{"id":26102,"date":"2012-02-27T15:50:20","date_gmt":"2012-02-27T13:50:20","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-agonia-de-la-posmodernidad\/"},"modified":"2012-02-27T15:50:20","modified_gmt":"2012-02-27T13:50:20","slug":"la-agonia-de-la-posmodernidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-agonia-de-la-posmodernidad\/","title":{"rendered":"La agon\u00eda de la posmodernidad,"},"content":{"rendered":"<p> <\/p>\n<p>Desde los a\u00f1os sesenta del pasado siglo hasta la quiebra que estamos viviendo, la palabra posmodernidad ha designado toda una \u00e9poca en la historia de Occidente, una especie de ep\u00edlogo que habr\u00eda tornado l\u00edquido el car\u00e1cter s\u00f3lido de la modernidad cl\u00e1sica, seg\u00fan Zygmunt Bauman, y hasta gaseoso, de acuerdo con la m\u00e1s sugestiva met\u00e1fora que en su Manifiesto Comunista propusieron Marx y Engels. La modernidad capitalista, vinieron \u00e9stos a decir, se distingu\u00eda porque todo lo que hab\u00eda sido o parecido firme se desvanec\u00eda en el aire; proceso de sublimaci\u00f3n que se precipit\u00f3 una centuria despu\u00e9s, cuando la prosperidad subsiguiente a la hecatombe mundial trajo consigo \u2014junto con otros factores\u2014 un nuevo esp\u00edritu del tiempo. De la moral puritana se pas\u00f3 al ethos individualista y hedonista; del auge de los \u00eddolos a su solo aparente crep\u00fasculo; de la sucesi\u00f3n de estilos puros a su promiscuidad; de las utop\u00edas que buscaban la consumaci\u00f3n del futuro al culto a la consumici\u00f3n del ahora; y de la reverencia a la Verdad una y may\u00fascula, en fin, a la coexistencia de verdades relativas, min\u00fasculas y plurales.<\/p>\n<p>En 1979, J.F. Lyotard ofici\u00f3 el bautizo de la \u00e9poca reci\u00e9n nacida, tomando prestado el vocablo de la jerga arquitect\u00f3nica: confrontada a la seriedad y la coherencia, la conciencia social y la subordinaci\u00f3n de la forma a la funci\u00f3n propias de la arquitectura moderna \u2014la de Lloyd Wright, Le Corbusier o la Bauhaus\u2014, la arquitectura posmoderna ser\u00eda estetizante, incoherente y jovial, ecl\u00e9ctica y sincr\u00e9tica incluso, mucho menos atenta a la funci\u00f3n que a la forma y su embrujo. El despilfarro abigarrado y kitsch de Las Vegas fue ensalzado, por Robert Venturi, como el rutilante emblema de esa arquitectura; met\u00e1fora a su vez de la entera \u00e9poca que culmin\u00f3 hacia 1990, cuando el neocon Francis Fukuyama decret\u00f3 el presunto \u201cfin de la Historia\u201d y el triunfo sempiterno del capitalismo.<\/p>\n<p>Con sustancial raz\u00f3n, Lyotard observ\u00f3 que el rasgo m\u00e1s distintivo de tal posmodernidad era la ca\u00edda de las grandes narrativas que hab\u00edan sustentado el edificio moderno, esto es, de las ideolog\u00edas emancipadoras que lo hab\u00edan inspirado desde, cuando menos, la Ilustraci\u00f3n de Kant y Voltaire hasta la ufana d\u00e9cada de 1960. El derrumbe apenas dej\u00f3 t\u00edtere con cabeza. En primer lugar, el milenario relato cristiano de la emancipaci\u00f3n redentora devino en asunto de elecci\u00f3n personal, y ya no en dogma de fe obligatorio, en un Occidente embriagado por la secularizaci\u00f3n, la libertad sexual y la tecnolatr\u00eda. En segundo lugar, el relato ilustrado de la emancipaci\u00f3n de la ignorancia y la servidumbre por la educaci\u00f3n y la Raz\u00f3n hab\u00eda sufrido una doble erosi\u00f3n, debida por un lado a los totalitarismos generados en la culta Europa, y por otro al creciente dominio de una raz\u00f3n crudamente instrumental que, m\u00e1s all\u00e1 de la esfera econ\u00f3mica, estaba