpido desde entonces con m\u00e1s \u00edmpetu que nunca las noticias fantasmales de la Am\u00e9rica Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres hist\u00f3ricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas muri\u00f3 peleando solo contra todo un ej\u00e9rcito, y dos desastres a\u00e9reos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de coraz\u00f3n generoso, y la de un militar dem\u00f3crata que hab\u00eda restaurado la dignidad de su pueblo. Ha habido 5 guerras y 17 golpes de Estado, y surgi\u00f3 un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de Am\u00e9rica Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto, 20 millones de ni\u00f1os latinoamericanos mor\u00edan antes de cumplir dos a\u00f1os, que son m\u00e1s de cuantos han nacido en Europa desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represi\u00f3n son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera donde est\u00e1n todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres encintas fueron arrestadas y dieron a luz en c\u00e1rceles argentinas, pero a\u00fan se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopci\u00f3n clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran as\u00ed han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y m\u00e1s de 100 mil perecieron en tres peque\u00f1os y voluntariosos pa\u00edses de la Am\u00e9rica Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en Estados Unidos, la cifra proporcional ser\u00eda de un mill\u00f3n 600 muertes violentas en cuatro a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De Chile, pa\u00eds de tradiciones hospitalarias, ha huido un mill\u00f3n de personas: el 12 por ciento de su poblaci\u00f3n. El Uruguay, una naci\u00f3n min\u00fascula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el pa\u00eds m\u00e1s civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El pa\u00eds que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de Am\u00e9rica Latina, tendr\u00eda una poblaci\u00f3n m\u00e1s numerosa que Noruega.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me atrevo a pensar, que es esta realidad descomunal, y no s\u00f3lo su expresi\u00f3n literaria, la que este a\u00f1o ha merecido la atenci\u00f3n de la Academia  Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creaci\u00f3n insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nost\u00e1lgico no es m\u00e1s que una cifra m\u00e1s se\u00f1alada por la suerte. Poetas y mendigos, m\u00fasicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginaci\u00f3n, porque el desaf\u00edo mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer cre\u00edble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es dif\u00edcil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplaci\u00f3n de sus propias culturas, se hayan quedado sin un m\u00e9todo v\u00e1lido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a s\u00ed mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la b\u00fasqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretaci\u00f3n de nuestra realidad con esquemas ajenos s\u00f3lo contribuye a hacernos cada vez m\u00e1s desconocidos, cada vez menos libres, cada vez m\u00e1s solitarios. Tal vez la  Europa venerable ser\u00eda m\u00e1s comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesit\u00f3 300 a\u00f1os para construirse su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debati\u00f3 en las tinieblas de la incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aun en el siglo XVI los pac\u00edficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes imp\u00e1vidos, ensangrentaron a Europa como soldados de fortuna. Aun en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ej\u00e9rcitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kr\u00f6ger, cuyos sue\u00f1os de uni\u00f3n entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 a\u00f1os en este lugar. Pero creo que los europeos de esp\u00edritu clarificador, los que luchan tambi\u00e9n aqu\u00ed por una patria grande m\u00e1s humana y m\u00e1s justa, podr\u00edan ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sue\u00f1os no nos har\u00e1 sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo leg\u00edtimo a los pueblos que asuman la ilusi\u00f3n de tener una vida propia en el reparto del mundo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Am\u00e9rica Latina no quiere ni tiene por qu\u00e9 ser un alfil sin albedr\u00edo, ni tiene nada de quim\u00e9rico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiraci\u00f3n occidental. No obstante, los progresos de la navegaci\u00f3n que han reducido tantas distancias entre nuestras Am\u00e9ricas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. \u00bfPor qu\u00e9 la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan dif\u00edciles de cambio social? \u00bfPor qu\u00e9 pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus pa\u00edses no puede ser tambi\u00e9n un objetivo latinoamericano con m\u00e9todos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulaci\u00f3n urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han cre\u00eddo, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fruct\u00edferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes due\u00f1os del mundo. Este es, amigos, el tama\u00f1o de nuestra soledad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Sin embargo, frente a la opresi\u00f3n, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a trav\u00e9s de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada a\u00f1o hay 74 millones m\u00e1s de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada a\u00f1o la poblaci\u00f3n de Nueva York. La mayor\u00eda de ellos nacen en los pa\u00edses con menos recursos, y entre \u00e9stos, por supuesto, los de Am\u00e9rica Latina. En cambio, los pa\u00edses m\u00e1s pr\u00f3speros han logrado acumular suficiente poder de destrucci\u00f3n como para aniquilar cien veces no s\u00f3lo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Un d\u00eda como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: Me niego a admitir el fin del hombre. No me sentir\u00eda digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los or\u00edgenes de la humanidad, el desastre colosal que \u00e9l se negaba a admitir hace 32 a\u00f1os es ahora nada m\u00e1s que una simple posibilidad cient\u00edfica. Ante esta realidad sobrecogedora que a trav\u00e9s de todo el tiempo humano debi\u00f3 de parecer una utop\u00eda, los inventores de f\u00e1bulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todav\u00eda no es demasiado tarde para emprender la creaci\u00f3n de la utop\u00eda contraria. Una nueva y arrasadora utop\u00eda de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien a\u00f1os de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* Discurso del escritor, el 8 de diciembre de 1982, al recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, Suecia, que reproducimos en ocasi\u00f3n del trig\u00e9simo aniversario de esa hist\u00f3rica entrega<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a title=\"La Jornada\" href=\"http:\/\/www.jornada.unam.mx\"> http:\/\/www.jornada.unam.mx<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompa\u00f1\u00f3 a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribi\u00f3 a su paso por nuestra Am\u00e9rica meridional una cr\u00f3nica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginaci\u00f3n. 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