engullendo m\u00faltiples vertientes de la vida p\u00fablica y privada. En tercer lugar, el relato liberal-burgu\u00e9s que promet\u00eda la emancipaci\u00f3n de la pobreza gracias al mercado libre fue cuestionado por la flagrante desigualdad en la distribuci\u00f3n de la riqueza \u2014dentro de los Estados y entre ellos\u2014, y por un expolio medioambiental que empez\u00f3 a hacerse patente por entonces, sobre todo cuando el Club de Roma alert\u00f3 sobre los l\u00edmites del crecimiento. Y por \u00faltimo, el gran relato marxista de la emancipaci\u00f3n de las mayor\u00edas mediante la socializaci\u00f3n de los recursos \u2014de cada cual seg\u00fan su capacidad, a cada cual seg\u00fan su necesidad: esa auroral utop\u00eda que hab\u00eda galvanizado el mundo\u2014 result\u00f3 en fosca distop\u00eda cuando la doble ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn y la URSS revelaron el horror del estalinismo, d\u00e9cadas antes denunciado por pensadores como Camus, Merleau-Ponty o Koestler.<\/p>\n<p>La posmodernidad que result\u00f3 de semejante hundimiento muestra, vista con perspectiva, un saldo plural de virtudes y defectos, como cualquier \u00e9poca hist\u00f3rica. Entre las virtudes se cuenta la extensi\u00f3n de las libertades, garant\u00edas y derechos; el medro de las clases medias y el acceso al confort y al consumo de una porci\u00f3n de las subalternas; el reemplazo de las r\u00edgidas ortodoxias por la heterodoxia y el relativismo; la relajaci\u00f3n de los tab\u00faes y los dogmas, as\u00ed como la atm\u00f3sfera de tolerancia y pluralidad asociada a la vida urbana. Por vez primera en la historia, millones de personas otrora despose\u00eddas se sent\u00edan llamadas a sentarse a la mesa de los escogidos, en alas del Estado-providencia y, ante todo, de un Progreso en apariencia imparable. A finales de los a\u00f1os noventa, cuando tama\u00f1o ensue\u00f1o culmin\u00f3, Europa y el sedicente \u201cPrimer Mundo\u201d semejaban un balneario de instalados y rentistas, cuyos inexpugnables muros conten\u00edan el oleaje de la planetaria indigencia.<\/p>\n<p>Entre las carencias y defectos de la posmodernidad, no obstante, debe incluirse la desactivaci\u00f3n del talante y del talento cr\u00edticos, tan patente en los \u00e1mbitos pedag\u00f3gico y pol\u00edtico. O la tendencia a orillar la problem\u00e1tica del mal en aras de un narcisismo que atrofia los v\u00ednculos solidarios, fomenta la desafiliaci\u00f3n e induce el \u201cdeclive del hombre p\u00fablico\u201d, en palabras de Richard Sennet. O el relevo de la \u00e9tica del ser por la del tener, espoleado por un consumismo basado en la creaci\u00f3n de necesidades y deseos superfluos. O la sustituci\u00f3n de las ideolog\u00edas continentales por un archipi\u00e9lago de islotes ideol\u00f3gicos \u2013\u2013feministas, ecologistas, poscolonialistas o identitarias\u2013\u2013, tan dispersos que se muestran incapaces de enfrentar la tecnoburocracia globalizada. O la anemia de un pensamiento de izquierdas confinado al reducto erudito, que a fuer de servil resulta inofensivo e inane.<\/p>\n<p>A\u00f1\u00e1danse a tales penurias otras de comparable fuste, a fin de otear el paisaje. As\u00ed, la rampante mercantilizaci\u00f3n de la pr\u00e1ctica totalidad de los \u00e1mbitos sociales, incluidos los de tenor espiritual y art\u00edstico. Y la erosi\u00f3n de la fr\u00e1gil secuencia temporal humana en una \u00e9poca se\u00f1alada, en palabras de Fredric Jameson, por no saber ni querer pensarse hist\u00f3ricamente. Y la proclividad, alentada por la sociedad del espect\u00e1culo, a la trivial estetizaci\u00f3n de la econom\u00eda y la pol\u00edtica, de la \u00e9tica y la ciudad, del cuerpo y los sentimientos, de la naturaleza y la guerra. Y la irresponsabilidad de buena parte de los ciudadanos, que a su condici\u00f3n de s\u00fabditos que se ignoran \u2014de una democracia carcomida por la demagogia, la corrupci\u00f3n y el decisionismo, por cierto\u2014 a\u00f1aden el desvar\u00edo de sentirse c\u00f3mplices del mismo sistema que los sojuzga, como se echa de ver en este trance aciago. Y, en fin, la miop\u00eda de unas generaciones que se han cre\u00eddo propietarias de un presente plet\u00f3rico y eterno, una utop\u00eda del ahora y el aqu\u00ed que ha hipotecado el porvenir de las futuras.<\/p>\n<p>De unos a\u00f1os a esta parte, sea como fuere, esa ambivalente posmodernidad da muestras de patente agon\u00eda, arrancada de su quimera jovial por una cadena de se\u00edsmos en los que Occidente se juega el bienestar que le queda, amenazado extramuros por una globalizaci\u00f3n que est\u00e1 desplazando hasta ambas orillas del Pac\u00edfico los centros de control y riqueza. Y amenazado tambi\u00e9n, intramuros, por el casi un\u00e1nime delirio de opulencia que nos ha emplazado ante el precipicio: ideol\u00f3gica, pol\u00edtica y \u00e9ticamente desarmados cuando m\u00e1s urgente resulta disponer de criterios para conducirnos con tiento, conciencia y temple, inspirados por esa antigua sabidur\u00eda humanista que sugiere la autolimitaci\u00f3n y la mesura. Es hora de despabilar: la posmoderna mojiganga ha terminado. La crisis epocal que atravesamos est\u00e1 teniendo ya, junto a su cohorte de efectos indeseables, el deseable de conjurar la bober\u00eda pol\u00edtica, \u00e9tica y est\u00e9tica que por desgracia colea a\u00fan. Y tambi\u00e9n el de urgirnos a rehabilitar la plural herencia del Humanismo y la Ilustraci\u00f3n en este nuevo tiempo penumbral, a fin de tornarnos l\u00facidos y \u00e9ticos, sobrios y solidarios, c\u00edvicos y compasivos. Con las debidas cautelas, ser\u00e1 menester poner al d\u00eda los viejos idearios de emancipaci\u00f3n y concebir otros de cu\u00f1o actualizado y distinto, porque al despertar la modernidad capitalista sigue todav\u00eda aqu\u00ed, aunque m\u00e1s desregulada, ensoberbecida y digitalizada que nunca.<\/p>\n<p>Llu\u00eds Duch es antrop\u00f3logo y monje de Montserrat. Albert Chill\u00f3n es director del M\u00e1ster en Comunicaci\u00f3n, Periodismo y Humanidades de la UAB. Ambos son coautores de Un ser de mediaciones. Antropolog\u00eda de la comunicaci\u00f3n, vol. I, que el pr\u00f3ximo marzo publica la editorial Herder.<\/p>\n<p><strong>El Pa\u00eds<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde los a\u00f1os sesenta del pasado siglo hasta la quiebra que estamos viviendo, la palabra posmodernidad ha designado toda una \u00e9poca en la historia de Occidente, una especie de ep\u00edlogo que habr\u00eda tornado l\u00edquido el car\u00e1cter s\u00f3lido de la modernidad cl\u00e1sica, seg\u00fan Zygmunt Bauman, y hasta gaseoso, de acuerdo con la m\u00e1s sugestiva met\u00e1fora que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[79],"tags":[],"class_list":["post-26102","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nabarmena"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.7 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>La agon\u00eda de la posmodernidad, - Nabarralde<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"La modernidad capitalista, vinieron \u00e9stos a decir, se distingu\u00eda porque todo lo que hab\u00eda sido o parecido firme se desvanec\u00eda en el aire; 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